| La eutanasia se presenta como un acto individual
sin ninguna repercusión social. |
Cierta cultura actual considera al hombre
como el único actor de su vida. |
Hoy se maneja un concepto
de dignidad que la identifica con calidad de vida y se entiende
que una vida de calidad es una vida sin sufrimiento. Se produce
una identificación creciente entre la vida misma y la llamada
“calidad de vida”, medida sobre todo por criterios de
bienestar físico, de posesión y de prestigio social.
Según esto, la vida débil, enferma o sufriente, no
podría ser en modo alguno una “vida con calidad”.
Llamar muerte digna a la eliminación
de un ser humano es una perversión ética del lenguaje.
Por mucha confusión que se quiera crear, no hay dudas sobre
este tema, puesto que se trata de quitar la vida a una persona,
aunque sea con su consentimiento. |
| En realidad, la ley tiene verdadera
capacidad para imponer. La legalización de la eutanasia precipitaría
graves consecuencias sociales. Los más débiles estarían
más desamparados; los ancianos y los enfermos se verían
arrastrados a pensar que son menos dignos y valiosos; algunos incluso
podrían ser fácilmente eliminados sin su consentimiento
y se introduciría un factor de desconfianza en la familia y
en los profesionales de la medicina. |
La vida es nuestra, pero no
está a nuestra disposición como si fuera una finca o
una cuenta bancaria. Curiosamente se afirma la autonomía personal
para poder acabar con esa autonomía.
La vida es digna porque tiene su origen y destino en Dios. El carácter
trascendente de la vida, como el de la libertad, se muestra en que
no podemos renunciar dignamente a ninguna de las dos. |