|
|
|
Julio de 2007
En este mes se acaban
de cumplir catorce años desde que fui nombrado obispo
por el querido Papa Juan Pablo II. Primero serví
durante ocho años en Barcelona, como obispo auxiliar,
encargado de la Demarcación episcopal del Baix Llobregat,
Penedès, Anoia y Garraf, que ahora conforma lo que
se ha erigido como nuevo Obispado de Sant Feliu de Llobregat.
Y posteriormente, en julio de 2001, llegaba a Urgell, como
obispo coadjutor del arzobispo Joan Martí. En este
julio, pues, se cumplen seis años que soy obispo
vuestro, al servicio de todo el pueblo de Dios que hace
camino en Urgell. Por esto me complace escribiros algunas
de mis vivencias, revisando todo lo que tiene que configurar
mi vida.
¿Qué es un obispo y para qué
sirve? Esta inocente pregunta que me dirigió
hace ya tiempo una chica joven en una visita a una escuela,
me motivó una improvisada respuesta sobre todo lo
que es el ministerio del Obispo, en contacto estrecho con
los presbíteros, sus colaboradores, al servicio de
todo el pueblo de Dios. Intenté dar una visión
de testigo de la fe apostólica más que de
gestor eclesial, o todavía peor, de jerarca alejado
de las necesidades y anhelos de una chica cristiana joven,
que a veces son tópicos bastante extendidos. Reconozco
que fue el inicio de un diálogo provechoso con aquella
veintena de jóvenes que veían por primera
vez a un obispo de cerca, a quien podían comunicar
lo que les preocupaba y que intentaba interesarse sinceramente
por lo que ellos vivían y por las dificultades que
encontraban a la hora de testimoniar su fe.
De todas maneras hay que reconocer que no es demasiado fácil
compartir una respuesta breve de lo que supone hoy la vida
de un Obispo. Muchas cosas de lo que somos y de lo que hacemos
los obispos ya las sabéis los fieles diocesanos,
claro está, y por eso me atrevo a deciros sólo
algunas de las cosas que más me han impresionado
hasta ahora. Tomadlas con buen ánimo... ¡ahora
que estamos en verano!
Lo primero que os quiero decir es que percibo el gran regalo
de una amistad honda con Jesucristo. Por una presencia viva
del Espíritu Santo, que da calor en mi interior,
y sin saber explicar demasiado bien el cómo, pero
el Señor ha encontrado la manera de hacérseme
todavía más próximo, más amigo,
más compañero de ruta, en quien puedo confiar
del todo. ¡Cómo me impresiona y cómo
me consuela leer que Jesús nombra a los apóstoles
"mis hermanos" (Jn 20,17)!. Soy hermano
suyo, con un encargo de amor para pastorear su rebaño.
Su Espíritu me guarda y me precede allí donde
voy. Me defiende y da vida a mi pobre servicio episcopal.
Desea que le prepare sus caminos en el corazón de
las personas, que fortalezca la esperanza de las comunidades,
que anime todo lo que es bueno, justo, amable, de buena
reputación... Que sea un elemento de comunión
y de paz.
Siento que debería dedicar más tiempo a la
oración y a la lectura, y obtener aquel descanso
que hace fructificar las horas... El ideal de ser "contemplativos
en la acción" cuesta de alcanzar. Las dedicaciones
a la Diócesis y a reuniones de Obispos, Delegaciones,
el Principado de Andorra... me hacen caer en la cuenta de
que seguramente la pobreza evangélica ahora, para
mi, se concreta en vivir dando todo mi tiempo a los demás,
sin guardármelo para mí. Ya no soy mío
sino de la Iglesia. Ahora vivo, y entiendo más, que
el sacerdote tiene que ser, a imagen de Cristo, el hombre
que no se pertenece en sí mismo.
Mons. Joan Enric Vives Sicilia,
Obispo de Urgell
|
|