Dice el Papa: “La vocación sacerdotal es un misterio. Es el misterio de un maravilloso intercambio entre Dios y el hombre. Éste ofrece a Cristo su humanidad para que Él pueda servirse de ella como instrumento de salvación, casi haciendo de este hombre otro sí mismo. Si no se percibe el misterio de este intercambio, no se logra entender cómo puede suceder que un joven, escuchando la palabra ¡Sígueme!, llegue a renunciar a todo por Cristo, en la certeza de que por este camino su personalidad humana se realizará plenamente”.
Escucha la petición de Jesús: