Día del Seminario
19/21 marzo 2004     
EL OBISPO DE ZAMORA

La alegría de darse por amor

D. Casimiro López Llorente Queridos diocesanos:

“Hay más alegría en dar que en recibir.” (Hch 20,35). Esta hermosa frase de San Pablo a los presbíteros de Éfeso es el lema elegido para el Día del Seminario de este año, que celebraremos el 21 de marzo. Con estas palabras de Jesús, Pablo se despide de los presbíteros de Éfeso y les anima a trabajar sin descanso. Como el apóstol, también ellos han de entregar su vida con generosidad y alegría a la causa del Evangelio siguiendo los pasos del Señor.

La persona, la vida y las obras de Jesús son una continua donación amorosa y entrega total de sí mismo. Jesús da la vista a los ciegos, la salud a los enfermos, el perdón a los pecadores y la esperanza a los decaídos. Jesús nos entrega su ejemplo, su Palabra, el mandamiento del amor fraterno, a su Madre, los sacramentos y, en especial, la Eucaristía, y su Espíritu. Pero, sobre todo, Jesús se da a sí mismo y se ofrece voluntariamente al Padre en la cruz para la salvación del mundo y la vida de los hombres. Él es a la vez el sacerdote y la ofrenda. La clave de todo ello es el amor: "Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos". (Jn 15, 13). El resto de los dones son expresión de la donación de sí por amor, un amor que se hace servicio. Donación y amor, servicio y entrega, son elementos que no pueden separarse en la vida de Jesús y en la vida de sus discípulos, en especial de los sacerdotes.

Jesús sigue eligiendo y llamando a muchachos y a jóvenes al sacerdocio ordenado para participar de su misma misión y, configurados con Él con ayuda de su gracia, entregar la vida por Él y por la salvación de los hermanos. Los seminaristas están llamados a crecer en sus años de formación en el gozo de la donación de la propia vida al servicio generoso del Reino. Quien experimenta el amor de Cristo en la llamada al sacerdocio ordenado, la acoge con gratitud y entrega su propia vida por amor al servicio del Evangelio y de los hombres. Y en todo momento recuerda sus palabras: "dichosos seréis si lo cumplís" (Jn 13.17). La alegría plena viene no de la búsqueda de sí, sino de la donación generosa de la propia persona al ministerio. Este es el manantial de una vida sacerdotal plena, gozosa y feliz. El ejercicio del ministerio sacerdotal como donación de la propia persona se convierte así en fuente de verdadero gozo y felicidad.

+ Mons. Casimiro López Llorente
obispo de Zamora

Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades (Conferencia Episcopal Española)