Día del Seminario
19/21 marzo 2004     
EL OBISPO DE SIGÜENZA-GUADALAJARA

Carta Pastoral con motivo del día del Seminario


Queridos diocesanos:

Al acercarse el Día del Seminario, fijado en nuestra diócesis para el día de San José, me dirijo a todos vosotros - sacerdotes, seminaristas, personas consagradas y fieles cristianos laicos. Muy especialmente, a los niños, a los jóvenes y a los padres, rogándoos con toda el alma que nos tomemos con el máximo interés nuestro Seminario, tanto el Mayor como el Menor.

Me refiero, claro está, a nuestros seminaristas, a los que se preparan para ser nuestros sacerdotes y a los jóvenes, posibles candidatos a los que Dios, con toda seguridad, sigue llamando y a los que entre todos tenemos que ayudar a que oigan la voz del Señor y respondan con generosidad a su llamada.

El Seminario no es solamente un edificio, un centro de formación integral de los candidatos al sacerdocio. El Seminario es una realidad extendida por toda la diócesis y en la que todos estamos comprometidos. El Seminario comienza en la familia, en la que nacemos todos. En ella se da normalmente tanto el despertar religioso como el despertar a la vocación. Son los padres y demás miembros de la familia los primeros educadores que acompañan al niño, al que Dios llama a ser su sacerdote, con la oración, con el consejo, con el ejemplo. Los padres, a veces también los hermanos y los abuelos, son nuestros mejores aliados en el fomento y acompañamiento de las vocaciones sacerdotales y de toda otra vocación.

Es evidente que las parroquias y comunidades religiosas o del apostolado seglar, con sus sacerdotes a la cabeza, tienen un papel relevante en el nacimiento y en el desarrollo de las vocaciones. Sobre todo los sacerdotes tienen la gran responsabilidad de vivir su sacerdocio con alegría, con fidelidad, con entrega generosa, hasta el punto de despertar en los niños y jóvenes la pregunta: "Y por qué no yo también". A los sacerdotes corresponde, además, ser los colaboradores más cercanos, junto con los padres, de los formadores y educadores del Seminario.

A todo el pueblo de Dios, en definitiva, nos corresponde una gran responsabilidad en el fomento de las vocaciones, en la ayuda que debemos prestarles, en el afecto y aprecio a nuestros seminaristas y a nuestros sacerdotes, en la colaboración económica al sostenimiento de nuestro Seminario y, sobre todo, en la oración constante y perseverante por los sacerdotes, por los seminaristas y por las vocaciones sacerdotales.

En nuestra relación afectuosa, agradecida y familiar con los sacerdotes y seminaristas podrán experimentar que, como dijo el Papa a los jóvenes el año pasado en la Visita que nos hizo, "vale la pena dedicarse a la causa de Cristo y, por amor a él, consagrarse al servicio del hombre. Merece la pena dar la vida por el Evangelio y los hermanos".

El mismo Señor nos dice que "hay más alegría en dar que en recibir". Efectivamente, así sucedió en él, que vivió siempre y sólo para Dios y para el servicio de las salvación del mundo y, de este modo, vivió una vida plena y bienaventurada, aunque no estuviera libre del sufrimiento y de la cruz. Pero fue una cruz con sentido y como camino de gloria.

La innumerable e ininterrumpida cadena de testigos, a lo largo de la historia de la Iglesia, nos demuestra la verdad de esta afirmación del Señor. Santos como San Francisco de Asís, Santa Teresa, San Francisco Javier o en nuestros tiempos el Beato Juan XXIII o la Beata Teresa de Calcuta, por citar sólo algunos, han vivido entregados sin reserva al servicio a Dios y a los hermanos y han sido personas felices y de una alegría contagiosa.

Lo mismo podemos decir de los mártires, como podemos comprobar siguiendo los relatos de los propuestos en nuestra diócesis para estudiar su proceso y ser presentados al Santo Padre para la declaración solemne de su santidad y martirio. Vivieron entregados al servicio, más aún, entregaron su vida, y en la entrega encontraron la plenitud.

Pidamos a Dios que nuestros niños y jóvenes descubran también hoy, inspirados y animados por el testimonio de los santos que nos han precedido y de los testigos vivos de Jesucristo entre los seminaristas y los sacerdotes que "hay más alegría en dar que en recibir" y que muchos de ellos se sientan llamados a seguir este camino, el camino del Seminario, el camino del sacerdocio.

Yo estoy convencido de que Dios sigue llamando a niños y jóvenes de nuestra diócesis al Seminario en mayor cantidad que el número de seminaristas con que hoy contamos. Creo que nos falta un mayor compromiso de todos por el Seminario, por los seminaristas, por los sacerdotes, por las vocaciones, sobre todo en nuestro interés, en nuestro testimonio, en nuestra ayuda y en nuestra oración.

Os saluda y bendice vuestro Obispo

+ Mons. José Sánchez González
Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades (Conferencia Episcopal Española)