Carta Pastoral
con motivo del día del Seminario
Queridos diocesanos:
Al acercarse el Día
del Seminario, fijado en nuestra diócesis
para el día de San José, me dirijo a todos
vosotros - sacerdotes, seminaristas, personas consagradas
y fieles cristianos laicos. Muy especialmente, a los niños,
a los jóvenes y a los padres, rogándoos con
toda el alma que nos tomemos con el máximo interés
nuestro Seminario, tanto el Mayor como el Menor.
Me refiero, claro está, a nuestros
seminaristas, a los que se preparan para ser nuestros sacerdotes
y a los jóvenes, posibles candidatos a los que Dios,
con toda seguridad, sigue llamando y a los que entre todos
tenemos que ayudar a que oigan la voz del Señor y
respondan con generosidad a su llamada.
El Seminario no es solamente un edificio, un centro de formación
integral de los candidatos al sacerdocio. El Seminario es
una realidad extendida por toda la diócesis y en
la que todos estamos comprometidos. El Seminario comienza
en la familia, en la que nacemos todos. En ella se da normalmente
tanto el despertar religioso como el despertar a la vocación.
Son los padres y demás miembros de la familia los
primeros educadores que acompañan al niño,
al que Dios llama a ser su sacerdote, con la oración,
con el consejo, con el ejemplo. Los padres, a veces también
los hermanos y los abuelos, son nuestros mejores aliados
en el fomento y acompañamiento de las vocaciones
sacerdotales y de toda otra vocación.
Es evidente que las parroquias y comunidades religiosas
o del apostolado seglar, con sus sacerdotes a la cabeza,
tienen un papel relevante en el nacimiento y en el desarrollo
de las vocaciones. Sobre todo los sacerdotes tienen la gran
responsabilidad de vivir su sacerdocio con alegría,
con fidelidad, con entrega generosa, hasta el punto de despertar
en los niños y jóvenes la pregunta: "Y
por qué no yo también". A los sacerdotes
corresponde, además, ser los colaboradores más
cercanos, junto con los padres, de los formadores y educadores
del Seminario.
A todo el pueblo de Dios, en definitiva, nos corresponde
una gran responsabilidad en el fomento de las vocaciones,
en la ayuda que debemos prestarles, en el afecto y aprecio
a nuestros seminaristas y a nuestros sacerdotes, en la colaboración
económica al sostenimiento de nuestro Seminario y,
sobre todo, en la oración constante y perseverante
por los sacerdotes, por los seminaristas y por las vocaciones
sacerdotales.
En nuestra relación afectuosa, agradecida y familiar
con los sacerdotes y seminaristas podrán experimentar
que, como dijo el Papa a los jóvenes el año
pasado en la Visita que nos hizo, "vale la pena dedicarse
a la causa de Cristo y, por amor a él, consagrarse
al servicio del hombre. Merece la pena dar la vida por el
Evangelio y los hermanos".
El mismo Señor nos dice que "hay más
alegría en dar que en recibir". Efectivamente,
así sucedió en él, que vivió
siempre y sólo para Dios y para el servicio de las
salvación del mundo y, de este modo, vivió
una vida plena y bienaventurada, aunque no estuviera libre
del sufrimiento y de la cruz. Pero fue una cruz con sentido
y como camino de gloria.
La innumerable e ininterrumpida cadena de testigos, a lo
largo de la historia de la Iglesia, nos demuestra la verdad
de esta afirmación del Señor. Santos como
San Francisco de Asís, Santa Teresa, San Francisco
Javier o en nuestros tiempos el Beato Juan XXIII o la Beata
Teresa de Calcuta, por citar sólo algunos, han vivido
entregados sin reserva al servicio a Dios y a los hermanos
y han sido personas felices y de una alegría contagiosa.
Lo mismo podemos decir de los mártires, como podemos
comprobar siguiendo los relatos de los propuestos en nuestra
diócesis para estudiar su proceso y ser presentados
al Santo Padre para la declaración solemne de su
santidad y martirio. Vivieron entregados al servicio, más
aún, entregaron su vida, y en la entrega encontraron
la plenitud.
Pidamos a Dios que nuestros niños y jóvenes
descubran también hoy, inspirados y animados por
el testimonio de los santos que nos han precedido y de los
testigos vivos de Jesucristo entre los seminaristas y los
sacerdotes que "hay más alegría en
dar que en recibir" y que muchos de ellos se sientan
llamados a seguir este camino, el camino del Seminario,
el camino del sacerdocio.
Yo estoy convencido de que Dios sigue llamando a niños
y jóvenes de nuestra diócesis al Seminario
en mayor cantidad que el número de seminaristas con
que hoy contamos. Creo que nos falta un mayor compromiso
de todos por el Seminario, por los seminaristas, por los
sacerdotes, por las vocaciones, sobre todo en nuestro interés,
en nuestro testimonio, en nuestra ayuda y en nuestra oración.
Os saluda y bendice vuestro Obispo
+ Mons. José
Sánchez González
Obispo de Sigüenza-Guadalajara