Día del Seminario
19/21 marzo 2004     
EL ARZOBISPO DE ZARAGOZA

El Seminario es algo nuestro

“Nuestro” es decir, de toda la comunidad cristiana, de toda la Iglesia, al servicio de todos los hombres. A la campaña a favor del Seminario están dedicados especialmente los días 19 y 21 de marzo. El Seminario Diocesano es una comunidad donde se forma el futuro presbiterio de la Diócesis. Es una institución que debe contar con el afecto y el apoyo de todos los sacerdotes y de todos los fieles cristianos.

En estos días los sacerdotes debemos dar gracias a Dios por el don de la vocación que hemos recibido de Jesucristo, sin mérito alguno de nuestra parte, y por todos aquellos que fueron nuestros maestros y educadores del Seminario, en esa etapa de nuestra formación. De ellos se valió el Señor para darnos mucho de lo somos. Es para nosotros sacerdotes de comienzos del siglo XXI, la ocasión de pedir con especial insistencia a Dios Padre, por mediación de Jesucristo, el don de la vocación sacerdotal a muchos niños y jóvenes de nuestra Diócesis.

Toda la comunidad cristiana debe sentir como cosa suya el Seminario Diocesano: los superiores y educadores que en él trabajan y especialmente los seminaristas. Todos debemos sentirnos llamados a colaborar del mejor modo posible por las vocaciones a la vida sacerdotal. Las pastoral de las vocaciones debe estar presente en todas las líneas de acción pastoral de cada parroquia y de toda la Diócesis. Los días del Seminario ¿no son también una ocasión para que cada fiel cristiano recuerde delante de Dios Padre las gracias que ha recibido a través del ministerio apostólico de los sacerdotes que ha conocido a lo largo de su vida?

Es fácil que muchos cristianos se dejen impresionar por las críticas que con frecuencia se hacen, alimentadas por los defectos reales o imaginados que los sacerdotes pueden tener. Pero estos defectos no son toda la verdad de la vida de los sacerdotes. ¿No tienen nada de positivo? Hagámonos un pregunta más radical: ¿cómo ve Jesucristo a los sacerdotes? ¿ Cómo valora Jesús el ministerio de cada sacerdote? El Señor conocía las debilidades y limitaciones de cada uno, y, sin embargo quiso llamarles. De un modo o de otro, cada sacerdote percibió un día, en el fondo de su corazón, la llamada de Jesús: “¡Sígueme!”. Cada uno de ellos dio una respuesta afirmativa que ha perdurado durante toda su vida, si ha sido fiel.

También los sacerdotes tenemos que dar gracias a Dios por los dones de gracia que hemos recibido de otros hermanos sacerdotes: la palabra de Dios, el perdón de los pecados, el consejo espiritual, el consuelo y el aliento en los momentos de fatiga, la corrección fraterna, la colaboración cordial y muchos veces sacrificada, la paciencia que han tenido con nosotros, y tantas cosas más que sólo el Señor conoce.

+ Mons. Elías Yanes
Arzobispo de Zaragoza

Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades (Conferencia Episcopal Española)