Día del Seminario
19/21 marzo 2004     

GUÍA DE LA CAMPAÑA 2004

EL LEMA: "HAY MÁS ALEGRÍA EN DAR QUE EN RECIBIR"

UN DICHO DE JESÚS

También este año se ha optado por una frase bíblica como lema. Se trata de un dicho de Jesús no recogido en los Evangelio, sino en la tradición oral que refiere Pablo (Cf Hch 20,35). Para Pablo ha sido una clave orientadora de su vida, tal como lo explica a los presbíteros en el momento de su despedida. Y así se la propone como testamento. Es una bienaventuranza, síntesis de las Bienaventuranzas del Sermón del Monte y de la propia vida del Maestro. En ella se resume toda la teología del don (ver en las páginas siguientes el comentario bíblico).

EL SACERDOCIO, UN CAMINO DE FELICIDAD

La búsqueda de felicidad

En una reflexión con algunos Rectores de Seminarios de España, se decía que el “miedo a la infelicidad” es la inquietud de fondo que subyace en los jóvenes al plantearse su vocación y en los seminaristas antes de ordenarse: ¿Seré feliz? Lo mismo se preguntan los padres, cuando un hijo les dice que quiere ser sacerdote: ¿Va a ser feliz por ese camino? En la cultura ambiente se palpa una búsqueda de la felicidad, como clave fundamental de la vida. Desde la cultura de la modernidad el camino de la felicidad se racionaliza más, se programa y se vincula al éxito en los negocios, en la profesión, en la familia, etc. En la cultura postmoderna la felicidad se ve más vinculada al sentimiento y al disfrute inmediato, situándola en el "estado de ánimo exultante".

Humanamente la felicidad depende en gran medida de sentirse querido y valorado y de tener algún éxito en lo que se hace. En el ambiente que captan las familias y los jóvenes se pueden percibir las dificultades que hoy tiene la misión del sacerdote y que incluso socialmente no tiene tan buena imagen como en otros tiempos. Por ello se hace necesario insistir en que la vocación sacerdotal es un camino de felicidad incluso humana, y de realización personal.

La verdadera felicidad de que hablamos no es el sucedáneo que tantas veces se ofrece en el mercado de la sociedad actual. No está hecha de triunfos, disfrutes y placeres. La buscamos en las claves de Jesucristo. En la paradoja del gana-pierde: el que entrega su vida y la pierde, la gana; y el que se la reserva egoístamente para sí la pierde. Es la paradoja de las Bienaventuranzas.

La experiencia nos dice que los santos, con toda su entrega y desprendimiento, son felices y siembran felicidad a su alrededor.

La felicidad del sacerdote

El Papa en su última vista a España, ante la multitud de jóvenes de Cuatro Vientos, les habló de la necesidad de sacerdotes y les dio su testimonio de que “vale la pena”:

“La evangelización requiere hoy con urgencia sacerdotes y personas consagradas. Ésta es la razón por la que os quiero decir a cada uno de vosotros, jóvenes: Si sientes la llamada de Dios que te dice: Sígueme (Mc 2,14; Lc 5,27), no la acalles. Sé generoso; responde como María ofreciendo a Dios el sí gozoso de tu persona y de tu vida.

Os doy mi testimonio: yo fui ordenado sacerdote cuando tenía 26 años. Desde entonces han pasado 56. (Aplausos: ¿Cuántos años tiene el Papa? ¡Casi 83! Corean: eres joven. Responde: ¡un joven de 83 años!). Al volver la mirada atrás y recordar estos años de mi vida, os puedo asegurar que vale la pena dedicarse a la causa de Cristo y, por amor a él, consagrarse al servicio del hombre. ¡Merece la pena dar la vida por el Evangelio y los hermanos!”.

Es lo mismo que pueden afirmar muchísimos sacerdotes, que han sido y son felices en el ejercicio del ministerio: en sentir la cercanía de Dios, experimentar la transformación de las personas, acompañarlas en su proceso humano y espiritual, consolar, animar, ayudar, orientar, aconsejar, repartir el Pan de la Palabra y la Eucaristía, el perdón de Dios... gastarse y desgastarse por Jesucristo y el Evangelio. Es cierto que hay dificultades y problemas, que pueden ser ocasión de desánimo. Por eso sed han de cuidar las fuentes de donde brota nuestra identidad, que es la configuración con Jesucristo. Y asimismo es preciso poner los medios de ayuda para los sacerdotes: la verdadera fraternidad y amistad presbiteral, los equipos sacerdotales, la cercanía del Obispo, la amistad y el apoyo de los laicos.

En el libro editado por la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades -"Curas del 2000"-, en el que se recogen los testimonios de 65 sacerdotes ordenados el año 2000, uno de cada Diócesis, aparece con frecuencia la convicción de que en el camino del sacerdocio que van a comenzar encontrarán la felicidad que buscan como personas, aun siendo conscientes de las dificultades inherentes al ministerio en la actualidad.

La mejor Campaña vocacional

Cuando a un sacerdote se le ve centrado y contento en lo que es y hace, es la mejor palabra de animación vocacional. Podrá estar cansado por su actividad y no resultarle bien todo lo que programa, ni tener demasiado éxito en su iniciativas, pero se siente feliz en trabajar por le Reino de Dios y ser fiel correspondiendo al amor de Jesucristo. Entonces su vida tiene un atractivo especial para los jóvenes, porque deja traslucir el misterio que la anima. Será capaz de suscitar seguidores que quieren parecerse a él y dedicarse a lo que él se dedica haciendo el bien y siendo el signo y transparencia de Jesucristo.

De la importancia de este testimonio gozoso del sacerdote para la pastoral vocacional habla el Concilio Vaticano II: “Ante todo, preocúpense los presbíteros de exponer a los fieles, por el ministerio de la palabra y con el propio testimonio de la vida, que manifieste abiertamente el espíritu de servicio y el verdadero gozo pascual, la excelencia y necesidad del sacerdocio, y a los que prudentemente juzgaren idóneos para tan gran ministerio, sean jóvenes o adultos, de ayudarlos, sin escatimar preocupaciones ni molestias, para que se preparen convenientemente y, por tanto, puedan ser llamados algún día por el Obispo, salva la libertad interna y externa de los candidatos” (PO 11).

Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades (Conferencia Episcopal Española)