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término de la Asamblea Plenaria celebrada entre los días
18 y 22 del pasado mes de noviembre, los Obispos españoles
hacíamos pública una breve nota en la que manifestábamos
nuestra solidaridad fraterna con las familias afectadas por la tragedia
del "Prestige", alentábamos a las autoridades en
su propósito de dar soluciones urgentes a los graves problemas
de quienes están sufriendo los efectos de este suceso lamentable
y hacíamos nuestra las notas publicadas el día 17 por
el Arzobispo de Santiago y por los Obispos responsables del Apostolado
del Mar en España, Francia y Portugal.
Los miembros del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal
Española, reunidos en Madrid en la mañana del día
12 de diciembre, hemos recibido información sobre la magnitud
de la catástrofe y sobre sus repercusiones en el ámbito
humano, familiar, ecológico, económico y social. Nos
llena de gozo la corriente magnífica de solidaridad que ha
surgido en muchos lugares e instituciones y también el testimonio
abnegado de tantos voluntarios que se han prestado y se seguirán
prestando a colaborar sacrificando su tiempo libre. Todo ello es
fuente de esperanza para Galicia y especialmente para los más
afectados.
Hemos conocido también la iniciativa del señor Arzobispo
de Santiago de Compostela de convocar para el domingo, día
22 de diciembre, una Jornada de oración, a la que nos unimos
de corazón. Por ello, pedimos a todos nuestros hermanos los
Obispos de España que inviten a los sacerdotes, a la vida
consagrada y a todos los fieles a redoblar la oración en
esa fecha y a pedir al Señor que mire compasivo las penas
de los más afectados por esta catástrofe, alivie sus
sufrimientos y fortalezca su fe y su confianza en Dios, Padre providente
que sigue mirándolos con amor. Les pedimos también
que consideren la posibilidad de invitar a los fieles a unirse a
la Jornada de ayuno que ha convocado también el señor
Arzobispo de Santiago para el viernes, día 20, como signo
de solidaridad cristiana con quienes sufren mayormente las consecuencias
de este suceso.
Quiera Dios que esta catástrofe sea la última en
nuestras costas y que el hecho que lamentamos nos aliente a todos
a crecer en el respeto por la naturaleza, un auténtico deber
moral y religioso. Como afirmábamos el pasado 22 de noviembre,
"Dios creador y padre nos ha legado el universo, obra de sus
manos, para que sea la casa habitable de todos los seres humanos
y para que lo perfeccionemos y desarrollemos al servicio de todos
los hombres". El mar concretamente ha de ser cuidado con respeto
exquisito, pues es un lugar de vida y un don de Dios.
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