|
El
Arzobispado se alegra y agradece que el
Camino de Santiago sea distinguido con el
Premio Príncipe de Asturias a la Concordia

El
Arzobispado compostelano, en el marco de este Año
Santo, se alegra de esta distinción que el Camino
de Santiago acaba de recibir, premio Príncipe de
Asturias a la Concordia por su contribución a la
construcción de Europa y a la creación de
la conciencia europea durante siglos, agradeciendo así
este reconocimiento.
Este
premio es un signo de que Europa nació peregrinando
y que las raíces europeas se encuentran en el Cristianismo,
que asentó los valores comunes de referencia a todos
los países miembros.
Santiago,
7 de septiembre de 2004
Con
ocasión de la concesión del Premio Príncipe
de Asturias a la Concordia al Camino de Santiago, reproducimos,
de nuevo, un amplio artículo publicado en enero en la
página web especial del Año Jubilar Compostelano
2004. En este artículo se repasa la historia y la tradición
jacobea y del Camino de Santiago.
Apuntes
de historia, arte, tradición, religiosidad
Jesús de las Heras Muela
Desde el 25 de julio de 1122 cada vez que el día de Santiago
cae en domingo se celebra, en la ciudad del Apóstol,
año santo y jubilar. Así lo dispuso el Papa de
entonces, Calixto II. Medio siglo después, el Papa Alejandro
III, en 1179, mediante la Bula "Regis aeterni", le
confirió carácter de perpetuidad a esta gracia
jubilar. Desde entonces, el año jubilar compostelano
se repite en secuencias de 11, 6, 5 y 6 años y vuelta
a comenzar. Cada siglo hay catorce años jubilares. 2004
es año santo, el 118 año jubilar compostelano
de la historia y el primero del tercer milenio. Los últimos
años jubilares compostelanos fueron en 1976, 1982, 1993
y 1999, y los próximos serán en los años
2010 y 2021.
Las esencias del año
santo compostelano
La veneración de las reliquias del Apóstol Santiago
centra toda la historia y tradición jacobea. La esencia
del año santo compostelano es, pues, la veneración
de la tumba del primer Apóstol que bebió el cáliz
del Señor Jesús.
A partir de esta creencia, avalada
científicamente tras los estudios y hallazgos arqueológicos
en la tumba del Apóstol a finales del siglo pasado y
la correspondiente Bula del Papa León XIII "Deus
omnipotens" de 1894, los "caminos" de Santiago
pasan por la búsqueda, por el esfuerzo, por la reconciliación,
por la gran "perdonanza", tal y como recoge la tradición
jacobea.
El camino de Santiago se convertirá
así en símbolo y metáfora de la condición
cristiana y humana. La búsqueda del perdón de
Dios por los pecados cometidos y la necesidad de la reconciliación
configuran también la entraña del Jacobeo, que
está lucrado por la Iglesia con indulgencia plenaria.
La tradición jacobea
se inserta plenamente en la clave de las grandes peregrinaciones
de la Edad Media -Roma, Jerusalén y Santiago se convertirán
en los tres grandes y hasta competitivos focos de peregrinaciones-
y en el entonces preponderante culto a las reliquias. En tiempos
todavía de milenarios y de una visión teocéntrica
de la realidad, esta tradición surgirá también
como camino de penitencia y conversión.
Es "año de la gran
perdonanza, del perdón de los pecados y de las penas
de los pecados, año de la reconciliación entre
los adversarios, año de múltiples conversiones
y de penitencia sacramental y extrasacramental".
Ganar el Jubileo
Para
ganar el jubileo compostelano se necesitan cuatro requisitos:
visitar la catedral y la tumba del Apóstol; rezar por
las intenciones del Papa; y ,quince días antes o después
de la peregrinación a la catedral, confesarse y comulgar.
A estos cuatro requisitos, bueno sería añadir,
fiel al espíritu de la tradición de la Iglesia,
otro: una obra de caridad.
De este modo, el año
santo será ocasión privilegiada para la gran "perdonanza"
y para la conversión, que los peregrinos del Medievo,
simbolizaban entrando a la catedral compostelana por la puerta
del perdón y saliendo, una vez cumplidos los citados
requisitos, por la puerta de la gloria.
El Jubileo compostelano, con
su indulgencia plenaria y demás prerrogativas, antecederá
en más de un siglo al Jubileo romano de los años
santos -cada 25 años-, instituidos en el año 1300
por el Papa Bonifacio VIII.
El más masivo año santo compostelano de la historia
El final del Medievo, el barroco
y el final del siglo XX han sido y están siendo los grandes
momentos de la peregrinación y popularidad jacobeas.
La actual repercusión mediática, social y cultural
del llamado Xacobeo es extraordinaria y hasta excesiva.
Así, cuando el próximo
31 de diciembre se cierre la puerta santa, la puerta del perdón
de la Catedral compostelana, cerca de seis millones de personas
habrán peregrinado a Santiago de Compostela. De ellos,
más de 150.000 habrán sido propiamente peregrinos,
es decir, habrán recorrido, al menos, cien kilómetros
a pie o a caballo, o doscientos en bicicleta.
Por lo que se respecta a grupos de peregrinos formalmente constituidos
como tales o peregrinaciones varias, en junio de este año
jubilar hubo 655 peregrinaciones organizadas, de las 428 procedían
de instituciones eclesiales.
En los últimos años
santos, acudieron a Santiago 183 peregrinaciones en 1948, 470
en 1954, 387 en 1965, 602 en 1971 y 2.483 en 1993. En 1999 hubo
5.557 peregrinaciones organizadas.
Más de 150.000
peregrinos

En 1993, fueron 99.436 los peregrinos
reconocidos como tal por la Oficina compostelana del peregrino
y más de seis millones las personas que viajaron hasta
la capital gallega. Seis años más tarde, en el
último Jubileo el número de peregrinos en sentido
estricto ascendió a 154.613. Todo parece indicar que
en 2004 se superará de nuevo esta última cifra.
En el último Jubileo, en 1999, la motivación religiosa
alcanzó el 74,39% del total; el 23,52% peregrinó
por una motivación religiosa-cultural; y el 2,07% por
un motivo exclusivamente cultural. En cuanto al medio utilizado,
el peregrino a pie fue el más numeroso, con un 82,80%;
en bicicleta llegó el 15,55%; a caballo el 0,92%, y por
mar el 0,72%.
Sin duda la ruta preferente ha sido siempre el ya tradicional
camino francés, por el que llegaron a Compostela, en
el año 1999 el 80,64% de los peregrinos. El camino portugués
fue la opción tomada por el 7,92%; seguido del Camino
del Norte, con un 6,01%; la Ruta de la Plata, con el 2,70%;
y el Camino Inglés, con un 1,81%.
En lo referido al desglose por meses, cabe destacar el desbordamiento
de peregrinos en los meses de verano, especialmente, por este
orden, agosto y julio, donde las cifras se aproximan al 30%
del total. Los estudiantes son el grupo más numeroso,
configurando el 38,07%, seguidos de los empleados, con un 13,00%;
y los profesionales liberales, con el 10,63%.
El número de peregrinos españoles en el Jubileo
de 1999 ascendió a 136.198 de los 154.613. En cuanto
a los peregrinos extranjeros los más numerosos fueron
los europeos, con 13.910, de 37 países diferentes. De
América llegaron 4.160, de 22 nacionalidades. De África
llegaron 44 peregrinos de 17 países diferentes; por última
Oceanía aportó 130 peregrinos, de 2 países
diferentes.
Peregrinos y viajeros
Aquellos que recorren, al menos,
cien kilómetros a pie o doscientos en bicicleta o a caballo
serán considerados propiamente como peregrinos y recibirán
la "compostela", el pergamino acreditativo. Treinta
y un mil peregrinos caminaron hasta Santiago en 1998; casi cien
mil, en 1993, el último año santo.
El 80% de los peregrinos a pie
o caballo o en bicicleta confiesan que su motivación
es fundamentalmente religiosa. El 18% dice hacer el camino por
motivos religioso-culturales y el 2%, por razones tan sólo
culturales o turísticas.
Los caminos de Santiago, con
su universalismo, son también, en cualquier caso, caminos
de cultura, de historia y tradición y al final del camino,
la experiencia demuestra que el peregrino se encuentra interiormente
más renovado y purificado.
La práctica totalidad
de los municipios y parroquias de Galicia peregrinan en los
años santos hasta Santiago. Empresas, instituciones varias
y hasta variopintas, parroquias, cofradías, movimientos,
comunidades, congregaciones, hermandades, colegios, asociaciones
y particulares sin fin de nuestra sociedad y de nuestra Iglesia
tienen o han tenido su peregrinación y su encuentro jubilar
en Santiago, a la vera de la tumba del Apóstol, en compromiso
de renovación de nuestras raíces cristianas.
Peregrinos ilustres
En
el pasado Año Santo Compostelano 1999, el domingo, día
18 de julio, el Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón,
acudía a la Catedral compostelana como peregrino tras
recorrer a pie 25 kilómetros. Era hasta ahora uno de
los últimos peregrinos más afamados e ilustres.
El Cid, Raimundo Lulio,
Francisco de Asís, Brígida de Suecia, Domingo
de Guzmán, Fernán González, el rey Jaime
el Conquistador, Vicente Ferrer, los Reyes Católicos,
Juan de Austria, Felipe II, Giuseppe Angelo Roncalli, antes
de ser el Papa Juan XXIII, el actual Papa Juan Pablo II, en
dos multitudinarias y emblemáticas ocasiones -en noviembre
de 1982 y en agosto de 1989- forman parte de este elenco de
ilustres y hasta santos peregrinos... Y es que, como ya escribiera
Dante en el final del Medievo, "peregrinos sólo
los de Santiago".
Los dos viajes del Papa Juan Pablo II a Santiago de Compostela,
y de una manera muy particular, su visita en agosto de 1989
en el marco de la Jornada mundial de la juventud, que atrajo
a cerca de medio millón de jóvenes de todo el
mundo, han sido, sin duda, uno de los factores que más
han contribuido al actual momento de pujanza -hasta desborda-
de las peregrinaciones jacobeas. En el emblemático Monte
del Gozo, a cinco kilómetros de la Catedral compostelana,
un hermoso monumento recuerda al Papa Juan Pablo II peregrino
jacobeo.
El campo de estrellas
El camino de Santiago y la devoción
al Apóstol nacieron en los finales del primer milenio
de la era cristiana como respuesta a la creencia y fervor popular
de que en estos confines de Galicia y de España, en un
"campo de estrellas", se hallaba la tumba del Apóstol
Santiago, uno de los predilectos del Señor y el primero
en beber su cáliz de martirio.
El Obispo Teodomiro, el monje
Pelayo y el Rey Alfonso II el Casto son los primeros protagonistas
y nombres propios de esta historia. A ellos, y por diferentes
motivos, le seguirán otros como los Papas, ya citados,
Calixto II y Alejandro III, los Obispos Godescalco y Gelmírez
o Aymeric Picaud.
En el año 813 el emperador
del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlomagno, acuñaba
monedas alusivas al Apóstol y a su enterramiento en el
Finisterre y el camino a Santiago se irán haciendo camino
al andar. El ser humano, "homo viator", encontraba
en el camino de Santiago una de las expresiones más simbólicas
y hasta metafóricas de su misma condición y destino,
acrentado por la índole cristiana y religiosa de este
camino.
En el siglo XII el camino y
la devoción jacobea adquiere tal relieve en la Iglesia
que los Papas Calixto II y Alejando III, grandes devotos de
esta tradición, instituyen, tal y como decíamos
al comienzo, el año santo jubilar, haciéndolo
coincidir siempre que el día de Santiago, 25 de julio,
caiga en domingo, lo que sucede en la secuencia de años
ya indicada.
Camino de Europa, camino
del hombre,
camino de las estrellas
El camino de
Santiago fue desde sus comienzos camino de Europa y de cristiandad
unida. De ahí, aquel memorable discurso del Papa Juan
Pablo II, en su primera visita a Santiago, el 9 de noviembre
de 1982, cuando recordó que Santiago está en las
raíces de Europa y cuando pronunció aquella célebre
frase: "Europa, sé tú misma", aludiendo
a su identidad e historia cristiana, alentada y significada
en Santiago de Compostela y en su camino.
El bajo medievo, el barroco
y los finales del siglo XIX y XX han sido los momentos más
esplendorosos de esta tradición, promovida, en sus albores,
por los monjes cluniacenses, quienes convirtieron el Camino
en instrumento de evangelización, de renovación
y de purificación, en una época donde, como queda
dicho, las peregrinaciones y el culto a las reliquias eran el
corazón de la religiosidad popular.
Junto
a ello, la tradición jacobea intensifica su dimensión
penitencial y el año santo es también el año
de la "gran perdonanza", a la par que el camino se
traduce asimismo en el surgimiento y crecimiento de burgos y
ciudades y de una red de infraestructuras al servicio de los
peregrinos.
El camino se transforma también
en camino de leyendas como las del gallo o la gallina de la
Catedral de Santo Domingo de la Calzada, la del paso honroso
del río Orbigo en tierras leonesas, la piedra a recoger
en Triacastela o los himnos y cánticos...
Mientras tanto, el camino de
Santiago, camino hacia Finisterre, se convertirá también
en un gran símbolo de la condición humana, creyente
y cristiana y de su destino peregrino en búsqueda de
perdón, de reconciliación y su misma identidad.
España y América
Como afirmaron los historiadores y ensayistas Claudio Sánchez
Albornoz y Américo Castro el camino de Santiago y la
creencia en la autenticidad de las reliquias del Apóstol
en este nuestro "campo de estrellas" fueron uno de
los elementos constituyentes e integradores de la identidad
nacional española. Tanta verdad es decir "España
de Santiago" como "Santiago de España",
tal como se puso de relieve en la reconquista o en el descubrimiento
y evangelización de América.
Como botón de muestra,
en la Iglesia Católica hay nueve diócesis con
el nombre de Santiago: desde Cabo Verde a Chile, desde Argentina
a Cuba, desde España a República Dominicana, desde
Panamá a Venezuela, desde México a Nicaragua...,
amén de otras muchas dedicadas en su patronazgo a este
santo apóstol.
A luz de todo ello, nacerá
el Voto y la Ofrenda nacionales a Santiago, quien se convertirá
en el patrón de España y cuya devoción
se transplanta pronto por las tierras americanas, como lo demuestran
las referidas ciudades, al igual que otras muchas localidades
y lugares puestos bajo el nombre del Señor Santiago.
El camino francés
Al menos, seis rutas históricas
son camino de Santiago. El camino francés -con entradas
en España bien por Roncesvalles o Jaca y con ruta única
desde Puente la Reina- es el más célebre y popular
de todos ellos. Es el camino glosado, descrito y dividido en
etapas por el "Liber Sancti Jacobi" o "Codex
Calixtinus", en el siglo XII. Es el camino que recorrieron
los primeros peregrinos como el Obispo Godescalco de Le Puy
y Aymeric Picaud -quizás el Papa Calixto II-, autor del
citado "Códice". Son ochocientos excepcionales
kilómetros de hondura, de belleza, de arte, de historia,
de naturaleza, de espiritualidad.
Al camino francés se
accedía, desde la Europa central y del este, por otras
cuatro vías: la vía turonense -por Tours-, de
los ingleses y flamencos; la vía lemovicense - por Limoges-
que recorrían los peregrinos de Bélgica, Champaña
y Las Ardenas; la vía podiense - por Pau-, utilizada
por borgoñones y alemanes; y la vía tolosana -por
Montpellier- o egidiana, que servía a los peregrinos
de la Provenza y de Italia.
Patrimonio de la humanidad
En 1982 la Unesco declaraba al
Camino francés de Santiago patrimonio de la humanidad.
Los ochocientos kilómetros entre Jaca o Roncesvalles
y Santiago -el camino francés, camino jacobeo por excelencia-
bien merecían esta declaración.
Y es que, en este cerca de millar
de kilómetros, encontramos lo mejor del románico,
del gótico y del barroco, traducido en iglesias, ermitas
u hospitales, trenzado, todo ello, con historias y leyendas
inefables y hasta inmortales.
Tanto en su arte como su naturaleza
el camino de Santiago es camino de espiritualidad, de belleza
y de cultura excepcionales. Jaca, Roncesvalles, Leyre, Puente
la Reina, Alfaro, Santo Domingo de la Calzada, San Juan de Ortega,
Burgos, Castrojeriz, Frómista, Villarcázar de
Sigra, Carrión de los Condes, Sahagún, León,
Astorga, Villafranca del Bierzo, Ponferrada, O Cebreiro, Triacastela,
Lugo, Samos, Sarria, Portomarín, Palas del Rey, Melide
y Santiago son algunos de los lugares y de las tierras fecundadas
y embellecidas por el camino.
Todos los caminos conducen
a Santiago
Hay todavía otros varios
caminos más con destino a Santiago. Todos los caminos
conducen a Compostela. Los dos primeros son el camino del norte,
que entra en Galicia por Ribadeo, desde Irún, atravesando
toda la cornisa cantábrica; y el camino inglés,
que comienza en A Coruña y por el que llegaban los peregrinos
del norte de Europa y de las islas del norte del Atlántico.
También hay un camino
portugués, cuya puerta de acceso era la bella y medieval
ciudad de Tui. La vía desde el interior de España
es el llamado camino del suroeste o vía de la plata,
que surgía de la prolongación hasta Galicia de
la calzada romana que comunicaba la ciudades de Mérida
y Astorga.
Restan todavía dos caminos
de mar por tierras gallegas: el camino de Fisterra-Muxia, el
camino del fin de la tierra; y la ruta marítima del mar
de Arousa y río Ulla, que conmemora la llegada en barco
de los restos del Apóstol Santiago desde Tierra Santa
y cuyos puntos de entrada son los municipios de Ribeira, en
el norte, y de Sanxenxo, en el sur.
Existía también
el camino del Mediterráneo y después camino catalán,
que entraba en España por Barcelona y seguía por
Lérida, Zaragoza, Soria y Burgos, para enlazar ya con
el camino francés. El llamado camino aragonés
es el que desde Jaca transcurre, dentro del camino francés
y recorriendo pasajes de gran belleza natural y artística,
por tierras aragonesas.
Experiencia de Iglesia
El camino de Santiago de Compostela
-su tradición, su jubileo, su alma e historia- supone
la oportunidad privilegiada de sentir y de vivir la Iglesia
en su variedad, en su pluralidad, en su misma vitalidad y condición
peregrina.
Ir a Santiago como peregrino
es una reconfortante experiencia eclesial, cristiana y humana.
El camino en si mismo, la tan numerosa presencia de fieles,
las largas filas para venerar los lugares de la tradición
jacobea, los penitentes en confesión -quizás una
de las dimensiones y realidades a potenciar y cuidar más
por parte de todos-, la tan abultada presencia de cristianos
en las Eucaristías y las posibilidades de participación
en la misma mediante la comunicación de los peregrinos
presentes, la presentación de una o dos Invocaciones
al Apóstol y la realización de las ofrendas, las
muy abundantes comuniones y los bancos siempre repletos en la
capilla de la adoración son experiencias hermosas y profundamente
eclesiales e inequívocos motivos para el gozo y la esperanza.
Peregrinar a Santiago es, sí, una plenificadora experiencia
de Iglesia.
La condición del
peregrino
A Santiago hay que ir siempre
como peregrino. El auténtico peregrino, como apuntábamos
antes, debe además penetrar en el Santuario compostelano
por la puerta santa, la puerta del perdón para salir
después por el pórtico de la gloria, como los
auténticos y renovados peregrinos de ayer, de hoy y de
siempre.
El
peregrino debe ir en actitud de búsqueda, de apertura,
de disponibilidad. Sin demasiadas ataduras ni condicionamientos.
Puede seguir portando el sombrero de ala ancha, el abrigo marrón
con esclavina, el bordón, la calabaza, el zurrón
y la concha venera, como manda la tradición.
Pero, en cualquier caso, deberá
ir siempre libre de amarras y experimentar progresivamente la
transformación del paso del camino y de su raudal de
gracia y del encuentro con los otros peregrinos, compañeros
del mismo camino.
Y es que la experiencia jacobea para ser verdadera y plenificadora
debe pasar por la renovación y por la potenciación
de su dimensión espiritual y cristiana, que no tiene
porque entrar en contradicción con los otros aspectos
culturales, históricos o turísticos de Santiago.
También estos otros "caminos" pueden y deben
conducir a Santiago.
Los caminos del Jubileo
Ganar el Jubileo es meta del
camino, aún cuando el camino en sí mismo es ya
gracia. Ganar el Jubileo es salir adecuadamente por el pórtico
de la gloria y experimentar el gozo de la gracia de Dios de
manos del Apóstol y del don excepcional de la "gran
perdonanza", el corazón del jubileo compostelano.
Para ello, para ganar el jubileo,
es preciso recorrer los "caminos" del jubileo, las
condiciones y requisitos que se precisan para lucrarse con la
gracia jubilar y que ya enumerábamos: confesión
sacramental, participación en la Santa Misa y recepción
de la Eucaristía y oración por el Papa y la Iglesia.
Como dijeramos también anteriormente, bueno será
hacer alguna obra de caridad como fruto granado de la peregrinación
y como signo de la nueva vida cristiana que debe iniciarse tras
un camino con un "antes" y un "después".
Deberán asimismo recorrerse
también los otros "caminos" de la tradición
jacobea: persignarse tres veces sobre un cruz esculpida en piedra
por la piedad de los peregrinos en las jambas de la puerta santa,
venerar y orar ante las reliquias del Apóstol en su hermoso
"sagrario" de plata, abrazar la imagen peregrina de
Santiago, posar los dedos de la mano derecha en los cinco huecos
que la historia ha labrado en el pie del parteluz del pórtico
de gloria e inclinar tres veces la cabeza -los célebres
y tan reiterados "croques"- ante Maese Mateo, el autor,
en 1188, de esta verdadera e inigualable "capilla sixtina"
del románico.
Deberán igualmente ser
rociados por el incienso del "botafumeiro", en permanente
ofrenda y alabanza al Señor Jesús, a su Apóstol
Santiago y a los peregrinos de todos los tiempos. El "botafumeiro"
es uno de los signos más reconocidos, más populares
y hasta más hermosos de toda la tradición jacobea.
El pórtico de
la Gloria
El
camino de Santiago y la tradición jacobea son todo esto.
Pero es aún más: es signo del proceso interior
y exterior del hombre en búsqueda de su transformación
y de su mismo destino. Es, como afirmáramos antes, metáfora
de vida humana y cristiana.
En la época histórica,
como queda ya dicho, los peregrinos de los años santos
accedían a la Catedral compostelana por la puerta del
perdón, la puerta del año santo, y tras orar,
recibir los sacramentos y abrazar al Apóstol, salían
del templo, en gracia de Dios y transformados, por la puerta
de la Gloria. Todo un signo a valorar y seguir potenciando y
urgiendo en esta hora de popularidad y de multitudinarias visitas
a Santiago.
Hasta el 31 de diciembre
La puerta del perdón -la
puerta santa- de la Catedral de Santiago de Compostela está
abierta desde el atardecer del 31 de diciembre de 2003. Estamos
en año santo compostelano, en el 118 año jubilar
de toda la historia, en el primero del tercer milenio del cristianismo.
Todos los caminos de España
y de Europa, y por extensión, del mundo conducirán
a lo largo de estos 366 días -2004 es año bisiesto-
a Santiago de Compostela, corazón de Galicia, Finisterre
legendario, cuna de la Iglesia Católica en España
y patria común de Europa y de América. Como exclamaran
los peregrinos del Medievo, desde el Monte del Gozo, y quizás
de todos los tiempos,"¡más allá, más
arriba, "E-ultr-eia, E-sus-eia". Todos tenemos cita
en Santiago.
|