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La Conferencia Episcopal, a través de su Comité
Ejecutivo, ha manifestado en dos ocasiones su juicio claramente
negativo sobre la legislación que se prepara en este
momento y que supondría una corrupción tal del
matrimonio en nuestras leyes, que esta institución vital
e insustituible para las personas y para la sociedad dejaría
de ser la unión de un hombre y de una mujer. Los obispos,
en sus diócesis, han expuesto también la doctrina
católica a este respecto de modo nítido y reiterado.
La sociedad, a través de diversas instancias, ha manifestado
igualmente su rechazo de una legislación tan injusta
y contraria a la razón. Entre las iniciativas sociales
propuestas para la defensa de los derechos del matrimonio, de
la familia y de los niños, una organización civil
ha convocado a los ciudadanos a expresar su apoyo a estos derechos
por medio de una manifestación convocada para el día
18 de junio en Madrid bajo el lema de “La familia sí
importa”.
La causa es justa. Nos hallamos ante una cuestión de
la mayor trascendencia moral y social que exige de los ciudadanos,
en particular de los católicos, una respuesta clara e
incisiva por todos los medios legítimos. Los fieles laicos
responden adecuadamente al desafío planteado cuando hacen
uso de sus derechos democráticos a expresar su desacuerdo
manifestándose pacíficamente. Es un modo legítimo
de cumplir con su deber al servicio del bien común.
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