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Miles de peregrinos españoles
se han congregado hoy de nuevo, esta vez en
el interior de la Basílica
de San Pedro, para celebrar la Misa de Acción de Gracias
por la Beatificación de 498 mártires del Siglo
XX en España. La celebración eucarística,
presidida por el Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal
D. Tarcisio Bertone, ha dado comienzo a las
10,00 horas.
Al
igual que ayer, han concelebrado 71 obispos españoles,
los Superiores Generales de las Ordenes Religiosas a cuyas
congregaciones pertenecen los mártires, y numerosos
sacerdotes diocesanos y religiosos. Han participado en la celebración
seminaristas de Barcelona –ha sido beatificado un seminarista
barcelonés- y de Málaga –entre los nuevos
beatos se encuentra un diácono malagueño- y seminaristas
de las distintas congregaciones religiosas.
El ejemplo de perdón y reconciliación
de los nuevos beatos y el impulso que estas beatificaciones
suponen para la Iglesia, han quedado de manifiesto tanto en
las palabras que el Arzobispo de Toledo, Cardenal D. Antonio
Cañizares
Llovera, ha pronunciado al inicio de la Eucaristía
como en la homilía del Cardenal Bertone.
Palabras
del Cardenal Cañizares al inicio de la Eucaristía
Al
comienzo de la misa de Acción de Gracias por la
Beatificación de 498 mártires del siglo XX en
España, el Cardenal Cañizares señaló que “es
toda la Iglesia en España la que se alegra con este
reconocimiento, y hoy, junto a la tumba de San Pedro, y en
comunión plena e inquebrantable con su Sucesor, el Papa
Benedicto XVI, representado por su Eminencia, viene a agradecer
a Dios tan inmenso don con que hemos sido enriquecidos por
su gracia y su infinita misericordia”. Así, expresó “nuestro
público y común agradecimiento al Santo Padre
por este regalo de los nuevos beatos, mártires, que
honran a la Iglesia en España, y a la Iglesia universal,
iniciamos, con devoción y agradecimiento, la celebración
eucarística en la que unimos la memoria agradecida de
estos cuatrocientos noventa y ocho mártires al Memorial
del Sacrificio Redentor de Cristo (...) cumbre y plenitud de
la entrega derramada para el perdón de los pecados y
la reconciliación de todos en una unidad inquebrantable”.
Además, se preguntó “¿Cómo
no dar gracias por estos mártires, y por tantos y tantos
otros, en muchedumbre incontable, que dieron su vida por Jesucristo
como testimonio supremo de la verdad del Evangelio y de la
fe?” “Nos reunimos con júbilo –continuó el
Arzobispo de Toledo-, llenos de esperanza, gozosos, para celebrar,
en estos mártires, a esa pléyade inmensa de fieles,
contemplada en el Apocalipsis, que <vienen de la gran tribulación
y han lavado sus túnicas con la sangre del Cordero>”.
El Cardenal Cañizares señaló que “no
queremos ni podemos olvidar el testimonio de los mártires
de la persecución religiosa en España del siglo
XX. Ellos manifiestan la vitalidad de nuestras iglesias locales
y forman como un gran cuadro del Evangelio de las bienaventuranzas”.
Así pues, “su sangre derramada por amor a Dios
es el signo y el mayor grito a favor del amor entre los hombres,
queridos por Dios hasta el extremo. Ellos constituyen una llamada
apremiante a la unidad, a la paz, al reconocimiento y respeto
de cada ser humano, al diálogo, a la mano tendida, al
perdón y a la reconciliación entre todos”.
El Arzobispo de Toledo concluyó destacando que “entregaron
su vida en obediencia y en cumplimiento de la voluntad de Dios,
que es misericordioso y nos llama a la misericordia y al perdón”.
Homilia
del Cardenal Bertone
“La
Beatificación de cuatrocientos noventa y ocho mártires
de España, que celebramos ayer, ha sido una ocasión
para constatar una vez más cómo la cadena de
cristianos que han sido atraídos por el ejemplo de Jesús
y sostenidos por su amor no se ha interrumpido desde los comienzos
de la predicación apostólica”. Con estas
palabras el Cardenal Bertone iniciaba la homilía de
esta Misa de Acción de Gracias, una homilía cargada
de esperanza en que la vida y el ejemplo de santidad de los
nuevos mártires se convierta “en un potente foco
de luz y en una apremiante invitación a vivir el Evangelio
radicalmente y con sencillez, dando testimonio público
y valiente de la fe que profesamos”.
El Cardenal Bertone ha
recordado que “todo
martirio tiene lugar ciertamente en circunstancias históricas trágicas que, asumiendo a veces la forma de persecución,
llevan a una muerte violenta por causa de la fe”. Pero,
afirmaba, “en medio de ese drama, el mártir sabe
trascender el momento histórico concreto y contemplar
a sus semejantes desde el corazón de Dios (...) El mártir
antepone la confesión de la fe a su propia vida, contrarrestando
así la agresión con la plegaria y con la entrega
heroica de sí mismo. Amando a sus enemigos y rogando
por los que lo persiguen (cf. Mt 5,44), el mártir
hace visible el misterio de la fe recibida y se convierte en
un gran signo de esperanza, anunciando con su testimonio la
redención para todos”.
El
Secretario de Estado del Vaticano ha recordado que “el
martirio es para la Iglesia un signo elocuente de cómo
su vitalidad no depende de meros proyectos o cálculos
humanos, sino que brota más bien de la total adhesión
a Cristo y a su mensaje salvador. Bien sabían esto los
mártires, cuando buscaron su fuerza no en el afán
de protagonismo, sino en el amor absoluto a Jesucristo, a costa
incluso de la propia vida”. Así, y para comprender
mejor el verdadero sentido cristiano del martirio, el Cardenal
ha invitado a “dejar que hablen los propios mártires.
Ellos, con su ejemplo, nos han confiado un testamento que a
veces no nos atrevemos a abrir. En cambio, si les prestamos
atención, sus vidas nos hablarán sin duda de
fe, de fortaleza, de generosa valentía y de ardiente
caridad, frente a una cultura que trata de apartar o menospreciar
los valores morales y humanos que nos enseña el propio
Evangelio”.
También
ha recordado el Cardenal Bertone que “estos
mártires no han sido propuestos al pueblo de Dios por
su implicación política, ni por luchar contra
nadie, sino por ofrecer sus vidas como testimonio de amor a
Cristo y con la plena conciencia de sentirse miembros de la
Iglesia. Por eso, en el momento de la muerte, todos coincidían
en dirigirse a quienes les mataban con palabras de perdón
y de misericordia”.
Por
eso, estos nuevos Beatos “han enriquecido a la Iglesia
de España con su sacrificio, siendo hoy para nosotros
testimonio de fe, de esperanza firme contra todo temor y de
un amor hasta el extremo (cf. Jn 13,1). Su muerte
constituye para todos un importante acicate que nos estimula
a superar divisiones, a revitalizar nuestro compromiso eclesial
y social, buscando siempre el bien común, la concordia
y la paz”.
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