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Calendario litúrgico-pastoral: miércoles de ceniza y domingos de Cuaresma

14 de febrero – Miércoles de Ceniza

Con la celebración de hoy comenzamos la Cuaresma, cuarenta días de preparación para la renovación de las promesas bautismales en Pascua de Resurrección, mediante la oración, la limosna y el ayuno. Estas prácticas penitenciales debemos hacerlas en lo secreto: «Y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará» (Ev.). Pero para encontrarles ese sentido penitencial, antes tenemos que reconocer que somos pecadores: «Misericordia, Señor, hemos pecado» (salmo responsorial) y que necesitamos en este tiempo de gracia dejarnos reconciliar con Dios (2 lect.). El mejor medio será celebrar el sacramento de la penitencia, en el que expresamos que nuestra conversión no es puramente exterior, sino que de verdad queremos rasgar nuestros corazones arrepentidos (cf. 1 lect.).

18 de febrero – I Domingo de Cuaresma

Por el bautismo fuimos salvados como Noé y los suyos en el arca (primera y 2 lect.s). En este tiempo hemos de reavivar esa gracia bautismal. El Ev. nos presenta a Jesús en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás, viviendo entre alimañas y servido por los ángeles. Así inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal y nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado, rechazando las tentaciones del enemigo (Pf.). Comenzamos con Él el camino hacia la Pascua. Y pedimos al Padre «que nos haga sentir hambre de Cristo, pan vivo y verdadero, y que nos enseñe a vivir constantemente de toda palabra que sale de su boca» (oración después de la comunión).

25 de febrero – II Domingo de Cuaresma

En este domingo se nos anticipa el misterio de Cristo resucitado y glorificado a la derecha del Padre. Así ocurrió en el misterio de la transfiguración que nos presenta el Ev.: «Por la cruz, a la luz». Dios entregó a su Hijo a la muerte por nosotros (cf. 2 lect.); pero la Pasión es el camino de la resurrección (Pf.). Así hemos de vivir el misterio de la cruz siempre, y de modo especial en estos días de Cuaresma, llenos de esperanza en que un día también resucitaremos. Al participar en la eucaristía del cuerpo glorioso de Cristo, nos hacemos partícipes ya de los bienes eternos del cielo (cf. oración después de la comunión).

4 de marzo – III Domingo de Cuaresma

 La 1 lect. de hoy nos presenta los mandamientos que Dios reveló a Moisés. Una ley que es perfecta, que es descanso del alma, unos mandamientos que son verdaderos y enteramente justos, palabras de vida eterna (cf. salmo responsorial). Si se valoraran estos preceptos del Señor, ¿sería el mundo como es, tan lleno de injusticias y maldades? ¿Valoramos nosotros hoy esos mandamientos?… En la 2 lect. se nos habla de Cristo crucificado como expresión de la fuerza de Dios y de la sabiduría de Dios. Su cuerpo, templo de Dios, será destruido en la muerte en la cruz, pero al tercer día resucitará (Ev.). Esto nos llena de esperanza a los muertos y resucitados con Él en el bautismo.

11 de marzo – IV Domingo de Cuaresma

Hoy es un domingo de alegría porque se acercan ya las fiestas pascuales. En ellas celebraremos nuestra salvación por pura gracia de Dios, que, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo (2 lect.). La alegría que sintió el pueblo de Israel cuando fue liberado de la cautividad de Babilonia (1 lect.). La alegría de saber el amor que Dios nos tiene, que envió a su Hijo al mundo no para condenarlo, sino para salvarlo. Este don requiere por nuestra parte recibirlo con fe: todo el que cree en Él tendrá la vida eterna, no será condenado. Pero el que no cree en el nombre del Hijo único de Dios, ya está condenado (Ev.).

18 de marzo – V Domingo de Cuaresma

En la 1.ª orac de este domingo, pedimos «avanzar animosamente hacia aquel mismo amor que movió a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo». Por su muerte y resurrección Dios ha hecho con nosotros una Alianza Nueva con una ley no escrita en tablas de piedra: «Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones» (cf. 1 lect.). El Ev. nos recuerda —refiriéndose a la muerte de Cristo— que «ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre. Os aseguro que si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto». Imitemos a Cristo, aborreciéndonos a nosotros mismos en este mundo, para guardarnos así para la vida eterna.

19 de marzo – San José, esposo de la B.V.M

La figura de san José es para todos nosotros un modelo de fe, pues hizo todo lo que le había mandado el ángel del Señor, acogiendo a María como esposa y como hijo al niño que nacería de ella, Jesús (cf. Ev.). A su custodia les fueron confiados los primeros misterios de la salvación del mundo (cf. 1.ª orac) y se entregó por entero a servir al Hijo, nacido de la Virgen María; que nosotros podamos también servir hoy al Señor en el altar de la eucaristía con un corazón puro (cf. oración sobre las ofrendas). Que también, como Iglesia, llevemos a plenitud en su misión salvadora esos primeros misterios de la salvación.

25 de marzo – Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

Conmemoramos hoy la sagrada entrada de Jesús en Jerusalén, montado sobre un borrico. Con este acto de humildad, nos muestra así el camino de su rebajamiento que le llevará hasta la muerte, una muerte en la cruz (2 lect.). Así mostró al género humano el ejemplo de una vida sumisa a la voluntad de Dios (cf. 1.ª orac). Se lee hoy la Pasión según san Marcos, cuyo tema central es el de Jesús como Hijo de Dios, el Siervo de Dios mártir, vaticinado por Isaías (cf. 1 lect.), que muere en la cruz. Este sacrificio se actualiza en la eucaristía, en la que hoy pedimos la misericordia que no merecen nuestros pecados.

2018-02-14T11:24:41+00:00 martes 28 febrero, 2017|