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Jueves 18 de agosto

Encontrarse con Cristo en la Eucaristía

"Vieron al niño con María su madre, y postrándose
ante Él le adoraron
" (Mt. 2,11)

La fe es un regalo, no un premio, ni un mérito. Es una concesión enteramente gratuita por parte de Dios.

El misterio. Ni oscuridad, ni irracionalidad. Es algo grande, inabarcable, inmenso, y lleno de vida.

1. Este es el misterio de nuestra fe

Prepararse para entrar en un mundo, en una realidad, en una experiencia completamente nueva, insólita, admirable... Pues cuando uno se pone al lado de Cristo, todo es nuevo y distinto: nuevo testamento, nueva humanidad, nuevo pueblo, nueva ley, nuevo sacrificio, hombre nuevo, nuevo alimento, nueva evangelización, nueva vida...

La Eucaristía realiza una misteriosa transformación. Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí (Gal 2, 20). Cristo se pone a nuestro lado, se mete en nuestra vida, para que podamos estar junto a él, para ver las cosas como él las ve... Para vivir su misma vida.

La palabra de Cristo lo ha cambiado, transformado todo. No se puede separar la persona de su palabra. No se puede separar a Cristo de su evangelio.

2. Comunión con Cristo y con la Iglesia

"Comer este pan es comulgar, es entrar en comunión con la persona del Señor vivo. Esta comunión, este acto de "comer", es realmente un encuentro entre dos personas, es dejarse penetrar por la vida de Aquel que es el Señor, de Aquel que es mi Creador y Redentor. La finalidad de esta comunión, de este comer, es la asimilación de mi vida a la suya, mi transformación y configuración con Aquel que es amor vivo. Por eso, esta comunión implica la adoración, implica la voluntad de seguir a Cristo, de seguir a Aquel que va delante de nosotros. Por tanto, adoración y procesión forman parte de un único gesto de comunión; responden a su mandato: "Tomad y comed" (Benedicto XVI, Corpus 05).

Tres secretos que quedan revelados en la Eucaristía: la presencia entre nosotros de Cristo resucitado; la permanente disposición de Cristo para ofrecerse en remisión, en pago de nuestros pecados; la unión íntima con Cristo, la comunión. Es la presencia de Cristo en el pan consagrado, el sacrificio de la misa, la comunión eucarística. Cristo ha asumido nuestros pecados y se ha ofrecido al Padre. En comunión recibimos el fruto de esa entrega.

3. Adoración y vida cristiana

Quédate con nosotros. La adoración eucarística: Prolongación o dimensión contemplativa de la celebración. Es una manera de permanecer en el misterio. Gustar la bondad de Dios. Ponernos a disposición suya para que él esté en nosotros.

La Eucaristía es manantial y cumbre de nuestra vida cristiana. Sin fe, los sacramentos acaban en el ritualismo, la caridad está muerta y la misión resulta un trabajo estéril. Sin el sacramento, la fe se convierte en ideología, la caridad acaba en evasionismo y la misión no evangeliza. Sin el amor de Cristo que se entrega en la Eucaristía, la caridad es altruismo y simple cooperación, la misión un fraude y la comunidad un antisigno.

Con la firme adhesión a la palabra de Dios y la gracia de la fe, la Eucaristía es actualización perenne del misterio pascual; Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida; es una verdadera confesión y memoria de que el Señor ha muerto y ha vuelto a la vida por nosotros; la comunión de su cuerpo y de su sangre, Cristo nos comunica también su Espíritu; formamos en Cristo un sólo cuerpo y un sólo espíritu. Con la Eucaristía, la obra de la Encarnación y de la Redención permanece en la Iglesia.

 

Cardenal Carlos Amigo Vallejo
Arzobispo de Sevilla

 

 

 
 

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