Jueves 18
de agosto
Discurso
del Santo Padre
Ceremonia de bienvenida
en el aeropuerto internacional de Colonia/Bonn
Señor
Presidente de la República,
Ilustres Autoridades políticas y civiles,
Señor Cardenal y Venerados Hermanos en el episcopado,
queridos ciudadanos de la República Federal,
queridos jóvenes
Con inmensa
alegría me encuentro hoy, por vez primera después
de mi elección a la Cátedra de Pedro, en mi
querida patria, Alemania. Agradezco a Dios con viva emoción
que me haya concedido iniciar las visitas pastorales fuera
de los confines de Italia viniendo precisamente a la Nación
que me ha visto nacer. Vengo a Colonia con ocasión
de la XX Jornada Mundial de la Juventud, que desde hace
tiempo mi Predecesor, el inolvidable Papa Juan Pablo II,
había programado y predispuesto. Estoy sinceramente
agradecido a todos los aquí presentes por la calurosa
acogida que se me ha dispensado. Saludo con deferencia ante
todo al Presidente de la República Federal, Señor
Horst Köhler, al que agradezco las corteses palabras
de bienvenida pronunciadas en nombre de todos los ciudadanos
de la República Federal de Alemania. Extiendo mi
respetuoso reconocimiento a los Representantes del Gobierno,
a los Miembros del Cuerpo diplomático y a las Autoridades
civiles y militares. Saludo también con afecto fraterno
al Pastor de la archidiócesis de Colonia, el Cardenal
Joachim Meisner y, con él, a los otros Prelados,
a los sacerdotes, los religiosos, las religiosas y a todos
los que prestan su preciosa colaboración en las diversas
actividades pastorales en las Diócesis de lengua
alemana. Quisiera abrazar espiritualmente y con afecto en
este momento a todos los habitantes de los muchos Länder
de la República Federal de Alemania.
En estos días
de preparación más inmediata a la Jornada
Mundial de la Juventud, las Diócesis de Alemania
y, en particular, la Diócesis y la Ciudad de Colonia,
se han animado con la presencia de tantos jóvenes
procedentes de las diversas partes del mundo. Doy las gracias
a todos los que han prestado una colaboración eficiente
y generosa para organizar este acontecimiento eclesial de
alcance mundial. Pienso en las parroquias, los institutos
religiosos, las asociaciones, las organizaciones civiles
y las personas privadas, apreciando la sensibilidad demostrada
al dar una cálida y adecuada hospitalidad a los millares
de peregrinos que han venido desde todos los continentes.
La Iglesia que vive en Alemania, así como toda la
población de la República Federal alemana,
pueden enorgullecerse de una amplia y enraizada tradición
de apertura mundial, como lo demuestran también las
numerosas iniciativas de solidaridad, especialmente en favor
de los Países en desarrollo.
Con este espíritu
de sensibilidad y de acogida para con los que provienen
de tradiciones y culturas diferentes, nos preparamos a vivir
en Colonia la Jornada Mundial de la Juventud. El encuentro
de muchos jóvenes con el Sucesor de Pedro es un signo
de la vitalidad de la Iglesia. Me siento dichoso de estar
entre los jóvenes, de apoyar su fe y de animar su
esperanza. Al mismo tiempo, estoy seguro de recibir algo
de los jóvenes, sobre todo de su entusiasmo, de su
sensibilidad y de su disponibilidad para afrontar los desafíos
del futuro. A ellos, y a cuantos los han acogido en estas
jornadas ricas de acontecimientos, les envío desde
ahora mi más cordial saludo. Además de los
intensos momentos de oración, de reflexión
y de fiesta con los jóvenes y con cuantos participarán
en las múltiples manifestaciones programadas, tendré
la oportunidad de encontrarme con los Obispos, a los cuales
dirijo ya desde ahora mi saludo fraterno. Veré luego
a los representantes de las otras Iglesias y Comunidades
eclesiales, visitaré la Sinagoga para encontrar a
la Comunidad hebrea, y acogeré también a los
representantes de algunas Comunidades islámicas.
Se trata de encuentros importantes para impulsar el camino
de diálogo y cooperación en el empeño
común de construir un futuro más justo y fraterno,
que sea realmente digno del ser humano.
En el curso
de esta Jornada Mundial de la Juventud reflexionaremos juntos
sobre el tema «Hemos venido a adorarle» (Mt
2,2). No se puede perder esta oportunidad para profundizar
en el sentido de la existencia humana como «peregrinación»
realizada con la guía de la «estrella»
en busca de Dios. Nos fijaremos juntos en las figuras de
los Magos que, viniendo de tierras diferentes y lejanas,
fueron de los primeros en reconocer en Jesús de Nazaret,
en el Hijo de la Virgen María, al Mesías prometido,
y a postrarse ante Él (cf. Mt 2,1-12). La Comunidad
eclesial y la Ciudad de Colonia están especialmente
vinculadas a la memoria de estas figuras emblemáticas.
Como los Magos, todos los creyentes, y particularmente los
jóvenes, están llamados a afrontar el camino
de la vida buscando la verdad, la justicia y el amor. Es
un camino cuya meta definitiva se puede alcanzar sólo
mediante el encuentro con Cristo, un encuentro que no tiene
lugar sin la fe. En este camino interior pueden ayudar los
múltiples signos que la amplia y rica tradición
cristiana ha dejado de manera indeleble en esta tierra de
Alemania: desde los grandes monumentos históricos
a las innumerables obras de arte diseminadas por su territorio,
desde los documentos guardados en las bibliotecas a las
tradiciones vividas con gran participación popular,
desde los conceptos filosóficos a la reflexión
teológica de tantos pensadores, desde la herencia
espiritual a la experiencia mística de una muchedumbre
de santos. Es un rico patrimonio cultural y espiritual que,
todavía hoy, da testimonio en el corazón de
Europa de la fecundidad de la fe y de la tradición
cristiana. En particular, la Diócesis y la Región
de Colonia conservan la memoria viva de grandes testigos
de la civilización cristiana. Pienso, entre otros,
en san Bonifacio, en santa Úrsula, en san Alberto
Magno y, en tiempos más recientes, en santa Teresa
Benedicta de la Cruz (Edith Stein) y en el beato Adolph
Kolping. Que estos ilustres hermanos nuestros en la fe,
que han mantenido en alto la llama de la santidad a lo largo
de los siglos, sean «modelos» y «patrones»
de la Jornada Mundial de la Juventud que estamos celebrando
aquí.
Mientras renuevo
a todos los presentes mi más sentido agradecimiento
por la atenta acogida, ruego a Dios por el camino futuro
de la Iglesia y de toda la sociedad en esta República
Federal de Alemania, a la que tanto quiero. Que su larga
historia y los grandes logros sociales, económicos
y culturales obtenidos, impulsen a proseguir con renovado
vigor por las vías del auténtico progreso
y del desarrollo solidario, no sólo para la Nación
alemana, sino también para los demás pueblos
del Continente. Que la Virgen María, que mostró
al Niño Jesús a los Magos cuando llegaron
a Belén para adorar al Salvador, continúe
intercediendo por nosotros, así como desde siglos
vela sobre el Pueblo de Alemania en tantos Santuarios esparcidos
por los Länder alemanes. Que Dios bendiga a los aquí
presentes, y también a todos los peregrinos y a los
habitantes del País. Que Dios proteja la República
Federal de Alemania.
Fuente: Santa Sede