La única Jornada celebrada en España
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Después de Roma y Buenos Aires, la tercera sede –la única española hasta el momento- para una jornada mundial de la juventud ha sido Santiago de Compostela. En esa ocasión, el lema escogido por Juan Pablo II fue: “Cristo, Camino, Verdad y Vida” (Jn. 14.6). Y en esta jornada, por el simbolismo de su sede, la palabra “camino” estuvo especialmente presente.

Jóvenes de Europa del Este, Iberoamérica, África, Asia y Europa Occidental se hicieron peregrinos por unos días. Algunos llegaron a pie, como los antiguos caminantes, otros a caballo, en bicicleta, barco, autobús, avión, etc. Todos los medios de transporte necesarios para congregar a medio millón de jóvenes procedentes de más de 60 países.

Antes de encontrarse con el Papa, los jóvenes celebraron un Foro Internacional, en el que plantearon y expusieron sus inquietudes con respecto a la Iglesia. En este foro participaron 250 jóvenes de varios países (30 españoles) invitados por el Pontificio Consejo de Laicos.

El martes 15 de agosto de 1989 se celebró una gran fiesta de acogida en Santiago, con una misa presidida por el entonces arzobispo, Antonio María Rouco Varela. No faltaron actuaciones de grupos musicales y folclóricos juveniles. Este acto marcó el comienzo de la llamada “Semana Previa”, tres días en los que los jóvenes empezaron a llegar a Santiago y La Coruña y se prepararon con catequesis, celebraciones sacramentales, mesas redondas y plegarias. Esta costumbre se repetirá en Colonia, donde algunos participantes asistirán los días precedentes a intercambios y convivencias con familias y diócesis alemanas.
El 19 de agosto llegaba el Papa a Santiago para reunirse con los jóvenes. Después de recorrer a pie los últimos cien metros del camino, ya en la catedral cumplió con el rito de los peregrinos. Hacia el atardecer llegó al Monte del Gozo. Al día siguiente, la jornada comenzaría temprano: a las seis de la mañana. Primero alborada, después rezo comunitario, y colecta para ofrecer al Papa una cantidad suficiente para cubrir tres proyectos de desarrollo de Manos Unidas en otros tantos países del Tercer Mundo.

A las 9:00 horas dio comienzo la eucaristía con los jóvenes, que se prolongó hasta el mediodía, cuando se cerró el encuentro con el rezo del Ángelus: “Es cada vez más necesario que incluso en los lugares más apartados de la tierra se den testigos, testigos jóvenes, del Evangelio, sin miedo o temor a las situaciones y a las circunstancias adversas, que sepan vivir coherentemente las exigencias de la fe (...) ¡Proclamad con decisión la verdad única de Cristo!”.

Así se despedía Juan Pablo II de más de 500.000 jóvenes, en una jornada mundial caracterizada por el símbolo del “camino” y también por la multiculturalidad. El Papa saludó en más de una decena de idiomas, entre los que estaban el croata, el esloveno, el japonés o el vietnamita. La misa central de la jornada de clausura también se ofició en varias lenguas; incluso el latín estuvo presente en las confesiones. La pluralidad se manifestó de otras maneras: en los casi 800 concelebrantes que acompañaron al Papa y en un acto simbólico: la entrega de diez báculos de peregrino bendecidos a otros tantos jóvenes de varias nacionalidades.

Así fue la IV Jornada Mundial de la Juventud. Ahora, 16 años después, la meta del "camino" es Colonia.

 

Mensaje de Juan Pablo II

Oración al Apóstol Santiago

 

 

 
 
 

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