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| "La
juventud es esperanza y futuro para la Iglesia
y el mundo" |
29
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Amadeo RODRÍGUEZ MAGRO, Obispo
de Plasencia
Mi
primera participación como obispo
en la Jornada Mundial de la Juventud
de Colonia, además de haber supuesto
unos días de fiesta cristiana
y juvenil, me ha permitido vivir una
experiencia extraordinaria que rompe
los moldes de lo que normalmente percibimos
en la juventud; desmiente, sobre todo,
la escasa esperanza que los sociólogos
dicen que la juventud proyecta. Por
el número, que ya es significativo
ese millón de jóvenes,
y por la realidad humana y espiritual
que han puesto de relieve se entiende
que no sea ilusorio ni exagerado que
los Papas Juan Pablo II y Benedicto
XVI hayan dicho que la “juventud
es esperanza y futuro para la Iglesia
y el mundo”.
Alguien, sin embargo, me podría
preguntar en qué me baso para
ser tan rotundo en esta afirmación.
Desde luego no sólo en el modo
de mostrar la alegría o en el
tono de la convivencia de esta multitud
global; me baso, sobre todo, en lo que
une a jóvenes tan diversos en
procedencia, en cultura y en sensibilidad
y que se percibe en sus rostros, en
sus cantos, en sus actitudes y en sus
rezos; me baso en su fe juvenil y comprometida
en Jesús de Nazaret. Al verlos
y escucharlos rápidamente se
sabe a qué han venido a Colonia:
“hemos visto su estrella y hemos
venido a adorarlo”.
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| Reconocimiento
de Dios como nuestra verdadera medida |
23
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Julián BARRIO BARRIO, Arzobispo
de Santiago de Compostela
Acabamos
de celebrar la XX Jornada Mundial de
la Juventud 2005 en Colonia. Con el
hilo vertebrador de las Jornadas anteriores
pero con colores propios esta Jornada
nos ha ofrecido un tapiz diferente reflejando
una nueva experiencia de la Iglesia
viva que a través de los jóvenes
sigue ofreciéndonos un horizonte
siempre abierto de esperanza. Ha sido
importante la ambientación de
los días precedentes a través
de las catequesis y de los actos programados
que fueron preparando la participación
en la Vigilia y la celebración
de la Eucaristía del último
día. Ahora, la preocupación
será seguir haciendo camino a
partir de lo que hemos visto, escuchado
y celebrado.
En el entorno de la
colina preparada al efecto como escenario
de esta Jornada, un millón de
jóvenes escuchó la Palabra
de Dios y pudo compartir el Pan de la
Eucaristía. La configuración
del espacio que acogió a los
jóvenes peregrinos nos llevaba
a imaginar el Monte de las Bienaventuranzas
y la explanada donde Jesús realizó
el milagro de la multiplicación
de los panes. Aquí una nueva
generación de jóvenes
se unía a otras que ya habían
vivido una experiencia similar en otras
Jornadas Mundiales para discernir sobre
su vocación en la Iglesia bajo
el lema: “Hemos venido a adorarle”,
y asumir el compromiso apostólico
al volver a sus parroquias, movimientos,
asociaciones y comunidades para realizar
la obra evangelizadora buscando, como
dijo el Papa, “la transformación
del mundo hasta que Dios sea todo en
todos”. La Jornada ha sido también
un signo de esperanza para el Apostolado
seglar ayudándonos a mirar con
confianza el quehacer de los jóvenes
en la Iglesia, orientados siempre “según
la medida de la verdad y del bien para
llegar a ser de esta manera, nosotros
mismos, verdaderos y humanos”.
Ellos, una vez más, han manifestado
con su presencia y participación
que no quieren ser jóvenes de
una anodina espera que les hace ser
simplemente espectadores del presente.
Quieren asumir su protagonismo como
profetas de esperanza. Es necesario
acompañarles y sentirnos acompañados
por ellos.
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| Colonia |
22
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Francisco GIL HELLÍN, Arzobispo
de Burgos
Mi
impresión personal es que Dios
nos ha regalado un Papa de diez y que
va a llevar a la Iglesia por caminos
de verdad y autenticidad. Me ha impresionado
la condena tajante del nazismo, al que
llamó «demencial ideología
racista», la llamada fortísima
a la unidad de todos los cristianos
y de éstos con el Judaísmo
y el Islam, la importancia que ha dado
a la Eucaristía del domingo,
a la Sagrada Escritura, al Catecismo
y al Compendio del Catecismo y, de modo
muy particular, el clima de esperanza,
de ilusión y de urgencia apostólica
para remontar el número y la
calidad de los jóvenes que se
profesan cristianos. Dada mi especial
sensibilidad por las vocaciones sacerdotales,
me ha entusiasmado lo que dijo sobre
el seminario y los formadores de los
seminaristas. En este sentido, me ha
parecido clarividente al trazar los
grandes rasgos del seminario: no tanto
un lugar, cuanto un tiempo de discernimiento
-en íntimo y constante diálogo
y experiencia con Cristo-, de formación
y de preparación para la misión,
de descubrimiento de la Iglesia como
algo propio y de trato constante y filial
con María, como Madre de los
sacerdotes. En esta misma línea,
me parece muy iluminador y estimulante
que nos haya recordado que «la
calidad del presbiterio de una Iglesia
particular depende en buena parte del
seminario y de la calidad de los responsables
de la formación».
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| Marienfeld |
22
de Agosto de 2005 |
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| Lluvia
de luz, siguiendo la Estrella |
21
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Jesús SANZ MONTES, Obispo de
Huesca y Jaca
Se
anunciaba una lluvia torrencial, pero
en la Vigilia sólo llovió
la luz de quienes siguiendo la Estrella
buscamos al Señor incesantemente.
Ayer tarde, como cada tarde, al declinar
el sol volvieron a rodearnos las sombras
de la noche. Verdadero símbolo
cotidiano de lo que sucede en cada corazón
y en cada relación, cuando nos
separamos de la Luz que ilumina y caldea.
En la colina de Marienfeld (campo de
María), una catedral improvisada
se levantó para acoger al Santo
Padre Benedicto XVI reunido en oración
con casi un millón de jóvenes
de todo el mundo. Pero la noche pasada,
en este corazón de la vieja Europa
que estos días palpita latires
más jóvenes que nunca,
no hemos asistido al rito cansino y
tristón de hacer crónica
de la oscuridad de cada crepúsculo,
sino muy al contrario, levantar acta
de que la luz ha vencido a la sombra
para siempre. La oración vespertina,
a la que nos convocó la campana
bautizada y bendecida con el nombre
de “Juan Pablo II”, dio
paso al Evangelio de los Magos y al
rezo del avemaría, y culminó
con la adoración de Jesús
Eucaristía. Toda la claridad
pascual de Jesús resucitado fue
encendiendo en la vigilia de anoche
un reguero de chispas bondadosas que
tenían la firma de la Gracia
de Dios. La luz que nació en
Belén para nuestra redención,
ha ido llenando nuestras vidas de color
y de calor.
Ha sido una verdadera fiesta de esperanza,
en donde esta Iglesia viva y joven,
según la expresión feliz
de Benedicto XVI, ha vuelto a llenarse
de una lumbre renacida. Esa luz que
la Iglesia puso anoche en nuestras manos
se nos dio para “incendiar”
el mundo con el fuego de Dios: que prendan
las llamas de la Gracia, las de la fe-esperanza-caridad,
las llamas de la paz y la reconciliación.
Es la luz que nació de María
y que renace en este momento de la historia
de la Humanidad.
Hemos seguido la estrella que nos ha
llevado hasta María, verdadera
Estrella de todo amanecer. Él
no se aprovecha ni juega con nuestra
oscuridad, sino que la abraza con ternura
para poner fin a su maleficio, y permite
que brille en nosotros y entre nosotros
el esplendor de la Verdad. De esto somos
testigos con la mejor juventud que puebla
la tierra. Deseamos llevar esta Luz
que alumbra sin deslumbrar, este fuego
que purifica y calienta sin destruir
ni arrasar: el Señor. Seamos
nosotros estrella de Él para
cada cual.
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Testigos
de Cristo y servidores
de la caridad fraterna |
20
de Agosto de 2005 |
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Cardenal
Carlos AMIGO VALLEJO, Arzobispo de Sevilla
Como
era de esperar, los jóvenes se
han manifestado en esta jornada, con
su mejor y más auténtica
imagen. Queda atrás ese engaño
de una juventud sin valores ni virtudes,
ahogada por materialismo de todos los
colores, y aparecen unos jóvenes
fascinados por la figura y el mensaje
de Cristo.
También queda
patente en este encuentro, que los jóvenes
responden con entusiasmo a una convocatoria
con motivaciones serias y auténticas.
Están de vuelta, a pesar de sus
pocos años, de los falsos señuelos
de unas ideologías sin esperanza.
Estos jóvenes han venido para
ver al sucesor de Pedro, Benedicto XVI,
y más que pedir se ofrecen para
ser auténticos y sinceros testigos
de Cristo y servidores de la caridad
fraterna.
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| Impresiones |
20
de Agosto de 2005 |
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Mons.
José SÁNCHEZ GONZÁLEZ,
Obispo de Sigüenza-Guadalajara
La
jornada de ayer, 19 de agosto, con el
Papa ya en Colonia, ha quedado marcada,
sobre todo, por el ecumenismo y el diálogo.
Los encuentros del Papa Benedicto XVI
con representantes de la Iglesia evangélica
y de los ortodoxos, así como
la visita a la Sinagoga de Colonia y
la cálida acogida por parte de
los judíos nos llenan de alegría
y esperanza en el camino de la plena
unidad de los cristianos y de unas relaciones
más fraternas entre cristianos
y judíos como un importante camino
para la paz.
Por lo que respecta a la vida y actividad
del grupo de jóvenes españoles,
además de los actos de otros
días, el encuentro entre jóvenes
y obispos puso de manifiesto la buena
relación de estos jóvenes
con sus pastores.
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| El
Papa con los seminaristas |
20
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Joan Enric VIVES SICILIA, Obispo de
Urgell
Valoro
especialmente que el Santo Padre haya
querido resaltar la presencia de tantos
miles de seminaristas en la XX Jornada
Mundial de la Juventud, convocándolos
a un encuentro muy bello de oración
y de amistad. Rezando vísperas
y predicando el Evangelio en San Pantaleón
el Papa se une a los seminaristas y
los anima en su recorrido formativo
que es búsqueda y encuentro con
Cristo, para la misión, desde
una unión de amor incondicional
al Señor. La presencia de la
reliquia del corazón de San Juan
María Viannney hace visible el
ejemplo de los santos que les animan
en su seguimiento generosos y entregados
a Jesucristo. La caridad pastoral, un
corazón henchido de amor a todos
los hombres que Dios les confiará
en el sacerdocio, es la gran virtud
del Pastor. Y a ella debe ir configurándose
el seminarista.
Ha sido un encuentro muy emotivo para
todos, formadores de seminaristas mayores
y menores. El Papa ha estado muy cariñoso
y afable con todos, ha saludado incansable,
y les ha ilusionado de nuevo en su vocación.
Y ellos han respondido con alegría
inagotable y con fervor.
Todos deseamos que la gracia de Dios
abra los corazones de todos los jóvenes
a una respuesta generosa y sacrificada
a la vocación que Dios reserva
a cada cristiano en la Iglesia. Y el
testimonio de los seminaristas que ya
se han puesto en camino, como los Magos
de Oriente, será un estímulo
de autenticidad y de convencimiento.
Nada hace tan feliz como seguir a Cristo
sin reservarse nada para sí mismo.
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| La
prometida alegría del resucitado |
20
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Ángel RUBIO CASTRO, Obispo Auxiliar
de Toledo
He
venido a Colonia para cumplir la promesa
que hice al Papa Juan Pablo II. Cuando
realizamos la visita "Ad Limina",
acompañando a mi Arzobispo Monseñor
Cañizares, hablamos de la preparación
para esta Jornada y me despedí
del Papa diciéndole, mientras
besaba su mano: “Hasta Colonia,
Santo Padre”. Él me bendijo
diciéndome con su mirada y gesto:
“Hasta Colonia”. Aquí
he sentido la presencia del Papa Juan
Pablo II, a quien debemos la convocatoria
de esta Jornada. Los jóvenes
le han recordado y le han vitoreado,
lo mismo que le han hecho con su sucesor
Benedicto XVI.
Envuelto y mezclado con esta multitud
de jóvenes he experimentado una
vez más que la Iglesia vive.
La Iglesia es joven. Lleva en ella misma
el futuro del mundo. Aquí se
vive la alegría que el resucitado
había prometido a los suyos.
La Iglesia vive porque Cristo vive,
porque verdaderamente ha resucitado.
Hemos visto en todo la obra sacrificadora
de Dios. Hemos vivido la unidad de la
fe en la Iglesia y la universalidad
del pueblo de Dios. Como los Magos hemos
visto su estrella y hemos venido a adorarle
para estar siempre con Él y anunciar
el evangelio a los hombres.
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| Un
mosaico de impresiones |
20
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Julián LÓPEZ MARTÍN,
Obispo de León
La
XX Jornada Mundial de la Juventud se
está desarrollando vertiginosamente.
Tan solo las largas esperas para trasladarnos
a un acto o hasta que comienza éste
nos devuelven a la realidad concreta
del tiempo que pasa matemáticamente.
Pero, en el nivel del espíritu
se suceden las vivencias, a cada cual
más rica y se sobreponen las
impresiones, sin poder ordenarlas y
tratar de integrarlas en el pensamiento
y en la oración.
Los encuentros con grupos de jóvenes
de todo el mundo, y de todas las diócesis
españolas, el reconocimiento
de obispos cuyos nombres o los de sus
diócesis rozan la leyenda, el
clima de oración creado por cientos
de jóvenes en las iglesias en
las que se convoca a la plegaria ante
los iconos, o ante el Santísimo
Sacramento, las Iglesias de las Comunidades
de la Reforma abiertas a los católicos
de par en par, los obispos viajando
por el Rhin agrupados por continentes,
arropando al sucesor de Pedro, las palabras
del Papa y sus gestos rompiendo una
imperceptible timidez, el gran cartelón
que ocupa toda una fachada frente a
la catedral de Colonia con una foto
de Juan Pablo II y un inmenso “GRACIAS”,
la alegría juvenil en medio de
unos campos de primavera: todo está
prodigiosamente verde, aunque estamos
en agosto, los sacerdotes, religiosos
y religiosas jovencísimos en
sus camisas de clergyman y en sus hábitos
en medio de una muchachada interminable,
las camisetas de colegios, comunidades,
movimientos, etc.
Y lo mejor no ha llegado todavía,
la Vigilia con el Papa de esta noche
y la Eucaristía en “EL
CAMPO DE MARÍA”, la Statio
Orbis de mañana domingo…
Venimos a adorarle porque hemos visto
su estrella. Está alumbrando
ya, señalando el camino, y son
muchos los que han decidido seguirle…
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| Nuevo
Papa, nuevo estilo |
20
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Lluís MARTÍNEZ SISTACH,
Arzobispo de Barcelona
El
Papa Benedicto XVI ha llegado a Alemania.
Un alemán universal ha pisado
con emoción su tierra natal,
y ha navegado por las caudalosas aguas
del Rhin. Su primer viaje como Papa
a Alemania, su querida patria. ¡Cúantas
emociones en el corazón afectuoso
y pastoral del Papa Joseph Ratzinger!
A todo ello se añadían
otras emociones que exteriorizan el
rostro feliz y alegre del Papa. Recibía
un caluroso y entusiasta recibimiento
no sólo por parte de sus compatriotas
si no por centenares de miles jóvenes
procedentes de todo el mundo. Podríamos
decir que en estos días la Iglesia
se da cita en Colonia y que la juventud
se hace cada vez más visible
en esta hermosa ciudad del Rhin.
Nuevo Papa y novedad en su llegada
a la sede de la XX Jornada Mundial de
la Juventud. El Papa ha llegado a la
Catedral de Colonia en barco por las
aguas del Rhin escoltado por otros barcos
con jóvenes y una representación
de los obispos de todos los continentes
y acompañado por una multitud
de jóvenes que ondeaban banderas
y movían sus brazos con emoción
y afecto en las dos riveras del río.
Desde el barco que seguía al
Santo Padre podía ver su figura
blanca sentado en cubierta con una cara
sonriente y elevando sus brazos en actitud
de saludar y abrazar a todos los jóvenes
que le acogían. Cálidas
y profundas han sido sus palabras que
desde el barco dirigió a los
jóvenes que tejían con
sus vestidos de todos los colores la
amplia rivera del Rhin en el embarcadero
del Poller Rheinwiesen. El Papa les
dijo que escuchen a Jesús y que
venía a recibirles con inmensa
alegría y escucharles, y no sólo
a hablarles.
Esta actitud de Benedicto XVI vi, desde
el barco que seguía al sucesor
de Pedro aguas abajo del Rhin, que la
ponía en práctica. El
Papa iba recibiendo jóvenes de
uno en uno, y departía momentos
generosos de diálogo con ellos.
No podía escuchar qué
se decían, pero, a tenor de su
actitud pienso que el Papa se interesaba
por sus vidas y escuchaba con atención
sus peticiones y sus inquietudes. Y
en estos saludos, un nuevo estilo del
nuevo Papa.
La primera visita del Papa ha sido
a la Catedral de Colonia para rezar
y venerar allí las reliquias
de los Santos Magos. La Catedral es
signo de la Iglesia diocesana. Todos
estos miles y miles de jóvenes
vienen de las Iglesias diocesanas esparcidas
por el mundo y volverán el domingo
a ellas. Allí viven y allí
vivirán sus vidas cristianas.
La vivencia de la comunidad eclesial,
que vivimos en estos días acompañados
del sucesor de Pedro que preside esta
comunión, enriquece la vida cristiana
y el compromiso apostólico. Gracias,
Juan Pablo II, por haber iniciado en
la Iglesia las Jornadas Mundiales de
la Juventud. Gracias Benedicto XVI por
presidir esta XX Jornada Mundial.
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| Un
motivo firme de esperanza |
19
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Jesús GARCÍA BURILLO,
Obispo de Ávila
Los
jóvenes venidos de España
a Colonia para la XX Jornada Mundial
de la Juventud se encuentran en la segunda
fase de la peregrinación: el
Encuentro.
Esta tarde más de 5.000 jóvenes
españoles se han encontrado con
Jesucristo presente en sus obispos y
compañeros de viaje.
Ha sido un encuentro vibrante, gozoso,
lleno de color, de banderas y de encantos,
expresión feliz de una fe viva
que les ha traído hasta esta
ciudad del Rhin, patria de San Alberto
Magno y Santa Edith Stein.
Han hablado el Presidente de la Conferencia
Episcopal Española, Mons. Ricardo
Blázquez, el Obispo responsable
de los jóvenes, Mons. Josep Ángel
Saiz Meneses, el Obispo Presidente de
la Comisión Episcopal de Apostolado
Seglar (CEAS), Mons. Julián Barrio
Barrio, el Arzobispo de Sevilla, Cardenal
Carlos Amigo Vallejo y el Arzobispo
de Madrid, Cardenal Antonio María
Rouco Varela; ha cantado la Hermana
Glenda y los jóvenes han ido
experimentando a lo largo de dos horas
que ellos son “Otros Reyes”
a cuyo paso salió la Estrella
y que ellos también como los
Magos la han seguido y les ha conducido
a Cristo. Aquí está Cristo
con María, los jóvenes
están dispuestos a adorarles.
Saben bien de qué se trata, nadie
les confunde, saben lo que quieren y
lo que buscan. Buscan a Dios y lo han
encontrado y están dispuestos
a dejarse guiar por su palabra, por
su voz, por su voluntad.
Ellos no desean sino ser felices. Y
han descubierto que la felicidad está
en seguir allí donde la Estrella
les lleve.
Les devolverá a España.
Una España que se empeña
en ser laica: más en alguno de
sus dirigentes que en la sociedad. Los
50.000 jóvenes que han venido,
como los Magos, a Colonia, son una gran
esperanza para la sociedad española
del futuro. En el amor, en el servicio,
en la oración y en la entrega
total de sí mismos tienen puesto
su corazón. La Estrella ha guiado
a la juventud española y eso
es un motivo firme de esperanza para
todos.
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| Con
los jóvenes reclusos |
19
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Ramón DEL HOYO LÓPEZ,
Obispo de Jaén
En
estos días de agosto en que miles
de jóvenes cristianos llenan
las calles, plazas, iglesias, estaciones
de la ciudad de Colonia... Y hasta las
márgenes del río Rhin
para escuchar al Papa y encontrarse
con Dios, también os hacemos
un hueco a vosotros.
Sí, he pensado, y muchos más
conmigo, en vosotros, jóvenes
que esta vez no habéis podido
acompañarnos. Seguro que seguís
el encuentro desde la televisión,
la radio u otros medios.
El Papa nos decía ayer en sus
palabras de bienvenida, desde el Aeropuerto
Internacional de Colonia/Bonn, que “profundicemos
en el sentido de la existencia humana
como peregrinación… para
afrontar el camino de la vida, buscando
la verdad, la justicia y el amor”.
Que este es un camino “cuya meta
definitiva sólo se puede alcanzar
mediante el encuentro con Cristo, encuentro
que no tienen lugar sin la fe”.
Para vosotros amigos creyentes y para
los que no lo sois, que os llegue este
mensaje de ánimo de quienes,
junto a Jesucristo, que nos invitó
a visitaros en la cárcel, (Mt.
25), también os hacemos presentes
en Colonia. Que a todos nos guie “la
estrella de los Magos” para encontrarnos
con Dios.
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| Jóvenes
para adorar |
19
de Agosto de 2005 |
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P.
Juan Antonio MARTÍNEZ CAMINO,
S.J., Secretario General de la CEE
Para
adorarle a Él, a Jesucristo.
Ésa es la búsqueda que
ha traído a Colonia a cientos
de miles de jóvenes de todo el
mundo. Se les nota en sus gestos y en
sus rostros que no les bastan los ídolos,
aunque lleven nombres tan amables como
"progreso" o "realización
personal". Buscan más. Buscan
una razón verdaderamente digna
de entregarle la vida. Muchos la han
encontrado ya en la persona de Cristo.
Otros, sin duda, la encontrarán
estos días.
He participado en un taller sobre un
joven místico del siglo XX: El
Hermano Rafael Arnáiz. Los jóvenes
llenaban una parroquia de Bonn. En plan
de fiesta, sí; pero de fiesta
de adoración. ¡Hay futuro
para la Iglesia y para la Humanidad!
La llegada del Papa ha sido espectacular.
Ha dicho que está encantado de
apoyar a los jóvenes en su fe
y su esperanza. Que todos nos ayudaremos
a encontrar en la entrega de la vida
a Jesucristo el camino de un verdadero
cambio del corazón y de la sociedad.
Pero seguro que lo mejor está
por venir el sábado y el domingo
en Marienfeld.
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| Un
paseo por el Rhin |
19
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Carlos OSORO SIERRA, Arzobispo de Oviedo
Están
siendo unos días llenos de esperanza
y alegría. El encuentro con los
jóvenes y en concreto éste,
bajo el lema "Hemos venido a adorarle",
siempre da esperanza al ver a la Iglesia,
que como le gusta decir al Papa Benedicto
XVI, es joven, llena de vitalidad, expresada
en esta multitud de jóvenes cristianos.
Cuando ayer recibíamos al Papa
y tuve la gracia de poder hacerlo en
el barco en el que estaban representantes
de los Obispos de Europa y de los otros
continentes, así como también
representantes de jóvenes venidos
desde todos los rincones del mundo,
pensé en la gracia que el Señor
me otorgaba al poder acompañar
y sentir la dicha de la cercanía
de los jóvenes a Cristo y a su
Iglesia, la dicha de poder animarles
en su fe y el compromiso de alentar
siempre su esperanza. En su cercanía
se siente dicha, alegría, audacia,
capacidad para sortear dificultades,
compromiso sincero de darles aliento
y apoyo.
En el paseo por el
Rhin hasta divisar la Catedral de Colonia,
al contemplar la multitud de jóvenes
que a orillas del río esperaban
recibir al Papa, pensaba en el entusiasmo,
la sensibilidad, la disponibilidad,
la audacia para afrontar el presente
y el futuro, que yo he recibido de los
jóvenes. En estos días
que llevo en Colonia, siento la experiencia
vibrante de la oración de los
jóvenes en ese diálogo
mutuo con el Señor, que observo
en todas las Iglesia que visito. Una
vez más creo en los jóvenes
como intrépidos constructores
de la civilización de la verdad,
del amor y de la paz.
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| Cristo
no quita nada. Él nos lo da todo |
19
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Demetrio FERNÁNDEZ, Obispo de
Tarazona
El
Papa Benedicto XVI ha llegado a Colonia.
Hemos participado en los actos de acogida
que se han prolongado en la tarde del
jueves. Los jóvenes y el Papa
han llenado toda esta jornada. Colonia
ha sentido el gozo de recibir al Papa
alemán Benedicto XVI.
“Cristo no quita nada, de lo
que hace la vida libre y grande. ¡No!
Sólo con esta amistad se abren
las puertas de la vida”. El Papa
ha invitado a los jóvenes a decidirse
por Jesucristo, cuando en la vida se
presenta la bifurcación del mal
o del bien, de las pasiones o de la
conciencia.
Me ha emocionado ver al Papa entrando
en Colonia llevado por las aguas del
Rhin. Había cientos de miles
de jóvenes que abarrotaban las
riberas y las llenaban de colorido y
entusiasmo. Una estampa preciosa, con
el sol deponente, la silueta de la catedral
gótica, las aguas mansas de un
río que es todo un símbolo
para Alemania.
El Rhin ha sido cauce de victorias
y derrotas, ha sido camino de industria
y progreso. En esta tarde, el Rhin nos
traía al Vicario de Cristo, Testigo
de la Verdad. Y el Papa era acogido
por una muchedumbre de jóvenes
que busca a Jesucristo y quiere encontrar
testigos como el Papa.
El Papa también estaba emocionado.
Nadie conoce mejor que él lo
que Alemania le ha proporcionado en
los últimos 25 años. En
esta tarde se producía un encuentro.
Y hemos gozado todos.
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| Siguiendo
la estrella |
19
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Carmelo BOROBIA, Obispo Auxiliar de
Toledo
En
enero de 2005 durante la visita Ad Limina
de los obispos españoles, D.
Antonio Cañizares, D. Ángel
Rubio y un servidor fuimos recibidos
en audiencia privada por Juan Pablo
II.
Fue una de las últimas visitas
que recibió el llorado Pontífice.
Le expresamos al Papa nuestro deseo
de vernos en Colonia. Y su Santidad
nos respondió entornando los
ojos: “Claro, ustedes son jóvenes
también”. Hasta Colonia
nos despedimos.
Hoy estamos aquí con nuestros
jóvenes de la Diócesis
de Toledo, de España y del mundo.
Aunque no está el querido Juan
Pablo II, siguiendo su deseo, estamos
aquí en Colonia, como los Reyes
Magos, porque hemos visto la estrella
que nos indica a Jesucristo.
Junto al Papa Benedicto XVI hemos descubierto
la comunión de la Iglesia. Queremos
ofrecerle a Cristo nuestro deseo de
colaborar en el amor a la verdad, en
el seguimiento de la verdad, en la difusión
de la verdad. Cristo es la Verdad y
a ella queremos consagrarnos.
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Jóvenes
para la misión:
la Palabra, el Pan y el Mundo |
18
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Ramón DEL HOYO LÓPEZ,
Obispo de Jaén
También
hay jóvenes para la misión.
Así lo hemos podido comprobar
los obispos que hemos acompañado
a un numeroso grupo de jóvenes
de habla hispana en el Taller de Animación
Misionera que ha tenido lugar en la
Iglesia del Corazón de Jesús,
en Colonia.
Entre cantos, testimonios, silencios,
oración en común, ofrendas…
fueron transcurriendo tres largas horas
de reflexión. "Fue poco
tiempo", me dijo una joven de Filipinas.
El Mensaje de Jesucristo lleva en sí
tal fuerza intrínseca que supera
siempre nuestras previsiones.
Todo gira en torno a estos tres términos:
“la Palabra, el Pan y el Mundo”.
Tenía como fondo este taller
el último capítulo de
la Carta Apostólica “Mane
Nobiscum Domine” en la que aparece
la íntima relación entre
la Eucaristía y la Misión.
El gran misionero de nuestro tiempo
Juan Pablo II nos legó este claro
reto y proyecto a los cristianos. “La
Eucaristía es un modo de ser
que pasa de Jesús al Cristiano
y, por su testimonio tiende a irradiarse
en la sociedad y en la cultura”
( n. 25).
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| Los
jóvenes en Colonia: un ecumenismo de
la fraternidad para el futuro de la Iglesia |
18
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Adolfo GONZÁLEZ MONTES, Obispo
de Almería
Los
jóvenes llenan Colonia de fiesta
y esperanza. ¿Es posible que
no haya futuro para la fe en Cristo?
La promesa de Cristo es garantía
del futuro de la Iglesia y el protagonismo
lo tendrán las nuevas generaciones.
La Iglesia es joven, ha dicho Benedicto
XVI, porque Cristo vive para siempre;
y vencerá incluso sus peores
dificultades internas. Vencerá
su propia división y un día
será visible su unidad, tal vez
no será fácil lograrla
e incluso su unidad plena sea aún
meta lejana, pero el ecumenismo es ya
irreversible en las iglesias como tarea
y cometido inseparable de la evangelización.
Nos espera la dura tarea de devolver
a Europa a su mejor identidad, amenazada
hoy más que en otro tiempo por
el relativismo de nuestros días.
Pero los jóvenes serán
los nuevos testigos del poder del amor
para reconciliar a los cristianos y
afrontar la dura tarea. Lo serán
si no renuncian a la verdad, a su búsqueda
aproximada e incansable.
Las iglesias evangélicas se
han abierto para recibir a los jóvenes
católicos y cristianos de otras
iglesias que han acudido a Colonia.
Ámbitos de oración que
encerraban a cristianos de unas y otras
confesiones, acogen hoy a católicos
y no católicos, jóvenes
bautizados que siguen a Cristo y practican
el ecumenismo de la caridad fraterna
y comparten el gozo de seguir a Jesús.
Sucede todo esto esperando al Papa
que les empujará al futuro con
su palabra en una experiencia de comunión
universal, porque Cristo vino para todos.
Sucede cuando nos llega la noticia
que nos ha helado el corazón
al saber que una joven ha asesinado
al Hermano Roger Schultz, el prior de
Taizé al que tanto deben los
jóvenes que han encontrado en
la oración la puerta para seguir
el camino de Jesús.
En el gozo de la vida eterna el prior
habrá encontrado ahora el rostro
de Cristo que con pasión presentó
a los jóvenes, mientras se esforzaba
por secundar el impulso ecuménico
del Vaticano II y las orientaciones
de los Papas. Él, que era reformado
de confesión y católico
de corazón y práctica.
El Hermano Roger acertó a unir
en su persona la búsqueda de
la verdad y la escucha del contemplativo
que arranca de la oración la
fuerza del amor activo, que él
consagró a la evangelización
de los jóvenes.
Hoy todos los jóvenes que han
venido a Colonia rezan por él
y por él dan gracias a Dios por
el don admirable de su vida cristiana.
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| Jóvenes
seducidos por Cristo |
18
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Antonio CEBALLOS, Obispo de Cádiz
y Ceuta
En
pocas horas Colonia ha cambiado su rostro.
Una alegría inmensa e indescriptible
ha invadido calles y plazas. Casi un
millón de jóvenes cantan
y rezan. Existe una nutrida representación
de jóvenes de los cinco continentes.
Hablar del mundo de los jóvenes
siempre es complejo. Cada joven es un
mundo. Pero sí podemos descubrir
pronto en estos jóvenes reunidos
en esta XX Jornada Mundial que viven
“seducidos”: seducidos por
la noche, el sexo, el dinero, el bienestar…
seducidos por todo lo que se quiera,
pero también están seducidos
por “la Verdad”, seducidos
por Jesucristo. Por eso gritan con sus
gestos, palabras y cantos: “Venimos
a adorar a Jesucristo seducidos por
Él”.
Una vez más el Espíritu
Santo conduce a los jóvenes a
tener una experiencia gozosa con Jesucristo
y con su Iglesia. Aquí en estos
días se hace visible y palpable
lo que significa la Iglesia. Muchos
jóvenes están descubriendo
esta experiencia eclesial en los encuentros
mundiales de juventud. El Espíritu
Santo es el artífice de esta
experiencia que está siempre
secundada por miles y miles de jóvenes
de toda raza y cultura.
“Me sedujiste, Señor,
y me dejé seducir. Fuiste más
fuerte que yo, y me pudiste” (Jer.
20, 7).
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"La
Iglesia está viva
y la Iglesia es joven" |
17 de Agosto
de 2005 |
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Mons. Juan José
ASENJO PELEGRINA, Obispo de Córdoba
Concluyo
la segunda jornada del encuentro de los jóvenes
católicos en Colonia, dando gracias a Dios
por todo lo que he visto, oído y vivido en
este día. Frente a quienes afirman que la
Iglesia y la fe no tienen un lugar en la nueva cultura
globalizada y, por tanto, están próximas
a su ocaso, he podido percibir cuánta verdad
encierran las palabras pronunciadas por el Papa
Benedicto XVI en la Misa de Inauguración
de su ministerio: “La Iglesia está
viva y la Iglesia es joven”. Lo he percibido
en los rostros, en los cantos y en la alegría
contagiosa de miles y miles de jóvenes de
los cinco continentes, valientes, sacrificados,
piadosos y generosos, hermanos sin conocerse, unidos
por la misma fe y el amor a Jesucristo, a la Iglesia
y al Papa. Todo esto para un obispo es fuente de
esperanza y acicate firme para seguir en la tarea
de anunciar a Jesucristo a los jóvenes.
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Retazos
de la memoria
de un peregrino |
17
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Eugenio ROMERO POSE, Obispo Auxiliar
de Madrid
El
peregrino guarda todo en su corazón.
A veces deja que en la memoria afloren
algunos momentos del Camino. Sólo,
al final, después de llegar a
la Meta puede saborear cuánto
ha encontrado de bueno y bello en su
largo recorrido.
Antes del Encuentro con Benedicto XVI
ya hemos pisado un largo trazado de
los caminos de la vieja Europa, a la
que, en muchas ocasiones, ha lanzado
un grito de amor el inolvidable Juan
Pablo II; la Europa que Benedicto XVI
lleva en su corazón porque es
la Europa que nació y vivió
con alma cristiana. En esta Europa han
sido convocados todos los jóvenes
del mundo para agradecer el pasado,
poder vivir el presente y mirar con
esperanza el futuro.
Pero antes de la llegada de Benedicto
XVI a la tierra que le vio nacer y desde
aquí decir una palabra de aliento
a todo el mundo, podemos recordar los
días en los que, juntos en el
Camino hacia Colonia, hemos querido
que nuestro agradecimiento se convirtiese
en plegaria a Dios Padre, dador de todo
Bien. Y, en el recuerdo, quedó
grabado el agradecimiento a todos los
que en lugares muy concretos hicieron
posible que sus casas se convirtieran
en nuestras familias.
Cómo no dejar que quede para
siempre en el alma la comunidad orante
de Santa María de Huerta que
nos traía a la memoria la vuelta
a la radicalidad del Evangelio, y la
gran familia del Cister capaz de dar
aliento a una sociedad que se resiste
a contemplar la existencia como Camino
hacia la eternidad. Con la mirada puesta
en Santa María, icono de peregrinos,
en la iglesia del monasterio oramos
para que encontrando a Jesucristo vivamos
según el espíritu del
Evangelio y ser de verdad peregrinos
que siguen adelante en el Camino. En
Santa María de Huerta pudimos
rememorar la Luz que en el Camino de
la vida irradian las comunidades contemplativas.
La primera jornada la culminamos en
la Abadía de Montserrat, en el
Monte, al amparo de la Madre del Señor.
Parecía llegarnos un fuerte mensaje:
no es posible abrir los ojos a la Belleza
sin abrir el corazón al Creador
del cielo y de la tierra, con la adoración
al que nos ofrece la salvación
y con la alegría del Espíritu
que nos sigue dando el aliento de la
vida verdadera.
Como peregrinos gustamos cada amanecer
y cada atardecer con el cántico
de alabanza al Señor y vamos
siendo aprendices de todos los que nos
hacen presente y visible, con los sacramentos
–especialmente la eucaristía
y la reconciliación- y la Palabra,
a Jesucristo como Camino, Verdad y Vida.
Los testigos del Resucitado de ayer
y de hoy son los compañeros en
el Camino. Lo hemos vivido en Lión,
tierra de santos y mártires,
que nos llaman a no cerrar los oídos
al mensaje que nos viene desde los días
del apóstol san Juan, de su discípulo
Policarpo, catequista de san Ireneo,
y de los testigos mártires de
Vienne. En la celebración eucarística
de la catedral de Lión los testigos
de Jesucristo de ayer nos tendieron
sus manos para que olvidáramos
la permanente novedad y frescura del
Evangelio.
Desde el lugar de los mártires
subimos al Monte, a Voiron, donde la
oración con la hermanitas y hermanitos
de Belén y de la Asunción
de Santa María alegraron y ensancharon
nuestros corazones con la Belleza del
canto y de la adoración. Sentíamos
que el espíritu respira más
hondo cuando la criatura, cuerpo y alma,
se abandona al soplo del Espíritu
orante y adorante.
Desde Voiron seguimos caminando con
la paz que se nos es regalada en los
lugares santos. Llegados a los pueblos
de la Iglesia que peregrina en Freiburg
las puertas de las casas y los corazones
se abrieron de par en par y nos hacían
ver con nuestros propios ojos que el
haber encontrado a Jesucristo nos convierte
en una gran familia con el hermoso nombre
de “Católica”.
Hemos llegado a Bonn. Esperamos gozosos
el Encuentro con el Santo Padre. Su
presencia y su palabra harán
que aminoren los ruidos de la ciudad,
que parecen ganar el pacífico
espíritu que debían caracterizar
las celebraciones previas de la Jornada.
Esperamos que el silencio religioso
del Camino vaya allanando los últimos
pasos para escuchar, orante y gozosamente,
al que nos preside, como Obispo de Roma,
en la unidad y en la caridad, y crecer
en el gozo de sentirnos Iglesia en la
que encontramos la salvación.
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| Remamos
mar adentro |
17
de Agosto de 2005 |
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Mons.
José Manuel LORCA PLANES, Obispo
de Teruel
Hemos
soltado las amarras para "Remar
mar adentro" y !qué espectáculo!
Si pensaba alguien que iríamos
solos en esta aventura se han desvanecido
sus pensamientos por la fuerza del color
de miles y miles de banderas que portan
los jóvenes del mundo.
El mar está
aquí y la fuerza de las olas
se percibe en el batir de las palmas,
saltos de la juventud, la sonrisa de
sus rostros y los ritmos de la música
...
Una fuerte emoción,
el recuerdo constante del Papa Juan
Pablo II, recordado, aclamado siempre
y en grandes letras de una pancarta:
"Con el Papa Benedicto, cooperadores
de la verdad".
Una invitación
a todos a desplegar las velas de nuestra
embarcación y a aprovechar todas
las oportunidades para seguir anunciando
a Cristo por el mundo en esta extraordinaria
aventura espiritual, porque el mundo
nuestro lo necesita. No tememos, los
jóvenes quieren ser protagonistas
de esta oferta salvadora. Felicidades.
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| Colonia
es contracultura |
17
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Juan DEL RÍO, Obispo de Jerez
de la Frontera
El
hombre y la sociedad contemporánea
está invadida de un inmanentismo
que lo quiere explicar todo desde la
materia, el mundo y las cosas. Sin embargo
esta cultura deja insatisfecho el corazón
humano ansioso de felicidad y eternidad.
Los jóvenes de hoy como los de
cualquier época buscan, intuyen
y olfatean lo novedoso y perenne de
los grandes valores. Pues bien, la XX
Jornada Mundial de la Juventud 2005
en Colonia, que tiene como fondo la
escena evangélica de los Reyes
Magos (Mt 2, 1-12), es una llamada a
que alcemos nuestros ojos hacia el cielo
donde está la verdadera estrella
resplandeciente, Cristo victorioso de
la muerte y el pecado, que se nos presenta
como la respuesta definitiva a la desorientación,
esclavitud y vacío en los que
viven muchos jóvenes que son
"hijos del nihilismo cultural".
Aquí, en Colonia,
no busquéis lo que se ofrece
en otras concentraciones juveniles fabricadas
por la sociedad de consumo. Entre nosotros
hay cantos, oraciones, celebraciones
gozosas de los sacramentos, amistrad,
convivencia, alegría y unidad
entre naciones, razas y culturas. Todo
esto es posible gracias a que hubo un
Acontecimiento, una Persona y una Historia
que se llama "O Emmanuel, Dios
con nosotros, O Emmanuel. Por eso venimos
para adorarle" (Himno Colonia 2005).
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| El
abrazo de la cruz |
17
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Juan Antonio REIG PLÁ, Obispo
de Segorbe-Castellón
La
presencia de una multitud de jóvenes
en Alemania es una muestra impresionante
del legado espiritual del Papa Juan
Pablo II. Es éste un patrimonio
para la Iglesia Católica y que,
con la guía del Santo Padre Benedicto
XVI, merece ser bien custodiado y acrecentado.
La celebración
de la Eucaristía de bienvenida
a los peregrinos en Bonn, en Düsseldorf
y en Colonia ha sido una explosión
de alegría y entusiasmo. La recepción
de la cruz, portada por los jóvenes,
marca el rumbo de lo que verdaderamente
contagia a tantos peregrinos de todo
el mundo: el amor incondicional de Jesús
que abraza a todos.
Los rostros de los
jóvenes que participan en esta
Jornada mundial anuncian la promesa
de que algo nuevo está surgiendo.
En ellos se descubre una nueva generación
que tocada por la gracia de Cristo,
puede ser la base para una renovación
de la Iglesia Católica. Éste
va a ser el mejor regalo de los jóvenees
al Papa Benedicto XVI.
La Virgen María,
que mostró a Jesús a los
Magos, nos conceda a todos los peregrinos
la gracia de encontrarnos con Él
y hacerle presente en nuestro mundo.
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| Una
movida cristiana |
15
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Santiago GARCÍA ARACIL, Arzobispo
de Mérida-Badajoz
Sí,
eran jóvenes. Todos jóvenes.
Eran miles. Llenaban un inmenso parque
sentados sobre la hierba. Delante de
ellos un escenario lleno de focos de
luz, con grandes torres de sonido a
una y otra parte, como en los grandes
conciertos de rock. Pero no esperaban
un festival, aunque la música
que les acogía al llegar era
animosa y con buen ritmo, acompañada
con abundante percusión. Esos
miles de jóvenes esperaban un
encuentro muy especial y misterioso.
El centro del escenario lo ocupaba un
Altar. Sobre él se iba a hacer
presente Cristo, el Señor, Dios
y hombre verdadero; el que ha dado giros
importantes en la vida de muchos jóvenes;
Jesús, el autor de la Vida y
la fuente de esa felicidad que llena
el corazón y anima una sonrisa
muy diferente del ruido de la carcajada
vacía o del grito superficial;
esa felicidad que Jesús regala
a quien desea seguirle y que se manifiesta
en la mirada limpia, en el gesto desinteresado,
en el servicio generoso, en la oración
sentida, en la lucha interior, en la
duda y en la búsqueda; esa felicidad
que alienta en el alma transida de esperanza.
A estos miles de jóvenes, el
Señor les miró de frente,
les habló y le convocó
en el ámbito del Misterio que
sorprende. Les ofreció el pan
de vida que es manjar del peregrino
y ellos deseosos de comerse el mundo,
decidieron acercarse al Banquete de
la Eucaristía. Jesús les
dijo: “Tomad y comed porque esto
es mi cuerpo que se entrega por vosotros”
y gozaron de la intimidad con el Señor.
Vinieron a adorarle como los Magos de
Oriente.
Fue una tarde soleada. Brilló
la luz también dentro del alma.
Los jóvenes, con sus pastores
los obispos y los presbíteros,
hicieron presente la juventud de la
iglesia y la alegría de la gracia.
Esperando al Papa Bendito XVI, plasmaron
en un gesto espontáneo e incontenible,
la gran verdad que les enseñó
su amigo el Papa Juan Pablo II: “Se
puede ser moderno y ser cristiano”.
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De
Valladolid a Magdeburgo:
cuando la fe borra barreras |
17
de Agosto de 2005 |
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De
Granada a Eichstatt:
el milagro de la Comunión |
17
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Francisco Javier MARTÍNEZ FERNÁNDEZ,
Arzobispo de Granada
Hemos sido recibidos
como Cristo, y por Cristo. Eso podría
resumir nuestra experiencia en la diócesis
de Eichstatt. Un pueblo lleno del deseo
de acoger a unos jóvenes a los
que no conocían, con los que
se entendían a veces sólo
por gestos, ha abierto sus casas a los
peregrinos de Granada, distribuidos
en diez parroquias rurales de Baviera.
La experiencia ha sido preciosa. Era
vivir la Iglesia. Los chicos y chicas
reflejaban en sus rostros la sorpresa
y el agradecimiento ante la gratuidad
y la generosidad inesperadas. Las familias
alemanas, después, expresaron
un agradecimiento similar: eran ellos
los que habían recibido una gracia
grande con los peregrinos. Era, una
vez más, el milagro de la comunión,
esa realidad divina que tiene como único
fundamento a Cristo, y que lleva la
vida de alegría y buen gusto.
Luego, naturalmente, hubo actividades,
y cantos bávaros y bailes andaluces.
Eso era la ocasión, la circunstancia.
Pero lo que sucedía realmente
era el milagro de la comunión
y la alegría.
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| Imprevisto |
16
de Agosto de 2005 |
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Mons.
Josep Ángel SAIZ MENESES, Obispo
de Terrassa
Hemos
llegado a Colonia. En la noche del lunes,
un gran número de obispos españoles
coincidíamos en el aeropuerto
de Düsseldorf y nos tocaba hacer
frente al primer imprevisto del camino:
unas horas extras entre terminales de
aeropuerto. Ni la meticulosa organización
alemana está libre de estas contingencias,
que en definitiva nos recuerdan que
somos humanos y que no todo siempre
está bajo control.
Al cabo de unas horas
se resuelve la dificultad y llegamos
a nuestro lugar de residencia. Es curioso
que en la primera noche de camino se
nos haga presente una dificultad, un
imprevisto que se convierte en una especie
de sacrificio o de penitencia no prevista,
no buscada. Cuántos imprevistos
tendrían que afrontar los Reyes
Magos siguiendo la estrella que los
condujo a Jesús. Seguramente,
fueron muchos y variados, que resolvieron
con espíritu de sacrificio y
una buena dosis de humor. Mirándolo
así -y de qué otra forma
podríamos mirarlo-, hemos podido
comenzar la JMJ ofreciendo un pequeño
sacrificio para que el fruto de estos
días sea abundante.
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| Nos
ponemos en camino |
15
de Agosto de 2005 |
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