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C.E. Migraciones

Pastoral con los Gitanos: Ceferino

Ceferino Giménez Malla 2017-10-10T15:05:08+00:00

¡Qué bueno era el Pelé! ¿a que sí?
Estaba lleno de “talentos”

audioCanción sobre Ceferino

[4.316 Kb – MP3] 

CeferinoJuan tenía nueve años y aquel día se enteró por la Rosa, gitana como él, que el Pelé, les convocaba después de comer en el lugar de costumbre, para una tarde más en que recogerían “cenojo”, hinojo, hierva comestibles… y además escuchar esas historias que les cautivaban. Se lo pasarían muy bien. El aviso corría rápido entre los niños gitanos de Barbastro.

A las tres comenzaron a llegar. También vinieron niños payos; para el Pelé eran iguales; además los padres de unos y otros confiaban por igual en él. Y, cómo no, vieron aparecer a Ceferino Giménez Malla, “el Pelé”, para ellos simplemente “tío”.

“Es ya muy viejo”, dijo uno cuando le vieron subir la cuesta; tenía entonces cincuenta y siete años. “Cuánto nos quiere”, dijo otra. Y, en silencio, vieron como se acercaba aquel hombre vestido con chaqueta, con un pañuelo blanco anudado en el cuello, alto, espigado, tieso, muy moreno (casi negro), de orejas salientes y brazos fuertes; debía haber sido un mocetón robusto de joven.

“Buenas tardes, niños”, les dijo. “Buenas tardes, tío”, le contestaron.

Les preguntó si habían comido y tres dejaron claro que no había nada en el puchero de su casa; tres bollos de pan salieron del bolsillo derecho de la chaqueta del Pelé como la mejor energía para comenzar el camino; no duraron mucho ni en sus manos ni en su boca; desaparecieron antes del primer paso.

“Hoy vamos a subir a San Ramón, ¿os parece?” Un “sí” alegre resonó fuerte. El grupo se puso en marcha. “Hoy os contaré un cuento muy bonito de Jesús”.

“Qué cuento”, dijo Carmen.

Comenzando a subir la colina de San Ramón, Gabriel, el zagal que habría el grupo, vio un hormiguero y con sus remendadas zapatillas pisó las primeras hormigas que pudo, hasta que tío Pelé le freno: “¿Sabes lo que estás haciendo? Las hormigas son de Dios, como los flores y las estrellas”. Seguro que las hormigas que corrían asustadas después del pisotón de Gabriel le dieron las gracias a Ceferino. Los niños sabían que siempre les enseñaba a respetar los pájaros, las flores, las hormigas…

Al llegar a San Ramón se pusieron en corro, era la costumbre.. El Pelé se convertía en un maestro sensacional; su cara, sus gestos… hacía que le miraran. Esa tarde rezaron el Padre Nuestro y el Avemaría. Cerró los ojos, juntó las manos, tejió entre los dedos su rosario y con un voz tierna y afectuosa, oraba. Ellos comprendían que se dirigía a Alguien y que ese Alguien seguro que le escuchaba. Los niños intentaban hacer lo mismo con los ojos, las manos, el corazón.

Después de unos segundos en silencio, María, la niña más pequeña, paya, no pudo aguantar más y dijo: “¿Y el cuento?”

El Pelé les dijo que se titulaba: “La parábola de los talentos”, que lo inventó Jesucristo y que lo había leído Mosen Jacinto esa mañana en la Misa.

“Que son los talentos, tío”, preguntó el Javi.

“Son las riquezas de tenemos”, respondió el Pelé.

“Pues la mayoría de nosotros no tenemos talentos”, dijo la Maruja.

“Mirad, niños, los talentos que Dios nos da no son solo el dinero y las cosas que tenemos en casa; hay otros muy importantes; Dios es muy bueno y nos ha dado a cada uno muchos muchas cosas buenas que también son talentos: la fe, la familia, el trabajo, los amigos, la bondad, el perdón, el compartir, la responsabilidad, el compadecerse de los demás, ser hombres de paz…”

El pequeño Daniel cortó al Pelé: “Pues Usted tiene muchos talentos, tío; los debe tener todos”.

La frase del Daniel soltó la lengua de todos los niños y niñas que, demostrando que habían entendido bien lo acababa de explicar Ceferino, comenzaron a decir uno tras otro hechos que demostraban sus talentos:

+ ¿Es verdad que el otro día ayudó al que fue alcalde cuando vomitaba sangre? Yo no lo hubiera hecho.

+ Ayer me dijo mi padre que gracias a usted han dejado de pelearse nuestros vecinos; ¿cómo lo hizo?

+ Y cuando hay problemas con los payos también le llaman.

+ Y dicen que quiere mucho a su hija, aunque no sea suya, y también a sus nietas; y que lloró mucho cuando murió su mujer ¿no?

+ Pues mi abuela dice que es el gitano más religioso de Barbastro, que va siempre a Misa, que reza mucho y que no deja que la gente diga palabras malas sobre Dios”.

+ Yo sé que trae todos los días leche a mi casa desde que nació mi hermano pequeño, ¿por qué viene cuando aun no ha salido el sol?

+ En la feria de las caballerías oí a los abuelos que es muy honrau, que nunca miente.

+ Hasta quiere que tratemos bien a los hormigas, dijo Gabriel.

Todos se rieron.

+ Tío…, ¿usted sería capaz de morir en una cruz como Jesucristo?

“Lo que Dios quiera, niña, lo que Dios quiera. En ese caso me haría falta una fe parecida a la de Jesucristo y tener el talento de la fortaleza.

(((Nota: Esta niña nunca supo que, algunos años después, cuando llevaban al anciano Pele a morir fusilado, siendo inocente, se acordó de ella y de su pregunta y también de esta respuesta que le dio. Efectivamente no le faltó ni la fe de Jesucristo, ni su fortaleza. Al morir dijo: “Viva Cristo” y en sus manos tenía su rosario))).

Pero bueno, vale ya, concluyó el Pelé, también vosotros tenéis muchos talentos. Escuchad la parábola y veréis qué hay que hacer con los talentos recibidos:

Había una vez un hombre que antes de marcharse muy lejos llamó a sus tres sirvientes y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad.

El que recibió cinco talentos fue en seguida a trabajar con ellos y ganó otros cinco.

El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.

En cambio el que recibió uno, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos sirvientes y los llamó para ver que habían hecho con sus talentos.

Se acercó el que había recibido cinco y le presentó otros cinco, diciendo: Cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco. Su señor le dijo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; te daré un cargo importante; pasa al banquete que he preparado.

Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: Dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos. Su señor le dijo lo mismo que al anterior.

Después se acercó el que había recibido un talento y dijo: Sabía que eres exigente, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.

El señor le respondió: Eres un empleado negligente y holgazán. No has hecho bien. Deberías haber trabajado los talentos que te di; no puedo tener confianza contigo; no puedes entrar en mi banquete.

ceferino2Todos entendieron la parábola.

Se hacía tarde, el sol ya calentaba poco y era la hora de regresar.

Antes el Pelé sacó del bolsillo izquierdo de su chaqueta unas porciones de chocolate y de la bolsa unos pequeños bollos de pan. Era la hora de merendar.

Bajando de San Ramón recogieron “cenojo”, hinojo, hierva comestibles…

Además ahora eran conscientes de que el Pelé era muy rico porque aunque tenía poco dinero, tenía muchos valores.

Hasta los niños y las niñas se sentían afortunados; no sabían cuáles, pero Jesucristo y su fiel amigo el Pelé, les habían dicho que también ellos tenían “muchos” talentos.

Entraron en Barbastro con cara más alegre; tarareaban una canción.

¡Qué bueno era el Pelé! ¿a que sí?
Estaba lleno de “talentos”; era un santo.
Hoy es un modelo para los gitanos y para los payos.
Desde el cielo intercede por nosotros

Hacemos una lista de los talentos que tenía el Pelé.
¿Qué hacía con esos talentos que Dios le dio?

¿Qué talentos nos ha dado Dios a los gitanos?
¿Qué talentos tenemos cada uno de nosotros?
¿Los trabajamos bien?

¿Cómo se hace crecer el talento de la fe?

¿Sabríais pintar la escena del Pele con los niños en San Ramón?

Escribimos una oración a Jesucristo dándole gracias por el Pelé, por los talentos que nos ha dado y pidiéndole nos ayude a trabajar con ellos.