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NOVIOS
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V.M.
OCIC-E: Adultos/Jóvenes |
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| ESP, 1999. C-112´. Comedia.
D.: Joaquín Oristrell. G.: J. Oristrell, Dominic Harard y Teresa
Pelegri. F.: Hans Bürmann. M.: Suso Saiz. Mo.: Miguel
Angel Santamaría. I.: Candela Peña (Cristal), Karra Elejalde (cuñado),
Juanjo Puigcorbé (Arturo), María Barranco (Mari Paz), Juan Diego Botto (Arturito).
Prod.: Bocatelevisión, S.A., Aurum Producciones, S.A. y la colaboración
de Tele 5. Dist.: Columbia. Est. en Madrid: 17-IX-99. Cal.
Est.: Mayores de 13 años. V.M. OCIC-E: Jóvenes/Adultos.
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Arturo, propietario y "chef" de un restaurante especializado en
banquetes de bodas, maltrata a su esposa y mantiene unas prolongadas relaciones
extramatrimoniales con su pinche, Cristal, a quien, cita tras cita, asegura que
va a divorciarse de su mujer y casarse con ella. Como el tiempo transcurre y a
él se le olvida cumplir su palabra, la joven toma la decisión de obligarle a
comprometerse en serio. Opta por el tradicional procedimiento de provocar sus
celos. Elige, para la ocasión, al propio hijo de Arturo, un muchacho sin
malicia, entregado al deporte, muy afecto a su padre y todo sensibilidad, a
quien encandila facilmente. La reacción del destinatario (Arturo) no se hace
esperar, pero otra, imprevisible para Cristal, se produce sin tardanza. Como
resultado, el tinglado sentimental se viene abajo y, de entre los escombros,
surge un cambio en varias parejas.
Oristrell,
guionista, ahora director por segunda vez ("¿De qué ríen las
mujeres?" fue la primera), ha aderezado con considerables dósis de vinagre
esta ensalada de amores, resentimientos y enredo, adecuada para el lugar en
donde principalmente la desarrolla: una cocina. Está certeramente agitada,
aunque, para comedia, sepa demasiado ácida. Maniobra con ingredientes sabrosos
en la interpretación, como Juanjo Puigcorbé, María Barranco y Candela Peña.
Destacan con dominio personal en sus escenas de protagonistas, pero les
desfavorece el ritmo, a ratos, discontinuo, y la introducción de unos cuantos
elementos difícilmente asimilables en el conjunto, como el anónimo
incendiario, o inexplicados, como el entrometido fotógrafo. Por parte de Hans
Burmann, que lo es de la película, se excede en alardes de originalidad fuera
de lugar, en tomas, como la de Arturo cantando. En suma, la pieza no se puede
ponderar al ciento por ciento, pero sí reconocer que apuesta por la amenidad,
en aceptable medida, y únicamente acusar, repito, desfallecimientos en la
línea argumental. S.E.
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