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T.O.:
LA STANZA
DEL FIGLIO. D.: Nanni Moretti. G.: Linda Ferri, Heidrun
Schleef y Nanni Moretti. F.: Giuseppe Lanci. M.: Nicola
Piovani. Mo.: Esmeralda Calabria. I.: Nanni Moretti (Giovanni),
Laura Morante (Paola), Jasmine Trinca (Irene), Giuseppe Sanfelice (Andrea),
Claudia della Seta (Raffaella). Co-Prod.: Sacher Film (Roma), Bac
Films y Studio Canal con la colaboración de Rai Cinema / Télé+.
Dist.: Warner Sogefilms.
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A causa de un
imprevisible accidente, ocurrido mientras practica un deporte náutico
con un grupo de amigos, el adolescente Andrea pierde la vida. Su padre,
Giovanni; su madre, Paola, y su hermana, Irene, con quienes constituía
una familia apacible, ordenada, moderna, de profesionales de clase media,
y entrañablemente unida, se quedan anonadados. Incluso los mismos
lazos afectivos que mantenían la confianza entre ellos, sufren
una terrible sacudida por la tragedia.
Nanni
Moretti, uno de los escasos realizadores italianos que actualmente acude
con regularidad a nuestras pantallas, se identifica por un estilo diáfano,
culto y de temple crítico, distendido. Es el que utiliza en este
nuevo estreno para registrar algo tan impalpable como un sentimiento de
dolor intenso. A este fin evita artificiosidades: escenas lacrimógenas
y otros excesos, como gestos teatrales o parlamentos grandilocuentes.
En el tono habitual de sus anteriores películas, verbigracia, las
más recientes: "Abril" y "Caro Diario", comparte
con sus actores la máxima moderación interpretativa, de
modo que el exponente de la pesadumbre se cifra más bien en el
silencio, lo no dicho, lo que el propio espectador intuye que experimentaría
ante una desgracia de tal naturaleza. A
la vez, prosigue, de acuerdo con su más característico rasgo
personal, con la puntual descripción de la cotidianidad -de lo
corriente a lo estrafalario-, en una pequeña ciudad, en su tierra,
y en su tiempo. Se desenvuelve, cargado de veracidad, en el contexto escueto
empleado por un excelente cronista, con la complicidad de la cámara
amiga de Giuseppe Lanci. Filma cumpliendo el deber de respeto a la intimidad
de sus personajes y, con talento, selecciona los planos de los estados
de ánimo más expresivos y conmovedores de cada uno de ellos.
S.E.
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