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Llega
a nuestras pantallas Chicago, el proyecto musical más largamente
acariciado por los despachos de producción de Hollywood durante
las dos últimas décadas. Casi 30 años después
de su estreno en Broadway en 1975, la película es por fin
una brillante realidad, y tras el rotundo éxito cosechado
en los Globos de Oro se presenta como uno de los títulos
con más opciones de cara a la próxima gala de los
Oscars. Muchos se han apresurado a encumbrarla como el primer gran
musical del siglo XXI y la heredera por derecho de los clásicos
del género. Sin embrago, una comparación rigurosa
con los grandes títulos de la edad dorada del musical de
Hollywood revela divergencias más que notables que merece
la pena analizar.
Comenzado
por los aspectos más externos y evidentes, sorprende en primer
lugar que la práctica totalidad de los números de
Chicago se desarrollen "on stage", es decir, en escena,
sobre un escenario. Frente a los viejos musicales clásicos
que se complacían en explorar localizaciones cada vez más
libres y dinámicas, los números de Chicago desarrollan
su extraordinaria intensidad bajo los férreos límites
de una puesta en escena más propia de Broadway que de Hollywood.
En
el terreno de la conducción narrativa, la distancia que separa
Chicago de los musicales realizados allá por mitad del siglo
pasado es aún mayor. En el musical clásico, el guión
siempre constituía el punto de referencia de cara a la inclusión
de los números, que tomaban pie en la trama para desarrollarla
y conferirle esa intensidad dramática que las propias limitaciones
del género imponían a un guión convencional.
En Chicago, por contraste, el planteamiento es casi el opuesto.
Aquí son las secuencias musicales las que marcan por completo
la pauta. El argumento propiamente dicho no suele ir más
allá de proporcionar la ocasión y el asunto para los
espléndidos números. El problema es que como consecuencia
de ello, lo que queda en la memoria al recordarlos es su espectacularidad,
su energía, su ingenio, su acidez, su extrema sensualidad
pero difícilmente la emoción profunda que les otorgaría
una sólida conexión argumental en la vertiente dramática.
Finalmente, tampoco el universo temático de Chicago puede
considerarse afín en absoluto a los clásicos. El propio
Rob Marshall reconocía que se trata de un musical "duro
y atípico". En ese sentido, frente a los títulos
de referencia del género, casi cabría hablar de una
inversión de valores: en vez de autenticidad
cinismo,
en vez de felicidad
fama, en vez de amistad
interés,
y en vez de romanticismo
nada. Quizá una de las cosas
de las que más se resienta la película, sea precisamente
de la ausencia en toda regla de una historia de amor. Pero ¿qué
lugar podría haber para ella en un mundo que, como dice Billy
Flynn, "no es más que un circo de tres pistas"?
Y es que ésa, en el fondo, es la metáfora que mejor
define la propuesta de Chicago, película: Chicago, ciudad.
Un lugar donde nada importa aparte del éxito, donde todo
es espectáculo. Espectáculo de primera, sí.
Espectáculo de calidad. Espectáculo.
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FICHA TÉCNICA
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Título
Original: Chicago
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Director:
Rob Marshall
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Intérpretes:
Renée Zellweger (Roxie Hart), Catherine Zeta-Jones
(Velma Kelly), Richard Gere (Billy Flynn), Queen Latifah ("Mamma"
Morton), John C. Reilly (Amos Hart)
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Producción:
Martin Richards para Producer Circle Co., Miramax Films
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Guión:
Hill Condon, basado en el musical homónimo de Bob
Fosse y Fred Ebb.
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artística:
John Myhre |
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Fotografía:
Dion Beebe
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Montaje:
: Martin Walsh
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Distribución::
Lauren Films |
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