El regalo de Silvia ***
Drama
Director: Dionisio Pérez. Intérpretes: Bárbara Goenaga (Silvia), Luis Tosar (Carlos), Víctor Clavijo (Mateo), Adriana Domínguez (Inés), María Bouzas (Conchi), Pablo Galán (Rubén), Katyna Huberman (Macarena), Ginés García Millán (Ramón). Producción: Luis Ángel Ramírez, Xosé Zapata y Rafael Álvarez para Lorelei, Emval y El Medano, en coproducción con Caltambo Producciones, Bausan Films y Televisión de Galicia, en asociación con Ignacio Benedeti Cinema y Cinemate. Argumento: Dioniso Pérez. Guión: Dionisio Pérez, Pilar Gutiérrez y Miguel Ángel Gómez. Música: Jorge Aliaga. Fotografía: Alfonso Parra. Dirección artística: Borja Pena. Montaje: Ze Pedro Santos. Distribuidora cine: Wanda Visión / Nirvana.

España - Portugal - Chile 2003 - Duración: 103 minutos
Público Adecuado: Adultos Ideas



El guionista y cortometrajista español Dionisio Pérez era conocido hasta ahora por su corto Pecados capitales, ganador de diversos premios. Ahora debuta sólidamente en el largometraje con El regalo de Silvia, un melodrama a cuatro bandas inspirado en la obra narrativa y poética de la escritora estadounidense Silvia Plath. El eje sobre el que giran todas las tramas es Silvia, una joven de La Coruña, brillante estudiante de piano y profundamente depresiva, que decide suicidarse para donar sus órganos. Su corazón va a parar a Carlos, un hombre maduro, felizmente casado y padre de dos niñas, que pasa de ser parado a supervisar una fábrica de pizzas. Las córneas de Silvia son transplantadas a Inés, una joven ciega de nacimiento que, mientras aprende a ver, pasea por las inciertas fronteras entre el amor y el desamor. Finalmente, el hígado lo recibe Mateo, un joven marginal, solitario y alcohólico, que descubre el valor de la amistad en el submundo criminal coruñés.

Un primer acierto de la película es su estructura narrativa, que hilvana las tres historias de los receptores de órganos —narradas a la manera convencional y sin que converjan— a través de los constantes insertos del patético vídeo-diario de Silvia, rodado siempre en interiores, con la cámara de frente y una resolución similar a la de un vídeo casero. En uno y otro ámbito, Dionio Pérez maneja con personalidad el sistema 24 P de Alta Definición, asignando a cada historia una planificación, un montaje y un tratamiento fotográfico y musical diferentes, aunque todos ellos fluidos y sustanciales. Este brillante envoltorio audiovisual resalta aún más la alta calidad del guión, cotidiano y profundo a la vez, y de las interpretaciones, todas ellas matizadas y con una gran capacidad emotiva. Sobresale el tour de force de la joven actriz Bárbara Goenaga, cuyo enfermo personaje le obliga a caracterizar todos los estados de ánimo y casi siempre mirando a cámara. Con lo dicho, en este ámbito formal sólo cabe criticar varias escenas sexuales, breves pero morbosas, que fracturan a mitad del metraje la contención de la película.

En cualquier caso, el principal desafío de Dionisio Pérez era llevar a buen puerto unas historias optimistas, pero detonadas por un acto tan lamentable como un suicidio. Pues bien, sale airoso de la prueba porque, desde el primer encuadre, evita claramente legitimar el suicidio de la protagonista, dibujándolo siempre con perfiles trágicos y enmarcándolo en el contexto patológico de su grave neurosis. Así, Dionisio Pérez logra una visión luminosa de la lucha por vivir y, en concreto de la capacidad redentora del dolor y sobre todo del amor, este último en sus facetas familiar, erótica y de amistad. “Con mi película quiero lanzar un mensaje de esperanza —ha señalado el director—, porque hay tres personas a quienes se les da una segunda oportunidad, y aunque la vida va a ser dura para ellos, van a vivirla”. Una idea animante y casi transgresora en estos tiempos cínicos e hipócritas, en los que hasta se presenta la eutanasia como un acto libre, valiente y dignificador.

Jerónimo José Martín
 
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