Un primer acierto de la película
es su estructura narrativa, que hilvana las tres historias de los receptores
de órganos —narradas a la manera convencional y sin que converjan—
a través de los constantes insertos del patético vídeo-diario
de Silvia, rodado siempre en interiores, con la cámara de frente
y una resolución similar a la de un vídeo casero. En uno
y otro ámbito, Dionio Pérez maneja con personalidad el sistema
24 P de Alta Definición, asignando a cada historia una planificación,
un montaje y un tratamiento fotográfico y musical diferentes, aunque
todos ellos fluidos y sustanciales. Este brillante envoltorio audiovisual
resalta aún más la alta calidad del guión, cotidiano
y profundo a la vez, y de las interpretaciones, todas ellas matizadas
y con una gran capacidad emotiva. Sobresale el tour de force de la joven
actriz Bárbara Goenaga, cuyo enfermo personaje le obliga a caracterizar
todos los estados de ánimo y casi siempre mirando a cámara.
Con lo dicho, en este ámbito formal sólo cabe criticar varias
escenas sexuales, breves pero morbosas, que fracturan a mitad del metraje
la contención de la película. En cualquier caso, el principal
desafío de Dionisio Pérez era llevar a buen puerto unas
historias optimistas, pero detonadas por un acto tan lamentable como un
suicidio. Pues bien, sale airoso de la prueba porque, desde el primer
encuadre, evita claramente legitimar el suicidio de la protagonista, dibujándolo
siempre con perfiles trágicos y enmarcándolo en el contexto
patológico de su grave neurosis. Así, Dionisio Pérez
logra una visión luminosa de la lucha por vivir y, en concreto
de la capacidad redentora del dolor y sobre todo del amor, este último
en sus facetas familiar, erótica y de amistad. “Con mi película
quiero lanzar un mensaje de esperanza —ha señalado el director—,
porque hay tres personas a quienes se les da una segunda oportunidad,
y aunque la vida va a ser dura para ellos, van a vivirla”. Una idea
animante y casi transgresora en estos tiempos cínicos e hipócritas,
en los que hasta se presenta la eutanasia como un acto libre, valiente
y dignificador.
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