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Drama Histórico

Público Adecuado :
Adultos

País:
USA, Reino Unido, Alemania, Italia y Holanda
2002

Duración:
166 minutos




Críticas del mes:

Chicago
Soldados de Salamina
Embriagado de amor
El ladrón de orquídeas
Evelyn
La prueba
Lejos del cielo
Utopía

Gans of New York (a favor)
 

Más de tres décadas ha necesitado Martin Scorsese para poner en pie la película más ambiciosa de su filmografía. Gangs of New York, estrenada con la expectación al máximo y tras varios retrasos e innumerables recortes en su abultadísima duración, está lejos de satisfacer por completo las esperanzas depositadas en su director, si bien se trata de un título repleto de talento a muchos niveles. Es, a pesar de sus defectos, cine grande, épico y con mayúsculas.

Scorsese tiene poco que demostrar a estas alturas. Para siempre quedan sus obras maestras, intocables, ya eternas. Loable es, sin embargo, su esfuerzo por continuar en la brecha a sus sesenta años, embarcándose en un proyecto gigantesco, inconmensurable en su diseño de producción, de descomunal presupuesto y muy arriesgado artística y comercialmente. Gangs of New York es, visto el resultado global, una apuesta vencedora. Los obstáculos en su camino hacia lo magistral proceden, en su mayor parte, de un guión que carece de la ambición de la que sí presume el envoltorio del filme, pues cuesta concebir cómo una obra tan deseada, tan perseguida a lo largo del tiempo, puede conformarse con una premisa tan sencilla y tan elementalmente desarrollada.

Gangs of New York es, en el terreno argumental, una historia de amor y venganza que apenas se esfuerza por no parecer rutinaria o mil veces contada. Es novedoso, eso sí, el contexto: Nueva York en 1863, un hervidero de bandas en pugna por lograr el control de la zona de los Five Points. Irlandeses contra "nativos" se ensarzan en continuas reyertas callejeras, con dos hombres a la cabeza: Bill "El Carnicero", líder de los que se hacen llamar "nativos", y el Padre Vallon, punto de referencia entre los inmigrantes irlandeses. "El Carnicero" consigue eliminar a Vallon, y su hijo Amsterdam regresa a los Five Points dieciséis años después para resarcir la muerte de su progenitor. Amsterdam se hará con la confianza y la amistad de Bill y con el amor de Jenny, una joven que se dedica a robar carteras en las calles.

Planteado el conflicto (las ansias de venganza del joven Vallon y su odio hacia "El Carnicero"), Gangs of New York discurre entre la descripción del trío protagonista y sus relaciones (con el posterior y confuso vínculo que se descubre entre Jenny y el líder de los "nativos"), y el retrato del día a día en las corruptas, violentas y traicioneras calles que han desembocado en la actual ciudad de los rascacielos. Así, la acción se muestra a veces estancada, redundante, alargada sin gran justificación y total y previsiblemente encaminada hacia un enfrentamiento final entre Amsterdam y "El Carnicero" que se hace esperar como agua de mayo.

Scorsese confía, quizás en exceso, en el carisma de sus actores y la jugada le falla en ocasiones. No le falla en absoluto en lo que se refiere a Daniel Day-Lewis, cuya abrumadora presencia desborda los ángulos de cada plano en que aparece. Day-Lewis construye su complejo personaje con pasmosa solidez, regalándole avasalladora personalidad, mil y una dimensiones y toneladas de humanidad a pesar de su, por momentos, irracional actitud. Hay que lamentar que el protagonista de Mi pie izquierdo haya decidido no prodigarse en la gran pantalla, ya que por su "Carnicero" merece un incuestionable segundo Oscar.

Leonardo Dicaprio y Cameron Diaz son otro cantar. Dicaprio, que rezuma sutilidad e inteligencia interpretativa en la reciente Atrápame si puedes de Steven Spielberg, aquí parece a ratos un joven e inexperto actor disfrazado con vestimentas que le superan en situaciones que no comprende. Le falta cierta garra, mayor apasionamiento en su cometido. En cuanto a Cameron Diaz, cumple con dignidad y corrección, pero se enfrenta a un personaje que se desdibuja progresivamente hasta resultar accesorio. En cualquier caso, la actriz demuestra valer para roles mucho más desafiantes que los que le proponen en esperpentos como La cosa más dulce. Tanto con Dicaprio como con Diaz ocurre que les absorbe el buen hacer del "Carnicero" Day-Lewis, que, seguramente y teniendo en contra las secuencias de descarnada violencia que protagoniza, despertará en el público una simpatía mucho mayor que la que lograrán los caracteres de Amsterdam y Jenny.

No hay que olvidar tampoco la larga lista de secundarios brillantes que otorgan fuste y consistencia a Gangs of New York, desde el fugaz Liam Neeson (que interpreta al padre de Amsterdam) a Henry Thomas (el entrañable Elliott de E.T. el extraterrestre) pasando por el imprescindible John C. Reilly (quien también interviene en Chicago y Las horas, otros dos títulos multinominados a las estatuillas doradas de este año), el infalible Jim Broadbent (Moulin Rouge, Iris) o el camaleónico Brendan Gleeson (El general, Inteligencia artificial), entre otros muchos y entre cientos de extras también. El trabajo de todos ellos es tan impecable como el resto de las piezas que componen el aplastante armazón. Sobra decir que el diseño de producción es majestuoso, que la reconstrucción de Nueva York en Cinecittà apabulla, que el vestuario es perfecto, que la fotografía es soberbia... Hay, además de talento, dinero, mucho dinero, y se nota.

Pero el dinero no es lo primordial cuando está tras las cámaras un director como Martin Scorsese. El artífice de Taxi Driver y de otros títulos legendarios demuestra estar en plena forma y utiliza su vigorosa fuerza narrativa y su invencible entusiasmo como cineasta allá donde al guión le falta densidad o donde su reparto es incapaz de transmitir el impacto emocional necesario. De este modo, los ciento sesenta y seis minutos de su película poseen un indudable y generalizado ritmo y cada fotograma es un potente y enérgico cuadro que golpea nuestras retinas, desde el principio hasta ese final que rinde tributo a la ciudad de Nueva York y a su capacidad para erigirse sobre sus propias cenizas. No será un clásico, pero lo parecerá.

Roberto Pérez Toledo
 
 










FICHA TÉCNICA

Título Original: Gangs of New York
Director: Martin Scorsese
Intérpretes: Leonardo Dicaprio (Amsterdam Vallon), Daniel Day-Lewis (Bill "El Carnicero"), Cameron Diaz (Jenny), Jim Broadbent (Tweed), John C. Reilly (Jack) Liam Neeson (Padre Vallon), Henry Thomas (Johnny), Brendan Gleeson (Monk)
Producción: Initial Entertainment Groups, Miramax Films, Cappa Production y Meespierson Film CV
Guión: Jay Cocks, Steve Zaillian y Kenneth Lonergan
Argumento: Jay Cocksl
Música: Howard Shore y Peter Gabriel
Fotografía: Michael Ballhaus
Montaje: : Thelma Schoonmaker
Distribución:: Manga Films

(En contra)

Muchas nominaciones a los oscars ha obtenido la última película de Martin Scorsese, Gangs of New York: Director, Película, Actor, Dirección artística, Fotografía, Sonido, Montaje y Guión. Scorsese ofrece su interpretación histórica del origen de América como nación, una interpretación provocativa y desmitificadora, que sitúa la violencia tribal como su principal clave hermeneútica. Scorsese toma la historia de la ciudad de Nueva York como metáfora del nacimiento de un pueblo y una nación. El resultado es políticamente incorrecto, como confirma su relativo fracaso en las taquillas norteamericanas.
El argumento se desarrolla en la decada de los sesenta del siglo XIX, en el barrio conocido como "Five Points" en los suburbios de la naciente Nueva York. El contexto concreto se refiere a los llamados "Disturbios contra el Alistamiento obligatorio" que tuvieron lugar en 1863 durante la guerra civil, y que de hecho eximía a los hijos de los ricos de asistir a la Guerra. El contexto genérico tiene como telón de fondo dicha guerra, la abolición de la esclavitud, la llegada de oleadas de inmigrantes de toda Europa -con especial protagonismo de los irlandeses-, las agudas diferencias sociales, la confluencia de distintas confesiones cristianas, la corrupción política, las luchas tribales por el control de los barrios nuevos hacinados de inmigrantes,...
En ese ambiente denso como una olla a presión tiene lugar el acontecimiento del arranca la historia de Gangs of New York. El citado barrio "Five Points" es un centro de delincuencia y vicios ilegales. Allí se prepara un enfrentamiento mortal entre dos bandas para decidir quién controla dicho barrio: una de ellas, la de los "Conejos muertos", está formada por católicos de origen irlandés, y está liderada por el llamado "cura" Vallon (Liam Neeson), respetado por su autoridad moral. La otra, la de los "Nativos", está formada por americanos de origen inglés, que odian a los seguidores del Papa, asi como a cualquier inmigrante que desembarque en el que consideran "su" país. Su caudillo es Bill "el carnicero" (Daniel Day-Lewis), un hombre brutal y temido. En esa reyerta terrible y sanguinaria Bill asesina a Vallon ante los pequeños ojos de su atónito hijo, que jura venganza. Después de dieciseis años de horfanato, Vallon Junior (Leonardo DiCaprio), ya adulto, decide que es el momento maduro de tal venganza. Por entonces Bill es ya todo un Corleone decimonónico.
Esta trama y sus múltiples ramificaciones -incluida la traída por los pelos subtrama romántica- son un vehículo para que Scorsese desarrolle al menos tres tesis: la violencia como sustrato de la civilización, la corrupción como origen de la democracia y la religión como instrumento de identificación nacionalista.
La primera tesis, ya apuntada a lo largo de su filmografía, es la clave de la puesta en escena de Gangs of New York, y comparte los mismos presupuestos del cine de Kubrick. Si recordamos el prólogo de 2001, una Odisea del espacio, el desaparecido cineasta situaba el poder del más fuerte -y el consecuente miedo del resto- como la base del orden y la jerarquía sociales. Exactamente lo mismo ocurre en el film que nos ocupa. El miedo -como declara Bill- es el motor de la conducta y mantiene el orden de las cosas. La violencia distribuye los roles sociales y pone a todos en su sitio. Incluso la policía y la ley forman parte de este sistema. Se trata de unos postulados de raíz hobbesiana, con sabor positivista-darwinista y deudores de una concepción muy zooloógica y etológica del ser humano. La película llega a tener secuencias harto desagradables por sus dosis de violencia primitivista (se prefieren los cuchillos, los palos y estacas a las pistolas, por ejemplo, siempre menos sanguinarias). La violencia invade también el ocio (los brutales protocombates de boxeo) y las relaciones sentimentales (la escena del lanzamiento de cuchillos a Jenny -Cameron Diaz-).
La segunda tesis, muy mal vista en Estados Unidos, se encarna en las tramas que protagoniza William "Boss" (Jim Broadbent) y sus secuaces. Se trata de un personaje real, dirigente de un partido político corrupto que compraba los votos de los inmigrantes irlandeses y que se aliaba con las mafias de turno para conseguir el poder. La llegada de la democracia a "Five Points" va a ser fruto de las maniobras corruptas de Boss, y no supone la desaparición inmediata del sindicato del crimen, sino que lo incorpora a su sistema. Un aspecto muy particular de esta crítica de la democracia que hace Scorsese es la forma en que se alistaba gente para ir al frente. A medida que bajaban los inmigrantes de los barcos, las autoridades les espetaban: "¿Quieres ser americano? Pues ponte este uniforme y lucha por tu patria". Y los indefensos recién llegados, ante la posibilidad de comer a diario, se iban a la guerra a dar la vida por una nación que les utilizaba a cambio de promesas de un mundo lleno de oportunidades.
Por último, el tratamiento del factor identificativo religioso es muy singular. El clan de los irlandeses profesa una sincera devoción religiosa, incluso clandestina cuando es necesario. No dudan en situar obispos católicos en la primera fila de sus reivindicaciones. Pero sus enemigos "nativos", protestantes, también rezan al mismo Dios. Sin embargo, hay un detalle interesante: cuando el joven Vallon abandona el orfanato, el sacerdote que le despide le propone vivir una dinámica de perdón, y le regala una Biblia; sin embargo, en cuanto gira la esquina, Vallon arroja la Biblia al río. A partir de ese momento, su fe cristaliza en una seña de identificación casi racial, y por tanto ideológica. Por eso llega al absurdo de pedir la intercesión de Santa María antes de cometer un crimen. En cualquier caso, el abundante tratamiento que hace Scorsese del catolicismo de los personajes, es a menudo inverosimil, a veces artificial y en ocasiones caricaturesco, aunque siempre "afectuoso", probablemente debido a los orígenes italianos del cineasta, que estudió además en un seminario menor.
Buena música, una dirección artística excepcional, un trabajo fotográfico excelente y un reparto sumamente eficaz dan consistencia a una película por la que desfilan todos los vicios, toda la mezquindad y toda la brutalidad de la historia humana. Y sin embargo, Gangs of New York no acaba de convencer porque la nobleza del hombre queda sepultada bajo los escombros de la maldad. Y esto, sencillamente, no es cierto.

Juan Orellana

 

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