Más
de tres décadas ha necesitado Martin Scorsese para poner
en pie la película más ambiciosa de su filmografía.
Gangs of New York, estrenada con la expectación al máximo
y tras varios retrasos e innumerables recortes en su abultadísima
duración, está lejos de satisfacer por completo las
esperanzas depositadas en su director, si bien se trata de un título
repleto de talento a muchos niveles. Es, a pesar de sus defectos,
cine grande, épico y con mayúsculas.
Scorsese tiene
poco que demostrar a estas alturas. Para siempre quedan sus obras
maestras, intocables, ya eternas. Loable es, sin embargo, su esfuerzo
por continuar en la brecha a sus sesenta años, embarcándose
en un proyecto gigantesco, inconmensurable en su diseño
de producción, de descomunal presupuesto y muy arriesgado
artística y comercialmente. Gangs of New York es, visto
el resultado global, una apuesta vencedora. Los obstáculos
en su camino hacia lo magistral proceden, en su mayor parte, de
un guión que carece de la ambición de la que sí
presume el envoltorio del filme, pues cuesta concebir cómo
una obra tan deseada, tan perseguida a lo largo del tiempo, puede
conformarse con una premisa tan sencilla y tan elementalmente
desarrollada.
Gangs of New
York es, en el terreno argumental, una historia de amor y venganza
que apenas se esfuerza por no parecer rutinaria o mil veces contada.
Es novedoso, eso sí, el contexto: Nueva York en 1863, un
hervidero de bandas en pugna por lograr el control de la zona
de los Five Points. Irlandeses contra "nativos" se ensarzan
en continuas reyertas callejeras, con dos hombres a la cabeza:
Bill "El Carnicero", líder de los que se hacen
llamar "nativos", y el Padre Vallon, punto de referencia
entre los inmigrantes irlandeses. "El Carnicero" consigue
eliminar a Vallon, y su hijo Amsterdam regresa a los Five Points
dieciséis años después para resarcir la muerte
de su progenitor. Amsterdam se hará con la confianza y
la amistad de Bill y con el amor de Jenny, una joven que se dedica
a robar carteras en las calles.
Planteado
el conflicto (las ansias de venganza del joven Vallon y su odio
hacia "El Carnicero"), Gangs of New York discurre entre
la descripción del trío protagonista y sus relaciones
(con el posterior y confuso vínculo que se descubre entre
Jenny y el líder de los "nativos"), y el retrato
del día a día en las corruptas, violentas y traicioneras
calles que han desembocado en la actual ciudad de los rascacielos.
Así, la acción se muestra a veces estancada, redundante,
alargada sin gran justificación y total y previsiblemente
encaminada hacia un enfrentamiento final entre Amsterdam y "El
Carnicero" que se hace esperar como agua de mayo.
Scorsese confía,
quizás en exceso, en el carisma de sus actores y la jugada
le falla en ocasiones. No le falla en absoluto en lo que se refiere
a Daniel Day-Lewis, cuya abrumadora presencia desborda los ángulos
de cada plano en que aparece. Day-Lewis construye su complejo
personaje con pasmosa solidez, regalándole avasalladora
personalidad, mil y una dimensiones y toneladas de humanidad a
pesar de su, por momentos, irracional actitud. Hay que lamentar
que el protagonista de Mi pie izquierdo haya decidido no prodigarse
en la gran pantalla, ya que por su "Carnicero" merece
un incuestionable segundo Oscar.
Leonardo Dicaprio
y Cameron Diaz son otro cantar. Dicaprio, que rezuma sutilidad
e inteligencia interpretativa en la reciente Atrápame si
puedes de Steven Spielberg, aquí parece a ratos un joven
e inexperto actor disfrazado con vestimentas que le superan en
situaciones que no comprende. Le falta cierta garra, mayor apasionamiento
en su cometido. En cuanto a Cameron Diaz, cumple con dignidad
y corrección, pero se enfrenta a un personaje que se desdibuja
progresivamente hasta resultar accesorio. En cualquier caso, la
actriz demuestra valer para roles mucho más desafiantes
que los que le proponen en esperpentos como La cosa más
dulce. Tanto con Dicaprio como con Diaz ocurre que les absorbe
el buen hacer del "Carnicero" Day-Lewis, que, seguramente
y teniendo en contra las secuencias de descarnada violencia que
protagoniza, despertará en el público una simpatía
mucho mayor que la que lograrán los caracteres de Amsterdam
y Jenny.
No hay que
olvidar tampoco la larga lista de secundarios brillantes que otorgan
fuste y consistencia a Gangs of New York, desde el fugaz Liam
Neeson (que interpreta al padre de Amsterdam) a Henry Thomas (el
entrañable Elliott de E.T. el extraterrestre) pasando por
el imprescindible John C. Reilly (quien también interviene
en Chicago y Las horas, otros dos títulos multinominados
a las estatuillas doradas de este año), el infalible Jim
Broadbent (Moulin Rouge, Iris) o el camaleónico Brendan
Gleeson (El general, Inteligencia artificial), entre otros muchos
y entre cientos de extras también. El trabajo de todos
ellos es tan impecable como el resto de las piezas que componen
el aplastante armazón. Sobra decir que el diseño
de producción es majestuoso, que la reconstrucción
de Nueva York en Cinecittà apabulla, que el vestuario es
perfecto, que la fotografía es soberbia... Hay, además
de talento, dinero, mucho dinero, y se nota.
Pero el dinero
no es lo primordial cuando está tras las cámaras
un director como Martin Scorsese. El artífice de Taxi Driver
y de otros títulos legendarios demuestra estar en plena
forma y utiliza su vigorosa fuerza narrativa y su invencible entusiasmo
como cineasta allá donde al guión le falta densidad
o donde su reparto es incapaz de transmitir el impacto emocional
necesario. De este modo, los ciento sesenta y seis minutos de
su película poseen un indudable y generalizado ritmo y
cada fotograma es un potente y enérgico cuadro que golpea
nuestras retinas, desde el principio hasta ese final que rinde
tributo a la ciudad de Nueva York y a su capacidad para erigirse
sobre sus propias cenizas. No será un clásico, pero
lo parecerá.
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FICHA TÉCNICA
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Título
Original: Gangs of New York
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Director:
Martin Scorsese
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Intérpretes:
Leonardo Dicaprio (Amsterdam Vallon), Daniel Day-Lewis (Bill
"El Carnicero"), Cameron Diaz (Jenny), Jim Broadbent
(Tweed), John C. Reilly (Jack) Liam Neeson (Padre Vallon),
Henry Thomas (Johnny), Brendan Gleeson (Monk)
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Producción:
Initial Entertainment Groups, Miramax Films, Cappa Production
y Meespierson Film CV
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| Guión:
Jay Cocks, Steve Zaillian y Kenneth Lonergan |
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Argumento:
Jay Cocksl
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Música:
Howard Shore y Peter Gabriel
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Fotografía:
Michael Ballhaus
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Montaje:
: Thelma Schoonmaker
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Distribución::
Manga Films
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Muchas
nominaciones a los oscars ha obtenido la última película
de Martin Scorsese, Gangs of New York: Director, Película,
Actor, Dirección artística, Fotografía,
Sonido, Montaje y Guión. Scorsese ofrece su interpretación
histórica del origen de América como nación,
una interpretación provocativa y desmitificadora, que
sitúa la violencia tribal como su principal clave hermeneútica.
Scorsese toma la historia de la ciudad de Nueva York como metáfora
del nacimiento de un pueblo y una nación. El resultado
es políticamente incorrecto, como confirma su relativo
fracaso en las taquillas norteamericanas.
El argumento se desarrolla en la decada de los sesenta del siglo
XIX, en el barrio conocido como "Five Points" en los
suburbios de la naciente Nueva York. El contexto concreto se
refiere a los llamados "Disturbios contra el Alistamiento
obligatorio" que tuvieron lugar en 1863 durante la guerra
civil, y que de hecho eximía a los hijos de los ricos
de asistir a la Guerra. El contexto genérico tiene como
telón de fondo dicha guerra, la abolición de la
esclavitud, la llegada de oleadas de inmigrantes de toda Europa
-con especial protagonismo de los irlandeses-, las agudas diferencias
sociales, la confluencia de distintas confesiones cristianas,
la corrupción política, las luchas tribales por
el control de los barrios nuevos hacinados de inmigrantes,...
En ese ambiente denso como una olla a presión tiene lugar
el acontecimiento del arranca la historia de Gangs of New York.
El citado barrio "Five Points" es un centro de delincuencia
y vicios ilegales. Allí se prepara un enfrentamiento
mortal entre dos bandas para decidir quién controla dicho
barrio: una de ellas, la de los "Conejos muertos",
está formada por católicos de origen irlandés,
y está liderada por el llamado "cura" Vallon
(Liam Neeson), respetado por su autoridad moral. La otra, la
de los "Nativos", está formada por americanos
de origen inglés, que odian a los seguidores del Papa,
asi como a cualquier inmigrante que desembarque en el que consideran
"su" país. Su caudillo es Bill "el carnicero"
(Daniel Day-Lewis), un hombre brutal y temido. En esa reyerta
terrible y sanguinaria Bill asesina a Vallon ante los pequeños
ojos de su atónito hijo, que jura venganza. Después
de dieciseis años de horfanato, Vallon Junior (Leonardo
DiCaprio), ya adulto, decide que es el momento maduro de tal
venganza. Por entonces Bill es ya todo un Corleone decimonónico.
Esta trama y sus múltiples ramificaciones -incluida la
traída por los pelos subtrama romántica- son un
vehículo para que Scorsese desarrolle al menos tres tesis:
la violencia como sustrato de la civilización, la corrupción
como origen de la democracia y la religión como instrumento
de identificación nacionalista.
La primera tesis, ya apuntada a lo largo de su filmografía,
es la clave de la puesta en escena de Gangs of New York, y comparte
los mismos presupuestos del cine de Kubrick. Si recordamos el
prólogo de 2001, una Odisea del espacio, el desaparecido
cineasta situaba el poder del más fuerte -y el consecuente
miedo del resto- como la base del orden y la jerarquía
sociales. Exactamente lo mismo ocurre en el film que nos ocupa.
El miedo -como declara Bill- es el motor de la conducta y mantiene
el orden de las cosas. La violencia distribuye los roles sociales
y pone a todos en su sitio. Incluso la policía y la ley
forman parte de este sistema. Se trata de unos postulados de
raíz hobbesiana, con sabor positivista-darwinista y deudores
de una concepción muy zooloógica y etológica
del ser humano. La película llega a tener secuencias
harto desagradables por sus dosis de violencia primitivista
(se prefieren los cuchillos, los palos y estacas a las pistolas,
por ejemplo, siempre menos sanguinarias). La violencia invade
también el ocio (los brutales protocombates de boxeo)
y las relaciones sentimentales (la escena del lanzamiento de
cuchillos a Jenny -Cameron Diaz-).
La segunda tesis, muy mal vista en Estados Unidos, se encarna
en las tramas que protagoniza William "Boss" (Jim
Broadbent) y sus secuaces. Se trata de un personaje real, dirigente
de un partido político corrupto que compraba los votos
de los inmigrantes irlandeses y que se aliaba con las mafias
de turno para conseguir el poder. La llegada de la democracia
a "Five Points" va a ser fruto de las maniobras corruptas
de Boss, y no supone la desaparición inmediata del sindicato
del crimen, sino que lo incorpora a su sistema. Un aspecto muy
particular de esta crítica de la democracia que hace
Scorsese es la forma en que se alistaba gente para ir al frente.
A medida que bajaban los inmigrantes de los barcos, las autoridades
les espetaban: "¿Quieres ser americano? Pues ponte
este uniforme y lucha por tu patria". Y los indefensos
recién llegados, ante la posibilidad de comer a diario,
se iban a la guerra a dar la vida por una nación que
les utilizaba a cambio de promesas de un mundo lleno de oportunidades.
Por último, el tratamiento del factor identificativo
religioso es muy singular. El clan de los irlandeses profesa
una sincera devoción religiosa, incluso clandestina cuando
es necesario. No dudan en situar obispos católicos en
la primera fila de sus reivindicaciones. Pero sus enemigos "nativos",
protestantes, también rezan al mismo Dios. Sin embargo,
hay un detalle interesante: cuando el joven Vallon abandona
el orfanato, el sacerdote que le despide le propone vivir una
dinámica de perdón, y le regala una Biblia; sin
embargo, en cuanto gira la esquina, Vallon arroja la Biblia
al río. A partir de ese momento, su fe cristaliza en
una seña de identificación casi racial, y por
tanto ideológica. Por eso llega al absurdo de pedir la
intercesión de Santa María antes de cometer un
crimen. En cualquier caso, el abundante tratamiento que hace
Scorsese del catolicismo de los personajes, es a menudo inverosimil,
a veces artificial y en ocasiones caricaturesco, aunque siempre
"afectuoso", probablemente debido a los orígenes
italianos del cineasta, que estudió además en
un seminario menor.
Buena música, una dirección artística excepcional,
un trabajo fotográfico excelente y un reparto sumamente
eficaz dan consistencia a una película por la que desfilan
todos los vicios, toda la mezquindad y toda la brutalidad de
la historia humana. Y sin embargo, Gangs of New York no acaba
de convencer porque la nobleza del hombre queda sepultada bajo
los escombros de la maldad. Y esto, sencillamente, no es cierto.
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