La peligrosa vida de los Altar Boys **
Drama
Título original: The Dangerous Lives of Altar Boys Director: Peter Care. Intérpretes: Kieran Culkin (Tim Sullivan), Jena Malone (Margie Flynn), Emile Hirsch (Francis Doyle), Vincent D'Onofrio (Padre Casey), Jodie Foster (Hermana Assumpta), Jake Richardson (Wade), Tyler Long (Joey Scalisi). Producción: Meg LeFauve, Jay Shapiro y Jodie Foster para Egg Pictures en asociación con Trilogy Entertainment Group. Presentada por: Initial Entertainment Group. Argumento: Basado en la novela The Dangerous Lives of Altar Boys, de Chris Furhman. Guión: Jeff Stockwell y Michael Petroni. Música: Marco Beltrani y Joshua Homme. Fotografía: Lance Acord. Dirección artística: Gideon Ponte. Montaje: Chris Peppe. Distribuidora cine y vídeo: Manga Films.

Estados Unidos 2001 - Duración: 106 minutos
Público Adecuado: Adultos Ideas e Imágenes



Con fama de introvertida, inteligente y perfeccionista, Jodie Foster mima su trabajo como actriz, seleccionando concienzudamente los proyectos en que participa. Además, lo ha enriquecido con una sólida carrera como directora -El pequeño Tate y A casa por vacaciones- y como productora de películas muy variadas. Ahora produce e interpreta La peligrosa vida de los Altar Boys, interesante pero desagradable película del desconocido Peter Care, basada en la novela homónima de Chris Fuhrman.

Jodie Foster da vida a la Hermana Assumpta, una monja coja que, en los años 70, dirige con mano de hierro un colegio católico de Savannah. Cuatro adolescentes en plena edad del pavo, todos monaguillos y aficionados a los comics, toman a la monja como modelo de la terrible Nunzilla, malvada de unos tebeos irreverentes que imaginan y dibujan en sus ratos libres, mientras descubren el sexo, el rock y las drogas. Los cuatro superhéroes de esos comics -trasuntos de los propios chavales- forman La Trinidad Atómica, a la que pronto se añade una chica, pues uno de los chavales se enamora de una compañera del colegio. A tono con el carácter transgresor de sus paladines, los chavales disfrutan haciendo gamberradas, como robar la estatua de Santa Ágata que preside la escuela o intentar meter un puma del zoo en la habitación de la monja. En realidad, son escapadas de la trágica realidad que les rodea, marcada a veces por rupturas familiares y sórdidos hechos ocultos que han convertido sus infancias en verdaderos infiernos.

La película fracciona las secuencias de acción real con otras de dibujos animados, muy bien dirigidas por Todd McFarlane al estilo hiperviolento y provocador de Heavy Metal y otras películas rompedoras de los años 70. Por lo demás, la historia quiere acercarse al tono evocador y nostálgico de Cuenta conmigo, pero en realidad está más cerca del desolador fatalismo de Las vírgenes suicidas. En este sentido, pesa mucho el tono grosero y casi blasfemo de muchos pasajes, sobre todo porque no se matiza con una perspectiva moral nítida. Así, a veces se presentan las gamberradas de los chavales como manifestaciones de sano incorformismo, y otras como expresión de su peligrosa inmadurez. Y la monja coja y el fumador sacerdote del colegio son presentados a ratos como buenas personas, preocupadas por sus alumnos, a los que conocen muy bien; y otras parecen soportar alguna reprimida obsesión sexual. Son lamentables estos graves defectos pues Peter Care muestra una fuerte personalidad visual -basta ver la escena del perro atropellado- y arranca unas interpretaciones excelentes a sus jóvenes actores, sobre todo al trío Kieran Culkin, Emile Hirsch y Jena Malone.


Jerónimo José Martín
 
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