Cathy
es una feliz ama de casa de la América de los años
50. Vive en pueblo de Conneticut, rodeada de su familia y amigos.
Se dedica a obras y actos sociales y está inmersa en una
sociedad burguesa y de apariencias. Aparentemente, es el paradigma
de la felicidad de aquella época. Su marido trabaja de ejecutivo
en una empresa que le consume demasiado tiempo, y ella se vuelca
en atenderle, junto a sus dos hijos y amigos. Cuenta con el apoyo
y la confianza de su criada y de Raymond, el nuevo jardinero, ambos
negros.
Pero puertas
adentro se vive otra realidad. Tras esa aparente armonía
y buenas maneras se esconden demasiados secretos. Se presenta
la hipocresía de una sociedad, en la que importa mucho
el qué dirán, y se disfrazan los problemas internos
en la vida pública.
Ante su perplejidad,
Cathy descubre a su marido con otro hombre. Avergonzado, Frank
tiene que reconocer su tendencia homosexual, y promete visitar
a un médico que le ayude a reconducir su vida familiar.
Cathy, en un acto heroico, no sólo perdona esta infidelidad,
sino que le guarda el secreto y le ayuda a superar su crisis.
Cathy entablará
amenas conversaciones con Raymond, testigo de su desolación.
En él tendrá un amigo y un soporte. Pero ese es
uno de los pocos lujos que no se puede permitir, bajo condena
de ser señalada en su comunidad. Sorprendida con él
en la cuidad, será el escarnio de todo el pueblo al relacionarse
con un hombre negro.
El director juega y equipara las dos represiones del momento:
el racismo y la homosexualidad. Raymond, el jardinero se muestra
como un hombre atento y correcto, víctima de la marginación
más injusta. Frank, sin embargo, aparece como un homosexual
reprimido por la sociedad, un hombre aparentemente de éxito
pero dispuesto a engañar a su mujer, gritarla e incluso
pegarla, y en ese sentido, totalmente amoral. Un hombre que antepone
una tendencia, más o menos oculta, a sus obligaciones como
padre y esposo.
Sorprende
también la reacción de El, amiga íntima de
Cathy, que es capaz de entender la infidelidad y ruptura del matrimonio,
pero no el cariño que muestra por un hombre bueno, pero
negro.
Con este trasfondo de la sociedad burguesa al descubierto, Lejos
del cielo es una película contada desde el corazón
y los ojos de una mujer dulce, cariñosa y comprensiva,
que se convierte en la auténtica víctima de su propia
sociedad, en una magnífica interpretación de Julianne
Moore.