Presos del olvido **
Drama
Título original: Rosarigasinos Director: Rodrigo Grande Intérpretes: Federico Luppi (Alberto-Tito- Saravia), Ulises Dumont (Castor), María José Demare (Morocha), Francisco Puente (Gordo), Gustavo Luppi (Alberto Saravia -Joven-), Enrique Dumont (Castor,-Joven-), Claudio Risi (Policia Sindiente), Atilio Pozzobon (Comisario), Emilio Bardi (Policía Benítez), César Bordón (Policía Zalaberry) Saul Jarlip (Ramoncito Fernandez), Tito Gomez, Maximiliano Aydar, Diego Montenegro. Producción: José Martínez Suárez Guión: Rodrigo Grande Argumento: Rodrigo Grande Sonido: Daniel Mosquera Música: Ruy Folguera Fotografía: Felix Monti Escenografía: Miguel Angel Lumaldo Montaje: Miguel Pérez Distribuidora: Sherlock Films

Argentina 2001 - Duración: 91 minutos
Público Adecuado: Adultos



Rodrigo Grande, argentino, 29 años, ha realizado su primera película -Rosarigasinos- con argumento y guión propios, después de haber paseado con éxito en diversos festivales y otros acontecimientos cinematográficos sus tres cortos precedentes: La pared y la lluvia, El negrito Benítez y Juntos, in any way, ya de 35 mm., integrante del largo ajeno Historias Breves II (1995) presentado en el 97 en diversos Festivales, desde Cartagena y San Pablo a Montreal y Trieste.

Es decir, que cuando en el 2000 Grande proyecta hacer su Rosarigasinos, con dos estupendos monstruos del cine, ya había pensado y soñado -tanto como vivido-, mucho. Solo su inteligencia, talento natural y consecutiva humildad pudo llevarle a pedirle a Federico Luppi y Ulises Dumont que interpretaran y fueran el todo de su primera película. Y sólo ellos dieron el sí sin escatimar ni exigencias fuera de lugar. Rodrigo Grande quería una película con pasado, presente e imposible futuro. Hacer presente el pasado de los dos expresos que acaban de salir de la cárcel de la ciudad de Rosario, después de treinta años que se han pasado en la condena, tiempo sobre el que quieren crear un paréntesis imposible. Esperan ser lo que fueron casi medio siglo antes: un "cantaor" y su acompañante con el bandoneón. Cantar tangos. Tangos como los de ayer, junto a los amigos, en medio de la juega. Pero en el bodegón no están, o se han cambiado por viejos casi desconocidos. Es otra gente… Y un primer percance les asusta: no encuentran en el muelle el dinero del botín que escondieron antes de partir para la cárcel. ¿Quién fue el necio?, ¿Quién se lo contó a su chica? … Y no es precisamente el más torpe, Castor, el gran Dumont, sino el listo, Tito (Luppi). Nada está ya a la altura de las circunstancias. Tendrán que tocar para gente nueva y asumir la triste realidad de "treinta años después".

Grande ha querido jugar con el tiempo, que no se deja medir, y convencernos de ello. El tiempo ido (o perdido) que añoran sus dos personajes. Y lo ha conseguido en el entramado total de la película y en los tiempos diversos a los que ha querido dar vida con un amplio equipo de esos magnífico intérpretes que son los argentinos. Pero, aparte del tiempo inasible, que no vuelve atrás, Grande ha deseado tocar los aspectos sentimentales de amistad, junto con la nostalgia y un pudoroso dolor, que tantas veces asoma ahora en las imágenes fílmica del cine argentino..

¿Cómo son sus personajes?, le han preguntado los críticos a Rodrigo Grande. "Creo que son maduros por su edad cercana a la vejez, pero, en realidad, son dos eternos inmaduros. Los marca más que todo la nostalgia y la soledad…". Su definición narrativa es la historia de la película, que se introduce con discreción, pero con seguridad, en el alma y la cultura argentina, a través del camino del tango. "Tal vez me he ido al extremo de hacer una historia de tangos, pero de tangos de abuelos, de tangos humanos, y no de los que se siguen cantando ahora como un fenómeno turístico". Cabría todavía preguntarse cómo un director tan joven se hizo con la colaboración de un intérprete genial de casi setenta películas (Luppi) y con la del magnífico Ulises Dumont, con más de cincuenta buenos filmes en su haber. La culpa fue de ellos que aceptaron, dice Grande. Y recuerda que ante sus temores en la dirección, Tito-Luppi le repetía: "si vos escribiste este guión, podés hacerlo". Sabio: la película no decepciona.


Rafaela Rodríguez
 
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