Hank Chinaski es un escritor que trabaja lo justo (y ni eso) para pagarse una cama donde dormir y una botella de donde beber. Envía sus relatos cortos a una revista literaria con cierta regularidad pero nunca obtiene respuesta. De modo que su vida transcurre parsimoniosamente en Los Ángeles, buscando trabajos basura que no le "distraigan" de su actividad escritora, dejándose caer en distintos bares, conociendo mujeres…
Factotum es la adaptación de la novela homónima escrita en 1975 por el escritor estadounidense de origen alemán Charles Bukowski (1920-1994). Bukowski es todo un personaje en el mundo de la literatura underground: publicó su primer relato a los 24 años; se pasó una década cambiando de trabajo, bebiendo y deambulando sin escribir nada; y recién a mediados de los sesenta aparecieron varios poemas suyos en revistas underground. Con ello ganó cierta notoriedad, de forma que cuando publicó su primera novela (Cartero, 1970) pudo abandonar la oficina de correos donde trabajaba y dedicarse plenamente a escribir. Cartero fue la primera de una serie de seis novelas protagonizadas por Hank Chinaski, el alter ego de Bukowski.
Factotum -la tercera de aquella serie- narra exactamente aquellos años en los que Bukowski iba alcoholizado a trabajar. La película, además, añade -a partir de otros relatos del propio Bukowski- algunas anécdotas sobre su vida personal, su familia y su afición por la literatura. De algún modo, Factotum plantea una situación parecida a la del film American Splendor (2003), pues los protagonistas de ambas historias tienen que trabajar en aquello que no es lo suyo para dedicarse a lo que realmente les apasiona. La diferencia estriba en que, con todo, el Harvey Pekar de American Splendor era capaz de ponerse un poco por encima de sus limitaciones, hacerse preguntas importantes e incluso casarse. En cambio, Hank Chinaski presenta ya de entrada una tesis radical: "no hay nada que llevarse a la muerte". Y consecuentemente, dedica su vida a un único empeño: triunfar en aquello que le gusta, tal como le dice a Jan, una de sus amantes, "la gente no necesita amor, necesita éxito, de una forma u otra".
Ciertamente, como todo nihilista que pretende ir hasta el final, las peripecias de Chinaski arrojan lúcidas sugerencias sobre la necesidad que todo ser humano tiene de poder trabajar en aquello a lo que se siente llamado. Y, si se contrasta este noble afán con la estricta postura del padre de Chinaski (no tener trabajo, ambición o iniciativa es tan malo como ser un asesino), resalta aún más la crítica de la película hacia la cultura del trabajo "activista" que impera en EEUU, donde al final se valora al que tiene más dinero (lo consiga trabajando o apostando a los caballos). El problema de fondo es la tristeza que desprende la filosofía de la vida de Chinaski/Bukowski, destinada a desembocar en un individualismo y en un voluntarismo terribles ("ir por la vida con la sonrisa perfecta, es la única lucha que merece la pena").
Apadrinado por el famoso productor Jim Stark y rodeado de actores solventes, el noruego Bent Hammer (Kitchen Stories) lleva a cabo una puesta en escena de cine independiente de verdad, en la que aprovecha la iluminación y los escenarios naturales, aunque a costa de descuidar el ritmo de la narración, tedioso e irregular.
Juan Pablo Serra.