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Comentario a las lecturas de los domingos de Adviento

> I domingo de Adviento (3 de diciembre)
Misa: morado
– Is 63, 16c-17. 19c; 64, 2b-7 (¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses!)
– Sal 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19 (R.: 4) (Oh, Dios, restáurarnos, que brille tu rostro y nos salve)
– 1 Cor 1, 3-9 (Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo)
– Mc 13, 33-37 (Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa)

En el tiempo de Adviento nos preparamos para salir al encuentro del Señor, que vino, que viene y que vendrá al fin de los tiempos. Es un tiempo de alegría y esperanza. En este primer domingo se nos llama a reflexionar sobre la necesidad que tenemos de que Dios nos salve y a pedirle que venga y nos llene de su gracia: «¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!» (1 lect.). San Pablo nos recuerda que forma parte del ser cristiano el vivir «aguardando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo» (2 lect.), de la que no sabemos ni el día ni la hora. Por ello hemos de velar en la oración, sin dormirnos (Ev.).

> II domingo de Adviento (10 de diciembre)
Misa: morado
– Is 40, 1-5. 9-11 (Preparadle un camino al Señor)
– Sal 84, 9abc y 10. 11-12. 13-14 (R/.: 8) (Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación)
– 2 Pe 3, 8-14 (Esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva)
– Mc 1, 1-8 (Enderezad los senderos del Señor)

«En el desierto preparadle un camino al Señor» es el mensaje común de Isaías y Juan Bautista. Dios viene a salvarnos y tenemos que ir quitando de nuestra vida todo lo que obstaculice esa venida que esperamos (1 lect. y Ev.), que nos traerá «un cielo nuevo y una tierra nueva» (2 lect.). El desierto significa el distanciamiento que hemos de tomar respecto de las cosas de este mundo, si queremos percibir y vivir el mensaje salvador de Dios (cf. 1.ª orac y oración después de la comunión). En estos días debemos tratar de convertirnos más al Señor para revivir en la Navidad el misterio del Hijo de Dios que se hizo hombre para que nosotros seamos hijos de Dios.

> III domingo de Adviento (17 de diciembre)
Misa: morado o rosa
– Is 61,1-2a.10-11 (Desbordo de gozo en el Señor)
– Lc 1, 46-50. 53-54 (R/.: Is 61, 10b) (Me alegro con mi Dios)
– 1 Tes 5, 16-24 (Que vuestro espíritu, alma y cuerpo se mantenga hasta la venida del Señor)
– Jn 1, 6-8. 19-28 (En medio de vosotros hay uno que no conocéis)

La alegría ante la proximidad de la Navidad es característica propia de la liturgia de este domingo: «Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. El Señor está cerca» (antífona de entrada y 2 lect.). La 1 lect. nos presenta el gozo del profeta Isaías ungido por el Espíritu del Señor para anunciar la Buena Noticia de la salvación, lo que alcanzará su plenitud en Jesucristo. Como Juan el Bautista, seamos testigos de su presencia entre nosotros saliendo a su encuentro en su Palabra y en los sacramentos, y en los hermanos (cf. Ev.). El salmo responsorial nos ayuda a unirnos hoy a la alegría de la Madre de Jesús, que espera su nacimiento. 

> IV domingo de Adviento (24 de diciembre)
Misa: morado
– 2 Sam 7, 1-5. 8b-12. 14a.16 (El reino de David se mantendrá siempre firme ante el Señor)
– Sal 88, 2-3. 4-5. 27 y 29 (R/.: Cf. 2a) Cantaré eternamente tus misericordias, Señor
– Rom 16, 25-27 (El misterio mantenido en secreto durante siglos eternos ha sido manifestado ahora)
– Lc 1, 26-38 (Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo)

El misterio de la encarnación del Hijo de Dios por obra del Espíritu Santo en el seno de María, la Virgen (Ev.), es el centro de la liturgia de hoy. El Hijo de Dios se hace hombre para que, por su Pasión y cruz, alcancemos la gloria de la resurrección (cf. 1.ª orac). En Jesucristo se cumplirán las promesas hechas por Dios a David, cuyo «reino durará siempre en la presencia del Señor» (1 lect. y Ev.). En la misa, el Espíritu Santo, de manera análoga a cuando fecundó con su poder las entrañas de María, viene sobre el pan y el vino y los hace cuerpo y sangre del Señor (oración sobre las ofrendas).

2017-12-01T13:51:56+00:00 viernes 1 diciembre, 2017|