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Relaciones Interconfesionales

Dpto. para el Diálogo Interreligioso

Dpto. para el Diálogo Interreligioso 2017-10-10T15:05:08+00:00

dialogoTodo ser humano esencial y fundamentalmente es religioso: siempre ha querido acercarse a Dios y conocer sus designios y proyectos, pero existencialmente el hombre ha podido percibir que Dios es siempre un misterio inabarcable a la par que fascinante, y que las religiones todas son caminos de acceso. Sin embargo, en el cristianismo Dios es el que se acerca al hombre en la persona divina y humana de Jesucristo, imagen del Dios invisible (Col 1,15). Así, el cristiano percibe desde el comienzo hasta el fin de su vida la dignidad de sentirse creado por Dios y llamado a una vida sobrenatural, pero su vida no se fundamenta en unas prácticas sino que se concreta en la adhesión a la persona de Jesucristo.

Por su encarnación hace dos mil años, Jesucristo entró en el mundo de los hombres y convivió en el espacio geográfico que hoy es la tierra de Israel. Con todos trató, a todos amó, por todos murió y resucitó. En el evangelio se pone de manifiesto que no excluyó ni a la mujer cananea (Mt 15, 22.28) ni al centurión romano (Mt 8,5.10) cuando se acercaban a él en demanda de salud; al contrario, alabó la buena disposición y la fe en su palabra, sin tener en cuenta la pertenencia judía o la condición romana. Por su vida y por su muerte redentoras, todos los hombres son beneficiarios de su designio salvador, que es universal.

La Iglesia católica continúa la misión de Jesucristo, acercándose a todo hombre en actitud samaritana y acercando a todos los hombres a Jesucristo mediante el anuncio o propuesta del evangelio. Confiesa los destellos de verdad, bondad y belleza que están presentes en todas las religiones, pero proclama que Dios es la auténtica Verdad, Bondad y Belleza que llega al hombre gracias a Jesucristo.

Esta firme convicción no siempre se ha realizado en la Iglesia católica de forma coherente: creyendo en la certeza de su mensaje, sus fieles han sido excluyentes para con sus hermanos cuando no compartían la fe cristiana, y de forma análoga los creyentes de otras religiones veían en los cristianos a los enemigos que había que combatir. Así surgieron conquistas y reconquistas, cruzadas y guerras “santas”, holocaustos y martirios. La Iglesia católica recuerda a sus hijos que todas las religiones tienen algunos elementos comunes compatibles con el evangelio y que han de conducir a la solidaridad humana y fraterna entre los hombres. Esto significa que hay que abandonar las actitudes hostiles que han podido darse entre cristianos y no cristianos a lo largo de la historia.

El judaísmo, el cristianismo y el islam son las tres grandes religiones monoteístas que profesan su fe en el Dios único: sus respectivas Escrituras (la Torá o la Ley para los judíos, el Evangelio para los cristianos y el Corán para los musulmanes) se fundamentan en Dios; el mensaje que proclaman tiene una misión universal (Dt 7,7-8; Mt 28,19; Corán 6,19) que ha de realizar el judío (observando las normas y preceptos), el cristiano (anunciando el evangelio) y el musulmán (recitando la revelación coránica). Junto a las tres religiones monoteístas existen otras (los sistemas religiosos asiáticos del budismo o del hinduismo, y las religiones africanas y americanas que carecen de revelación escrita). La actitud de la Iglesia católica hacia todas las religiones es de sincero respeto y pide a los cristianos diálogo y colaboración con otros creyentes (NA 2), porque todos tienen igual dignidad de donde brotan los mismos derechos.

Esta pluralidad de religiones, que muchas son anteriores a Jesucristo, han de llevar a los católicos a reconocer un pluralismo religioso en que se aprenda a convivir y a trabajar en muchos campos comunes. Así se logrará erradicar de nuestro mundo la discriminación o antisemitismo por motivos étnico-religiosos, el fanatismo o el sectarismo, e indirectamente los conflictos religiosos que frecuentemente asoman y son una amenaza para la paz.

Para llevar a cabo esta difícil tarea, la Iglesia católica no deja su empeño de diálogo y colaboración con todos los hombres de nuestro tiempo, y especialmente con los creyentes de otras religiones, sin excluir a los movimientos religiosos o sectas. El diálogo interreligioso, a diferencia del diálogo ecuménico que persigue como meta la unidad de los cristianos, es un medio de acercamiento de los creyentes, quienes tratan desde el convencimiento de sus propias creencias y sin persuadir al interlocutor a cambiar de idea o creencia religiosa, de enriquecerse con los valores existentes en otras religiones, y de estimularse en una colaboración conjunta sobre temas que afectan a toda la humanidad. El diálogo interreligioso no es una táctica para alcanzar una única religión, ni trata de defender o confrontar apologéticamente un determinado credo. Si no existe el diálogo interreligioso, no tardará en aparecer el fundamentalismo, que es la mayor negación de la libertad religiosa.

Para la Iglesia católica el diálogo interreligioso es, además, una forma de evangelizar, es decir, de proponer el mensaje evangélico, aunque la evangelización no se identifica con el diálogo interreligioso, ni éste es una alternativa a aquélla. No obstante ambos conceptos, diálogo y anuncio, han de ser compaginados y relacionados estrechamente.

¿En qué campos las religiones han de dialogar y colaborar? Cada una deberá conocer su aportación a la paz del mundo, su proyecto sobre la vida y la familia, el respeto a las comunidades minoritarias, la dignidad de la persona humana y su expresión en los derechos humanos, de modo especial el de la libertad religiosa y su ejercicio, el conocimiento reciproco e intercambio de informaciones: todo esto supone un serio examen, provocando el diálogo interreligioso un diálogo intrarreligioso.

En nuestro país el diálogo interreligioso aún no se ha iniciado. Nuestra larga historia ha estado marcada por guerras, prejuicios, ignorancia y hasta discriminación e intransigencia. Todavía estamos necesitados cristianos y no cristianos de pasar de la tolerancia al reconocimiento de unos valores existentes en toda religión.

Sería de desear que, al igual que la Iglesia católica tiene voluntad decidida de estar a la escucha y en permanente actitud de diálogo, todas las religiones y grupos religiosos secundaran estos mismos deseos: esto se lograría mediante un comité entre las tres religiones monoteístas, que en España ya han alcanzado “notorio arraigo” para dialogar con el Estado, pero carecen de cauce idóneo para dialogar entre si.

Entre las religiones existentes en España cabe citar:

  • el judaísmo;
  • el islamismo;
  • otras religiones.