1. EL QUINTO ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS
La Iglesia y las familias de España
hemos vivido este año un acontecimiento extraordinario con
la celebración del V Encuentro Mundial de las Familias clausurado
por el papa Benedicto XVI, a quien queremos agradecer de corazón
su presencia en Valencia.
Este encuentro fue una celebración
del don divino de la familia, una hermosa fiesta. El Papa proclamó
una vez más al mundo la verdad y la belleza del matrimonio
y la familia. Nos recordó la verdad fundamental de nuestra
vida que es la vocación al amor: «Dios, que es amor
y creó al hombre por amor, lo ha llamado a amar. Creando
al hombre y a la mujer, los ha llamado en el matrimonio a una íntima
comunión de vida y amor entre ellos» (Catecismo
de la Iglesia Católica. Compendio, 337). De este modo,
el sucesor de Pedro nos confirmó en la fe y ratificó
la importancia de la familia en la transmisión de la fe a
los hijos.
2. LA MISIÓN DE LA
FAMILIA
Benedicto XVI reafirmó que
la familia, fundada en el matrimonio, esto es, la unión indisoluble
entre el hombre y la mujer, es una institución insustituible
según los planes de Dios, y cuyo valor fundamental la Iglesia
no puede dejar de anunciar y promover, para que sea vivido siempre
con sentido de responsabilidad y alegría. La familia es un
bien necesario para los pueblos, un fundamento indispensable para
la sociedad y un gran tesoro de los esposos.
La familia es también el ámbito
privilegiado donde cada persona aprende a dar y recibir amor y es
educado en la fe. El lenguaje de la fe se aprende en los hogares
donde esta fe crece y se fortalece a través de la oración
y de la práctica cristiana.
Por tanto, la familia participa conforme
a su propio ser de iglesia doméstica en la misión
de la Iglesia. Lo hace en su vida, impregnada por la fe y sostenida
por la gracia del sacramento del matrimonio. Por eso la familia
no es sólo destinataria de la pastoral familiar, sino también
sujeto y protagonista de la pastoral de la Iglesia.
3. OFRECER ACOMPAÑAMIENTO
A LA FAMILIA
La familia cristiana nace de la Iglesia
porque procede de la redención de Cristo. Es en el misterio
de Cristo donde germina el hombre nuevo y donde se hace posible
la plenitud de todo lo humano. En el seno materno de la Iglesia,
esposa de Cristo, surge el vínculo sacramental de los esposos
y el amor conyugal se alimenta del amor eucarístico de Jesucristo.
No existe comunidad familiar sin comunidad eclesial.
La familia cristiana, para poder
vivir, necesita a la Iglesia, y sin embargo, el ritmo de nuestra
vida hace que muchas veces las familias se encuentren solas. Un
pequeño núcleo familiar puede encontrar obstáculos
difíciles de superar si se encuentra aislado del resto de
sus parientes y amistades. Por ello, la comunidad eclesial tiene
la responsabilidad de ofrecer acompañamiento, estímulo
y alimento espiritual que fortalezca la cohesión familiar,
sobre todo en las pruebas o momentos críticos. Para esta
labor, tanto la parroquia como las diversas asociaciones eclesiales
son muy importantes.
Por eso, una de las principales acciones
pastorales es el acompañamiento a las familias.
Este acompañamiento lo debe realizar no sólo el sacerdote,
sino también las familias de la comunidad parroquial o eclesial.
Las familias son insustituibles en esta tarea, donde se manifiestan
como verdaderas protagonistas de la misión evangelizadora
de la Iglesia. La familia es la primera y principal actora de la
pastoral familiar, el sujeto indispensable de esa pastoral.
Esta es la perspectiva adecuada de
la pastoral familiar. La Iglesia es fuente de vida para las familias
cristianas y, a su vez, las familias cristianas son protagonistas
de la evangelización de la Iglesia porque la pastoral familiar
tiene como fin ayudar a la familia a alcanzar su plenitud de vida
humana y cristiana. Por eso, la pastoral familiar que se realiza
desde la comunidad cristiana, consciente de este hecho, debe adaptarse
a los procesos de vida propios de la familia, en orden a su integración
en la iglesia local y en la sociedad.
4. LA FAMILIA Y LA COMUNIDAD
PARROQUIAL
En esta tarea de “acompañar
la vida de la familia”, la parroquia, por su cercanía
a la familia, tiene un protagonismo singular. El Directorio
afirma que la parroquia desempeña un papel espe- cífico
en la pastoral familiar, por ser el lugar más cercano
a las familias concretas, que puede conocer más directamente
sus necesidades y por ello prestar una atención mucho más
directa y eficaz. Es el lugar propio de la celebración de
los sacramentos y de los acontecimientos familiares en los que se
hace presente de modo peculiar la Iglesia en la familia.
Cada uno de nosotros nace y crece
en el seno de una familia. Se vive en familia, pero para el desarrollo
de su vida cristiana la familia necesita abrirse a la comunión
de la Iglesia en la parroquia, donde vivimos y compartimos
la fe con otras familias. La parroquia debe convertirse en
un verdadero hogar donde las familias se sientan acogidas, ayudadas
y acompañadas. Por eso, vivir en parroquia debe
ser vivir en familia.
Un ámbito de la colaboración
entre la parroquia y la familia es la preparación a los sacramentos
de la iniciación cristiana que, en nuestra sociedad descristianizada,
es cada vez más urgente. En efecto, la configuración
del sujeto cristiano a través de los sacramentos de la iniciación
es necesaria para que puedan formarse hogares según el plan
de Dios. Por eso la renovación de la pastoral familiar exige
la recuperación de la iniciación cristiana de los
niños, los jóvenes e incluso los adultos, cuyo lugar
propio es la parroquia.
De este modo, a través de
las parroquias, la Iglesia será “fuente de vida”
para las familias. Acompañará a la familia en la iniciación
cristiana y educación en la fe de los hijos. Cuando se acerque
el momento del discernimiento de la vocación la comunidad
parroquial ofrecerá a los jóvenes los medios para
una adecuada preparación al matrimonio. El sacramento del
matrimonio se celebra también en la parroquia, y desde ese
momento la comunidad parroquial debe comprometerse en el acompañamiento
a los esposos.
Si la familia nace en el seno materno
de la Iglesia, la acogida a las familias debe ser tal que las familias
consideren natural el acercarse a la comunidad parroquial, no
sólo para las acciones sagradas, sino para los acontecimientos
humanos y los problemas que les pueden superar. Todavía es
una tarea en gran medida por hacer, para que nuestras comunidades
sean más familiares: que nuestro vivir en la parroquia
sea vivir en familia.
5. CONCLUSIÓN
En Valencia, el Papa se refirió
a la misión de la familia en la evangelización, así
como la responsabilidad de la Iglesia de acompañar a las
familias, pues las familias cristianas nacen y reciben su vida de
la Iglesia. Las parroquias son el ámbito más cercano
para vivir en la Iglesia. Por eso, en esta Jornada de Familia y
Vida de 2006 subrayamos la importancia de la parroquia en la pastoral
familiar: Vivir en parroquia es vivir en familia.
Que estos días navideños
nos sirvan para estrechar los lazos familiares y la comunión
eclesial de las familias que se reúnen en las parroquias
para la celebración de los misterios de la Navidad.
Dando gracias a Dios por la vivencia
del V Encuentro Mundial de las Familias, queremos también
expresar nuestro agradecimiento a todos los que trabajaron para
hacer posible el Encuentro de las Familias, singularmente a la Iglesia
diocesana de Valencia, y a todas las familias que con el testimonio
de su vida y su presencia fueron el mayor éxito del encuentro.
En Valencia pudimos ver el rostro familiar de la Iglesia, la Iglesia
como verdadera familia. Para todos pedimos en esta Navidad la protección
de la Sagrada Familia de Nazaret. ¡Que Dios os bendiga!
Los Obispos de la Subcomisión
Episcopal de Familia y Vida
† Mons. Julián
Barrio Barrio
Presidente de la CEAS
† Mons. Juan
Antonio Reig Pla
Presidente de la Subcomisión para la Familia
y Defensa de la Vida
† Mons. Francisco
Gil Hellín
† Mons. Javier
Martínez Fernández
† Mons. Vicente
Juan Segura
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