"MOTOR DE VIDA"
Mensaje del
Obispo Promotor del Apostolado de la Carretera
5
de Julio de 1998
Amigos:
Solidarios
con todos los gozos y frustraciones que genera el mundo de la circulación,
nos acercamos, un año más, a todos los que os movéis
por nuestras carreteras con un mensaje que quiere ser de luz y de esperanza.
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La Jornada de
Responsabilidad en el Tráfico del próximo 5 de julio
es un motivo para unirnos entre todos los que apostamos por unos
caminos, en los que el tráfico no sea una pura realidad
mecánica, sino «motor de vida». Queremos
dejar constancia del inmenso valor que suponen para los seres humanos
esas arterias por las que fluyen ríos inmensos de vida en
sus más variados aspectos y manifestaciones.
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Pero
también
queremos hacernos eco de los quejidos que producen, de los innumerables
accidentes, que generan lamentos momentáneos para unos,
pesar alargado para otros y, para no pocos, destrucción
definitiva del don más preciado del hombre: la vida.
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Podemos
parecer repetitivos, pero se trata de algo vital. Y nadie dirá que la respiración
y el continuo fluir de la sangre, por ser repetitivos, no deban
de ser tenidos en cuenta. Nadie, medianamente sensato, y por supuesto,
nadie que se confiese creyente de la Buena Noticia del Dios de
la Vida puede permanecer impasible ante el sorprendente fenómeno
del tráfico rodado.
LA MOVILIDAD, UN SIGNO DEL MUNDO ACTUAL
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La
historia del progreso y las civilizaciones se han tejido siempre
a orillas de un camino, llámese ruta de las caravanas,
calzadas romanas, ruta de las especias, ruta jacobea, camino
del oeste, etc.
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Por
sus venas han circulado, oxigenando la vida, el arte y sus corrientes,
la cultura y sus nuevas expresiones, la economía y sus productos, los hombres
con sus creencias y valores. Si hay algo que puede definir la cultura
actual, eso es la movilidad y, dentro de ella, el «tráfico
rodado», este movimiento llamado «circulación
vial», que merece ser valorado en toda su importancia.
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Pocas
cosas han apasionado tanto como el automovilismo. Desde la aparición del primer
coche sin caballos se comprendió la gran utilidad de este
importante adelanto para hacer posible la movilidad. En sólo
un siglo se ha pasado del asombro de los primeros «artilugios» a
los velocísimos vehículos modernos, y a no poder
prescindir del automóvil.
MOTOR DE VIDA
No
se trata de agotar el tema, pero sí de encuadrar este elemento
de progreso en la vida del hombre actual.
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Ya
lo apuntábamos
antes: la circulación rodada, como motor de vida, es hoy
una de las más importantes fuentes de la economía;
de hecho, buena parte de la industria y de los servicios dependen
del motor. Viajar ya no es sólo un placer de fin de semana;
es un acto cotidiano y necesario para un considerable contingente
de personas, que necesitan desplazarse a su trabajo, o que tiene
el vehículo como medio de trabajo.
Motor
de vida, porque, junto a otros medios técnicos de intercomunicación,
está contribuyendo a acortar las distancias, a acercar los
hombres y culturas, a favorecer el encuentro de los desplazados
con sus grupos referenciales, a integrarnos en una misma comunidad
superadora de fronteras, a sentirnos cuidadanos de la «aldea
global».
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Motor
de vida, porque es ya una nueva y normal manera de convivir con
nuestros semejantes, en la ciudad o en el camino; porque nos
proporciona autonomía
y libertad.
PERO, ¡ALTO!
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No todo es positivo.
Depende del uso y de quien lo usa para poder dar una valoración
positiva o negativa del automóvil. El vehículo
es un medio, no un fin; ha de ser utilizado con sentido de responsabilidad,
con prudencia, con respeto a las personas y a la naturaleza,
con atención a las normas de circulación, con civismo
y cortesía, amén de todas aquellas cualidades que
capacitan al hombre no sólo para conducir, sino para conducirse.
Los duros datos estadísticos denuncian que esto no es,
por desgracia, siempre así.
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Aunque no deja de ser
una paradoja decir que ha mejorado la situación cuando hablamos
de muertos, hay que reconocerlo como una estimulante invitación
a la esperanza: La relación de vehículos-accidentes
mortales nos muestra que, en 1990 sobre un parque de 15.960.715
vehículos, se produjeron 5.936 muertos, mientras que en
el año 1996, sobre un parque de 19.300.000 vehículos,
los muertos fueron 5.486.
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Pero la mejoría
anterior, ni el descenso en un 6% de muertos en los cuatro últimos
años, nos pueden dejar satisfechos, cuando la realidad es
que los accidentes de circulación se cobran más víctimas
que las guerras y que todas las catástrofes naturales juntas.
Y
no son sólo los muertos, con ser lo más grave. Hay
que añadir a esa punta de icerberg los muchos miles de heridos
graves o leves, los que quedan inválidos para siempre, los
daños materiales.
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Podríamos seguir
dando datos ilustrativos, pero no son necesarios para convencernos
de que la tarea de concienciación y educación por
hacer es ingente. Sobre todo, cuando sabemos que entre el 70 y
el 90% de los accidentes se deben a fallos humanos o que la carretera
es la primera causa de muerte entre los jóvenes de 18 a
24 años. El sueño, el alcohol y las drogas son los
peores aliados del volante.
Junto a la educación,
es también importante que las distintas administraciones cuiden
el estado de las carreteras, y que las leyes velen por los horarios
de trabajo, sobre todo, de los camioneros y conductores de autobuses.
ENVÍA TU ESPÍRITU, SEÑOR Y RENUEVA LA FAZ DE LA TIERRA
«El amor de Dios
ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu que
se nos ha dado». No apelamos al Espíritu como recurso
espiritualista y desencarnado. Cuando es Espíritu ungió la
carne de Jesús, éste se sintió lanzado a llevar
una Buena Noticia a los pobres. Sus dones son los mejores pertrechos
para el camino. Y cada uno de los frutos del Espíritu es un
canto a la vida, la propia y la de los demás. Necesitamos
contar con Él para hacer de nuestras carreteras arterias de
vida, no rutas hacia la muerte, para que renueve la faz de la tierra.
El es el más verdadero y eficaz «motor de vida».
Esperamos y deseamos
Para todos los que os ponéis en camino
un viaje hermoso y feliz.
Tenedlo en paz.
Con todo afecto
+
Ciriaco Benavente Mateos
Obiispo Promotor del Apostolado de la Carretera
Segisfredo Oñate
Director Nacional
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