| Jornada
de Responsabilidada en el Tráfico |
Mensaje Pastoral
en la Jornada Verano de 2004 Es obligado que mis primeras palabras sean dirigidas, con un profundo sentimiento de condolencia y cercanía, a tantos hermanos que han visto sesgadas o malparadas sus vidas en accidentes de tráfico, así como a sus familiares y amigos, y también, con agradecimiento, al personal sanitario dedicado a la atención y rehabilitación de los heridos y discapacitados. Vaya también mi admiración y saludo a los diversos profesionales del volante sin cuyo trabajo diario, realizado no pocas veces en condiciones duras y fatigosas, nuestra sociedad quedaría paralizada, colapsada. ¿Y cómo no mostrar mi gratitud a quienes con su ciencia, técnica y vigilancia contribuyen a hacer más segura y agradable la circulación?. Todos, peatones y conductores, deberíamos aprovechar esta Jornada anual parar flexionar sobre los problemas del tráfico y, en consecuencia, aceptar nuestra parte de responsabilidad, tomando las medidas convenientes para evitar riesgos y contribuir a una convivencia más humana en todas nuestras rutas. “Camino de encuentro”: el lema de ese año El lema especial de cada año nos invita a fijar la atención de alguno de los muchos aspectos del fenómeno de la circulación. Es verdad que, no por haberlos abordados en años anteriores, hemos de olvidar otros muchos, siempre importantes y actuales. La mejora de carreteras y vehículos, las nuevas normas incorporadas al Código de circulación, la vigilancia de los agentes del tráfico y las llamadas al ejercicio de la responsabilidad personal están logrando, ciertamente, algunos éxitos, dignos de reconocimiento y aplauso ¿Cómo no alegrarnos todos con la reciente noticia de que, a pesar de que las ventas de nuevos vehículos en el primer cuatrimestre de este año han batidos todas las marcas, el número de muertos en al carretera durante la última Semana Santa ha descendido en un 20 %? Ojalá podamos seguir recibiendo noticias tan gratas, Por ahora, sin embargo, nos libera de la tentación del triunfalismo el cúmulo de tragedias humanas y perjuicios sociales que encierra la frialdad de las estadísticas; el año pasado en España 4.032 personas perdieron la vida en los 3. 446 accidentes mortales habidos. Nada digamos de las decenas de miles de heridos, de los vehículos destrozados, de los daños causados. Por todo ello, la seguridad vial sigue siendo responsabilidad de todos, una meta aún lejana, pero digna de todo esfuerzo por alcanzarla. “Camino de encuentro” es un lema que evoca entre nosotros el Año Jacobeo que estamos celebrando. Recuperando una tradición europea multisecular, miles y miles de personas de diversos países se ponen en camino hacia Compostela por múltiples rutas. Hacer el camino a pi parece ser la forma más peculiar, pero en nuestros días son muchos los peregrinos que se acercan a la tumba del Apóstol Santiago en diversos vehículos, aprovechando las ventajas de las nuevas autovías y de la mejora de las carreteras. El camino jacobeo sigue siendo, de este modo, lugar y ocasión de encuentro de personas, creencias y culturas, expresión y estímulo desalma cristiana que necesita la nueva Europa que está surgiendo. Las rutas modernas y los nuevos vehículos, cada día más variados y veloces, también contribuyen a acercar y unir a las gentes, facilitar su mutuo encuentro y conocimiento, abrirnos a nuevos países y culturas, contemplar bellos paisajes y admirar monumentos, multiplicar los intercambios comerciales. Demos gracias a Dios porque nos ha tocado en suerte disfrutar de todas estas ventajas, que nuestros antepasados no conocieron. Diversos encuentros Un amigo mío, obligando a realizar con frecuencia largos viajes en conche propio, me confesaba recientemente que, lejos de aburrirse al volante, esos desplazamientos en solitario le hacen mucho bien: los aprovecha para pensar, rezar, cantar, escuchar buena música, estar al tanto de las noticias, contemplar el paisaje, encontrarse consigo mismo. La fatiga de las largas horas de conducción y los sinsabores de los atascos y retenciones en las entradas y salidas de las ciudades quedan, a su juicio, compensados con creces por los aspectos positivos que sabe descubrir en esos viajes. El ejemplo de este amigo nos anima a hacer del camino ocasión y lugar de diversos encuentros consigo mismo, con el universo, con los demás, con Dios.
Quiera dios que en nuestro caminar, - a veces cansados, tristes o angustiados, tengamos la dicha que tuvieron los discípulos de Meaux que se nos acerque Jesús para comunicarnos la palabra de Dios y alimentarnos con la Eucaristía. Entonces, iluminadas nuestras mentes y enardecidos nuestros corazones, seremos capaces de afrontar largas rutas, convirtiéndonos en entusiastas mensajeros del resucitado, nuestro camino, verdad y vida. El apóstol Santiago, juntamente con los santos protectores de viajeros, rueguen por nosotros, a fin de que, acabada nuestra peregrinación terrena, podamos juntarnos felizmente en la Casa del padre. Tengamos siempre en el corazón y en los labios a la Virgen María, nuestra Señora del Camino, a ella el evangelio nos la presenta caminando presurosa a la montaña de Judea para servir a su prima Isabel y llevarle la alegre presencia del Salvador. A ella cantamos, confiando en su cercanía maternal: ¡Ven con nosotros al caminar, santa María, ven!”. Bilbao, 1 de junio de 2004 Mons. D. Carmelo Echenagusía
Uribe Optimizado para IExplorer
800x600 - © Copyright, Conferencia Episcopal Española |