| Jornada
de Responsabilidada en el Tráfico 2005 |
Exhortación
Pastoral con ocasión de la Verano de 2005
Una buena noticia Pero recientemente se ha hecho pública una noticia que ha de llenarnos de alegría. A pesar de que el año 2004 ha batido todos los records de venta de nuevos vehículos –espectacular la venta de motocicletas–, ha sido el menos dramático de los últimos 25 años: 513 muertos menos que el año anterior. Debemos alegrarnos, sí, por lo que este dato supone de positivo y esperanzador; pero sin caer en un peligroso triunfalismo, ya que aún estamos muy lejos de esa utópica meta de la “tolerancia cero”. Es aún alarmante la cifra de muertos en accidentes de carretera en 2004: más de 3.500, a los que hay que añadir 1.600 heridos graves, con las consiguientes tragedias familiares y los cuantiosos costos materiales. Un precio demasiado alto para que descuidemos nuestros esfuerzos conjuntos a fin de lograr un tráfico cada vez más fluído, grato y, sobre todo, seguro. Una Iglesia servidora La Iglesia, al servicio de la persona humana, debe y quiere colaborar con otras instituciones públicas y privadas también en este campo. Por eso, un año más se suma a la Jornada de Responsabilidad en la carretera (Campaña de verano), aportando reflexión, oración, cercanía. Es verdad que viene colaborando a lo largo del año por medio de la labor callada y eficaz de no pocas Delegaciones diocesanas. Pero, al llegar la Campaña de verano, redobla sus esfuerzos: la Eucaristía especial para los profesionales de la carretera (ofrecida este año por TVE-2 desde San Isidro (Alicante) el primer domingo de julio, la propaganda a través de los medios de comunicación social, la celebración festiva de San Cristóbal, las llamadas a la reflexión personal y las plegarias en nuestras comunidades cristianas son algunos de los más llamativos medios de cooperación. La cortesía, lema especial para esta Campaña Dentro de la finalidad general de la Campaña de verano, la Iglesia en España, a través de su Departamento de Pastoral de la Carretera, integrado en la Comisión Episcopal de Migraciones, invita cada año a reflexionar sobre algún aspecto significativo del complejo mundo de la circulación rodada. El lema propuesto para este año reza: “Conduce con cortesía en la carretera y en la vida”. A primera vista puede parecer que
esto de la cortesía es algo secundario frente a otros aspectos
mucho más trascendentales, como, por ejemplo, el respeto a la vida
humana. Nada más ajeno a nuestra voluntad que negar u olvidar esos
aspectos, al tiempo que recordamos que a menudo esa falta de cortesía,
de respeto y de dominio de sí puede influir en la comisión
de actos graves que ocasionen serios accidentes con pérdida de
vidas humanas. La cortesía en la conducción puede y debe
ser un aspecto concreto del comportamiento diario, contribuyendo a que
el tráfico bien ordenado siga generando múltiples beneficios
a la convivencia humana, como son, No han perdido actualidad estas reflexiones
de Pío XII en el ya lejano 1956: “No olvidéis de respetar
a los usuarios de la carretera, de observar la cortesía y la lealtad
hacia los demás conductores y peatones, y de mostrarles vuestro
carácter servicial. Poned vuestro orgullo en saber dominar una
impaciencia, a menudo muy natural, en La cortesía, según la Real Academia de la Lengua, es demostración o acto en el que se manifiesta la atención, el respeto o el afecto que tiene una persona a otra. Tanto en el tráfico como en otros aspectos de la convivencia humana, la cortesía conlleva amabilidad en el trato, buenos modales, respeto a los demás, comprensión, ayuda, afabilidad..., eso que en castellano castizo diríamos “buena crianza”. La verdadera cortesía se fundamenta en el aprecio y ejercicio de los valores humanos. En el tráfico se puede manifestar de muchas maneras: ceder el paso e indicar con señales que se puede o no adelantar; saber disculpar las indiscreciones o imprudencias de otros conductores; respetar de modo especial a niños, discapacitados o personas ancianas en las vías públicas; demostrar nuestra gratitud a cuantos nos sirven o ayudan en la carretera; ser muy comprensivos y amables con los profesionales del volante; dominar los nervios y usar de paciencia en los atascos o circulaciones lentas; mantener un ambiente distendido dentro del vehículo, cuando se viaja en compañía de familiares u otras personas; reprimir el espíritu aventurero y competitivo; controlar las prisas imprudentes... El lema de este año nos invita, ante todo, a valorar a la persona, poniéndola por encima de cualquier tipo de intereses personales o comerciales. La cortesía, bien entendida y practicada en la carretera como en la vida, es expresión de un corazón noble y, para los creyentes, como nos ha dicho al Papa Pío XII, signo de gentileza y de caridad. Reconocimiento y gratitud En esta Jornada, tan cercana a la fiesta de uno de los más populares patronos de los automovilistas, San Cristóbal, vaya una vez más nuestro reconocimiento y gratitud a los profesionales de la carretera, a los servidores del tráfico, a las autoridades encargadas de ofrecer a los ciudadanos carreteras más seguras y de regular con normas sabias los crecientes problemas de la circulación, y, en general, a cuantos organismos o personas que de diversas maneras se dedican a educar y ayudar a las personas relacionadas con este complejo mundo. Nuestro aplauso y ánimo también a los delegados diocesanos y voluntarios que se desviven por impulsar el apostolado de la carretera. ¿Y cómo olvidar a aquellas parroquias, siempre dispuestas a prestar los auxilios espirituales y los sacramentos en casos de accidente? Que Dios os lo premie a todos. Bilbao, 31 de mayo de 2005
Mons. D.
Carmelo Echenagusía Uribe Optimizado para IExplorer
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