"PIENSA
EN TU FAMILIA...
NO PIERDAS PUNTOS"
Mensaje del
Obispo Promotor del Apostolado de la Carretera
2 de
Julio de 2006
La
Iglesia que peregrina en España, fiel a su cita anual de primeros
de Julio, quiere un año más colaborar con otras instancias
oficiales y privadas para tratar de lograr cuanto antes una circulación
más segura y serena, una carretera más humana. De este modo
nuestra Iglesia pone un énfasis mayor en su continua labor educativa.
El lema de este año
Al comienzo de las vacaciones de verano,
el mensaje de la Campaña de este año, bajo el lema “Piensa
en tu familia. No pierdas puntos”, quiere recoger y unir,
a propuesta de los Delegados diocesanos del Apostolado de la carretera,
dos temas de actualidad: la familia y el carné por puntos.
Por una parte, la familia, por su
múltiple relación con el tráfico rodado y, más
en particular en esas fechas, por el impacto extraordinario del V Encuentro
Mundial de las Familias en Valencia, con la presencia del Papa Benedicto
XVI.
Por otra parte, queremos referirnos
a una medida novedosa: la entrada en vigor del carné por puntos.
La Administración pública, en su afán por garantizar
un tráfico más seguro y fluido, y visto el resultado positivo
de esta normativa en otros países, ha tomado la decisión
de imponer este tipo de carné de conducir, que sin duda va a tener
importantes repercusiones en la conducta de los conductores y, consecuentemente,
en sus familias.
Vehículo y familia
Todos somos conscientes de los innegables
beneficios que los diversos tipos de vehículos, cada día
más numerosos y perfectos, aportan a nuestras familias: facilitan
el acceso a los lugares de trabajo o de estudio, incluso a distancias
considerables; transportan con mayor comodidad y velocidad víveres
y utensilios al hogar; brindan nuevas oportunidades para viajes, excursiones,
salidas de fines de semana, desplazamientos a los lugares de vacaciones,
y fomentan contactos más frecuentes con familiares o amigos distantes…
Pero no podemos silenciar otros riesgos
o aspectos negativos: la convivencia familiar puede quedar perjudicada
por la tentación de utilizar el coche sin necesidad; los viajes
largos suelen originar cansancio y especiales tensiones nerviosas en los
miembros de la familia por la fatiga, los atascos y retrasos, las averías
y, en ocasiones, el comportamiento incorrecto de los niños. Y,
por desgracia, siempre acecha el peligro del accidente, con pérdida
de vidas humanas o con heridas y traumatismos de consideración.
Si todo tipo de accidente es lamentable, nunca dejamos de estremecernos
con las noticias de aquellos accidentes en los que todos o varios miembros
de una misma familia han fallecido o quedado malheridos.
Valor
educativo de la familia
¿Cómo
no subrayar el primordial valor de la familia, también el campo
educativo? Célula vital de la sociedad, primera escuela de las
virtudes sociales, la familia sigue siendo la más eficaz educadora
de los hijos, también en la educación vial, fomentando desde
sus primeros años, tanto en el hogar como dentro del vehículo,
- más con el ejemplo que con la palabra – las normas de comportamiento
que han de observar como peatones, pasajeros y futuros conductores. Padres,
abuelos y hermanos, juntamente con maestros y educadores, pueden y deben
contribuir a que los niños sepan comportarse debidamente en las
calles, en las salidas y entradas de escuelas y colegios, en los mercados
y en los lugares de diversión o de grandes concentraciones. Desde
niños han de ser formados en el aprecio de la vida y de la dignidad
de la persona, en el conocimiento y el respeto de las normas justas que
regulan el tráfico, en la tolerancia de los errores e imprudencias
de los demás, en la cortesía y el espíritu de sacrificado
servicio a la hora de prestar ayuda.
Familia
y accidentes
El valor insustituible de la familia
se hace particularmente evidente en los casos de accidente. Nadie como
la propia familia llora tanto la muerte de sus seres queridos, apoyándose
mutuamente con el mayor cariño y entrega. Cuando las consecuencias
del accidente se traducen en largos períodos de hospitalización
y de convalecencia, en centros especializados o en el propio domicilio,
quienes hemos vivido esa experiencia no podemos menos de reconocer y agradecer
el protagonismo de los familiares: son ellos los que, con admirable capacidad
de entrega sacrificada y de atención delicada, saben día
y noche estar al lado de los suyos. En la escuela del dolor se descubre
también el valor del personal sanitario y de los verdaderos amigos,
pero, por encima de todos, sobresale con mucho la presencia y la dedicación
de la propia familia.
El carné
por puntos. Es, sin duda, la novedad más llamativa de
las medidas que la Administración comenzará a aplicar en
breve para fomentar el sentido de responsabilidad de los conductores.
La pérdida de puntos por infracciones puede llevar hasta la retirada
del carné de conducir. ¿Quién no ve las dramáticas
consecuencias de esta medida en los casos en los que se aplique, sobre
todo, a profesionales que se ganan el pan de cada día al volante
de sus camiones, furgonetas, coches o motos? Tanto ellos como también
sus familias quedarían muy afectados.
Esta medida nueva, así como
otras duras sanciones que se anuncian, tienen, sin duda, una finalidad
plausible. El tiempo nos irá diciendo si resultan eficaces y beneficiosas
para todos, a pesar de su aspecto de innovaciones peligrosas e impopulares,
o deben ser corregidas cuanto antes. En principio todos debemos guiarnos
por estas consideraciones del Beato Papa Juan XXIII: “No os extrañéis
de que estimemos deber nuestro el recordar a todos, cuando la ocasión
se presenta, el valor del código de circulación y de todas
las decisiones adoptadas por las autoridades responsables de la seguridad
en los desplazamientos. Es suficientemente evidente que sin el control
y la limitación necesaria la mecanización progresiva que
caracteriza a la vida moderna arrastraría a catástrofes
cada vez más graves para el orden en la vida en sociedad…”.
Un saludo
afectuoso
Un año más os enviamos
un saludo respetuoso y lleno de admiración y gratitud a cuantos
estáis más estrechamente vinculados al mundo del tráfico:
automovilistas y camioneros, transportistas, conductores de taxis y autobuses,
ciclistas y motoristas, vigilantes y equipos de auxilio, agentes de la
Administración, voluntarios de ayuda en carretera, formadores de
autoescuelas, miembros de asociaciones o cofradías, sin olvidar,
cómo no, a cuantos en nuestras delegaciones diocesanas venís
desarrollando una labor callada y constante en favor de todos los usuarios
de la calzada.
Este año hemos renunciado
a ofrecer estadísticas de accidentes, porque creemos que los diversos
medios de comunicación nos vienen informando diariamente de ellos.
Si ciertos datos últimos nos inducen al optimismo, por los buenos
resultados obtenidos, no cabe duda de que aún estamos muy lejos
de acercarnos a los resultados apetecidos. Así, por ejemplo, el
gran éxodo masivo de la última Semana Santa se saldó
con más accidentes mortales que el año anterior. Por ello,
nunca hay que bajar la guardia, sino colaborar todos, estrechamente unidos,
para acercarnos al utópico “objetivo cero” de la eliminación
de los accidentes mortales en la carretera.
Querido conductor: no olvides nunca
que tu familia vive pendiente de ti. Tampoco la olvides tú. Los
tuyos te tienen siempre presente en su corazón. Muchas veces rezan
por ti, para que puedas volver a casa sano y salvo. Y piensa también
en los otros conductores con los que te encuentras o cruzas en la carretera.
Como tú, ellos también tienen su propia familia que les
espera ilusionada y a veces preocupada. Respétalos, ayúdales,
nunca pongas en peligro su integridad o su vida con maniobras arriesgadas
o imprudentes. Tanto tu familia como la suya te aconsejan prudencia, sentido
de responsabilidad, no sólo ni principalmente por los puntos que
puedas perder en tu carné de conductor con las infracciones, sino
por tu propia seguridad y la de otros usuarios de la calzada, por el bien
de todos.
Cuántas veces –lo sabes
por propia experiencia– el recuerdo de la familia, fomentado por
la foto de los tuyos colocada ante tu mirada, te endulza la amargura de
la separación, te estimula en el deseo de regresar cuanto antes
al hogar, y te ayuda a que la conducción sea más responsable
y menos fatigosa. La familia es la mejor escuela de amor, esperanza y
responsabilidad tanto de quien se pone al volante como del peatón.
No ha perdido actualidad aquello que esta Delegación decía
en la Campaña de 1994: “La familia en la carretera es freno,
motor, meta y dulce compañía”.
Te encomienda también la gran
familia cristiana: la que goza de Dios en la casa del Padre (y a la que
tú sueles invocar por intercesión de la Virgen del Camino,
de tu ángel custodio, de san Cristóbal y de otros santos
protectores) y la que peregrina aún por los caminos de este mundo.
Así ora la Iglesia en su Liturgia de las Horas: “que los
que están en camino tengan un viaje feliz y regresen a sus hogares
con salud y alegría”.
15 de mayo de 2006
+ Carmelo Echenagusía
Obispo Promotor del Apostolado de la Carretera
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