RESPONSABLES DESDE
NIÑOS
Mensaje del
Obispo Promotor del Apostolado de la Carretera
1
de Julio de 2007
Fiel
a su cita anual en el primer domingo de julio, la Pastoral de la Carretera
quiere seguir aportando su contribución a la solución de
un problema permanente, cuya gravedad todo el mundo reconoce: la seguridad
vial.
Recientemente,
a fines del pasado mes de abril, se celebró el “Día
de la Seguridad Vial”, destinado este año a los conductores
jóvenes, y promovido por la ONU, la Organización Mundial
de la Salud (OMS) y la Unión Europea (UE).
El Papa Benedicto
XVI quiso sumarse a la campaña con este mensaje
breve y certero: “Por desgracia, todos los días, especialmente
los fines de semana, se producen en las carreteras accidentes con numerosas
vidas humanas trágicamente truncadas, y más de la mitad
son jóvenes. Durante los últimos años se ha hecho
mucho para prevenir estos trágicos sucesos, pero se puede y
se debe hacer aún más con la colaboración y el
esfuerzo de todos. Es preciso combatir la distracción y la superficialidad,
que en un instante pueden arruinar el futuro propio y el ajeno. La
vida es valiosa y única: se debe respetar y proteger siempre,
también
con un comportamiento correcto y prudente en las carreteras”.
Este
diagnóstico general del Santo Padre vale también para
nuestro país. Parece ser que felizmente, y gracias a las sucesivas
medidas adoptadas por la Administración del Estado, va bajando
en España el número de accidentes mortales en las vías
públicas. Es un motivo de alegría, claro está. Pero
el aún elevado número de fallecidos -3.017 el año
2006- y de heridos nos sigue exigiendo un continuo y denodado esfuerzo
de superación si queremos alcanzar ese objetivo marcado por la
UE para el año 2010: reducir a la mitad los accidentes de tráfico.
Como dice el Papa: “se puede y se debe hacer aún más
con la colaboración y el esfuerzo de todos”.
El
Departamento de la Pastoral de la Carretera, integrado en la Comisión
Episcopal de Migraciones, quiere seguir prestando esa colaboración;
y teniendo en cuenta los mensajes de los últimos años,
ha considerado conveniente centrar en los niños su mensaje de
este año, con el lema “Responsables desde niños”.
No es un tema novedoso ni mucho menos. Desde hace varias décadas
la Pastoral de la Carretera ha fijado varias veces su atención
preferente en los niños y ha intentado recoger y divulgar esta
honda preocupación, tan humana y cristiana. Si toda persona es
digna de respeto y protección, ¡cuánto más
un niño! Así lo reconoce también la Declaración
de los Derechos Humanos de la ONU al afirmar que “la Humanidad
debe al niño lo mejor que puede darle” y subrayar que
el niño tiene derecho “a una protección especial
para su desarrollo físico, mental y social” y “a
formarse en un espíritu de solidaridad, comprensión, amistad
y justicia entre los pueblos” (nn.2 y 7). Los discípulos
de Jesús debemos imitar al Maestro en su cariño para con
los niños y en la defensa de éstos ante la incomprensión
de los adultos.( cfr. Mt 19, 13-15).
1.- EDUCAR AL NIÑO
El
niño tiene derecho a recibir una educación integral, que
comprenda también su responsabilidad en la vida comunitaria y
ciudadana. En esa educación debe entrar, desde los primeros años
y de forma progresiva, la educación vial, formando al niño
para la convivencia y dotándole del mejor sistema de autoprotección
ante los muchos y graves peligros que día tras día comporta
el creciente volumen del tráfico.
Educar al
niño en esta materia es ayudarle a que vaya creando en él lo
que pudiéramos denominar “un sentido vial”, una conciencia
clara de que forma parte de una comunidad que se mueve como peatón o
con toda clase de vehículos: coches, camiones, motos, bicicletas…,
con muchas e innegables ventajas para la vida moderna, pero también
con graves riesgos para sus vidas o su integridad. Este “sentido vial” es
de primordial importancia dentro de la educación integral que el niño
debe recibir.
Con sentido de realismo, esta educación deberá prevenir
los peligros, pero sería pobre y unilateral si no ayudara al niño
a ir reconociendo y apreciando los aspectos positivos del complejo mundo
del tráfico: el sacrificio de los profesionales del volante, el
desvelo de los agentes de la circulación, la racionalidad de las
normas, los avances de una tecnología que nos brinda vehículos
cada vez más seguros y confortables, las múltiples ventajas
que reportan a las relaciones humanas, a la economía y al turismo,
las satisfacciones de una conducción prudente y de un tráfico
bien regulado…
2.-
LOS PRIMEROS EDUCADORES, LOS PADRES
Todo
el conjunto de la sociedad ha de tomar parte en esta educación,
asumiendo el correcto comportamiento vial como un componente fundamental
de la socialización general del niño.
Pero nadie puede poner en duda que, como
en otros muchos aspectos, son los padres los
primeros y mejores educadores de sus hijos, modelando desde la más
tierna infancia su carácter y creando en ellos hábitos
de reflexión y responsabilidad. También en este aspecto
de la educación es fundamental el ejemplo de los propios padres,
ya que los hijos pequeños se miran en ellos como en verdaderos
espejos. Como peatones y como conductores o viajeros, los padres irán
educando a sus niños con sus recomendaciones y observaciones,
pero, sobre todo, con su modo de comportarse. Porque nada arruina tanto
la educación vial que se trata de inculcar como la conducta incorrecta
de los propios padres en la calle o en la conducción de sus vehículos
en presencia de sus niños.
Se ha dicho
acertadamente que los padres, así como enseñan a sus pequeños
a andar, deben enseñarles también a circular. Con cariño
y dulzura, sí, pero con firmeza. Es una exigencia urgente de la conducta
ciudadana en la sociedad actual.
3.-
OTROS EDUCADORES
Como en otros aspectos de la vida, la labor educativa
de los padres debe ser complementada por el centro escolar, en
sus diversos niveles, uniendo información y auténtica formación,
y cumpliendo con fidelidad la normativa establecida a este respeto por
la legislación vigente. Cuanto hemos dicho de los padres sobre
el “sentido vial” que hay que suscitar en el niño,
vale también para la escuela. El tráfico ha de ser propuesto
como una de las más importantes formas modernas de convivencia,
con todo lo que ello exige de propio dominio y auto limitación,
de cortesía, de servicio a los demás y de ayuda mutua.
También la
comunidad eclesial puede y debe cooperar
en esta tarea educativa, de modo especial a través de los centros
escolares de titularidad religiosa y de la catequesis, fomentando sobre
bases cristianas los valores de la convivencia cívica.
4.-
LA EDUCACIÓN DEL NIÑO COMO PEATÓN
Todos
los educadores –padres, abuelos, hermanos mayores, responsables
de centros escolares …- han de tener en consideración este
aspecto, uniendo advertencias y consejos a protección cuidadosa
y a ejemplos de comportamiento prudente y correcto.
Como usuario de la
vía pública, el niño debe ser
formado en el conocimiento y respeto de las señales de tráfico
(pasos de peatones, semáforos, salidas de garaje, zonas reservadas…).
Se le enseñará a no jugar en lugares de peligro, a caminar
por la acera lejos del bordillo, a prestar especial atención al
cruzar la calle, a llevar señales reflectantes en su indumentaria
cuando camine de noche, a prestar su ayuda, en lo posible, a personas
ancianas o discapacitadas y a niños más pequeños
que él.
El niño
es, de suyo, espontáneo y vivaz, irreflexivo e inquieto, amante
del juego y poco previsor de los peligros, imprevisible en sus movimientos.
Por todo ello, juntamente con los ancianos y discapacitados, el niño
tiene derecho a ser especialmente protegido, ayudado y defendido. Hasta
que adquiera progresivamente el suficiente desarrollo físico,
intelectual y moral, los adultos debemos protegerlo con sumo cuidado,
también en todo lo
referente a la circulación. Todo conductor prudente deberá conocer
y tener en cuenta esta sicología tan especial y así extremar
las precauciones cuando se encuentre ante la presencia de los niños
o circule en lugares frecuentados por éstos. La previsión
y la prudencia son particularmente necesarias en estas circunstancias
para no tener que lamentar daños irreparables.
5.-
LA EDUCACIÓN DEL NIÑO COMO VIAJERO O PASAJERO
En
la actualidad la gran mayoría de los niños nace y se cría
en familias que disponen de uno o de varios vehículos. De ahí que
estos futuros conductores gusten y padezcan, desde los primeros días
de su existencia, las condiciones de viajero, primero en el coche familiar;
muy pronto, a menudo, en los autobuses del transporte escolar.
También
en este campo el respeto debido a la dignidad del niño obliga
a padres y demás responsables a protegerlo de todos los riesgos
previsibles y a garantizarle un viaje seguro y confortable. Para ello
es necesario tomar medidas eficaces para evitar que, en caso de accidente
o de frenazo brusco, los niños puedan ser despedidos fuera del
vehículo o sufrir choques
violentos; nunca se les permitirá viajar en los asientos delanteros –ni
siquiera en el regazo o los brazos de sus madres o personas mayores-;
habrá de
asegurarse el cierre de las puertas traseras y de sus ventanas; se utilizarán
los cinturones de seguridad o asientos-sillas homologados y bien acoplados;
se les enseñará a apearse cuando el vehículo esté parado
y a hacerlo por la puerta de la derecha…
A medida que el niño vaya madurando
en su capacidad de reflexión,
este conjunto de medidas protectoras contribuirá a su formación,
porque le ayudarán a comprender la complejidad del tráfico
y los muchos valores que en él se ponen en juego.
Otro medio
que también puede ser grato y eficaz para la formación
de los futuros conductores es el manejo de los pequeños vehículos
que se suelen regalar a los niños desde sus primeros años.
Triciclos, bicicletas, cochecitos y, si es posible, el acceso a los parques
infantiles de tráfico, pueden ayudar a los pequeños a ir
conociendo las señales de tráfico y a adquirir los hábitos
y reflejos que les van a ser necesarios cuando se conviertan en auténticos
conductores el día de mañana.
He
aquí, en breve síntesis, la aportación que la Pastoral
de la Carretera en España quiere ofrecer, un año
más, a la meritoria
labor que la Administración pública y otros muchos estamentos
de la sociedad vienen realizando en favor de una circulación más
segura.
Este sencillo mensaje irá acompañado de la reflexión
y oración de las comunidades cristianas, y, de modo particular,
de la Eucaristía que se celebrará el primer domingo de
julio en el santuario de Nuestra Señora de los Pueyos, en Alcañiz
(Teruel), diócesis de Zaragoza, y que será retransmitida
por TVE. Se procurará asimismo hacer la debida propaganda de la
Jornada, mediante carteles y presencias en los diversos medios de comunicación
social y con la actividad constante de no pocas delegaciones diocesanas.
Que Dios nuestro Padre, por la intercesión de Santa María
del Camino y de los santos protectores de los viandantes, bendiga y proteja
a cuantos circulan por nuestras carreteras y calles – en especial,
a los profesionales del volante - y a cuantos velan por un tráfico
más ágil y seguro.
+
Carmelo Echenagusía
Obispo
Aux. de Bilbao
Promotor
del Apostolado de la Carretera
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