INTRODUCCIÓN
La celebración de la
Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado vuelve a poner ante
nuestros ojos una realidad en la que se ven envueltas más
de 190 millones de personas en todo el mundo, además de
los 24,5 millones de desplazados internos.
Por lo que se refiere
a España, hemos pasado de 3.730.610
en el año 2006 a 4.482.568 en el año 2007, lo que
supone un aumento de 751.958 personas, o sea, un 20,2% más.
Dicho de otra manera, si en el 2006 la población extranjera
representaba un 8,5% de la población total, en el 2007 este
porcentaje ha subido al 9,9%.
La inmigración se ha convertido
en un fenómeno humano
complejo, con sus causas y consecuencias, que necesita ser encauzado
convenientemente a fin de posibilitar sus repercusiones positivas
y atenuar las negativas. Los gobiernos, las comunidades de origen
y de acogida, la sociedad civil, el sector privado, la Iglesia
y también los propios emigrantes, pueden y deben implicarse
para que la migración constituya un factor positivo en los
aspectos sociales, económicos, políticos y religiosos.
ALGUNOS ACONTECIMIENTOS
RELEVANTES
A lo largo del año recién
terminado ha habido en nuestro país algunos acontecimientos
especialmente relevantes para nuestra tarea pastoral. Aunque en
menor número,
han seguido llegando a nuestras costas inmigrantes procedentes
de África,
a veces de Asia, habiéndose cobrado el mar numerosas vidas.
No olvidamos a la mayoría de los inmigrantes que llegan
a España por otras vías. La Iglesia, sobre todo a
través de las parroquias de los lugares de llegada de estos
inmigrantes, no puede permanecer ajena. Ha de poner cuanto esté de
su parte para una digna acogida y un trato humano.
Por otra parte,
continúa siendo un hecho preocupante la
estancia en nuestro país de numerosos inmigrantes indocumentados,
la mayor parte de ellos jóvenes e incluso menores que se
ven empujados a vivir en la clandestinidad y en la inseguridad.
También con estos tiene la Iglesia un especial compromiso
de ayuda y servicio.
LOS JÓVENES INMIGRANTES
Por
sí mismos, por su importancia como protagonistas en
la sociedad y en la Iglesia del futuro, por su situación
de mayor riesgo y exposición a posibles factores desestabilizadores
de la persona y de la sociedad, merecen los jóvenes una
especial atención por parte de la sociedad, de la Administración
pública y de la Iglesia, que habrán de arbitrar especiales
medidas para su adecuado proceso de desarrollo, de integración
y de compromiso.
Además de haber partido de
sus países
con una formación,
en el mejor de los casos, incompleta, encuentran con frecuencia
especiales dificultades para conciliar sus propias raíces
con la integración en la sociedad que los acoge. En su mensaje
para la Jornada mundial de este año, el Papa describe su
situación en los siguientes términos: «Los
jóvenes migrantes son particularmente sensibles a la problemática
constituida por la “dificultad de doble pertenencia”:
por un lado, sienten vivamente la necesidad de no perder la cultura
de origen, mientras, por el otro, surge en ellos el comprensible
deseo de insertarse orgánicamente en la sociedad que les
acoge».
A
estos inmigrantes, desarraigados de su tierra y de su familia,
se les une a veces a su condición la de parado e indocumentado.
En muchos aspectos son como seres inexistentes. Esto los coloca
en una situación de extrema vulnerabilidad y de indefensión
absoluta, especialmente a las mujeres, cuya presencia tiene un
peso cuantitativo muy fuerte en la inmigración española
de los últimos años.
LA PARROQUIA SALE AL ENCUENTRO
Ante
la especial situación de los inmigrantes en nuestro
país, de la problemática de los indocumentados o «sin
papeles», nuestras parroquias y comunidades cristianas deben
adoptar una postura activa para dar una respuesta en la medida
de sus posibilidades. La razón última ha de ser siempre
no tanto la situación legal o jurídica, sino la igual
dignidad de toda persona y sus derechos fundamentales y el mandato
del Señor.
La Parroquia, por su condición de familia,
comunidad, por su capacidad de prestar numerosos y variados servicios
a la persona, y por estar siempre «abierta» o «en
guardia»,
se encuentra en una situación privilegiada para ser el primer
espacio de encuentro de los inmigrantes con la Iglesia de su nuevo
país. Por otra parte, una Parroquia viva y con espíritu
misionero no se conformará con estar a la espera de los
que vengan, sino que saldrá al encuentro de todos, especialmente
de los más necesitados.
El lema elegido por
la Comisión Episcopal de Migraciones
para esta Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, «Joven
inmigrante, la Parroquia sale a tu encuentro », está muy
en consonancia con el mensaje del Papa: «Los jóvenes
inmigrantes».
Con la acogida de los inmigrantes
en las parroquias y el empeño
especial de estas en la atención a los más jóvenes,
las comunidades cristianas se renuevan y se enriquecen y aumenta
en ellas el número de los agentes pastorales en campos como
la liturgia, la catequesis, la acción social y caritativa,
y otros sectores de la pastoral.
Al territorio de nuestras
parroquias llegan, por otra parte, jóvenes
inmigrantes pertenecientes a las distintas tradiciones cristianas —católicos
de ritos latino y de otros ritos, ortodoxos, protestantes, anglicanos...—.
Otros son miembros de la comunidad islámica de otras religiones
o no creyentes.
En lo que se refiere al respeto
a la dignidad de toda persona y a la garantía y defensa
de sus derechos fundamentales, así como
en la ayuda a sus necesidades elementales, la Parroquia y cada
comunidad cristiana actuarán siempre evitando toda discriminación.
A
todos ha de llegar, por la palabra y el testimonio de los miembros
de la Iglesia el anuncio explícito del Evangelio de Jesucristo,
como propuesta de Salvación.
En la acogida y en el proceso
de incorporación a la comunidad
católica, la Parroquia habrá de tener en cuenta la
diferente condición religiosa de sus nuevos vecinos.
Con
estas actitudes y con el testimonio de vida de los miembros de
la comunidad cristiana, estos ejercerán su misión
profética y de denuncia ante posibles injusticias, y estarán
siempre dispuestos a defender la dignidad y los derechos fundamentales
de los inmigrantes.
Terminamos con las palabras que
el papa Benedicto XVI dirige a los jóvenes inmigrantes en
su mensaje: «La
Iglesia también os necesita y cuenta con vuestra aportación.
Podéis desarrollar una función providencial en el
actual contexto de la evangelización. [...] Podéis
mostrar a todos que el Evangelio está vivo y es apropiado
en cada situación; es un mensaje antiguo y siempre nuevo;
Palabra de esperanza y de Salvación para los hombres de
todas razas y culturas, de todas las edades y de todas las épocas».
Ojalá esta
Jornada suponga un despertar y una llamada a la responsabilidad
en nuestra identidad misionera para que a lo largo de este año
salgamos al encuentro de todos aquellos que nos necesiten. Para
ello, las parroquias, animadas por el Secretariado o la Delegación
diocesana de migraciones, y en colaboración
con los colegios católicos, con las Cáritas, con
los Institutos de Vida Consagrada y con otras organizaciones de
la Iglesia, deberán intensificar su trabajo en esta hermosa
tarea que el Señor pone ante nosotros.
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