Campaña del Enfermo 2009
Creer, celebrar y vivir la Eucaristía
Mensaje de los Obispos
de la Comisión Episcopal de Pastoral
17 de mayo de 2009

1.- La Campaña del Enfermo 2009 nos sitúa ante la Eucaristía en el mundo de la salud y la enfermedad. Es una invitación a entrar en el corazón del misterio del Sacramento por excelencia en el que creemos, vivimos y celebramos. Así  lo refleja el lema de la Campaña.

Siguiendo el Plan Pastoral de la CEE y la abundante documentación y exhortación del Magisterio de la Iglesia, la Pastoral de la Salud, contempla este año la Eucaristía, misterio de presencia, a través del que se realiza de modo supremo la promesa de Jesús de estar con nosotros hasta el final del mundo"[01]. Reconocer la presencia del Señor y encontrarnos con Él produce en nosotros salud que se expresa en alabanza y acción de gracias ya que, a pesar de nuestras flaquezas y la fragilidad de nuestras vidas, Él está con nosotros como fuente de la vida, de la salvación y del consuelo.

2. Contemplar y creer en la Eucaristía es poner nuestra mirada en Jesús, y descubrir en ella el verdadero sacramento de sanación y salvación, esperanza para toda la humanidad y, especialmente, para quienes viven y luchan por la vida con el peso de la enfermedad, o de cualquier otra forma de sufrimiento.

La Eucaristía, «fuente y cumbre de toda la vida cristiana»[02] y, por tanto, su centro dinámico y propulsor[03], se convierte en el momento en que toda la vida de la Iglesia se recoge en torno al Cristo pascual, recibe el don de su amor generoso y se siente lanzada a los caminos del mundo para ser signo de su presencia de buen samaritano, para hacer que los hermanos experimenten la intensidad y la fuerza con que Dios los ama, con la calidad misma de su amor.

3. El sacramento eucarístico es la expresión más privilegiada de la fe y, a la vez, la fuente más viva que la alimenta y fortalece. Por una parte, el sacramento exige la fe y, por otra, da la fe como fruto de la celebración. La Eucaristía es un acto de fe de la Iglesia que se expresa con palabras y con signos. Pero la Eucaristía es algo más que expresión de lo que vive cada uno, es expresión de la fe de toda la Iglesia. Por tanto, la Eucaristía es ante todo, expresión de lo que Dios obra por medio de este sacramento en la comunidad de los creyentes: una transformación de solidaridad en la común unión, la comunión.

Nuestro Papa Benedicto XVI recuerda en la exhortación “Sacramentum Caritatis” la importancia de la Eucaristía. En efecto, después de la consagración proclamamos: “Este   es el Misterio de la fe”, y es que «la Eucaristía es “misterio de la fe” por excelencia. La fe de la Iglesia es esencialmente fe eucarística y se alimenta de modo particular en la mesa de la Eucaristía… La fe que suscita el anuncio de la Palabra de Dios se alimenta y crece en el encuentro sacramental con el Señor resucitado… Cuanto más viva es la fe eucarística en el Pueblo de Dios, más profunda es su participación en la vida eclesial a través de la adhesión consciente a la misión que Cristo ha confiado a sus discípulos»[04].

4. Siempre hemos sentido los hombres la necesidad de celebrar, de realizar actividades compartidas para expresar algún aspecto vital importante. En cada celebración, es posible manifestar y expresar los sentidos más profundos de la vida, los sentimientos escondidos, la aspiración eterna, la felicidad buscada. Celebrar es vivir y participar en el misterio.

Celebrar es proclamar y sentir a Dios presente en nuestras vidas, es realizar la fraternidad como expresión sublime del amor con que Dios nos ama. Por eso la celebración es una fiesta, una experiencia gozosa, una plenificación de nuestras dimensiones íntimas y profundas que sólo el Señor puede colmar.

5. A lo que creemos y celebramos, tenemos que darle vida, pues «el misterio ‘creído’ y ‘celebrado’ contiene en sí un dinamismo que hace de él principio de vida nueva en nosotros y forma de existencia cristiana»[05]. En este misterio de fe que se celebra como signo de comunión, la Iglesia es enviada al mundo para dar testimonio del misterio que celebra. «No podemos guardar para nosotros el amor que celebramos en el Sacramento. Este exige por su naturaleza que sea comunicado a todos. Lo que el mundo necesita es el amor de Dios, encontrar a Cristo y creer en El. Por eso la Eucaristía no es sólo fuente y culmen de la vida de la Iglesia; lo es también de su misión: Una Iglesia auténticamente eucarística es una Iglesia misionera»[06].

6. La Eucaristía va transformando nuestra vida y la va encaminando a su plenitud, impregnando todos los aspectos de la realidad. Como memoria agradecida, vivimos a Jesús presente en nuestras vidas, a Jesús que viene de nuevo a nosotros, que nos regala su palabra y nos cura, que nos recuerda cómo se identificó en su pasión con nosotros, humanidad doliente y enferma.

La experiencia de la presencia real de Jesús en la Eucaristía es inseparable de la experiencia del enfermo, necesitado y paciente. Jesús llega a nosotros interpelando nuestra comunión con él, traducida en solidaridad y cuidado.

7. Cuando se nos dice al recibir la comunión: “El cuerpo de Cristo”, respondemos con un “amén” verdadero sólo si, a la vista de los enfermos y de los hambrientos, de los explotados y de los oprimidos, recordamos que Cristo se nos hace presente en ellos, que nos sitúan ante la pregunta decisiva de si queremos ser realmente “cuerpo de Cristo”, en comunión.

La celebración del memorial eucarístico pretende ayudarnos además, a pronunciar un “amén” más rotundo cuando la necesidad de los otros llama a las puertas de nuestro amor, pretende ayudarnos a la entrega sin limites a los que necesitan de nosotros y pone a prueba la calidad de nuestra fe y de nuestra memoria.

8. La comunidad cristiana encuentra en la Eucaristía una llamada a la solidaridad para con sus propios enfermos y con cuantos sufren en su radio de acción. Así, llevar la comunión a los enfermos y a los ancianos para que participen con la comunidad es inseparable de las atenciones amorosas que ellos reciben de esa misma comunidad. De hecho, toda la comunidad debe participar en este amor que cura y ayuda. Cada miembro en la medida de los dones y capacidades recibidos.

Celebrar la Eucaristía implica vivir en la esperanza de la comunión eterna con el amor de Dios. Descubrir estas conexiones entre eucaristía y amor sanante, así como el cuidado y promoción de las actitudes correspondientes, es parte esencial de la doble e indivisible misión de la Iglesia: proclamar (y celebrar) la salvación y estar cerca de los enfermos, sanando y ayudando, en el amor de Jesús.

9. La eucaristía está llamada, pues, a ser el centro y la forma, tanto de las personas que viven situaciones de enfermedad y de sufrimiento, como de las que trabajan en su servicio y cuidado. En una palabra, del significado y de los contenidos de la celebración de la Eucaristía se pueden sacar nuevas energías y nuevas luces para comprender mejor y hacer realidad una presencia comunitaria, eclesial en el mundo de la salud.

El «camino de la Eucaristía» se convierte entonces en el camino real que hay que recorrer para llevar la luz de la pascua de Jesús y la esperanza que de ella se deriva, así como para ofrecer el testimonio del amor liberador de Dios en todas las situaciones de enfermedad, sufrimiento y limitación humana.

La Eucaristía celebrada por una comunidad cercana que recuerda a sus enfermos, que se preocupa por su salud, que ora por ellos, que les envía el viático, es el signo más expresivo de que la comunidad cristiana  ofrece la gracia que sana y salva, el estímulo mejor para su curación, la fuerza más vigorosa para su sanación interior, la mejor ayuda para dar un sí creativo a la enfermedad.

10. Que María, salud de los enfermos, que sintonizó perfectamente con la misión y el mensaje de Jesús y que encontró en él la esperanza en medio de los dolores, ilumine el camino de cuantos están sufriendo e inspire palabras de comunión y de consuelo a cuantos se acercan a los dolientes, les acompañen o vivan a su lado.

Jesús Catalá Ibañez, Obispo de Málaga
Rafael Palmero Ramos, Obispo de Orihuela-Alicante
Carlos Soler Perdigó, Obispo Emérito de Girona
Esteban Escudero Torres, Obispo Auxiliar de Valencia
Joaquín López Andújar, Obispo de Getafe
Francesc Pardo Artigas, Obispo de Girona
Sebastià Taltavull Anglada, Obispo Auxiliar de Barcelona


[01] MND 15.

[02] LG 11; cf. CIC 1324.

[03] Cf. Misal Romano, principios y normas, 1.

[04] SC 6.

[05] SC 70.

[06] SC 84.

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