| CXI COMISIÓN PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL |
CONSTRUCTORES
DE LA PAZ
Madrid, 20 de febrero de 1986
PRESENTACIÓN
"Constructores
de la Paz" es un documento del Episcopado Español que, desde su misma concepción,
se caracterizó por una profunda vocación de humildad.
Cuando se inició la
andadura de su elaboración, hace casi tres años, ya habían aparecido varios documentos
sobre la paz, de diferentes episcopados de nuestra Iglesia, documentos de inmenso valor
teológico y pastoral. A ello hay que añadir el impresionante despliegue doctrinal que,
acerca de la paz, viene ofreciendo a la Iglesia y a la sociedad entera nuestro Santo Padre
Juan Pablo II a lo largo de su pontificado.
Sin embargo, nuestra
Conferencia Episcopal pensó que al tema le faltaba una palabra cristiana pronunciada
desde nuestra situación concreta, desde nuestras Iglesias de España; una palabra
pastoral dirigida a los miembros de nuestras comunidades y ofrecida a nuestra sociedad,
elaborada a la luz del Evangelio, de la Doctrina de la Iglesia y del Magisterio
Pontificio, pero teniendo en cuenta de un modo particular nuestras circunstancias,
problemas y situaciones.
Con esta idea comenzó su
larga y nada fácil tarea la Comisión Episcopal de Pastoral Social, encargada por la
Conferencia Episcopal de preparar el documento que ahora presentamos, tarea que la
Comisión, reforzada por varios obispos nombrados para ayudarla en la difícil etapa
final, culminó el 20 de febrero de 1986, con la aprobación por unanimidad del documento
por la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, en la que la Asamblea
Plenaria del Episcopado había delegado la terminación del trabajo y su publicación.
¿Qué ha pretendido el
Episcopado Español con este documento? ¿Qué objetivo ha buscado con su elaboración y
su publicación?
Muy en resumen, podemos
señalar los siguientes puntos:
1º. Ante todo, aportar a
nuestros cristianos españoles toda la fuerza del Evangelio leído a través del Concilio
Vaticano II y de las enseñanzas de S.S. Juan Pablo II, en orden a conseguir en nuestra
sociedad "una mentalidad totalmente nueva" sobre la paz, la guerra y la no
violencia, una "mentalidad nueva" que suponga la actualización del Evangelio de
la Paz, que nos proclamó el Señor Jesús, aplicada al hoy histórico que vivimos en
España.
2º. El documento pretende
también expresar una clara "apuesta" en favor de la paz, una
"apuesta" profética y realista, pero que eluda la caída en ese realismo
político que lleva a la justificación, sin más, de la disuasión, del armamentismo sin
límite, del comercio y la industria de las armas..., en una palabra, de las diferentes
caras de una violencia más o menos enmascarada.
3º. El documento quiere,
además, inculcar a nuestros fieles el principio de que la paz y sus exigencias,
entendidas en cristiano, representan mucho más que las concreciones políticas que
conlleva y que, con frecuencia, acaban por oscurecer sus verdaderos contenidos. La paz,
entendida y vivida en cristiano, entraña necesariamente el respeto total a la justicia y
al amor, a la libertad y a la solidaridad, a la verdad..., y a todos los derechos
fundamentales de la persona humana: no puede haber auténtica paz cuando se conculcan
valores esenciales para el ser humano, hasta deshumanizar la sociedad y la misma persona
humana.
4º. El documento intenta
construir también la paz en nuestra convivencia interna, en el interior de nuestro país.
Hubiera sido una grave omisión hablar de la paz en el mundo sin plantearnos la paz en
nuestra propia casa: es preciso que los españoles en general, y los cristianos en
particular, tomemos conciencia de que no puede haber paz cuando vivimos en medio de tantas
injusticias sociales, cuando existe esta tremenda lacra que es el terrorismo, cuando se
dan tantas insolidaridades entre las autonomías, cuando existen torturas y vejaciones...
5º. No podría tratarse
del tema de la paz sin hacer una referencia a la Guerra Civil, cuando se cumple el 50
aniversario de que comenzara aquel terrible enfrentamiento. El documento, mirando más al
futuro que al pasado, pide objetividad en el tratamiento del tema y hace un llamamiento a
superar actitudes de incomprensión e insolidaridad, que impiden un diálogo respetuoso
que permita que se borren para siempre divisiones y enfrentamientos y amenazan romper una
convivencia civilizada basada en un verdadero anhelo de paz para todos los españoles.
6º. El documento intenta
crear la conciencia de que la paz la hemos de construir entre todos. Hay que sembrar la
paz en el corazón de cada hombre y, desde ahí, procurar que alcance todas las realidades
de las que forma parte el hombre y el cristiano: la vida de la Iglesia, la familia, la
escuela o el trabajo, la política y el deporte, la universidad y los sindicatos. Sólo
los hombres que se hacen constructores de la paz en su propio corazón y en la sencilla
convivencia de cada día podrán poner los cimientos a una paz universal que ponga fin a
los bloques antagónicos, a la carrera de armamentos, a la posibilidad de una horrenda
guerra nuclear.
7º. Finalmente, el
documento, además de hacer un llamamiento a grupos especialmente significativos en la
tarea de construir la paz (políticos, científicos, militares, educadores, obreros...),
habla de la objeción de conciencia y también de la no violencia activa como de una
actitud profundamente evangélica propia de quienes creemos en el Señor Jesús y
aspiramos a una paz basada en el respeto al hombre y a sus derechos fundamentales.
¿Qué aporta, pues,
nuestro documento "Constructores de la Paz" como novedad respecto a los otros
documentos episcopales?
La comprensión de la paz
como un valor del Reino de Dios que entraña la exigencia de "una mentalidad
totalmente nueva": no valen ya los viejos criterios de la "guerra justa" ni
de la defensa de los propios derechos para justificar, sin más, una guerra; es preciso,
aún para el caso de la legítima defensa, un serio y cuidadoso discernimiento ético y no
simplemente político.
El planteamiento con toda
radicalidad del peligro de la guerra, poniéndolo no sólo en las tensiones ESTE-OESTE
sino también en la injusta división, en cuanto a la pobreza y a la riqueza, existente
entre el NORTE y el SUR, entre los países desarrollados y los subdesarrollados: los
países ricos, los que sostienen además el desarrollo y el comercio armamentístico, son
cada vez más ricos, en tanto que los países subdesarrollados, los que se ven con
frecuencia obligados a comprar armas, son cada día más pobres.
El planteamiento de
nuestros conflictos internos, es decir, el evitar caer en la hipocresía de hablar de la
paz en el mundo y no hablar de los problemas de la paz, de la violencia, de la injusticia,
existentes dentro de nuestras propias fronteras.
El documento
"Constructores de la Paz" que ahora presentamos no es un documento pretencioso
ni pesimista. Su centro es Jesucristo, Príncipe de la Paz. Sus destinatarios, los
cristianos y todos los hombres de buena voluntad de España. Su intención, aportar una
palabra de ánimo y de esperanza en una sociedad como la nuestra donde predominan en gran
parte la desilusión y el pesimismo. Su inspiración, la Buena Noticia de Jesús. Su
deseo, iluminar éticamente la conciencia de los cristianos y aún de todos los
ciudadanos.
Hay unas palabras que
reflejan el espíritu de este documento episcopal, escrito con todo amor y esperanza, con
toda humildad y sin otra pretensión que la de que comencemos todos a ser verdaderos
"Constructores de la Paz"
RAMÓN ECHARREN
ISTURIZ
Obispo de Canarias y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
INTRODUCCIÓN
1. La paz, gravemente amenazada
| 1. La paz es un valor universal, objeto de las esperanzas de todos los pueblos.
Ahora que la humanidad cuenta con posibilidades incalculables de bienestar y cultura
cuando se percibe ya como alcanzable la convivencia de todos los pueblos en una auténtica
sociedad universal, crece en todas partes la necesidad y el deseo de la paz. La paz
aparece hoy como exigencia y condición indispensable no sólo para el progreso, sino
incluso para la pervivencia de la humanidad sobre la tierra. |
La paz, condición
indispensable para el progreso... |
| Es doloroso reconocer que la paz
del mundo está gravemente amenazada. En muchos países se viven ahora mismo los horrores
de la guerra. Los conflictos y las tensiones que atraviesan y dividen nuestro mundo hacen
que la humanidad entera viva con el miedo de una guerra nuclear generalizada de
consecuencias previsiblemente mortales para todos los hombres. |
...está amenazada gravemente
en todo el mundo. |
| 2. Las naciones europeas, y nosotros con ellas, estamos dentro de estas tensiones
y vivimos amenazados por la guerra. Por una parte somos responsables de este mundo de
conflictos y amenazas y, por otra, somos también posibles víctimas. |
También en Europa... |
| En nuestra misma Patria aparecen
amenazas contra la paz. El terrorismo se ha instalado fuertemente entre nosotros. La
violencia sigue seduciendo a algunos como medio para solucionar los problemas sociales o
políticos. Los conflictos más hondos de nuestra sociedad, como la justicia social, el
paro, la tensión entre la unidad del Estado y el reconocimiento de los derechos de las
diferentes nacionalidades y regiones, la intolerancia de orden ideológico, político o
religioso son, al menos, otras tantas dificultades para construir una paz sólida que
elimine para siempre el riesgo de nuevos enfrentamientos internos. |
...y en España: Terrorismo,
violencia, conflictos sociales y políticos. |
2. Nuestra intervención pastoral
| 3. La Iglesia, como continuadora de la obra de Cristo y dispensadora de su gracia
redentora, considera como misión propia "la reconciliación de todos los individuos
y de todos los pueblos en la unidad, la fraternidad y la paz"1. Por ello,
los Obispos españoles, siguiendo el ejemplo y la recomendación del Papa Juan Pablo II en
este Año Internacional de la Paz, queremos invitar a todos los católicos españoles, y a
todos los ciudadanos, a examinar con nosotros los problemas de la paz a la luz del
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo y de las enseñanzas de la Iglesia. |
Misión de la Iglesia para la
reconciliación y la paz. |
Al
intervenir sobre estos asuntos de interés general lo hacemos como Obispos de la Iglesia
Católica, testigos de la fe y maestros de la moral cristiana. No es nuestro deseo entrar
en el terreno de las cuestiones técnicas o de las materias opinables implicadas en el
complejo tejido de las relaciones nacionales o internacionales. Somos conscientes de lo
que el Concilio Vaticano II llamó la legítima autonomía de lo temporal2 y
queremos respetarla plenamente. |
Ofrecimiento de los Obispos
como testigos de la fe y maestros de la moral cristiana: |
| 4. Estamos convencidos de que la revelación y la gracia de Dios ofrecen
importantes ayudas a iluminar el problema de la paz y movernos a construirla con
honestidad y fortaleza. Si bien las actividades temporales, científicas, económicas,
políticas o militares, tienen sus leyes y razones propias, todas ellas, en cuanto
actividades humanas, deben responder a unos fines y a unas actitudes que correspondan al
verdadero bien del hombre. En este terreno de los fines y de las actitudes es donde la fe
cristiana y los criterios morales que de ella se derivan aportan estímulos y luces
peculiares para enjuiciar la situación presente, rectificar lo que aparezca torcido y
desarrollar vigorosamente los verdaderos fundamentos de la paz. |
La revelación de Dios ayuda a
iluminar el problema de la paz y a construirla. |
| 5. Nos sentimos unidos en esta preocupación pastoral con el Concilio Vaticano II,
con los romanos Pontífices y los demás Episcopados, cuyo magisterio ha iluminado
repetidamente con sus enseñanzas a la Iglesia y al mundo contemporáneo. Más
especialmente, por más recientes, queremos recordar el mensaje del Papa Juan Pablo II
sobre la paz el día de Año Nuevo del presente 1986, así como la Relación final
del Sínodo de Obispos recientemente celebrado. Continuamos también la línea de
actuación y pensamiento de nuestra Conferencia Episcopal en años anteriores3
y, finalmente, queremos evocar y reconocer, como fuente de la que han bebido muchos
especialistas de dentro y fuera de la Iglesia, a la Escuela Española de Derecho
Internacional, que en pleno siglo XVI, cuando el descubrimiento de un mundo nuevo
planteaba problemas inéditos al derecho y a la paz entre los pueblos, supo encontrar, en
la fe cristiana, unos principios que todavía mantienen en gran parte su vigencia. |
En comunión con el magisterio
universal de la Iglesia. |
| 6. En el desarrollo de esta exposición comenzamos por presentar los rasgos
predominantes de la situación actual (capítulo I); exponemos, después, una
síntesis de la doctrina bíblica y católica sobre la paz (capítulo II); a la luz
de esta doctrina y de acuerdo con el más reciente magisterio de la Iglesia analizaremos
desde el punto de vista moral las más graves cuestiones que se plantean en nuestro mundo
acerca de la paz, la guerra y la defensa (capítulo III); posteriormente
examinaremos los problemas específicos de la paz en la sociedad española,
manteniéndonos siempre en la perspectiva de la fe y de la moral cristiana (capítulo
IV); nos ha parecido oportuno dedicar una atención especial a las cuestiones que se
nos plantean en este campo en cuanto integrantes de Europa (capítulo V); nuestra
instrucción termina enumerando las aportaciones más importantes que como católicos
podemos y debemos hacer a la construcción de la paz en España, en Europa y en el mundo (capítulo
VI). |
Síntesis del contenido del
documento. |
7. De esta manera queremos contribuir a que la Iglesia y los
católicos españoles, con una conciencia clarificada y con actitudes verdaderamente
evangélicas y cristianas, seamos capaces de ocupar el lugar que nos corresponde a la
construcción de la paz, junto con nuestros hermanos en la fe de la Iglesia universal y
los hombres de buena voluntad del mundo entero.
Esperamos que esta instrucción será recibida como un servicio pastoral a la comunidad
cristiana y a todos aquellos conciudadanos que con verdadero espíritu de paz buscan los
caminos de una sociedad nueva, más justa, más solidaria y fraterna, una sociedad
pacífica que responda a la vez a las necesidades de los hombres y a los verdaderos
designios de Dios. |
Contribuir en la construcción
de la paz. |
I. LA PAZ, CLAMOR Y EXIGENCIA DE
NUESTRO TIEMPO
1. Situación conflictiva del mundo
| 8. Quien examine con ojos
limpios y espíritu desinteresado el panorama general de las relaciones internacionales
tendrá que reconocer la existencia de situaciones anormales y alarmantes. |
Situaciones alarmantes en el
mundo. |
1.1. División
en bloques contrapuestos
| 9. La sociedad mundial
está dividida por la hegemonía de dos ideologías difícilmente conciliables que dan
lugar a sistemas enfrentados como dos bloques cerrados y opuestos que "dividen y
contraponen entre sí a los pueblos"4. El dinamismo de estos bloques está
determinado por el antagonismo de las dos superpotencias que presiden cada uno de ellos.
Cada uno de estos bloques mira al otro con desconfianza, ve en él una amenaza para su
prosperidad y hasta un rival en su voluntad de expansión y hegemonía. Las posiciones se
endurecen y el afán por mantener las propias ventajas tiende a ser la razón primordial
de las actitudes y de las acciones. Se sigue de ello una política de competencia y
rivalidad que mata la necesaria confianza entre los pueblos, favorece la existencia de
tensiones entre el Este y el Oeste y provoca la carrera de armamentos. |
Dos superpotencias y dos
bloques enfrentados. |
1.2. Carrera de armamentos y
guerras localizadas
| 10. La permanente tensión entre los dos bloques provoca el recurso a la
fabricación y posesión de armas cada vez más perfeccionadas y de mayor poder de
destrucción. Este objetivo destructor tiende a independizarse de cualquier otra
consideración y lleva a planteamientos verdaderamente irracionales y crueles: un arma es
tanto mejor cuanto más poder destructor tenga y más capaz sea de amedrentar al posible
adversario. |
Carrera de armamentos cada vez
más perfectos. |
| 11. Las grandes potencias
ponen a prueba sus fuerzas en guerras localizadas en las que, sin necesidad de enfrentarse
directamente, dirimen sus diferencias tratando de ampliar o conservar su hegemonía en
territorios de terceros países. De esta manera se acrecienta la producción de nuevas
armas y la venta de las ya superadas a otros países que se endeudan cada vez más
hundiéndose en el subdesarrollo y en la miseria. Con razón el Papa Juan Pablo II ha
denunciado la "ideologización de conflictos locales por parte de otras potencias que
buscan ventajas en una determinada región abusando de los pueblos pobres e
indefensos"5. |
Guerras localizadas en las que
se empleen las armas ya superadas. |
1.3. Creciente fosa entre Norte y
Sur
| 12. La rivalidad que divide y enfrenta a los países desarrollados
entre sí les mueve a centrarse en sus propios objetivos de desarrollo y armamento,
desentendiéndose de las necesidades primarias de los pueblos menos desarrollados. Más
aún las enormes exigencias del armamentismo inducen a los países más fuertes a
aprovecharse de las riquezas existentes en los países pobres sin compensarles
adecuadamente ni colaborar seriamente en su desarrollo. De esta manera se hace cada vez
más profundo "el abismo social y económico que separa a los ricos de los
pobres"6. |
Los países ricos, centrados
en su desarrollo y armamento, se desentienden de los países pobres. |
| 13. Los pueblos del hemisferio Norte aumentan progresivamente las
distancias con los países pobres del hemisferio Sur. El desarrollo insolidario de los
primeros mantiene a los más pobres en el subdesarrollo mediante "manipulaciones
inteligentes al servicio de ideologías y sistemas políticos que tienen como objetivo
último la dominación"7. Así, mientras las tres cuartas partes de los
recursos mundiales son consumidas por las naciones más adelantadas, que sólo representan
una cuarta parte de la población, centenares de millones de personas pasan hambre; y
mientras las grandes potencias del mundo acaparan los recursos de la humanidad para
defender sus privilegiadas posiciones, los países mas pobres se ven privados de lo más
indispensable para sobrevivir. |
Pobreza creciente de los
países del hemisferio Sur. |
1.4. Peligro de
una catástrofe nuclear
| 14. En esta situación la paz no tiene garantías suficientes. El acumulamiento de
armas que algunos consideran como el mejor modo de evitar la guerra, no es capaz de
construir la paz ni de eliminar las raíces profundas de los conflictos. En cualquier
momento las tensiones y las rivalidades pueden ser tan graves que hagan estallar el
conflicto sin que sea posible controlar sus dimensiones ni mitigar su inmenso poder
destructor. |
No sólo en cualquier momento
puede estallar un conflicto de dimensiones incontrolables... |
| 15. Aun antes de llegar a este momento crítico, la paz está ya herida en sus
fundamentos por la injusticia existente, las múltiples agresiones localizadas y la
estrategia de subversión y terrorismo extendida por diferentes puntos del mundo. La
guerra no es más que la explosión brutal de la injusticia y de las ideologías
expansionistas y dominadoras. |
...sino que la paz está
herida por la injusticia existente. |
2. Precaria paz en Europa
| 16. Al examinar nuestras
responsabilidades en relación con la paz no podemos dejar de tener en cuenta la
situación de Europa de la que los españoles formamos parte. Al hablar de Europa no
pensamos sólo en la Comunidad Europea, sino en Europa entera, desde el Atlántico a los
Urales. Estamos y queremos estar unidos a esta Europa dividida y amenazada que busca
ansiosamente la seguridad y la paz al saberse la primera víctima en el caso de que se
rompiera el difícil y frágil equilibrio existente entre los bloques. |
Europa, dividida y amenazada,
sería la primera víctima en caso de conflicto entre los bloques. |
2.1. Una guerra todavía no cerrada
| 17. A pesar
de los importantes logros alcanzados durante los últimos años en las relaciones entre
los pueblos europeos, no se ha llegado todavía a un tratado de paz que cancele del todo
la segunda guerra mundial concluida militarmente hace ya más de cuarenta años. Desde
entonces pueblos enteros se ven privados de su autonomía cultural y política; las
libertades de expresión, de conciencia y de libre circulación no están reconocidas en
gran parte de Europa; diversas naciones se ven divididas por fronteras artificiales que se
mantienen por la fuerza y el temor de las armas. La incompatibilidad entre los bloques y
las áreas de influencia dividen violentamente a Europa en zonas incomunicadas que se
miran con desconfianza y están sometidas a las exigencias de la rivalidad entre las
superpotencias y a los vaivenes de sus relaciones. |
La segunda guerra mundial
está todavía sin cancelar con un tratado de paz. |
2.2. Una
búsqueda larga y laboriosa
| 18. Los países europeos sienten la necesidad de superar esta situación o de
mitigar, al menos, sus consecuencias más irritantes y dolorosas. Cuando el mundo entero
se siente llamado a vivir como una única familia, resulta menos tolerable la división y
el enfrentamiento dentro de la familia europea, en la que no es posible el mutuo
enriquecimiento al faltar la libertad de comunicación; las mismas familias se ven
obligadas a vivir divididas y los problemas comunes no pueden ser abordados en sus
dimensiones naturales porque no es posible la colaboración directa entre los
trabajadores, los empresarios, los intelectuales, los políticos y los gobernantes. |
Necesidad de superar esta
situación de división y enfrentamiento dentro de la familia europea. |
| El Acta de Helsinki, así como la
Conferencia de Seguridad y Cooperación de Europa (1975) son expresión de un anhelo
común. A pesar de los escasos frutos obtenidos en la práctica, continuó el diálogo en
las sesiones de Belgrado, Madrid y Estocolmo. El proceso, iniciado hace diez años, será
revisado, una vez más, en Viena. Ojalá estos esfuerzos logren pasos efectivos en el
reconocimiento de la libertad y de la justicia, fundamentos indispensables de la paz
verdadera. |
Conferencia de Seguridad y
Cooperación de Europa. |
3. Dificultades para la paz en
la sociedad española
| 19. Si bien en relación con la paz exterior nuestra situación es muy similar a la
del resto de los países de Europa Occidental, nos encontramos, sin embargo, en unas
circunstancias peculiares en relación con la paz interna de nuestra sociedad. |
La paz interna en España
ofrece especiales dificultades: |
| Entre nosotros la injusticia, las
tensiones, las ideologías intolerantes, la presencia misma de la violencia, tienen
caracteres singulares y específicos. Enumeramos únicamente los que constituyen las
mayores dificultades para construir sólidamente una convivencia pacífica y estable: la
injusticia social que mantiene en la pobreza a varios millones de españoles; el paro que
en vez de disminuir alcanza cifras intolerables; las ideologías totalitarias y agresivas
sostenidas por grupos minoritarios; la dificultad de armonizar los derechos e intereses de
las diversas nacionalidades y autonomías con las justas exigencias del bien común; la
pérdida de ideales y valores éticos socialmente compartidos, la persistencia del
terrorismo inhumano y cruel. |
- injusticia social,
- paro,
- ideologías totalitarias,
- nacionalidades y autonomías,
- pérdida de valores éticos,
- terrorismo. |
| Sin caer en actitudes
catastrofistas, es innegable que los españoles debemos enfrentarnos con estos problemas
de manera seria y enérgica para llegar a una convivencia verdaderamente reconciliada,
enriquecida con el bien de la paz, que nos permita superar definitivamente los
enfrentamientos de nuestra historia y contribuir a la paz mundial con arreglo a nuestras
posibilidades históricas, culturales y religiosas. |
Sin catastrofismos, hay que
enfrentarse con energía a estos problemas. |
4. Actitudes sociales de fondo
4.1. Crisis de
verdad y de sentido
| 20. La amenaza de una guerra nuclear, las injustas diferencias entre los pueblos
del mundo, la precaria paz de Europa y los conflictos de la sociedad española obedecen en
el fondo a actitudes de prepotencia y de dominio que impiden la implantación de un orden
verdaderamente justo y solidario entre los hombres. |
Las actitudes de prepotencia y
de dominio impiden la implantación de un orden justo. |
| Acostumbrados a vivir
en un clima de injusticia y de violencia, las grandes palabras como paz, justicia,
solidaridad, quedan adulteradas y vacías de sentido. Perdidos en una sociedad donde
se infringen habitualmente los criterios morales del respeto a la vida y de la
convivencia, los hombres y las naciones sufren una crisis de verdad, de confianza y de
sentido. |
Paz, justicia, solidaridad:
grandes palabras adulteradas. |
4.2.
Resignación y desencanto
| 21. Esta situación provoca en muchos la sensación de que no hay posibilidad de
rectificar la situación actual, caminando hacia una sociedad nueva, más justa y
solidaria, en la que las relaciones entre los pueblos estén dirigidas por un sentimiento
de solidaridad universal en vez de inspirarse en la rivalidad y la competencia. |
Desencanto ante una situación
que parece inevitable. |
| La progresiva
concentración de poderes hace cada vez más difícil la participación responsable de los
ciudadanos en las grandes decisiones sociales y políticas. Por eso no tiene nada de
extraño que muchos hombres y mujeres se dejen llevar por el desencanto y lleguen a la
conclusión de que la situación actual del mundo, dividido en bloques y atravesado por
tensiones y conflictos es algo inevitable. Especialmente los jóvenes de uno y otro sexo
se ven angustiados por un futuro cargado de dificultades y amenazas ante el cual no saben
qué pueden o qué deben hacer. Este estado de ánimo provoca en unos reacciones agresivas
y a otros les lleva a actitudes pasivas fácilmente aprovechadas por grupos minoritarios
que aspiran a manipular y dominar la vida de los pueblos. "Todo esto puede y debe ser
cambiado"8. |
Especialmente difícil el
futuro para los jóvenes. |
4.3. Hacia una
"mentalidad totalmente nueva"
| 22. La paz no es un ideal utópico que pueda ser dejado al entusiasmo de ciertos
grupos soñadores. La paz universal se ha convertido en una condición indispensable para
la subsistencia de la humanidad, en un punto de partida necesario para poder superar los
graves problemas del hambre y de la pobreza en el mundo y avanzar en el establecimiento de
una vida libre, pacífica y digna para todos los hombres de la tierra. |
La paz, condición
indispensable para superar el hambre y la pobreza y para una vida libre y digna. |
| 23. Nosotros queremos afirmar solemnemente que la paz es necesaria,
que la paz es posible, que es obligatorio para todos hacer cuanto dependa de nosotros para
que sea pronto una realidad. Hay que resaltar que está ganando terreno la conciencia de
que la reconciliación, la justicia y la paz entre los individuos y entre las naciones no
son simplemente una llamada dirigida a unos cuantos idealistas, sino una verdadera
condición para la supervivencia de la misma vida9. |
La paz, posible con la
colaboración de todos. |
| 24. Esta conciencia está suscitando el nacimiento de grupos y
movimientos que buscan nuevos caminos para construir la paz. Se extiende la convicción de
que vivimos un "tiempo de adviento, de espera"10, y se despierta el
sentimiento de que se abre una nueva época de la historia humana cuyo rumbo está aún en
nuestras manos. |
Grupos y movimientos por la
paz. |
| 25. Los cristianos no podemos asistir con indiferencia a estos
acontecimientos. En el Evangelio y en la vida de la Iglesia encontramos "nobles
razones, más aún, motivos de inspiración para realizar cualquier esfuerzo que pueda dar
paz verdadera al mundo de hoy"11. |
Llamada evangélica a los
cristianos: |
| El Concilio Vaticano II nos
invitó hace ya más de veinte años a examinar los problemas de la guerra con
"mentalidad totalmente nueva"12. A partir de la iluminación que nos
viene de la revelación de Dios, de la tradición de la Iglesia y de las insistentes
enseñanzas de los últimos Papas, debemos examinar las graves amenazas que se alzan hoy
contra la paz del mundo, asumir con simpatía y discernimiento las aspiraciones de paz que
surgen en los diversos grupos humanos, denunciar las raíces de la violencia e impulsar
todo aquello que acelere el establecimiento de la paz universal entre los hombres y las
naciones de la tierra. |
- examinar
las amenazas a la paz,
- asumir las aspiraciones de paz,
- denunciar las raíces de la violencia,
- impulsar el establecimiento de la paz. |
II. VISIÓN CRISTIANA DE LA PAZ
1. A la luz de la Palabra de Dios
| 26. Jesucristo es la
Palabra definitiva de Dios sobre la salvación del hombre. Por ser el Hijo mediador y
plenitud de toda revelación, ilumina y da sentido a todo lo válido del Antiguo
Testamento, llevándolo a su plenitud insuperable y absoluta. Esa Palabra se hace hoy
presente entre nosotros gracias al Espíritu, "por quien la voz viva del Evangelio
resuena en la Iglesia y, por ella, en el mundo entero; va introduciendo a los fieles en la
verdad plena y hace que habite en ellos intensamente la palabra de Cristo"13.
Por ello centramos ahora nuestra atención en esa Palabra fijada para siempre en la
Sagrada Escritura, transmitida, anunciada e interpretada por el Magisterio de la Iglesia. |
Jesucristo, Palabra definitiva
de salvación, fijada en la Sagrada Escritura y transmitida, anunciada e interpretada por
el Magisterio de la Iglesia. |
2. Cristo, nuestra paz
| 27. Con
estas palabras de San Pablo (Ef 2,14) formulamos la confesión de nuestra fe y
enunciamos la perspectiva propia de los cristianos en la construcción de la paz entre los
hombres. Con su vida, su muerte y su resurrección, Jesucristo trajo a los hombres la paz
de Dios, y fue constituido fuente de paz y reconciliación para todos los tiempos y para
todos los pueblos. La predicación del Evangelio sigue renovando y estimulando a la
Iglesia e invitando a todos los hombres a que se dejen penetrar por su Espíritu
vivificante. Al propio tiempo, el mismo Espíritu sigue actuando más allá de las
fronteras visibles de la Iglesia en el secreto de las conciencias de todos los hombres de
buena voluntad14. |
Jesucristo ha traído la paz
de Dios y es la fuente de paz para todos los pueblos. |
2.1. El ejemplo
de la predicación de Jesús
| 28. En su forma de vivir y en su predicación, Jesús de Nazaret
expresa una convicción fundamental: que Dios es Padre, amor gratuito y generoso que
quiere que todos los hombres lleguen a ser sus hijos y vivan como hermanos, en paz y amor;
que se inicia ya un "año de gracia"15, en el que llegará la paz y
la liberación para todos los que acogiendo su palabra, alejen de su corazón el egoísmo
y la violencia. |
Convicción fundamental que
expresa Jesús: Dios es Padre y quiere que todos los hombres sean sus hijos y vivan como
hermanos. |
| 29. Jesús centró su predicación en anunciar el Reino de Dios
inaugurado en Él mismo. Este Reino se realizará plenamente en el mundo nuevo de
la Resurrección mas allá de las fronteras de la muerte. La adhesión de los hombres por
la fe y la conversión a este anuncio de Jesús, abre la posibilidad y la obligación de
realizar ya en este mundo de manera anticipada los rasgos esenciales de este Reino de
reconciliación y de paz que son: misericordia, justicia, amor, verdad,
liberación y libertad para los oprimidos hasta que el Señor vuelva. El Reino es como un
banquete al que todos los hombres son invitados para sentarse juntos y participar en su
misma mesa16. Con este espíritu, Jesús forma una pequeña comunidad cuya ley
era el amor en el servicio; infundió confianza a los pobres, enfermos y
pecadores; quiso librar a los poderosos y ricos de sus falsas seguridades; anunció un
mundo reconciliado en el que todos los hombres vivan como hijos de Dios y hermanos entre
sí. |
Es el Reino de
Dios... ... donde reinan la
misericordia, la justicia, el amor, la verdad, la liberación y la libertad.
Comunidad cuya ley sea el amor en el
servicio. |
2.2.
Por la sangre de su cruz
| 30. Cuando Jesús tuvo que enfrentarse con la muerte a manos de los
hombres, renunció a cualquier respuesta violenta, acepto la voluntad misteriosa de Dios
en amor y obediencia, se entregó mansamente como cordero llevado al matadero y murió
perdonando a quienes lo mataban y ofreciéndose a sí mismo como precio de la redención
de todos los hombres. Quienes creemos en Él como Hijo de Dios y salvador de los hombres,
no podemos olvidar que el Evangelio cuando nos propone expresamente el seguimiento de
Jesús destaca estos rasgos: "Aprended de mí que soy manso y humilde de
corazón"17. |
Jesús, al enfrentarse con la
muerte, renunció a cualquier respuesta violenta. |
| 31. Dios mismo estaba misteriosamente presente en la muerte de su Hijo
ofreciendo su vida por nosotros para reconciliar a todos los hombres con Él18.
Al reconciliarnos con Dios, Jesús trajo la paz al mundo por la sangre de su cruz19
y derribó el muro de enemistad que separaba a los pueblos20. |
Jesús, Hijo de Dios, ofrece
su vida para reconciliar a los hombres con Dios. |
| 32. Resucitado de entre los muertos por el poder de Dios, Jesucristo
fue constituido Señor, primicia de un mundo nuevo al que todos somos llamados. Con la
fuerza de esta vocación y de esta esperanza, creyendo en Él y aceptando en nosotros la
acción de su gracia, podemos y debemos transformar este mundo a imagen y semejanza del
mundo futuro estableciendo ya desde ahora, aunque sea parcialmente, el Reino de Dios,
presidido por Jesucristo resucitado, Señor de la historia y animado por el Espíritu
Santo, fuente de amor, de fraternidad, de paz entre los hombres de toda raza, lengua,
pueblo y nación21. |
Jesús resucitado es
constituido "Señor". Con su fuerza podemos transformar el mundo. |
2.3. El
Evangelio de la paz
| 33. Este anuncio resume el mensaje de Jesús en relación con la paz: Dios ha
intervenido en el mundo para suscitar el amor y la fraternidad entre todos los
hombres, concediéndonos el don de la paz y pidiéndonos nuestra colaboración mientras
llega la plenitud de la salvación. |
Mensaje de Jesús en relación
con la paz. |
| 34. La paz es don de Dios. Quienes reciben en su corazón la
buena noticia del Reino adquieren una nueva visión del mundo y de la vida; experimentan
el perdón y el amor de Dios que les hace a su vez capaces de perdonar y amar a los
hombres como ellos mismos son amados y perdonados. Jesús exhorta a sus discípulos a amar
a sus enemigos, a ser buenos con todos más allá de los límites de las exigencias y los
derechos: "Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; perdonad y
seréis perdonados; porque con la medida con que midáis seréis medidos"22.
Por todo ello los pacíficos son llamados "hijos de Dios" y Jesús los proclama
bienaventurados: "Bienaventurados los que buscan la paz porque ellos serán llamados
hijos de Dios"23. |
La paz, don de Dios:
- visión nueva del mundo y de la vida;
- capacidad de amar incluso a los enemigos. |
| 35. La paz es fruto del amor. Esta tarea de pacificación, como
el amor cristiano que la inspira, va siempre más allá de las leyes escritas y de las
observancias legales: "Si alguno te obliga a andar una milla, vete dos con él"24.
Prohibe devolver mal por mal y manda, en cambio, hacer el bien incluso a los que hacen el
mal y a los enemigos25; no se toleran odios, desprecios, venganzas ni
represalias contra nadie. Expresiones como "a quien te abofetee en una mejilla,
ofrécele también la otra" o "al que quiera pleitear contigo para quitarte la
túnica, déjale también el manto"26, manifiestan, dentro de su estilo
hiperbólico, una mentalidad nueva que crea en el hombre un corazón pacifico y
pacificador. |
La paz, fruto del amor:
- más allá de las leyes y derechos;
- hacer el bien incluso a los que hacen el mal;
- corazón pacífico y pacificador. |
| 36. La paz responsabilidad de los hombres. La paz, como todo
don de Dios al hombre, debe contar con nuestra disponibilidad y colaboración. La
conversión al Reino de Dios incluye necesariamente nuestro compromiso en favor de la paz.
Este compromiso tiene unos contenidos y unas exigencias morales que podemos llamar
"su verdad": justicia, amor, verdad, misericordia, especialmente con los pobres
y los oprimidos. Los pacíficos del Evangelio son los que, además de haber comprendido el
designio de Dios, tratan de plasmarlo en el tejido de la historia: "No todo aquel que
me diga Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad
de mi Padre celestial"27. |
La paz, responsabilidad
de los hombres:
- compromiso en favor de la paz;
- la "verdad" de la paz; |
| Para
construir la paz es necesario amar a Dios y a los hombres, inseparables entre sí: Si al
presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que un hermano tuyo tiene algo contra ti,
deja tu ofrenda allí delante del altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano;
"luego vuelve a presentar tu ofrenda"28. De aquí que la "verdad
de la paz" tenga sus exigencias y compromisos en favor del hombre. La calidad
cristiana de este compromiso se manifiesta especialmente en la preferencia por los
desvalidos y humillados, en quienes Jesús mismo se hace presente y nos juzga29. |
- amar inseparablemente a Dios
y a los hombres para construir la paz. |
3. Jesucristo, esperanza de los pueblos
3.1.
"Shalom", paz
37. El hombre ha sido
creado por Dios para vivir en comunión con Él, con los demás hombres y con todas las
creaturas30. El Hijo de Dios vino a este mundo, enviado por el Padre, con la
fuerza del Espíritu Santo para realizar estos designios formando un pueblo "de su
propiedad" que fuera una verdadera comunidad universal, fundada en el reconocimiento
de su paternidad y su soberanía con un estilo de vida basado en la justicia, el amor y la
misericordia31.
El conjunto de estos bienes se expresa en el saludo bíblico "Shalom" con el que
se desea la paz como síntesis de todos los bienes necesarios y posibles.
Esta paz significa bienestar, prosperidad material y espiritual, sosiego y felicidad,
bendición de Dios y estima de los hombres de buena voluntad32. |
El hombre, llamado a vivir en
comunión
- con Dios,
- con los demás hombres,
- y con todas las creaturas:
"Shalom". |
3.2. La paz
obra de la justicia
| 38.
Aunque la paz sea un don que Dios concede a su pueblo33 , la construcción de
la paz es también tarea de los hombres; para ello es preciso vivir con sentimientos de
reconciliación, con espíritu de justicia y con actitudes de solidaridad y misericordia
hacia los más débiles y necesitados de la sociedad. Cuando no hay justicia, "se
dice paz, paz, pero no hay paz"34 cada uno crea sus propios ídolos para
mantener sus falsas seguridades, oponiéndose así al verdadero Dios que quiere la
justicia y la misericordia entre los hombres. Negando los derechos del hombre, se niegan
también los derechos de Dios35. Por eso, el mismo Creador pide cuentas a
Caín, el primer fratricida que rompió la paz: "¿Dónde está tu hermano?"36. |
La paz hay que construirla.
Exige:
sentimientos de reconciliación;
espíritu de justicia;
actitudes de solidaridad. |
3.3. En la
esperanza de la paz definitiva
39. A pesar de las
desviaciones y pecados de los hombres, los profetas anuncian que Dios llegará a reinar
sobre toda la tierra y establecerá la paz en los últimos tiempos. Convertirá a las
naciones poderosas que forjarán de sus espadas azadones y de sus lanzas podaderas; no
levantará la espada nación contra nación ni se ejercitarán más en la guerra37."Yhavé
proclamará la paz a las naciones"38; llegará al fin el mundo
paradisíaco de la reconciliación y la paz39.
El Nuevo Testamento mantiene y confirma esta esperanza. Al final de los tiempos habrá
nuevos cielos y nueva tierra, una nueva ciudad bajada del cielo, esto es, promovida por el
amor y la gracia de Dios, morada de Dios con los hombres, sin muerte ni llanto, sin gritos
ni fatigas40. |
La esperanza del creyente es
que Dios llegará a reinar sobre toda la tierra y establecerá la paz definitiva. |
3.4. La paz,
objetivo posible
| 40. Los profetas anunciaron que esta reconciliación definitiva sería
obra del Mesías, Príncipe de la paz41, y los cristianos confesamos a
Jesucristo como el Mesías que ha traído la paz del Reino de Dios. Sin embargo seguimos
todavía viviendo bajo el azote de la guerra aguardando la llegada de un mundo plenamente
reconciliado. |
La paz, obra del Mesías. |
| Sabemos
que la paz entre los hombres entra dentro de los bienes del Reino que son posibles en este
mundo. La guerra, las divisiones, los conflictos no son inevitables. Tenemos dentro de
nosotros, por la gracia de Dios, la capacidad de superar las divisiones y construir un
mundo de paz42. No es la fuerza fatalista del destino sino nuestros propios
pecados, pecados de egoísmo, ambición, intolerancia y venganza, lo que impide el
establecimiento de la paz. Por eso la Iglesia reclama la responsabilidad moral de los
dirigentes políticos y la conversión de los hombres a una vida justa y solidaria como
raíz de los cambios y del esfuerzo necesarios para construir la paz. |
La guerra, divisiones y
conflictos no proceden de fuerzas fatalistas del destino, sino del egoísmo, ambición,
intolerancia, venganza... |
| Ni
el optimismo irresponsable ni la resignación fatalista son actitudes cristianas. La paz
no llegara sola ni es fácil conseguirla. Pero está en nuestras manos. Las promesas y los
dones de Dios nos permiten creer en la paz, amarla y esperarla como algo posible a pesar
de nuestra debilidad de nuestros pecados. |
Ni optimismo irresponsable ni
resignación fatalista. |
4. La palabra de la Iglesia
4.1. Misión de la
Iglesia y de los cristianos
41. Entre
la reconciliación ya realizada en Jesucristo y la plenitud de los tiempos se sitúa el
tiempo de la Iglesia. La Iglesia es en Cristo "como sacramento, o sea signo e
instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano"43.
Ella que es una y universal en la variedad de los pueblos y de las culturas, puede
fomentar los vínculos entre las naciones.
Desde el primer momento, la Iglesia naciente comenzó llevando a los diversos pueblos la
conciencia de su unidad y el espíritu de reconciliación. La búsqueda y la
defensa de la paz ha operado siempre en la conciencia de la Iglesia como una de sus
obligaciones más graves en el mundo. Ni siquiera en las épocas más oscuras de la
historia dejó de manifestarse de algún modo esta conciencia. En los tiempos más
cercanos la doctrina y las enseñanzas del Magisterio han denunciado repetidamente los
males de la guerra y han urgido las exigencias de la paz. |
La Iglesia, signo e
instrumento de la unión con Dios y de la unidad con los hombres.
|
4.2. Ejemplo de
las primeras comunidades de la Iglesia
| 42. Convencidos de que la promesa de salvación es también "para
los que están lejos"44, los primeros cristianos vencieron toda tentación
de sectarismo y de discriminación entre hombres y pueblos. Pronto la comunidad de Jesús
abrió sus puertas a los gentiles, pues "Dios no hace distinción de personas"45.
Con el mismo espíritu de universalidad, las iglesias que fueron naciendo en el mundo
helenístico derribaron los muros de raza, de sexo y de condición social que impedían la
fraternidad entre todos los hombres46. |
Las primeras iglesias, con
espíritu de universalidad, vencieron toda tentación de sectarismo o discriminación. |
| Lo
mismo que el Maestro, también los primeros cristianos entraron en conflicto con "los
dominadores de este mundo tenebroso"47 sufrieron la persecución y el
martirio. Con su paciencia y mansedumbre, manifestaron el espíritu de reconciliación;
vivieron y murieron perseverantes "en la caridad primera"48
anunciando el evangelio de la paz. |
Sufrieron, como Cristo,
persecución y martirio anunciando el Evangelio de la paz. |
4.3. Una
exigencia constante en la historia del cristianismo
| 43. No es
fácil encarnar el evangelio del amor y de la paz en una sociedad marcada por la rivalidad
y la violencia. Ello puede explicar hasta cierto punto las diferencias y desviaciones de
muchos cristianos contra esta vocación de unidad y de paz. Porque, aunque los
acontecimientos del pasado hayan de ser interpretados y juzgados dentro de su contexto
histórico, es obligatorio reconocer que los miembros de la comunidad cristiana no hemos
sido siempre instrumento ni signo de paz: guerras de religión entre cristianos y
contra otras religiones, alianzas con los poderes de este mundo, silencio ante la
violencia y los agresores; todo ello son deficiencias y pecados que desfiguran la vida de
la Iglesia "necesitada de purificación constante"49. |
La dificultad de encarnar el
amor y la paz explica las desviaciones de muchos cristianos a lo largo de la historia:
- guerras de religión,
- alianzas con el poder,
- silencio ante la violencia. |
44. A pesar
de todo, el servicio a la paz ha estado siempre vigente en la conciencia de la Iglesia,
obligándola a resistirse a aceptar la guerra como medio normal de comportamiento entre
los hombres. Es significativo y digno de admiración la resistencia de los primeros
cristianos de Roma a participar en las acciones violentas de su sociedad a pesar
del reconocimiento de la autoridad civil como representante de Dios e instrumento del bien
común y de la convivencia50.
Cuando la expansión del cristianismo hace que aumente el número de los cristianos que
participan en la milicia, a los soldados cristianos se les recuerdan las exigencias del
amor fraterno51. |
Con todo, el servicio de la
paz ha estado siempre vigente en la conciencia de la Iglesia. |
| 45. Más
tarde, cuando la sociedad entera pretende regirse por los criterios de la fe cristiana,
son los mismos cristianos quienes tienen que buscar la difícil armonía entre las
exigencias del amor al prójimo y el mantenimiento del orden o de la defensa contra los
enemigos52. |
Difícil armonía entre las
exigencias del amor y las del orden o la defensa. |
4.4. La
regulación moral de la guerra
| 46. Esta preocupación llevará a los doctores y pastores de la
Iglesia y especialmente a San Agustín a formular los preceptos morales que deben
observarse cuando las circunstancias imponen la aceptación de la guerra: la paz es el
conjunto de todos los bienes y debe ser siempre deseada y protegida, mientras que la
guerra es un mal devastador que debe evitarse y rechazarse. Cuando la autoridad no puede
defender de otra manera la paz del pueblo, la réplica armada a los adversarios debe
vulnerar lo menos posible las exigencias del amor y del perdón a los enemigos. La
intención de esta doctrina no fue nunca la justificación de la guerra, sino la de
defensa de las exigencias de la justicia y del amor a los enemigos aún en la
circunstancia anómala de tener que usar la violencia. |
Doctrina de S. Agustín: la
paz es el bien, la guerra es el mal. |
| 47. Con la misma
intención Sto. Tomás de Aquino y otros teólogos, entre los que descuellan los
españoles del siglo XVI, condenaron los males de la guerra y perfeccionaron la doctrina
moral de la Iglesia sobre la guerra misma tratando de evitarla en lo posible o por lo
menos disminuir y mitigar sus males53. Para que el desarrollo de una guerra sea
compatible con la moral cristiana debe existir una causa justa, han de estar agotados los
procedimientos pacíficos de restablecer el orden, debe estar declarada y dirigida por una
autoridad competente y soberana en la imposibilidad de recurrir a otra instancia superior.
Los males infligidos al agresor deben ser proporcionales y restringidos, para no violar
los principios de la justicia que se intentan cumplir ni destruir los bienes que se
intentan proteger. Es preciso reconocer con tristeza que estas exigencias morales se han
ido relajando y hoy existen concepciones de la "guerra justa" que tienen poco
que ver con la visión cristiana de la paz y de la guerra. |
Santo Tomás y los teólogos
españoles del siglo XVI: Evitar la guerra o, la menos, mitigar sus males. |
5. El magisterio actual de la Iglesia
48. Ante las graves amenazas que se ciernen sobre el mundo contemporáneo, la
Iglesia ha actuado y desarrollado con insistencia sus consideraciones morales sobre los
problemas de la paz y de la guerra. El Concilio Vaticano II recoge y actualiza la doctrina
tradicional de la Iglesia y las enseñanzas de los Sumos Pontífices: es preciso construir
la paz y abandonar la guerra para siempre54. |
Concilio Vaticano II:
Construir la paz y abandonar la guerra. |
5.1. La
paz obra del amor y de la justicia
| 49. La paz, aspiración de todos los hombres y los pueblos, es un don
de Dios, que por "la Cruz elevada sobre el mundo, lo abraza simbólicamente y tiene
el poder de reconciliar Norte y Sur, Este y Oeste"55 . Paz no quiere decir
sólo "ausencia de guerra, no se reduce al solo equilibrio de fuerzas contrarias, ni
nace de un dominio despótico, sino que con razón y propiedad se define como la obra de
la justicia56. |
La paz es mucho más que la
ausencia de guerra. |
| No hay verdadera paz si no hay justicia: "la paz construida y mantenida
sobre la injusticia social y el conflicto ideológico nunca podrá convertirse en una paz
verdadera para el mundo"57. |
Es falsa la paz construida
sobre la injusticia. |
| 50. La justicia se expresa principalmente en el respeto a la dignidad
de las personas y los pueblos y en la ayuda eficaz a su desarrollo58. La paz,
continuamente amenazada por el pecado, ha de fraguarse en el corazón del hombre:
"ante todo, son los corazones y las actitudes de las personas los que tienen que
cambiar, y esto exige una renovación, una conversión de los individuos"59.
|
La paz ha de fraguarse, ante
todo, en el corazón del hombre. |
| 51. Además, la paz tiene sus propios caminos que son inexorables: el
respeto al "derecho natural de gentes"60, la edificación de un nuevo
orden internacional, el respeto a los acuerdos adoptados, la renuncia al egoísmo
nacionalista y a las ambiciones de dominio, el cambio de mentalidad de los pueblos hacia
sus presuntos adversarios y el diálogo como camino de solución de los conflictos61.
|
En segundo lugar, ha de
basarse en el respeto al "derecho natural de gentes". |
| 52. En una situación como la que vivimos es muy difícil que se den
las condiciones mínimas para poder hablar de una guerra justa. La capacidad de
destrucción de las armas modernas, nucleares, científicas y aun convencionales,
escapa a las posibilidades de control y proporción. Por ello hay que tender a la
eliminación absoluta de la guerra y a la destrucción de armas tan mortíferas como las
armas nucleares, biológicas y químicas. Esto no será posible sin un cambio de las
conciencias que les lleve a rechazar la guerra y extirpar las injusticias que la
alimentan; es preciso llegar al "desarme de las mismas conciencias"62. |
Hoy es muy
difícil una "guerra justa", dada la capacidad de destrucción de las armas
modernas.
Hay que llegar al "desarme de las conciencias". |
6. Una mentalidad evangélica
| 53. La situación amenazadora del mundo exige un cambio si se quiere
sobrevivir. Esta es la opinión generalizada entre muchos de nuestros contemporáneos, y
el mismo Concilio Vaticano II expresó su preocupación y dio su voz de alerta. |
|
Los
cristianos tenemos ya en el Evangelio las orientaciones fundamentales para superar esta
situación, juzgando con un corazón nuevo la nueva coyuntura histórica. La paz que hemos
de construir tiene su fuente en el amor sólo desde ahí podemos emprender "el camino
de la solidaridad, del diálogo y de la fraternidad universal"63. Este
amor alcanza también a los enemigos; no caben represalias ni venganzas.
La construcción de la paz es responsabilidad de todos. Con esta mentalidad evangélica,
siguiendo las enseñanzas de la Iglesia y el testimonio de los mejores cristianos,
queremos examinar ahora los problemas que se plantean hoy en relación con la paz y con la
guerra, deseosos de ayudar a los cristianos y a los hombres de buena voluntad a aclarar
sus conciencias sobre estas complejas cuestiones y promover el desarrollo de la paz en la
medida de sus fuerzas. |
Construir la paz por el camino
de la solidaridad, el diálogo y la fraternidad universal. |
III. JUICIO CRISTIANO SOBRE LAS GRANDES CUESTIONES
DE PAZ
54.
Queremos proyectar esta mirada evangélica sobre algunas cuestiones más urgentes de
nuestro tiempo en torno a la paz, no para ofrecer soluciones concretas que pertenecen al
terreno de la política mundial o nacional, sino para que las soluciones no sucumban al
pragmatismo del puro "realismo político" sin horizontes éticos. Es cierto que
los grandes ideales quedan siempre más allá de las actuaciones prácticas, pero si
éstas no brotan motivadas por las preocupaciones éticas ni tratan de acercarse a los
ideales tampoco serán válidas para construir la verdadera paz. |
Ofrecer horizontes
éticos sobre el pragmatismo del "realismo político". |
1. La guerra es un mal condenable
| 55. Para el pensamiento cristiano la guerra es un mal que no responde
a la naturaleza del hombre como ser racional y sociable; un atropello contra los derechos
humanos y contra los derechos de Dios; una violencia incompatible con la mansedumbre de
Jesucristo y el Evangelio de reconciliación. Dadas las espantosas consecuencias que hoy
pueden provocar un conflicto bélico, la guerra ha llegado a ser un mal intolerable:
"en nuestra época, que se jacta de poseer la energía atómica, resulta un absurdo
sostener que la guerra es un medio apto para resarcir el derecho violado"64. |
La guerra se opone al hombre
como ser racional y sociable. Es incompatible con el Evangelio. |
| 56. Una guerra con armas nucleares, bacteriológicas o químicas no
puede ser justificada bajo ningún concepto ni en ninguna situación. La rapidez de
intervención de las partes en conflicto y la capacidad de destrucción ilimitada hacen
intolerables unos efectos que supondrían un crimen contra la humanidad, por lo que esa
guerra debe ser condenada sin paliativos65. |
La guerra nuclear es
absolutamente injustificable. |
| Es
igualmente injustificable cualquier guerra de agresión, sean cuales sean los medios de
destrucción empleados; serán siempre rechazables por la intencionalidad que originó el
enfrentamiento y por la finalidad que se persigue, y ello aún independientemente del
peligro real que entraña además la posible generalización del conflicto. Por otra
parte, está disminuyendo la diferencia entre armamento nuclear y convencional. Es
evidente que "debemos hacer un esfuerzo para preparar con todas nuestras
fuerzas los tiempos en que, con el consentimiento de las naciones, pueda ser proscrita
totalmente toda clase de guerra"66. |
Igualmente injustificable es
cualquier guerra de agresión. |
2. Derecho a la legitima defensa
57. La autodeterminación, la libertad y la integridad son bienes de
los pueblos y de las naciones que pueden y deben ser deben ser defendidos en el caso de
que existan amenazas o agresiones injustas. En la doctrina católica la autoridad y el
Estado tienen la misión primordial de defender los derechos personales y colectivos
contra cualquier clase de agresión injusta que pueda presentarse.
Ya desde ahora hay que decir que esta "mejor manera posible" ha de tener en
cuenta no solo la eficacia y la contundencia sino también los aspectos morales, el
respeto a la dignidad humana del adversario y sobre todo los derechos de la población
inocente. |
Derecho a defender:
- la autodeterminación,
- la libertad y
- la integridad del pueblo. |
| 58. En ausencia de una autoridad internacional capaz de asegurar el orden
internacional, está claro que un Estado soberano puede y debe organizar adecuadamente la
defensa de su población y de su territorio. No es suficiente una concepción de la paz
como mera ausencia de guerra ni puede apoyarse la defensa en una mentalidad armamentista.
Una política de promoción positiva de la paz tiene que fundarse en primer lugar en el
respeto a los derechos de todos y al desarrollo de unas relaciones internacionales justas
y solidarias. |
Organización adecuada de la
defensa fundada en el respeto a los derechos de todos. |
59. Hoy, por desgracia, existen todavía amenazas contra la paz y la libertad de
los pueblos. Estas amenazas provienen de las ideologías que justifican la negación de
los derechos humanos concretos en favor de inciertas utopías futuras, de la búsqueda de
un bienestar cada vez mayor como meta absoluta sin atender a las necesidades de los
demás, de la rivalidad y expansionismo de las grandes potencias, del empleo de métodos
subversivos y violentos para reivindicar pretendidos derechos o vengar agresiones
padecidas.
Es necesario todavía reclamar "el respeto de la independencia, de la libertad y de
la legítima seguridad" de los pueblos67. Por ello no se puede negar a los
gobiernos el derecho a tomar aquellas medidas necesarias para la defensa y seguridad de
sus pueblos68. |
Amenazas contra la paz y la
libertad de los pueblos. |
3. Exigencias éticas de la legítima defensa
| 60. El derecho a la defensa legítima justifica evidentemente la producción y
posesión de los medios necesarios para ejercerla. Pero desde el punto de vista moral
surgen aquí graves preguntas: ¿Es lícito cualquier modo de organizar y llevar a cabo la
propia defensa? ¿Es igualmente lícita la posesión y uso de cualquier clase de armas?.
La doctrina tradicional de la Iglesia, aplicada a las nuevas circunstancias, tiene
también aquí su aplicación. |
Medios necesarios para la
legítima defensa: perspectiva moral. |
61. El principio general para iluminar estas cuestiones es el siguiente: La defensa
tiene que estar ordenada y subordinada al bien común de la sociedad cuyos bienes se
pretenden defender; tiene que encaminarse a la evitación de la guerra, nunca a fomentarla
o a provocarla; por último, la defensa tiene que ser proporcionada a los peligros reales
de agresión. Tales criterios excluyen la validez de la carrera ilimitada de armamentos.
Por otra parte la defensa no puede descansar únicamente en la fuerza disuasoria de las
armas. El primer esfuerzo de la defensa ha de consistir en el reconocimiento de los
derechos de todos los hombres y pueblos, así como en el desarrollo de relaciones
internacionales inspiradas en el respeto, la confianza y la solidaridad. |
Principio básico moral de la
defensa. |
| 62. La legitimidad moral de la defensa no justifica, por tanto, la producción
ilimitada de armas dando lugar al desarrollo de una industria armamentística que poco a
poco va convirtiéndose en eje principal del desarrollo de la investigación, la industria
y el comercio. Cuando esto ocurre, la defensa, en vez de ser un medio imprescindible para
situaciones especiales, se convierte en el eje de un sistema económico que necesita
ampliarse constantemente y justificarse sin cesar con la existencia de tensiones y
conflictos. En esta situación, la fabricación y el comercio de armas, en vez de ser un
instrumento de defensa, se convierte en un aliciente para la guerra, en una verdadera
amenaza contra la paz y hasta puede llegar a ser una injusticia respecto a los más
pobres. |
La producción ilimitada de
armas carece de justificación moral: condiciona un sistema económico de comercio
provocador de guerras. |
| 63. Llegados a este punto no se puede dejar de hablar de los problemas que plantean
las armas llamadas científicas, es decir, armas nucleares, biológicas y químicas. A
efectos del juicio moral, la particularidad de estas armas es, ante todo, su gran poder
mortífero y destructor. Desde un punto de vista cristiano y moral nos parece obligado
afirmar que no es moralmente aceptable ni la fabricación, ni el almacenamiento ni el uso
de esta clase de armas. Su gran poder destructor hace imposible admitir la moralidad de
tal clase de armamentos. Un juicio semejante habría que hacer de ciertas armas
convencionales con creciente capacidad de destrucción masiva e indiscriminada. |
Especialmente inaceptables,
desde la moral, son las armas científicas: nucleares, biológicas y químicas. |
| Nunca deberían haber aparecido en una humanidad civilizada estos
instrumentos de destrucción generalizada e incontrolada. Una conciencia moral no puede
aceptar la existencia y el desarrollo de tales armas como un modo normal de ejercer el
legítimo derecho a la propia defensa. La Iglesia, como intérprete de la conciencia moral
que nace del Evangelio y de la misma con ciencia moral de la humanidad, no ajena a las
inspiraciones del Espíritu de Dios, no puede dejar de mantener vivo el imperativo moral
de la prohibición y destrucción generalizada y controlada de tal clase de armamentos. |
Nunca deberían haber
aparecido |
4. El problema moral de la disuasión
| 64. Para iluminar moralmente la situación actual no es suficiente
decir que estas armas no debían haber existido nunca. Nos encontramos en una situación
en la que de hecho las naciones más poderosas del mundo, divididas en bloques
antagónicos, se amenazan mutuamente con grandes arsenales de armas nucleares y
científicas capaces de destruir totalmente la vida humana sobre la tierra. El juicio
moral sobre esta situación es complejo y requiere importantes matizaciones. |
Juicio moral complejo sobre la
situación actual de dos bloques fuertemente armados. |
| 65. La estrategia de disuasión, tal como existe actualmente, no parece compatible
con una conciencia moral que tenga en cuenta todos los aspectos afectados. Y esto por las
razones siguientes: la estrategia de disuasión, llevada de su propio dinamismo interno,
obliga a un crecimiento ilimitado en cantidad y calidad de las armas científicas
aumentando ciegamente su poder destructor; esta carrera ilimitada de armamentos condiciona
cada vez más el desarrollo, industrial y económico de los países afectados; el gran
costo de estos armamentos obliga a consumir desmesuradamente los recursos limitados de que
dispone la humanidad e impide a los países mas desarrollados mantener unas relaciones de
verdadera colaboración y solidaridad con los países pobres y subdesarrollados. Mientras
en unos países se llega a construir artefactos costosísimos de vida efímera que tienen
que ser sustituidos en poco tiempo, en otros lugares de la tierra los hombres no pueden
conseguir los niveles mínimos de subsistencia y de dignidad. |
Consecuencias de la estrategia
de disuasión actual. |
66. Para completar el análisis habría que añadir otra
consideración: la industria armamentística exigida por la estrategia de la disuasión
exige el complemento de la venta de armamentos a terceros países, generalmente pobres,
con las consecuencias de endeudamiento y empobrecimiento de los países compradores y la
multiplicación o agravamiento de los conflictos armados entre países pobres cuyos
habitantes carecen con frecuencia de los bienes elementales de alimentación, sanidad y
cultura. Cualquier persona con buen sentido moral y una información suficiente se siente
obligada a rechazar esta situación global como incompatible con una moral de respeto a la
vida humana y de solidaridad entre los pueblos.
"Crece desmesuradamente -y el ejemplo produce escalofríos de temor- la dotación de
armamentos de todo tipo, en todas y cada una de las naciones; tenemos la justificada
sospecha de que el comercio de armas alcanza con frecuencia niveles de primacía en los
mercados internacionales, con este obsesionante sofisma: la defensa, aun proyectada como
sencillamente hipotética y potencial, exige una carrera creciente de armamentos que sólo
con su contrapuesto equilibrio puede asegurar la paz"69. |
La compraventa de armamentos. |
| 67. Es preciso entrar en una consideración moral de la situación planteada entre
las naciones de ambos bloques. Existe la división del mundo en bloques; existe la
desconfianza, el temor y la amenaza entre ambos bloques; existe la necesidad de defender
la libertad de los pueblos que se sienten amenazados ¿Qué se puede decir desde una
conciencia moral para superar razonablemente esta situación que parece un callejón sin
salida? |
Juicio moral ante la
situación de desconfianza, temor y mutua amenaza, derivada de las tensiones entre los dos
bloques. |
| 68. En el año 1982 Juan Pablo II se expresaba en estos términos: "En las
circunstancias presentes, una disuasión basada en el equilibrio, no ciertamente como un
fin en sí misma, sino como una etapa en el camino de un desarme progresivo, quizá
podría ser juzgada todavía como moralmente aceptable70. |
- La disuasión como etapa en
el camino del desarme progresivo. |
| 69. A la vez, siguiendo las enseñanzas del Concilio y citando palabras de Pablo
VI, el Sto. Padre expresaba sus reservas de orden moral frente a la estrategia de la
disuasión: no es suficiente garantía para la paz ni camino seguro para mantenerla y
fortalecerla; la estrategia de disuasión implica la necesidad de ser superior al
adversario adquiriendo niveles cada vez más altos de capacidad destructora con lo que
resulta inevitable la carrera de armamentos con todos los males y riesgos que lleva
consigo. |
- La estrategia de disuasión
basada en la necesidad de ser superior al adversario. |
| 70. Los
pueblos tienen derecho a defenderse cuando se sienten amenazados; los gobiernos tienen
obligación de asegurar esta defensa; el desarme unilateral podría convertirse en un
aliciente para el posible agresor convirtiéndose así en una facilidad para la guerra en
vez de ser una condición para la paz. |
- El desarme unilateral
provocador de guerra en vez de paz. |
| 71. El punto esencial consiste en no apoyar el mantenimiento de la paz o la
evitación de la guerra de manera exclusiva o primordial en el temor impuesto por la
amenaza de las armas. Es preciso poner en el primer plano de los esfuerzos para evitar la
guerra y mantener la paz las negociaciones y relaciones internacionales junto con el
reconocimiento universal de los derechos humanos tanto de las personas concretas como de
los pueblos. |
- Primacía de los esfuerzos
de negociaciones internacionales... |
| El
orden moral exige que los gobiernos se comprometan a establecer conversaciones y
negociaciones para crear el suficiente clima de confianza que permita, en primer lugar,
paralizar cuanto antes la producción de nuevas armas científicas y evitar su dispersión
o extensión de manera absoluta. Es preciso que la colaboración y la confianza,
expresadas en hechos concretos, hagan retroceder progresivamente los recelos y las
amenazas. Posteriormente hay que avanzar en la disminución de estas armas de manera
bilateral, gradual y controlada hasta llegar a su completa destrucción y prohibición. |
.. para conseguir la
disminución de las armas de manera bilateral, gradual y controlada. |
| 72. Para que este proceso sea posible es necesario también que se avance en el
reconocimiento efectivo de los derechos humanos de los hombres y de los pueblos. Las
diversas ideologías y los diferentes sistemas podrían coexistir pacíficamente con tal
de que se afirmasen en un contexto de libertad, de respeto al derecho de
autodeterminación y autogobierno de los pueblos, al derecho a la libertad de expresión,
a la libertad religiosa, a la libertad de circulación, comunicación y asentamiento. El
reconocimiento generalizado de los derechos humanos dentro y fuera de las propias
fronteras y el establecimiento de una política de confianza y de solidaridad entre todos
los pueblos de la tierra es el camino para eliminar los bloques antagónicos existentes.
De esta manera se hará innecesaria la carrera de armamentos y resultará posible romper
la lógica diabólica del armamentismo. |
- Reconocimiento de los
derechos de los hombres y de los pueblos. |
| 73. Es necesario
añadir que una política de paz debe inspirarse hoy en una solidaridad internacional y
planetaria. Estos objetivos de solidaridad tendrían que ser el auténtico objetivo de la
investigación y del avance industrial, así como de las relaciones y pactos de
colaboración entre los pueblos Esta es la condición para que los avances técnicos y
políticos de la humanidad resulten acordes con los planes de Dios y puedan dar lugar a un
verdadero progreso material y moral, cuantitativo y cualitativo, de la humanidad. |
- Política de paz inspirada
en la solidaridad internacional. |
| 74. Finalmente, este proceso pacífico de la humanidad no será prácticamente
posible sin la existencia de una autoridad universal, verdaderamente representativa y
democrática, capaz de garantizar la vigencia de los pactos establecidos, los legítimos
derechos de los pueblos y la solución justa y pacífica de los conflictos locales que
puedan aparecer. |
- Necesidad de una autoridad
universal, representativa y democrática. |
| 75. "A quienes piensan que los bloques son algo inevitable,
nosotros les respondemos que es posible e incluso necesario crear nuevos tipos de sociedad
y de relaciones internacionales que aseguren la justicia y la paz sobre fundamentos
estables y universales". "Este es el camino que la humanidad tiene que emprender
si quiere entrar en una era de paz universal y de desarrollo integral"71. |
La humanidad tiene que
emprender un camino nuevo hacia la paz y el desarrollo integral. |
IV. NUESTROS PROBLEMAS INTERNOS Y LA PAZ
| 76. Es
conveniente que los españoles desarrollemos nuestro conocimiento de los problemas
mundiales de la paz, aprendamos a enjuiciarlos con un buen sentido moral y hagamos cuanto
dependa de nosotros personal y colectivamente para apoyar y desarrollar iniciativas de
distensión y de paz. Pero a la vez hemos de tratar de analizar sinceramente y superar de
manera seria y responsable las dificultades especificas que se dan entre nosotros para la
construcción de una paz estable dentro de nuestras propias fronteras. Estamos convencidos
de que la hora presente es una hora propicia para superar las raíces internas de la
violencia y orientar nuestra convivencia por caminos de paz y de progreso. Con el deseo de
colaborar a este empeño común ofrecemos las sugerencias que siguen, inspiradas en la
moral del Evangelio y congruentes con la misión pacificadora de la Iglesia. |
Junto al interés de los
problemas mundiales de la paz, hemos de afrontar nuestros problemas internos para una paz
estable. |
1. Dificultades internas para la paz y la convivencia
| 77. La experiencia demuestra que la convivencia y la paz encuentran
entre nosotros graves dificultades. En el momento presente resulta excesivamente simplista
hablar de la existencia de dos Españas como si nuestra sociedad estuviera dividida en dos
bloques irreconciliables. La realidad es bastante más compleja y no admite una
catalogación tan rígida y simplificadora. En la sociedad española -más o menos como en
las demás sociedades- se dan actualmente diferencias étnicas, culturales, ideológicas,
religiosas, políticas, económicas, sociales y generacionales que se cruzan y
entremezclan en múltiples sentidos. Solamente la radicalización y la intolerancia, la
ofuscación de la razón por la pasión podrían llevarnos a divisiones de la sociedad en
bloques incompatibles. Sin embargo, como la misma historia demuestra, no hay nada, por
malo que sea, que no se pueda repetir. Es imprescindible un esfuerzo de comprensión y de
progreso social en actitudes de convivencia y solidaridad. La variedad y el pluralismo
social, resultado de un reconocimiento de la libertad en la vida social y política, no
tienen por qué convertirse en rivalidad si progresamos socialmente en las actitudes
morales requeridas por la paz. |
Realidad compleja frente a la
catalogación simplista de las dos Españas. La radicalización y la intolerancia pueden arrastrarnos a bloques
incompatibles. |
| 78. En este mismo año celebramos el cincuenta aniversario de la guerra civil. El
recuerdo de aquella trágica experiencia pesa todavía, quizá excesivamente, sobre la
vida social y política de nuestra Patria. La misión pacificadora de la Iglesia nos mueve
a decir una palabra de paz con ocasión de este aniversario. Tanto mas, cuanto que las
motivaciones religiosas estuvieron desgraciadamente presentes por ambas partes en la
división y enfrentamiento de los españoles. |
1986: cincuenta aniversario
del comienzo de la guerra civil. Palabra de paz de la Iglesia. |
| 79. No sería bueno que la guerra civil se convirtiera en un asunto del que no se
pueda hablar con libertad y objetividad. Los españoles necesitamos saber con serenidad lo
que verdaderamente ocurrió en aquellos años de amargo recuerdo. Los estudiosos de la
historia y de la sociedad tienen que ayudarnos a conocer la verdad entera acerca de los
precedentes, las causas, los contenidos y las consecuencias de aquel enfrentamiento. Este
conocimiento de la realidad es condición indispensable para que podamos superar la de
verdad. |
Conviene conocer con
objetividad los precedentes, causas, contenidos y consecuencias. |
| Por ello hay que desautorizar los intentos de desfigurar aquellos
hechos, omitiendo o aumentando cualquiera de sus elementos, en favor de una posición
determinada o la desautorización de personas, ideologías o instituciones. En ningún
caso se debe utilizar una imagen desfigurada de lo ocurrido como argumento en favor o en
contra de nadie en la actual situación española. Tal procedimiento podría avivar los
rescoldos de la división todavía no apagados del todo y perpetuar en las generaciones
jóvenes actitudes de intolerancia de consecuencias insospechables. Saber perdonar y saber
olvidar son, además de una obligación cristiana, condición indispensable para un futuro
de reconciliación y de paz. |
Hay que desautorizar cualquier
intento de desfigurar los hechos. Es
indispensable saber perdonar y saber olvidar. |
| 80. Aunque la Iglesia no pretende estar libre de todo error, quienes reprochan a la
Iglesia el haberse alineado con una de las partes contendientes deben tener en cuenta la
dureza de la persecución religiosa desatada en España desde 1931. Nada de esto, ni por
una parte ni por otra, se debe repetir. Que el perdón y la magnanimidad sean el clima
general de los nuevos tiempos. Recojamos todos la herencia de quienes murieron por su fe
perdonando a quienes los mataban y de cuantos ofrecieron sus vidas por un futuro de paz y
de justicia para todos los españoles. |
La posición de la Iglesia
desde 1931 sólo es comprensible ante la dureza de la persecución religiosa. Ahora hay que recoger la herencia del perdón y la magnanimidad.. |
| 81. Por fortuna las circunstancias han cambiado profundamente. Vamos comprendiendo
que las diferencias políticas, ideológicas o religiosas no deben ser causa de
enfrentamientos, de incompatibilidades o discriminaciones entre los españoles. Es
imprescindible evitar todo aquello que nos pudiera hacer retroceder en el camino y volver
a las exclusiones o enfrentamientos ya superados. Es necesario, en cambio, avanzar
positivamente en el reconocimiento efectivo de los deberes y derechos fundamentales de
todos. |
Las circunstancias han
cambiado profundamente hacia una tolerancia mayor. |
| 82. En
este esfuerzo de conciliación y convivencia, los católicos tenemos una gran
responsabilidad. El gran peso sociológico de la Iglesia católica en España hace que las
actitudes de la Iglesia y de los católicos en relación con los problemas sociales
adquieran necesariamente una gran importancia moral y política. El Concilio Vaticano II,
las enseñanzas de los obispos españoles y las exhortaciones de Juan Pablo II en su
reciente visita apostólica a España nos animan a vivir personal y eclesialmente nuestra
fe de manera coherente en todos los ámbitos de la vida humana sin ocultar nuestras
creencias y sin ofender la libertad ni los derechos de nadie, dando de lado a posibles
actitudes de dominación o intolerancia, siendo más bien defensores de la libertad de
todos y de una sociedad fundada en el respeto, el diálogo, la colaboración y la
convivencia72. |
Responsabilidad de los
católicos en el esfuerzo de conciliación y convivencia. |
2. Exigencias éticas de la paz y la convivencia
83. La variedad y el pluralismo mas que ser razones para el enfrentamiento y la
discordia están llamados a ser una verdadera riqueza social si desarrollamos entre
nosotros los valores morales de la paz y de la convivencia.
Las personas, las asociaciones y las instituciones debemos comprometernos al
reconocimiento de la libertad y la identidad de los demás. Nadie en la vida política
debe descalificar a los demás tratando de presentarse como representante único de la
legitimidad democrática, de la libertad o de la justicia.
Debemos evitar los procesos de radicalización que conceden valor absoluto a las propias
ideas o los propios intereses y conducen poco a poco a la negación de las razones o
derechos de los demás hasta llegar a la justificación irracional de los enfrentamientos
y la mutua destrucción. |
La variedad y el pluralismo,
raíces de riqueza social. |
| 84. Resulta legítimo
aplicar a nuestra situación social las recientes palabras de Juan Pablo II a propósito
de la paz internacional: "El diálogo puede abrir muchas puertas cerradas... El
diálogo es un medio con el que las personas se manifiestan mutuamente y descubren las
esperanzas de bien y las aspiraciones de paz que con demasiada frecuencia están ocultas
en sus corazones. El verdadero diálogo va más allá de las ideologías y las personas se
encuentran unas con otras en la realidad de su humano vivir. El diálogo rompe los
prejuicios y las barreras artificiales. El diálogo lleva a los seres humanos a un
contacto mutuo como miembros de la familia humana con todas las riquezas de su diversidad
cultural e histórica. La conversión del corazón impulsa a las personas a promover la
fraternidad universal. El diálogo ayuda a conseguir este objetivo"73. |
Necesidad de diálogo.
|
3. Sanar las raíces socioeconómicas de los conflictos
| 85. En la
historia de nuestros conflictos internos las situaciones de injusticia social y económica
han tenido una importancia innegable. La pobreza y la falta de oportunidades sociales,
culturales o económicas, injustamente sufridas, empujan al odio y a la venganza, impiden
la comunicación y la solidaridad a la vez que predisponen a quien las padece a aceptar la
validez de ideologías o consignas violentas y demagógicas. |
Efectos nefastos de la
injusticia social y económica. |
| 86.
Subsisten lamentablemente entre nosotros bolsas de pobreza y de incultura de origen
étnico, cultural o geográfico que exigen enérgicas medidas sociales y políticas
inspiradas en la solidaridad y el respeto efectivo de los derechos de las personas y de
los grupos humanos que viven de hecho o de derecho en la marginación. Quienes tienen mas
han de saber renunciar a algo en favor de los que tienen menos. Una adecuada política
fiscal, unida a una justa y austera utilización del dinero público, y un movimiento de
inversiones privadas y públicas de inspiración social son instrumentos privilegiados
para conseguir estos objetivos. Los católicos estamos obligados a impulsar y favorecer
positivamente aquellas medidas que respondan a esta inspiración de solidaridad y justicia
social. |
Necesidad de enérgicas
medidas sociales y políticas para erradicar la pobreza y la incultura. |
| 87. En
estos momentos la lucha contra el paro debe concentrar los esfuerzos de las instituciones
políticas y sociales. Para nadie es lícito rehuir este esfuerzo ni rechazar los riesgos
o sacrificios que esta empresa lleva consigo. Sería un error considerar el paro como una
fatalidad contra la cual no hay otra solución que la resignación pasiva o la actitud
insolidaria del sálvese quien pueda. El trabajo es un derecho y una necesidad del hombre
para el despliegue de su personalidad y su inserción en la sociedad con libertad y
dignidad. No es aceptable una sociedad en la que el trabajo sea patrimonio de unos pocos y
amplios sectores de la sociedad tengan que resignarse a vivir sin alicientes ni dignidad a
expensas de los demás aunque sea por procedimientos socializados. La revolución
tecnológica obliga a redistribuir el bien del trabajo de formas nuevas caminando poco a
poco hacia nuevos modelos de ordenamiento social que hagan posible compaginar los
adelantos técnicos con el respeto integral y universal de los derechos humanos74. |
Máxima urgencia de la lucha
contra el paro. |
4. Un orden político justo y solidario
| 88. España es una comunidad de pueblos con diferencias de origen histórico,
cultural y étnico. Esta pluralidad representa una riqueza real de nuestra sociedad, pero
exige también un esfuerzo expreso para lograr la armonización de los legítimos derechos
de todos en un proyecto común de convivencia. Es necesario estimular el conocimiento y el
respeto entre todos, fomentar la solidaridad hasta superar y si fuera necesario, reparar
los agravios y las injusticias del pasado. |
Realidad del pluralismo de
España, con su riqueza y con sus dificultades de armonización. |
| El Magisterio eclesial contemporáneo ofrece a este propósito
algunas consideraciones de orden ético y moral de singular importancia. No será inútil
recordarlas ofreciéndolas a la consideración de las personas interesadas y responsables
en estos problemas. |
Consideración de orden moral
que ofrece la Iglesia. |
| 89. Existen posturas extremas y antagónicas que llevadas al extremo harían
insoluble este problema. Por un lado hay quienes acentúan de tal modo la unidad y
homogeneidad del ordenamiento político que no dan lugar a las garantías necesarias para
que cada pueblo pueda asegurar su propia identidad en el otro extremo hay también quienes
propugnan de tal modo la defensa y el desarrollo de las propias notas específicas y
diferenciadas que llegan a desconocer o desvalorizar los vínculos sociales y culturales
que se han ido fraguando a lo largo de la historia. |
Posturas radicalizadas y
antagónicas. |
| 90. El verdadero Estado de derecho debe armonizar el obligado respeto y garantía
de la identidad histórica y cultural de los pueblos integrantes con el respeto a los
vínculos de comunicación e interdependencia constituidos conjuntamente a lo largo de una
convivencia plurisecular. Las actividades o ideologías que absolutizan las ventajas o
inconvenientes de una opción determinada sin una visión realista, global y serena de la
situación, son fuentes de fanatismo que hacen imposible la convivencia estable, justa y
pacífica. Hay que buscar "formas políticas bien articuladas, equilibradas, que
sepan respetar los particularismos culturales, étnicos, religiosos y, en general, los
derechos de las minorías"75. |
Armonizar la identidad
histórica y cultural de los pueblos con la comunicación e interdependencia. |
| 91. Las diferencias y peculiaridades de orden cultural y lingüístico, no nos
deben hacer olvidar las graves diferencias de orden económico y social que se den
también entre las diferentes regiones y nacionalidades de España. El proyecto político
de nuestra convivencia y las decisiones políticas concretas deben ir corrigiendo las
raíces estructurales, culturales y humanas de semejante situación. Los hombres tienen
derecho a contar con los medios ordinarios de su promoción y de su vida sin verse
obligados a abandonar su propia familia y su propia tierra. Poder emigrar para mejorar, es
un derecho; tener que emigrar para vivir, es una injusticia. La emigración, aun dentro de
los límites territoriales del mismo estado, es causa de profundos desarraigos históricos
y culturales. El derecho del emigrante a su propia identidad ha de ir unido con el respeto
debido a la cultura y a las instituciones de los pueblos a los que se emigra. La
afirmación de los propios derechos debe conjugarse con las sensibilidad para percibir los
derechos de los demás. Únicamente el diálogo, el respeto, la comprensión y la
flexibilidad permitirán resolver adecuadamente estos delicados y complejos problemas que
se presentan de hecho en nuestra convivencia. |
Solidaridad para evitar graves
diferencias económico-sociales entre las regiones y nacionalidades.El fenómeno
emigratorio. |
| 92. Es claro que únicamente en virtud de los principios morales no se pueden
configurar ni imponer fórmulas o proyectos políticos concretos. Tampoco llega más allá
la competencia de una institución religiosa y moral como es la Iglesia. No obstante, la
inspiración cristiana de la vida y las enseñanzas morales de la Iglesia en el campo de
la convivencia social y política, permiten presentar unas cuantas sugerencias más que
consideramos de utilidad. |
Sin imponer fórmulas
políticas concretas, la Iglesia ofrece sugerencias de utilidad. |
93. Desde el punto de vista moral, mirando incluso el buen resultado
social y político, es necesario anteponer a cualquier otro interés el objetivo de la paz
y del bien común; cada grupo debe pensar no solo en su propio interés sino también en
el bien y en las razones de los demás; ningún sistema, ninguna ideología debe
absolutizarse por encima del respeto efectivo a las personas y a los grupos; el diálogo
leal y constructivo tiene que imponerse siempre sobre las descalificaciones y los
enfrentamientos; los pactos y las normas legítimamente elaboradas y promulgadas tienen un
verdadero valor moral y deben ser respetados por todos y utilizados como instrumentos de
colaboración y convivencia. |
Cinco puntos de interés desde
la perspectiva moral. |
94. Tanto la doctrina
social de la Iglesia como el buen sentido y el amor a la paz podrían ayudarnos en la
búsqueda conjunta y en la reconciliación entre aquellos que luchan por preservarla
unidad y la soberanía del Estado con los que luchan por la identidad cultural y hasta la
soberanía política de algunos pueblos que integran el Estado. La articulación política
de ambos objetivos de la manera más justa y razonable para el bien común es tarea
específica de las instituciones políticas y de los propios pueblos afectados. Semejante
esfuerzo de clarificación constituiría una contribución indispensable para la
consolidación de la paz. |
Búsqueda conjunta y
reconciliación entre los que luchan por la unidad de Estado y los que defienden la
identidad de los pueblos que lo integran. |
5. Superar la lacra moral y social del terrorismo
95. Con demasiada frecuencia los golpes del terrorismo quebrantan el
orden de la justicia y de la paz con asesinatos, secuestros y extorsiones. Con su lógica
de muerte, el terrorismo manifiesta hasta dónde se puede llegar cuando la inspiración
ética queda relegada o sometida por ideologías radicalizadas y absolutizadas. No
conviene olvidar que el terrorismo brota o prospera a veces como resultado de injusticias
pasadas o por posibles abusos de la autoridad en las obligadas actuaciones en defensa del
bien común, de la necesaria seguridad y del legítimo orden público. |
La lógica de muerte del
terrorismo es fruto de ideologías radicalizadas. A veces lo provocan injusticias o abusos
de autoridad. |
| 96. El
terrorismo es intrínsecamente perverso porque dispone arbitrariamente de la vida de las
personas, atropella los derechos de la población y tiende a imponer violentamente sus
ideas y proyectos mediante el amedrentamiento, el sometimiento del adversario y en
definitiva la privación de la libertad social. Las víctimas del terrorismo no son
únicamente quienes sufren físicamente en si mismos o en sus familiares los golpes de la
extorsión y de la violencia; la sociedad entera es agredida en su libertad, su derecho a
la seguridad y a la paz. La colaboración con las instituciones o personas que propugnan
el terrorismo y la participación en las mismas acciones terroristas, no pueden escapar al
juicio moral y reprobatorio de que son merecedores sus principales agentes o promotores |
El terrorismo es
intrínsecamente perverso. Cualquier
colaboración con el terrorismo merece un juicio moral reprobatorio. |
| 97. Tampoco tienen
legitimación alguna los grupos que por su iniciativa pretenden responder a la violencia
con la violencia. "La justa represión de la violencia armada corresponde únicamente
a los poderes públicos legítimos"76. Debemos recordar a todos que
"la violencia no es modo de construcción: ofende a Dios, a quien la sufre y a quien
la practica"77. |
Tampoco tienen legitimación
los grupos que responden a la violencia con la violencia. |
| 98. La
sociedad, y el Estado en su nombre, tienen el derecho y el deber de defenderse de la
violencia del terrorismo. Nos parecen dignos de consideración y de agradecimiento quienes
tienen a su cargo la defensa de la sociedad siendo ellos mismos los primeros amenazados
por la violencia terrorista. |
Sólo la sociedad y el Estado
en su nombre tienen el derecho y el deber de defenderse del terrorismo... |
La lucha contra el
terrorismo, legítima y justa en si misma, debe evitar cualquier abuso de la fuerza más
allá de lo estrictamente necesario y el ejercicio del derecho a la legitima defensa. En
todo caso ha de quedar absolutamente excluida la práctica de la tortura o de tratos
vejatorios. Abogamos por una legislación antiterrorista que ofrezca garantías
suficientes para el respeto a la dignidad y los derechos de los detenidos. La represión
institucional y legal de la violencia no puede aceptar ni promover una espiral de
violencia que destruiría a la sociedad en sus mismos cimientos. En todo caso ha de quedar
absolutamente excluida la práctica de la tortura o de tratos vejatorios. En este sentido
abogamos por una legislación antiterrorista que ofrezca garantías suficientes para el
respeto a la dignidad y los derechos de los detenidos. |
...evitando cualquier abuso de
la fuerza. y máxime de tortura o tratos
vejatorios. |
V. EXIGENCIAS ÉTICAS DE NUESTRA DEFENSA EN EL
MARCO DE EUROPA
99. Los españoles formamos parte de Europa por nuestra historia y
nuestra cultura. La reciente incorporación a las Comunidades Europeas ha fortalecido
nuestras relaciones con Europa y aumentado nuestras obligaciones de solidaridad con los
países europeos. A partir de esta condición europea, los españoles tienen (o han
tenido) que decidir las características más generales de su organización defensiva.
También aquí, dejando aparte las decisiones o preferencias políticas que no son
incumbencia directa de la Iglesia, queremos ofrecer algunas consideraciones de naturaleza
moral y ética que puedan ayudar a los católicos y a quienes quieran escuchar nuestra voz
a formarse un juicio moralmente recto sobre estas complicadas cuestiones en las que todos
tenemos alguna responsabilidad. |
Obligaciones de solidaridad
derivadas de la incorporación de España a las Comunidades Europeas: Consideraciones de naturaleza moral que ofrece la Iglesia. |
1. Contribución de Europa a la paz
| 100. Las
circunstancias históricas de Europa hacen que las naciones europeas sientan fuertemente
el deseo y la necesidad dela paz. |
Deseo de las naciones europeas
y necesidad de la paz. |
Todas las naciones
europeas tienen en su historia y en sus mismos orígenes la savia de la tradición
cristiana. De algunas de ellas han nacido doctrinas y experiencias políticas que han
fomentado en el mundo entero el reconocimiento de los derechos humanos y de la democracia.
Aunque también es cierto que de Europa han nacido ideologías totalitarias y
expansionistas que provocaron guerras y revoluciones sangrientas. |
a) Por la savia de tradición
cristiana en sus orígenes. |
La misma experiencia
de las numerosas guerras que se han desarrollado en su territorio y muy especialmente las
consecuencias terribles de la ultima guerra mundial han desarrollado paradójicamente
entre los europeos un vivo anhelo de paz y la repulsa de la guerra. No se puede desconocer
que Europa, la Europa real e histórica, sigue dividida por la fuerza, que en muchos
países europeos no están reconocidos los derechos humanos, que las naciones europeas
sufrieron los estragos de la guerra hasta la destrucción. |
b) Por la experiencia terrible
de guerras, sobre todo la última mundial. |
La integración y la
solidaridad con Europa no puede ser únicamente una cuestión de mercados y de
prestaciones económicas. Construir la paz de Europa y con Europa ha de ser un objetivo
importante para nosotros. Ello supone apoyar decididamente las instituciones e iniciativas
que trabajan en favor del reconocimiento de los derechos humanos, de la colaboración y la
comunicación entre todos los pueblos de Europa, desde el Atlántico a los Urales. |
c) Porque no basta la
integración económica y de mercado. |
101. Sería de desear que
utilizáramos nuestra participación en las instituciones europeas para hacer presente las
necesidades y las justas expectativas de los países subdesarrollados de una manera
especial los países hispanoamericanos, agobiados por la pobreza, el endeudamiento
exterior y las tensiones políticas, deben encontrar en nosotros un aliado leal y
desinteresado. |
A España corresponde
especialmente velar por los intereses de los países hispanoamericanos. |
2. Organizar nuestra defensa en una perspectiva de paz
102. En el momento de
colaborar directamente en la construcción de esa paz que tanto anhelan y desean los
pueblos europeos, tenemos que plantearnos dos graves decisiones: nuestra actitud ante la
carrera de armamentos y la forma de organizar nuestra defensa. Respetando el campo de
responsabilidad de los gobernantes y políticos, queremos manifestar nuestra preocupación
en este campo y ofrecer algunas orientaciones inspiradas en el Evangelio para colaborar
desde nuestro punto de vista de cristianos y de pastores de la comunidad a la formación
de la opinión publica sobre tan importantes decisiones. |
Orientaciones inspiradas en el
Evangelio sobre la carrera de armamentos y la organización de la defensa. |
Si queremos
compartir el futuro con los demás pueblos de Europa se plantea la cuestión de si es
ético o no integrarse en las alianzas militares de las que forman parte la mayoría de
los países europeos y occidentales. En función de lo que llevamos dicho hemos de
afirmar, lo que el criterio determinante para una tal decisión ha de ser la búsqueda
leal y sincera de la paz nacional e internacional en estrecha colaboración con todos los
esfuerzos y proyectos encaminados a construir la paz; que es una cuestión de índole
directamente política la forma concreta de servir mejor a estos objetivos; que, por
consiguiente, no se puede imponer ninguna de las soluciones posibles por razones
estrictamente religiosas o morales; que cualquiera que sea la solución adoptada por las
instituciones competentes nuestra organización defensiva debe estar decididamente
ordenada a la supresión de la guerra y al servicio positivo de la paz nacional e
internacional. |
Criterios éticos
determinantes. |
103. Organizar la defensa
para el servicio de la paz requiere abstenerse de entrar en la lógica del armamentismo.
De aquí que nos preocupe el fuerte incremento de los presupuestos militares durante los
últimos años y el aumento espectacular de las ventas de armas a terceros países. Nos
preguntamos hasta qué punto la fabricación y la venta de armas no están siendo
promovidas como eje central de nuestro desarrollo industrial y económico. Sin rechazar
los gastos necesarios para una justa y proporcionada organización de la defensa, no
podemos menos de alertar contra el riesgo de un armamentismo que acabaría alterando
profundamente la moralidad de nuestra vida social y el carácter pacífico de
nuestras relaciones internacionales78. |
a) Actitud ante la carrera de
armamentos. |
104. Para ser compatible con
una verdadera inspiración ética, la organización de la defensa tiene que ser
proporcional a los recursos disponibles de manera que en situaciones normales no se
sustraigan los recursos necesarios para la promoción económica y cultural de los más
necesitados y de la sociedad entera. Dentro o fuera de la OTAN, es preciso promover
decididamente todo aquello que nos acerque a la desaparición de los bloques, al desarme
bilateral y total, la instauración de un nuevo orden internacional capaz de garantizar
sólidamente la paz en el respeto a la libertad y los derechos de todos los pueblos de la
tierra. Las naciones ricas, entre las cuales debemos contarnos a pesar de nuestras
carencias y dificultades, no podemos organizar nuestra propia vida política y económica
sin un espíritu de solidaridad con los pueblos más pobres de la tierra. En una época de
conciencia planetaria como la nuestra, no puede haber política ni estrategia
verdaderamente ética y humana si no se inspira en un sentimiento universal de solidaridad
y responsabilidad. |
b) Organización de la defensa
compatible con la ética. |
VI. OBLIGACIONES Y COMPROMISOS EN FAVOR DE LA PAZ
105. La paz
no es simplemente la ausencia de la guerra o de la violencia. Más aún, la violencia
surge de una manera o de otra si no existe el empeño generalizado de construir la paz
positivamente como fruto de un tejido de relaciones justas y solidarias que vayan desde el
nivel de las simples relaciones interpersonales hasta las mas complicadas construcciones
jurídicas y políticas de orden nacional e internacional.
En los países democráticos las actitudes personales mayoritarias y la opinión pública
influyen de manera importante en las decisiones de los políticos y de los gobernantes.
Por eso es tan importante que las actitudes y criterios de los ciudadanos y la
misma opinión pública se inspiren en sentimientos de respeto, de justicia y de
fraternidad, una fraternidad abierta a todos los hombres, pueblos y naciones de la tierra. |
Sin el empeño por
construir la paz:
-desde el nivel interpersonal hasta el internacional-
brotaría constantemente la violencia. |
1. Especiales compromisos de la Iglesia y de los cristianos
106. La promoción de
la paz es para nosotros no sólo una preocupación ética y ciudadana, sino también una
responsabilidad pastoral y cristiana. La paz, don de Dios y obra de los hombres tiene que
ser de manera singular solicitud y responsabilidad de los discípulos de Jesucristo,
Príncipe de la Paz. Antes de terminar esta instrucción queremos reseñar las que nos parecen
más urgentes tareas de la Iglesia y de los cristianos en servicio de la paz. |
Tareas más urgentes de la
Iglesia y de los cristianos en servicio de la paz. |
107. La misión
especifica de la Iglesia es la reconciliación de todos los hombres y de todos los
pueblos, entendida en toda su plenitud: reconciliación completa y definitiva entre Dios y
los hombres y de los hombres entre sí. Ser cristiano obliga a comprometerse en esa
misión: Es urgente que todos los que nos decimos seguidores de Jesucristo
mantengamos lúcidamente nuestra vocación y perseveremos en practicarla. Como obispos,
queremos ser los primeros en comprometernos totalmente en la construcción de la paz y de
la reconciliación, y pedimos también este empeño a todos los miembros de la
Iglesia. |
a) La reconciliación de todos
los hombres y de todos los pueblos. |
108. Reconocemos
humildemente que también en nuestras iglesias aparecen muchas veces la injusticia,
el egoísmo, las divisiones y los enfrentamientos y que, como consecuencia, estamos
también necesitados de reconciliación. Miembros de una Iglesia caminante, siempre
necesitada de purificación, invitamos a los demás cristianos a que nos acompañen en un
renovado esfuerzo de conversión a la justicia, al amor y a la generosidad, a fin
de que la paz del Señor se albergue en nuestros corazones y en nuestras
comunidades. Solo siendo ejemplos vivientes de reconciliación y de paz en la justicia y
en el amor, nuestra llamada a la reconciliación y a la paz será inteligible y
significativa para los hombres y las naciones, y solamente así nuestras Iglesias serán
"signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todas el género
humano"79. |
b) La reconciliación en el
seno mismo de la Iglesia. |
109.Las divisiones
entre los cristianos enturbian y debilitan la fuerza de nuestro testimonio en favor de la
unidad y de la paz. La llamada de Dios a la paz nos obliga a intensificar los esfuerzos de
comprensión y acercamiento entre los cristianos divididos y las diferentes Iglesias
cristianas. La oración en común y la participación en obras comunes fortalecerá el
valor de nuestros esfuerzos en favor de la justicia y de la paz. |
c) El esfuerzo por la unidad
de las Iglesias. |
110. Nuestra primera
recomendación concreta se dirige a los sacerdotes, religiosos y responsables de
comunidades, grupos o movimientos. El estudio, la predicación y la difusión de la
doctrina moral cristiana, sobre estos asuntos de la vida social e internacional debe ser
una preocupación creciente para todos nosotros. En los Seminarios y Centros de formación
se debe conceder un lugar importante a la doctrina social de la Iglesia sobre la paz y las
relaciones internacionales. |
d) El estudio y difusión de
la doctrina cristiana sobre la paz. |
111. Hemos de recordar
a las parroquias y comunidades cristianas su vocación a ser constructores de la paz,
orientando y animando a la participación de los laicos en el tejido sociopolítico de
nuestra sociedad, en un compromiso vivido desde la peculiaridad de nuestra fe. La Iglesia
se define, entre otras imágenes, como instrumento de la unión íntima del hombre con
Dios y de los hombres entre si; su catolicidad le permite ser una y plural, local y
universal, creando cauces de comunicación y vínculos de unión entre los pueblos y
comunidades humanas. Para secundar esta misión de la Iglesia no hemos de confundirla con
la propia cultura o la determinada opción política, pero sí actualizar en todas las
circunstancias esa misión y esa vocación de unidad y de paz, que "no esta ligada a
ninguna forma particular de civilización humana ni a sistema político alguno, económico
o social"80. |
e) La participación de los
laicos en el tejido sociopolítico. |
112. Queremos destacar
aquí la especial responsabilidad de los padres y educadores. Si queremos que la sociedad
del mañana sea más justa y más pacífica que la actual, nuestra generación debe
empeñarse en un decidido y sistemático esfuerzo por educar a los niños y los
adolescentes en las ideas, los sentimientos, las propuestas y las experiencias de la paz.
Será necesario, por tanto, que los padres de familia y cuantos trabajan en instituciones
educativas comprendan y asuman generosamente el hermoso y difícil papel de ser verdaderos
"educadores para la paz". |
f) La responsabilidad de los
padres y educadores de ser "educadores para la paz". |
113. Pedimos a los padres y educadores que sepan ofrecer a sus hijos y
a sus alumnos una visión íntegra de la fe en Dios y de la caridad fraterna, con sus
mutuas y esenciales vinculaciones, ayudándoles a descubrir y practicar sus valores dentro
de sus propias circunstancias: el diálogo, la paciencia, la verdad, la justicia, el
perdón, el respeto, el amor, la solidaridad, la colaboración, el trabajo y la fiesta.
Todo ello será, sin duda, anticipo, siembra y promesa de unas generaciones pacíficas y
pacificadoras. |
- Cultivando los valores que
derivan de la fe en Dios y de la caridad fraterna. |
114. A los
que trabajan en obras y movimientos juveniles les exhortamos a presentar ante los jóvenes
el gran objetivo cristiano de la paz de manera realista y atrayente, iniciándoles en el
conocimiento de las organizaciones católicas que trabajan por la paz y animándoles a
participar personalmente en iniciativas concretas como congresos, marchas, prestaciones
voluntarias de cooperación, etc. |
- Integrando a los jóvenes en
las organizaciones católicas por la paz. |
115. La educación de
la fe es hoy tarea prioritaria en nuestras comunidades cristianas. De la misma entraña de
la fe brotan las exigencias de reconciliación y de fraternidad universal. Por ello, la
paz debe ocupar un lugar importante en nuestra catequesis, en la que niños, jóvenes y
adultos descubran el verdadero significado y las grandes exigencias de la paz. |
- Dando a la paz un lugar
importante en las catequesis. |
116. La paz grande del
mundo se apoya en los pequeños gestos de paz que cada uno podemos construir a la medida
de nuestras fuerzas y nuestras responsabilidades, en la familia, en el grupo, en el
trabajo, en la profesión, en el pueblo o en la ciudad, en lo cultural y en lo económico,
en las relaciones interpersonales y en la política. |
g) La aportación personal de
pequeños gestos de paz. |
2. Grupos de especial responsabilidad social
117. Especial responsabilidad en el servicio a la paz tienen todos
aquellos que dirigen de una u otra manera la vida de las naciones. Pedimos, en primer
lugar, a nuestros políticos que en sus actuaciones y proyectos busquen sinceramente la
paz y antepongan este objetivo a cualquier otro objetivo personal, partidista,
ideológico, económico o político. |
Dirigentes de las naciones y
políticos. |
118. Los
científicos son agentes cualificados en la construcción de la paz. El cambio cualitativo
de la guerra moderna es fruto de la tecnología. La investigación y el trabajo
científico tienen "el deber de solidaridad humana internacional"; su finalidad
es "la generación de la vida, la dignidad de la vida, especialmente de la vida del
pobre"81. Una investigación científica polarizada por el interés de la
guerra, fácilmente queda prostituida en su auténtica finalidad y pierde su debida
orientación ética, aunque los científicos que trabajan en ella no sean moralmente los
únicos ni los principales responsables. |
Científicos e investigadores. |
119.Queremos
hacer una mención especial de aquellos que han adoptado como profesión personal la
profesión militar. Quienes ejercen el servicio armado pueden considerarse instrumentos de
la seguridad y libertad de los pueblos, pues desempeñando bien esta función contribuyen
realmente a la consolidación de la paz"82. Los cristianos que prestan un
servicio armado en la construcción y defensa de la paz, deberán vivir también la
vocación evangélica que se inspira en el amor, fructifica en perdón y busca
positivamente la paz. Para que los militares cristianos perseveren firmes en esa vocación
evangélica, la Iglesia les presta su asistencia pastoral mediante sacerdotes
especializados a quienes dedicamos desde aquí una palabra de reconocimiento y aliento. |
Militares. |
120. Esperamos de los
intelectuales que ofrezcan a la sociedad valores éticos y nuevos horizontes que estimulen
a salir del egoísmo insolidario y fomenten un mundo mas fraterno, más pacífico, más
creativo, más sobrio y laborioso, más festivo y humano; de quienes dirigen y colaboran
en los medios de comunicación social, que ejerzan su papel de mediadores entre el hombre
y su mundo en un respeto absoluto a la verdad y a los valores morales del respeto y de la
convivencia. De unos y de otros, que con sus conocimientos y sus medios traten de promover
la responsabilidad, el mutuo respeto, el dialogo y la convivencia pacífica entre todos
los ciudadanos. |
Intelectuales. Medios de comunicación. |
121.Queremos
dirigirnos también a los hombres y mujeres del mundo del trabajo, de los sindicatos y de
las asociaciones profesionales y empresariales. Dentro de este vasto campo y en las
relaciones mutuas que conlleva, se juega en gran parte la afirmación o la negación de la
justicia. Será sólida garantía de la paz individual, social e internacional el que
dentro de las relaciones laborales y económicas se observe siempre el sentido de la
justicia en sus diversos aspectos, como la dignidad y el respeto a las personas, la justa
distribución de los beneficios, la igualdad de oportunidades, la no discriminación por
motivo alguno, el reconocimiento del trabajo, las cualidades y esfuerzos personales, el
interés por el bien común, etc. |
Trabajadores y empresarios. |
3. No violencia y objeción de conciencia
122. La objeción de
conciencia debe también inspirarse en el deseo de colaborar activamente en la
construcción de una sociedad pacífica, sin rehuir el esfuerzo y los sacrificios
necesarios para contribuir positivamente al desarrollo del bien común y el servicio de
los más necesitados.
A aquellos que por razones morales se sientan movimos a adoptar actitudes positivas de no
violencia activa o a presentar objeción de conciencia al servicio militar, les exhortamos
a purificar sus motivaciones de toda manipulación política, ideológica y desleal que
pudiera enturbiar la dignidad moral y el valor constructivo de tales actitudes. Semejante
recomendación no carece de fundamento, pues con frecuencia tales decisiones, nacidas de
sentimientos nobles y humanitarios, se ven solicitadas por ideologías o instituciones
políticas que actúan en favor de sus propios objetivos no siempre coherentes con un
servicio sincero a la construcción de la paz en la verdad ,la justicia y la libertad. |
Motivaciones no manipuladas
para las actitudes de no-violencia y de objeción de conciencia. |
123.El Concilio
Vaticano II alaba la conducta "a aquellos que, renunciando a la violencia en la
exigencia de sus derechos, recurren a los medios de defensa que, por otra parte, están al
alcance incluso de los más débiles, con tal que esto sea posible sin lesión de los
derechos y obligaciones de otros o de la sociedad"83.La estrategia de la
acción no violenta es conforme a la moral evangélica, que pide actuar con un corazón
reconciliado para liberar al adversario de su propia violencia. El Concilio ha reconocido
estos valores cristianos evocando la conducta de Jesús de Nazaret, quien "por medio
de la Cruz ha dado muerte al odio en su propia carne"84. |
Postura del Concilio Vaticano
II ante la no-violencia. |
124.Es deseable que
una legislación cuidadosa y adecuada regule de manera satisfactoria esta manera
específica de entender y practicar el servicio a la sociedad y a la convivencia
armonizando el derecho de los objetores y las comunes exigencias del servicio a la
sociedad y al bien común. |
Necesidad de una legislación
adecuada. |
125.El reconocimiento
de estas formas no violentas de servir a la sociedad y a la paz no debe llevar a
condenaciones maximalistas de la legítima defensa armada ni de aquellos que profesan
el servicio de las armas en favor de la paz y de la justa defensa de los conciudadanos
pacíficos e inocentes. |
El reconocimiento de la
no-violencia no supone condenar la legítima defensa. |
4. Celebrar, pedir y difundir la paz
126. La fe y la
comunión con Jesucristo comunica ya a los cristianos el don de la paz, la paz profunda y
completa que es paz con Dios, consigo mismo, con los hermanos y con la creación entera.
Esta paz de Dios no es sólo la paz del corazón es también la paz de unos con otros, la
paz con los que están cerca y con los que están lejos, un inicio real de la gran paz
mesiánica con la que Dios quiere bendecir a todos sus hijos para siempre. |
Alcance de la paz que Cristo
comunica. |
127.La celebración de
los sacramentos son momentos especialmente intensos de esta posesión y experiencia de la
paz. El sacramento de la reconciliación nos devuelve la paz con Dios y con los hermanos y
nos libera del pecado que es la raíz de todas las divisiones y conflictos. Celebrar
sinceramente el sacramento de la conversión y de la reconciliación contribuye de manera
importante a poner los fundamentos profundos de la paz. |
El sacramento de la
reconciliación pone los fundamentos profundos de la paz. |
128.En la Eucaristía
los cristianos celebramos la muerte y resurrección de Jesucristo y participamos en estos
misterios de salvación por los que de una vez para siempre nos fue concedida la paz con
Dios y el espíritu de amor y fraternidad. En la celebración eucarística Jesucristo hace
presente su obra de reconciliación y de paz en medio de nosotros, en las oraciones
expresamos ante la presencia de Dios nuestras deficiencias y anhelos, nos damos unos a
otros el abrazo de paz y nos alimentamos con el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo hecho pan
de reconciliación y fraternidad. |
La eucaristía, expresión y
causa de la paz de Cristo. |
129. Entre la
celebración eucarística y la plenitud final del Reino de Dios vive la Iglesia y vivimos
nosotros como puentes entre un mundo que camina hacia su plenitud y un Reino de Dios ya
dado e iniciado por Cristo y por la lglesia en este mundo.
La Iglesia se hace signo y fermento de paz cuando cristianos de distintas razas y lenguas,
de distintos países y estados, de diversos bloques y continentes celebran y viven juntos
el misterio de la salvación y de la paz. |
La Iglesia, signo y fermento
de paz. |
130. Por esto mismo
recomendamos la participación de los fieles en todas aquellas iniciativas que favorezcan
el conocimiento y la colaboración con cristianos y ciudadanos de otros países como son
los congresos, las peregrinaciones, los intercambios, toda clase de gestos de apoyo y
comunicación. De manera especial estas iniciativas son recomendables y necesarias con
aquellos hermanos nuestros que viven privados de libertad religiosa y política. |
Iniciativas de encuentro,
apoyo y comunicación. |
131.La participación
intensa en la vida de la Iglesia, en las celebraciones litúrgicas, en la oración
personal, en el esfuerzo continuado de penitencia y reconciliación nos llevará a
experimentar con gozo dentro de nosotros el gran don mesiánico de la paz . De esta manera
nos sentiremos impulsados a anunciar el evangelio de la paz y construir en torno nuestro
la paz pequeña de cada día y la paz grande de la sociedad y de las naciones. Lo que Dios
nos da debe ser ofrecido y transmitido a todos los hombres. |
Participación intensa en la
vida de la Iglesia. |
132. Hay mil formas
posibles de construir la paz. Todos podemos y debemos participar en aquellas que estén a
nuestro alcance: formarse e informarse sobre los problemas de la convivencia nacional e
internacional; participar en asociaciones y movimientos que trabajan por la paz; fomentar
el conocimiento y el intercambio entre los pueblos de España, entre las naciones de
Europa y del mundo entero; apoyar las iniciativas sociales o políticas en favor de la
justicia, de la libertad y de la paz en España, en Europa y en el mundo; ofrecer nuestro
tiempo y nuestro dinero para obras de ayuda a los países subdesarrollados; participar
personalmente en obras de promoción mediante la prestación de servicios voluntarios
dentro o fuera de España; luchar pacíficamente contra todas las causas de la
desconfianza, de la división y de los enfrentamientos entre los hombres y las familias,
los pueblos y las naciones. Todo en el nombre del Dios de la paz y con la fuerza de su
amor. |
Formas concretas de construir
la paz. |
CONCLUSIÓN
133. Hemos comenzado
esta carta confesando nuestra fe cristiana y la firme esperanza de que algún día
llegará la reconciliación universal entre los pueblos. |
Fe y esperanza cristiana: |
Somos
conscientes de que la paz es don de Dios y al mismo tiempo tarea nuestra, Por el Señor
sabemos que la experiencia de Dios y el compromiso con los hombres son inseparables para
un cristiano. Desde esa convicción hemos reflexionado sobre la paz en el mundo y en
nuestro propio país, con el deseo de que nuestra carta pueda ser "buena
noticia" para creyentes y no creyentes, para todos los sedientos de paz y de justicia
que hoy lamentan tantas injusticias, violencias, tensiones y conflictos que parecen hacer
imposible la verdadera paz. |
La paz es don de Dios y tarea
del hombre. |
134. Al intervenir en
ejercicio de nuestro ministerio pastoral en estos asuntos tan cercanos a la vida real, no
queremos interferirnos en los asuntos que Dios ha dejado a la libertad de los hombres,
sino acercar la luz de la revelación divina y el espíritu del Evangelio a la solución
practica de problemas tan fundamentales que tanto importan para el bien de nuestros
conciudadanos y la colaboración de todos al gran objetivo de la paz internacional. |
Oferta pastoral de los obispos
para aportar la luz del Evangelio. |
135. Hacemos una
llamada especialmente intensa y calurosa a los jóvenes españoles que buscan con
frecuencia ideales nobles en los que volcar la energía y las ilusiones propias de su
edad. |
Especial llamada a los
jóvenes. |
136. Al ofreceros
estas reflexiones y sugerencias invocamos la asistencia de la Virgen María, Madre de la
Paz y de la Esperanza, con cuyo ejemplo e intercesión lograremos ser fieles discípulos
de Jesucristo y miembros activos de una Iglesia renovada, constructora del Reino de Dios
en el mundo y servidora de la paz y de la fraternidad entre los hombres. |
Asistencia de la Virgen
María, Madre de la Paz y de la Esperanza. |
137.Os escribimos
llenos de esperanza: la vida acabará imponiéndose a la muerte; la alegría al dolor; la
libertad a la opresión, y el amor al odio. Algún día desaparecerá la guerra y la
violencia. Algún día reinará del todo y para siempre la paz. Si lo afirmamos así es
porque tenemos la promesa de Dios y la realización en Jesucristo, Príncipe de la Paz85. |
Nuestra esperanza se basa en
la promesa de Dios. |
Plenamente
confiados en esta promesa, terminamos recordando las palabras de la Escritura Santa:
"Mas la Sabiduría de arriba es primeramente pura; luego, pacífica, indulgente,
dócil, llena de misericordia y de buenos frutos, imparcial, sin hipocresía. Y el fruto
de la justicia se siembra en la paz para aquellos que obran la paz"86.
"Alegraos, enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del
amor y de la paz estará con vosotros"87. "El que se hace testigo de
estas cosas dice: Si, voy a llegar enseguida. Amen. Ven, Señor Jesús. La gracia del
Señor Jesús con todos"88. |
Así nos confirma la palabra
de la Sagrada Escritura. |
NOTAS:
- JUAN PABLO II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 6.
- Cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Constitución pastoral Gaudium
et Spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 36 y 41. (En adelante Constitución
Pastoral).
- Cf. Carta pastoral colectiva
del Episcopado Español del 17 de abril 1975: La reconciliación en la Iglesia y en la
sociedad; Comunicado de la XXIII Asamblea Plenaria del 19 de diciembre 1975: La
Iglesia ante el momento actual: petición de libertad para detenidos políticos; Comunicado
final de la LIII Comisión Permanente del 22 de mayo 1975: Reconciliación, repudio de
la violencia, Iglesia-sociedad civil; Nota de la LIV Comisión Permanente sobre la
violencia, 18 de septiembre 1975; LXXXVI Comisión Permanente del 12 de mayo 1981: Ante
el terrorismo y la crisis del país; XCVII Comisión Permanente del 13 de mayo 1983: Quiebra
de valores morales; Declaración de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
(24-XII-1983): Paz, armamentos y hambre del mundo; Declaración de la Comisión
Episcopal de Pastoral Social (29-IX-1984): Crisis económica y responsabilidad moral.
- JUAN PABLO II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz
de 1986, 2.
- Cf. Ibidem.
- Ibídem.
- Ibídem.
- Ibídem, 4.
- Cf. Ibídem.
- JUAN PABLO II, Encíclica Redemptor Hominis, 1.
- JUAN PABLO II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de
1986, 6.
- Constitución pastoral, 80.
- Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, 8.
- Cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II. Constitución
dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia, 16.
- Lc. 4,19.
- Cf. Mt 22, 1-4.
- Mt 11,29.
- Cf. Cor. 5, 18 y 19.
- Cf. Constitución pastoral, 78.
- Cf. Ef 2,14.
- Cf. Ap. 5, 9-l0.
- Cf. Lc. 6, 36-38.
- Mt 5,9.
- Mt 5,41.
- Cf. Mt 5,44.
- Mt 5,40.
- Mt 7,21.
- Mt 5,23.
- Cf. Mt 25, 31-45.
- Este es el significado teológico del relato bíblico del
paraíso (Cf. Gen 2).
- Cf. Ex 19, 5-6; Dt 15, 1-8; Lev 25, 1-55.
- Cf. La paz es bienestar: Job 9,4; 1 Re 9,25; felicidad Sal
38,4; 2 Sam 18,32; confianza mutua: Num 25,12; Salud: Gen 26,29; 2 Sam 18,29; plenitud de
bienes: Sal 37,11; Lev 26,1-13.
- Cf. Aspecto destacado en los libros sapienciales: Sal 4,9;
34,15; 35,27; 85,9; Prov 3,2-7.
- Cf. Jer 6,14. La paz exige práctica de la justicia, de la
verdad y de la misericordia: Is 32,16-18; Ox 2,20-29.
- Cf. Is 11,1-10; Jer 22,16.
- Gen 4,9.
- Cf. Is 2,4; Miq 4,3.
- Cf. Za 9,10.
- Cf. Is 11 y 12.
- Cf. Ap 21, 1-4.
- Cf. Is 9,6-7.
- Cf. 2 Cor 13,11.
- Constitución Pastoral, 42.
- Act 2,39.
- Cf. Act 10,34.
- Cf. Gal 3,28.
- Ef 6,12.
- Ap 2,4.
- Cf. CONCILIO VATICANO II. Constitución dogmática Lumen
Gentium sobre la Iglesia, 8.
- Rom 13, 1-7.
- Sobre este punto es muy válida la información de la
CONFERENCIA EPISCOPAL ALEMANA en su exhortación, La justicia construye la paz, cap.
3.1.
- Cf. Concilio de Arlés (314), en la exhortación citada,
3.1. en nota anterior.
- Cf. SAN AGUSTÍN. De
Civitate Dei. LXIX c. 7; SANTO TOMÁS, I-II 40; FRANCISCO DE VITORIA, De indis sive
de iure belli hispanorum in barbaros: Rellectio posterior: Obras editadas por T.
URBANO (Madrid, 1960), 811-858.
- Cf. JUAN XXIII, Paz en la
tierra, 109. Según JUAN PABLO II, debemos fomentar "una conciencia universal de
los peligros terribles de la guerra": Cf. Mensaje a la sesión especial de la ONU,
1982, 7.
- JUAN PABLO II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de
1986, 6.
- Cf. Constitución pastoral, 78.
- JUAN PABLO II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de
1986, 3.
- Cf. Constitución pastoral, 78.
- JUAN PABLO II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de
1986, 3.
- Constitución pastoral, 79.
- Cf. Constitución pastoral, 82 y 83.
- Cf. JUAN XXIII, Paz en la tierra, 113.
- JUAN PABLO II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de
1986, 4.
- JUAN XXIII, Paz en la tierra, 127.
- Cf. Constitución pastoral, 80.
- Cf. Ibídem 82.
- Cf. JUAN PABLO II, Mensaje a la II Asamblea Extraordinaria
de la ONU (7-6-1982), 5.
- Constitución pastoral, 79.
- PABLO VI, Mensaje para la Jornada Mundial de la paz de 1976.
- JUAN PABLO II, Mensaje a la II Asamblea Extraordinaria de la
ONU (7-6-1982), 2.
- JUAN PABLO II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de
1986, 3.
- Cf. JUAN PABLO II, Discurso en al Aeropuerto de Barajas,
31-X-1982, 5.
- JUAN PABLO II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de
1986, 4.
- Cf. CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Exhortación colectiva
sobre el paro. XXV Asamblea Plenaria del 27 de noviembre de 1971. Declaración de la
Comisión Episcopal de Pastoral Social: Crisis económica y responsabilidad moral (26-IX-1984).
- JUAN PABLO II, Discurso al cuerpo diplomático, 14-I-1984,
3.
- Documento colectivo de los Obispos de Bilbao, San Sebastián
y Vitoria: Erradicar la violencia debilitando sus causas, 13-VII-1985.
- JUAN PABLO II, Homilía en Loyola, 6-XI-1982, 6.
- Nos hacemos eco de la denuncia hecha por Mons. Díaz
Merchán, Arzobispo de Oviedo, en el diario "YA" del 28 de diciembre de 1984.
- Constitución dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia, 1.
- Constitución pastoral, 42.
- JUAN PABLO II, Discurso a los miembros de la Trilateral,
18-IV-1983, 1.
- Constitución pastoral, 79.
- Ibídem, 78.
- Ibídem.
- Cf. Constitución pastoral, 78.
- Sant 3,17-18.
- 2 Cor 13,11.
- Ap 22,20-21.