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LXXVI
ASAMBLEA PLENARIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL
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LA
FAMILIA, SANTUARIO DE LA VIDA
Y ESPERANZA DE LA SOCIEDAD
(parte I)
Instrucción
Pastoral de la Conferencia Episcopal Española
Madrid, 27 de abril de 2001
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ÍNDICE
GENERAL
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| INTRODUCCIÓN:
Cristo revela el amor |
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| CAPÍTULO
1: Una mirada a nuestra sociedad
y a nuestra cultura |
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| CAPÍTULO
2: El evangelio del matrimonio
y de la familia |
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| CAPÍTULO
3: El evangelio de la vida humana |
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| CAPÍTULO
4: Cultura de la familia y de
la vida en la construcción del porvenir de nuestra civilización |
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| CONCLUSIÓN:
“Haced lo que Él os diga” María, Reina y Madre de las familias |
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SIGLAS
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ADS
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León XIII, Carta encíclica
Arcanum divinae sapientiae, 10.II.1880 |
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CA
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Juan Pablo II, Carta encíclica Centessimus annus, 1.V.1991 |
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CC
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Pío XI, Carta encíclica
Casti connubii, 31.XII.1930 |
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CCE
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Catechismus Catholicae Ecclesiae, 15.VIII.1997 |
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CDF
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Santa Sede, Carta de los derechos de la familia, 22.X.1983 |
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CF
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Juan Pablo II, Carta a las familias Gratissimam sane, 2.II.1994 |
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CIC
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Codex iuris canonici, 25.I.1983 |
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ChL
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Juan Pablo II, Exhortación apostólica Christifideles laici, 30.XII.1988 |
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DM
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Juan Pablo II, Carta encíclica Dives in misericordia, 30.XI.1980 |
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EV
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Juan Pablo II, Carta encíclica Evangelium vitae, 25.III.1995 |
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FC
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Juan Pablo II, Exhortación apostólica Familiaris consortio, 22.XI.1981 |
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FR
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Juan Pablo II, Carta encíclica Fides et ratio, 14.IX.1998 |
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GS
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Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Gaudium et spes, 7.XII.1965 |
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HV
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Pablo VI, Carta encíclica Humanae vitae, 25.VII.1968 |
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LG
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Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, 21.XI.1964 |
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LE
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Juan Pablo II, Carta
encíclica Laborem exercens, 14.IX.1981 |
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MD
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Juan Pablo II, Carta apostólica Mulieris dignitatem, 15.VIII.1988 |
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NMI
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Juan Pablo II, Carta apostólica Novo millenio ineunte, 6.I.2001 |
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RH
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Juan Pablo II, Carta encíclica Redemptor hominis, 4.IV.1979 |
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SD
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Juan Pablo II, Carta apostólica Salvifici doloris, 11.II.1984 |
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SRS
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Juan Pablo II, Carta encíclica Sollicitudo rei socialis, 30.XII.1987 |
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VcS
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Pío XII, Discurso Vegliare
con sollicitudine, 29.X.1951 |
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VS
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Juan Pablo II, Carta encíclica Veritatis splendor, 6.VIII.1993 |
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| Necesidad
de un amor verdadero |
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| 1. “El hombre no puede vivir sin
amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está
privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con
el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él
vivamente”[1].
Esta afirmación de Juan Pablo II al inicio de su pontificado expresa la
condición humana, algo que toda persona experimenta. Todo hombre necesita
el amor para reconocer la dignidad propia y de los otros y para encontrar
un sentido valioso a su vida. Es el amor que le pueden ofrecer, en primer
lugar, sus padres, su familia y, después, tantas otras personas. Y también
la sociedad. |
El hombre no
puede vivir sin amor |
| 2. Pero hay una forma de amor que aparece
mucho más ligada a la realización de la persona, al logro de una vida
plena, porque expresa relaciones que constituyen a la persona como tal:
es el amor de los padres a los hijos (que está en el origen de
cada persona, que viene a la existencia como hijo), y el amor del hombre
y la mujer (pues la dimensión esponsal es también constitutiva de
la persona). |
Amor en la
familia y en la sociedad |
| Los cristianos sabemos
que sólo en el misterio de Cristo se revela y se cumple en plenitud
el misterio de la vida humana en todas sus dimensiones[2];
sólo en el Hijo amado puede cada ser humano encontrar el amor del Padre
eterno que sacia los anhelos más profundos de todos los corazones. Ese
amor infinito llena de sentido la vida familiar y la convivencia social. |
“Yo he venido
para que tengan vida” (Jn 10,10) |
| Misión
de la Iglesia: la evangelización |
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| 3. La predicación del Evangelio
es la primera misión que Cristo encomienda a los apóstoles y a sus sucesores,
los obispos, quienes tenemos el deber de llevarla a cabo en toda su integridad[3].
Nuestra primera tarea es anunciar a Jesucristo, el Salvador de
todo hombre, el camino, la verdad y la vida (cfr. Jn 14,6). En comunión
pastoral con el sucesor de Pedro queremos seguir su invitación para adentrarnos
en la contemplación del rostro de Cristo -en quien resplandece el hombre
nuevo- y secundar dócilmente su envío misionero: ¡echad de nuevo las redes![4]. |
Proclamación
del evangelio de la vida y de la familia |
| 4. La vida humana es siempre buena
noticia. Aunque surja o se halle en circunstancias difíciles toda
persona humana es un regalo, un don de valor inestimable. Cada ser humano
constituye por su sola existencia una clara llamada a la comunión, al
amor ofrecido y recibido. El amor esponsal de un hombre y una mujer, que
se entregan y prometen de por vida como cónyuges, crea el hábitat natural
para la acogida amorosa de la vida humana. Este es el proyecto hermoso
y perenne de Dios creador, que bendice la comunión matrimonial con el
don del hijo (cfr. Gén 1-3). El don maravilloso de la vida humana suscita
en quienes lo reciben admiración, gratitud y anhelos de cultivarlo mediante
la propia donación. |
La familia,
santuario de la vida y esperanza de la sociedad |
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5. Al volver a hablar de la familia
y de la vida humana lo hacemos desde la fe, atendiendo a la situación
actual de nuestra sociedad, que tanto ha cambiado en estos últimos
años[8].
Plantearse este tema desde el Evangelio supone, en primer lugar, una
disposición a abrirse a su mensaje, a querer descubrir y realizar la
verdad en Aquél que quiso compartir la vida del hombre, nacer en el
seno de una familia (cfr. Mt 1 y Lc 2) y ser el Esposo de la Iglesia,
que sigue viviendo de su entrega amorosa (cfr. Ef 5,32). Desde
esta perspectiva, esta instrucción quiere ser una llamada a renovar
la vida de los matrimonios y las familias cristianas reafirmando su
vocación eclesial y social. También quiere ser una ayuda para quienes,
con un corazón abierto, buscan la verdad sobre el amor humano, el matrimonio
y la familia. El horizonte de esta instrucción está unido a la misma
esperanza que despierta la familia en su realidad. Tiene un carácter
programático, apunta a un futuro a construir. |
Evangelización
de nuestra sociedad |
Familia
y esperanza
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6. Nos dirigimos con gratitud a
todos aquellos que quieren vivir plenamente la realidad familiar.
En primer lugar, a las familias cristianas, a cada uno de sus
miembros, pues sois cauce de la esperanza para nuestra sociedad: ¡Sí,
queridas familias, estáis llamadas a ser la sal y la luz de la civilización
del amor! (cfr. Mt 5,13-16). Queremos animar en su vocación a los
esposos y a los padres; queremos alentar a los movimientos y asociaciones
familiares. Comprendemos vuestras dificultades. Sabed que Cristo, el
Esposo, está con vosotros (cfr. Mt 28,20). ¡No tengáis miedo! (cfr.
Lc 12,22-32). ¡Vivid en Cristo como testigos intrépidos de la buena
nueva de la vida y de la familia! La semilla del bien puede siempre
más que la del mal. No os dejéis abatir por los ambientes adversos.
Queridos padres, no cejéis en el empeño de educar a vuestros hijos en
el amor verdadero, en el sentido de la vida y de la sexualidad. ¡Transmitid
con gozo y perseverancia a los jóvenes –que son el futuro de la sociedad-
la grandeza del amor fiel y el sentido de la vida humana en toda su
dignidad! |
Destinatarios: Familias |
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Apelamos, también,
a los sacerdotes, a las personas consagradas y a los fieles laicos
que acompañan a los esposos y a sus hijos en el descubrimiento y desarrollo
de su vocación. Aunque en ocasiones vuestra siembra del Evangelio sea
entre lágrimas, a su tiempo, con la gracia de Dios, cosecharéis con
abundancia (cfr. Sal 126,5). |
Sacerdotes,
personas consagradas y fieles laicos |
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Esta reflexión, además,
se dirige al conjunto de la sociedad y a sus gobernantes, en
especial a los agentes culturales y sociales, educadores, profesores
y catequistas, así como a los profesionales de la salud. Reconocemos
vuestros desvelos por el bien común. Os confiamos esta reflexión sobre
la verdad que nos ofrece el Evangelio del matrimonio, la familia y la
vida. Cristo no violenta sino que promueve al máximo la razón humana
y descubre lo genuinamente humano, lo que posibilita el auténtico desarrollo
de las personas y de los pueblos. Su enseñanza es salvaguarda de la
dignidad de toda persona humana y del progreso social en justicia, solidaridad
y libertad. |
Gobernantes
y agentes culturales y sociales |
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7. Esta instrucción se estructura
en cuatro partes. En primer lugar, dirigimos una mirada a nuestra sociedad
y a nuestra cultura en lo que concierne al valor de la vida humana,
al matrimonio y a la familia. Queremos analizar las claves antropológicas
de nuestra civilización. Pretendemos adecuarnos, desde la fe, a la mirada
misericordiosa del Padre, encarnada en los ojos humanos de Cristo y
de su Iglesia (capítulo 1). En segundo lugar, presentamos algunos elementos
esenciales del evangelio del matrimonio y la familia (capítulo 2), y
de la vida (capítulo 3); es el plan amoroso del Creador y Salvador de
todos los hombres. En tercer lugar, ofrecemos criterios de juicio y
orientaciones para promover el protagonismo de la familia en la mejora
de nuestra sociedad (capítulo 4). |
Estructura
de los temas |
Cristo,
plenitud del hombre
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8. Este anuncio esperanzador que presentamos
también va dirigido al corazón de cada persona. Todos deseamos
la plenitud de vida. Este evangelio es verdadero y es posible; es la
felicidad del hombre y el progreso de los pueblos. Jesucristo no es
sólo el Maestro sino también el Redentor del hombre. Él sana con la
gracia de su Espíritu nuestro corazón enfermo y nos hace capaces de
superar las rupturas del pecado y renovar la comunión conforme al designio
originario del Padre. Él perdona nuestras culpas. Él fortalece nuestra
debilidad. Su misericordia infinita restaura nuestra miseria. |
Cristo hace
posible la plenitud de la vida y la verdad de la familia |
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A cuantos se sienten
abatidos queremos ofrecer el acompañamiento de la Iglesia, fundada por
el mismo Cristo y enviada a continuar su tarea. A cuantos se sienten
huérfanos, en la intemperie hostil de un mundo cada vez más deshumanizado,
despojados de justicia y de amor, queremos abrir de par en par las puertas
de la Iglesia, Hogar familiar donde fructifica la caridad fraterna,
donde hay vida en abundancia. |
La Iglesia,
morada del hombre nuevo |
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En esta hora decisiva,
en la que está en juego el verdadero respeto de toda vida humana y la
construcción de la civilización del amor, contamos con el testimonio
de tantas familias que viven el proyecto de Dios y lo hacen creíble.
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Las familias
cristianas, evangelio vivo |
| A todos os animamos
a seguir adelante con humildad y confianza. Con los ojos puestos en Jesucristo,
muerto en la cruz para darnos vida, resucitado y glorioso, presente en
la Eucaristía para renovar la nueva y eterna alianza de Dios con sus hijos.
A todos os animamos a una renovación espiritual en el camino de la
santidad. En nombre de Cristo hemos de echar nuevamente las redes
(cfr. Lc 5,1-11) y cultivar con esmero su viña (cfr. Mt 20,1-16). Con
la certidumbre de que trabajamos con el Dueño de la viña, esperamos de
su gracia una nueva primavera para la familia y para la vida. |
Con los ojos
fijos en Cristo |
CAPÍTULO 1
UNA MIRADA A NUESTRA SOCIEDAD Y A NUESTRA CULTURA
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1.1. Una mirada de fe |
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9. La mirada que dirigimos a
la vida, el matrimonio y la familia en nuestra sociedad actual es
una mirada de fe por un doble motivo. En primer lugar, porque esa
fe nos hace participar de aquella primera mirada de Dios con la que
el Creador vio que todo era bueno (cfr. Gén 1,31) y nos da esos ojos
nuevos que nos permiten redescubrir lo bueno, lo verdaderamente
humano (cfr. Flp 4,8)[9].
En segundo lugar, porque mirar el matrimonio y la familia nos lleva
a descubrir la necesidad de una “fe humana”[10].
La familia es el primer lugar donde una persona se confía a otra con
una entrega verdadera. Esta fe humana que se vive en la familia
nos abre a la fe en el otro, para poder construir una sociedad
esperanzada, y a la fe en Dios. La mirada de fe resulta decisiva
para descubrir, conocer y vivir la verdad completa de todas las realidades,
sobre todo las que se refieren al ser humano, a su vida y a su destino
trascendente. |
Bondad y confianza |
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10. Son muchas las ocasiones en
que los obispos españoles nos hemos pronunciado sobre la situación
de nuestra sociedad, también en lo que afecta a la verdad moral propia
del matrimonio, la familia y la vida. No hemos dejado de señalar los
logros y las dificultades en estos campos. Uno de los logros que se
ha dado en la sociedad española y que queremos de nuevo poner de manifiesto
es la progresiva maduración de nuestra convivencia democrática[11].
Esto incluye elementos muy positivos en la afirmación de unos valores
destinados a la convivencia en un clima de libertad, respeto, pluralismo,
tolerancia, con un marco de progreso económico en un Estado de bienestar. Junto
a estos logros, es obligado afirmar también importantes adquisiciones
de carácter moral, como una mayor sensibilidad en lo que corresponde
a la defensa de las libertades individuales y la igualdad de derechos.
Esto supone un rechazo creciente contra las manifestaciones tiránicas,
los racismos, las violencias de distinto tipo –también en la familia-,
las desigualdades sociales, los clasismos más o menos ocultos, una
denuncia sin paliativos contra el terrorismo, una lucha sincera contra
diversas manifestaciones inhumanas como son la miseria, la ignorancia
o el rechazo a los inmigrantes. La solidaridad
con los desfavorecidos, la preocupación por los desempleados, el crecimiento
del voluntariado social, el respeto a los que tienen otra cultura
o el cuidado de una conciencia ecológica son también importantes adquisiciones
de nuestra sociedad. |
Importantes
logros de nuestra sociedad y de nuestra cultura |
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1.2. Ambigüedad de los valores
de la cultura dominante |
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| 11. Pero, como pastores, hemos de
advertir que muchos de estos elementos presentes en nuestra vida social
sufren ciertas ambigüedades a causa de la cultura dominante, que los
desfigura en la tarea de formar integralmente a la persona. Nos
interesa sobre todo destacar la ambigüedad en lo que corresponde al
ámbito de la familia y la vida. Se produce ahí la asombrosa situación
de que, a pesar de que las encuestas demuestran que es una institución
altamente valorada de modo privado por las personas, existe un rechazo
manifiesto en su aceptación pública. De tal manera que se llegan aconsiderar
normales en una “situación democrática” distintas realidades
que perturban seriamente la institución familiar y el respeto
a la vida humana. Entre otras, podemos citar la extensión del divorcio
con las graves consecuencias personales que genera; de las parejas
de hecho con la inestabilidad que producen en la vida de las personas
y de la sociedad; y, cada vez más, la petición de un pretendido “matrimonio”
entre homosexuales con una grave confusión en la comprensión de la
sexualidad[12].
Entre los temas que se refieren a la transmisión de la vida se encuentran
la trágica aceptación social del aborto, la eutanasia, la esterilización,
la Fivet, la clonación
“terapéutica”, etc. Muchas de estas cuestiones ya han sido legalizadas,
como el divorcio, la despenalización del aborto en algunos supuestos[13]
y las “Técnicas de reproducción asistida”[14]
e, incluso, han sido aceptadas por sentencias del Tribunal Constitucional[15]. |
Aceptación
legal y social de graves distorsiones éticas |
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12. La gravedad y número de estos
problemas está a la vista de todos. Nos encontramos en una situación
histórica nueva en nuestra sociedad. Como pastores nos preocupan en
la medida en que afectan a las personas en lo más íntimo, mientras
que nuestra sociedad parece querer ocultar sus dificultades con soluciones
superficiales e ingenuas que pretenden ignorar la repercusión personal
y social que producen. Éste es el drama que se oculta tras la paradoja
de una familia (cuna y santuario de la vida) apreciada en su función
personal y vilipendiada en su dimensión social. Nos hallamos
ante un orden social tremendamente paradójico porque esconde la problemática
que padecen muchas personas, queriendo amparar esa problemática humana
con unos servicios sociales que aseguren una vida individual solo
materialmente adecuada. Pero, ¿acaso pueden las estructuras frías
e impersonales ocuparse verdaderamente de las personas, sobre todo
cuando éstas sólo pretenden asegurarles un mínimo de bienestar material? Nuestra
mirada de fe no se queda en las estructuras, nos ayuda a contemplar
el corazón del hombre (cfr. 1 Sam 16,7). Por eso, al entrar en esta
cuestión no estamos invadiendo un terreno ajeno, sino que nos hacemos
eco de los apremiantes deseos de gran número de personas cuyo principal
problema es su propia familia. ¡Cuántos hombres y mujeres no saben
qué hacer para tener una mejor convivencia familiar, o ayudar verdaderamente
en esto a sus hijos! Querer silenciar esta voz bajo el argumento de
una pretendida “neutralidad” social ante una cuestión meramente “privada”,
supone callar ante el clamor de tantas familias que piden una atención
urgente. Hemos de constatar que hoy, por la evolución negativa de
los problemas antes apuntados, en España, la familia padece graves
males y es hora de afrontar sin complejos sus causas y sus soluciones. |
Salvar la familia |
| Las
raíces de una cultura inadecuada |
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| 13. La contradicción interna entre
la valoración positiva de la familia como un valor real y su menosprecio
como elemento social nos señala una importante incoherencia en la racionalidad
que está en la base de la construcción de nuestra sociedad[16].
Incoherencia que pone de manifiesto un modo erróneo de concebir la
convivencia social. No le basta al hombre un bienestar material
y exterior si fracasa en lo más importante para él. Así nos encontramos
con que muchas personas viven un problema dramático, y es la dificultad
para realizar un auténtico proyecto de vida y de familia, como pide
su corazón, pues tropiezan con una valoración social puramente económica
y utilitarista de la persona y de la familia. En estas circunstancias,
la ausencia de una ayuda adecuada y cercana sume al hombre en una amarga
frustración. |
Materialismo y frustración |
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14. Los cristianos debemos denunciar
aquellos aspectos de nuestra cultura que no favorecen la personalización
de cada hombre y cada mujer y su llamada a formar una auténtica comunión
de personas. Son factores que provocan una fractura íntima que conduce
a la dificultad de concebir la propia vida y, por consiguiente, el
matrimonio y la familia, como una auténtica vocación. Este
hecho está más acentuado por la extensión cultural de una determinada
censura que relega del ámbito público al privado toda pregunta por
Dios y por la trascendencia. Se abre así una profunda ruptura entre
la fe y la vida que debilita las convicciones personales. |
Obligación de advertir |
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15. La ambigüedad que destacábamos
antes es fruto de un largo proceso cuyo interés se centra en una convivencia
fundada no en convicciones sino en acuerdos de compromiso. Se da una
gran importancia a los procedimientos formales y las cuestiones inmediatamente
prácticas, mientras se evita, una y otra vez, todo diálogo
sobre las cuestiones fundamentales y los ideales comunes que se
llegan a considerar irrelevantes para la vida social. |
Pragmatismo político: mero procedimiento sin fundamento |
| Rechazo
de Dios |
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16. Este proceso comienza con la
secularización de la sociedad en la edad moderna, a consecuencia
de la cual muchas de las realidades humanas, incluida la vida y el
proyecto familiar se piensan como realidades cerradas a la trascendencia
y cuyo contenido pasa a ser considerado como meramente terrenal[17]. El
desarrollo de los acontecimientos, en cambio, parece insistir en que
el intento sistemático de construir una convivencia sin Dios se
vuelve siempre contra el hombre. En primer lugar en su corazón
porque, llamado a una comunión con Dios y abierto a lo infinito, queda
encerrado en el horizonte estrecho de la vida en este mundo. Las palabras
de San Pablo son profundamente reveladoras: “porque, habiendo conocido
a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, antes
bien se ofuscaron en sus razonamientos y su insensato corazón se entenebreció”
(Rom 1,21). A esta verdad fundamental, el Apóstol añade (vv. 22-32)
toda una serie de males morales que denigran a las personas y hieren
la convivencia, algunos de los cuales afectan muy directamente a la
familia y la vida. |
Eclipse de Dios y eclipse del hombre |
| Razón ofuscada |
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17. Cuando se produce este fenómeno
de oscurecimiento de la presencia de Dios, incluso como horizonte
vital que transciende al mundo, se crea en los hombres un ánimo refractario
a cualquier realidad que no caiga bajo el control humano. Toda verdad
trascendente se llega a mirar por algunos con sospecha o incluso se
pretende reinterpretar de modo reductivo. No estamos ante un mero
juego intelectual que intente un sistema coherente cerrado a la trascendencia,
es –como dice el Apóstol- un auténtico ofuscamiento de la inteligencia
humana que se halla como colapsada en la búsqueda de una verdad
plena, que responda a las preguntas fundamentales de la dignidad del
hombre y que sea capaz de fundar la convivencia social. |
Reduccionismo del conocer |
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18. Ante los grandes valores e
ideales se extiende en muchos sectores un profundo escepticismo
que actualmente afecta gravemente al campo moral. Con esta afirmación
no nos referimos al rechazo de la normativa moral propuesta por la
Iglesia, sino, sobre todo, a la incapacidad del hombre para construir
su vida en la verdad. Al
dejar de creer en la verdad de los valores absolutos, la inteligencia
deja de interesarse por la cuestión del sentido para centrarse en
una razón instrumental, que sólo resuelve problemas inmediatos
por medio del cálculo y la experimentación, pero que permanece cerrada
al misterio del hombre, por lo que es incapaz de descubrir el
valor personal y la belleza de lo humano[18].
Todo se mide y se valora por su productividad y su utilidad. |
Hipertrofia de la razón técnica |
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19. Las consecuencias de este modo
de afrontar la vida son muy graves. Al hombre, reducido su horizonte
vital a lo que puede dominar, se le valora sobre todo como un homo
faber y todo su trabajo se mide en razón de la sola productividad.
A pesar de los adelantos técnicos, se observa paradójicamente cómo
el trabajo ahoga muchas veces la vida de las personas con exigencias
que no tienen en cuenta la realización de la persona y su vida familiar.
Se sacrifican muchas cosas a un “sistema de producción” impersonal,
competitivo y tiránico. |
Productividad hasta la despersonalización |
| Deformación de la libertad |
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20. En el plano moral se produce
una deformación del valor de la libertadque pierde así su aspiración
interna hacia la plenitud humana. Desarraigada de su finalidad
interna, que la dirige a realizar el amor verdadero, la libertad
queda reducida a la elección de cosas según un arbitrio personal,
al margen de la verdad del hombre. Cuando
esto sucede, los únicos límites que se descubren para la libertad
vienen de la presencia de otras personas también libres. La relación
entre personas se enmarca así en un conflicto de libertades y límites.
Todo es posible con tal de no violentar la libertad ajena. Pero, ¡qué
drama se esconde tras esta concepción de la libertad! Cuando la libertad
se percibe y se define sólo a través de meros contenidos extrínsecos
y negativos, la persona llega a vivir entregada a las emociones, y
acaba esclava de sus propias apetencias superficiales. Esta
concepción de la libertad produce un profundo conflicto entre las
diversas dimensiones de la persona: racional, afectiva e instintiva. |
Libertad sometida a las apetencias superficiales |
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21. Podemos hablar entonces de
un concepto perverso de la libertad[19].
No nos estamos refiriendo sólo a un error antropológico, sino a una
forma de entender la existencia humana con unas consecuencias profundamente
negativas en la vida personal y social. Por una parte, una libertad
sin dirección aboca al hombre a un nihilismo corrosivo en la
medida en que pierde el contacto más profundo con los valores e ideales
verdaderos: todo sería válido, incluso los comportamientos destructivos[20].
Mientras que los deseos más profundos –de sentido, de paz, de horizontes
trascendentes, de amar y ser amado, etc.- permanecen insatisfechos,
se debilitan y empobrecen las relaciones interpersonales. Si la libertad
del hombre no le conduce a amar con todo el corazón, se convierte
en algo nocivo y frustrante del sentido de su existencia. |
Libertad sin base en la comunión ni ordenación a la misma |
| Utilitarismo e individualismo |
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22. En el ámbito público esto se
plasma en la adopción de una ética utilitaria dominada por
los intereses individuales; en cambio, en el ámbito privado, el juicio
moral se deja al arbitrio de un “sentido moral” subjetivo, que se
traduce en una concepción ética “a la carta”. En ambos casos, se desemboca
en una tendencia individualistaen la que la figura del “otro”
aparece como un rival potencial y como un competidor en el intercambio
de bienes materiales. Así entendemos que la propia libertad tienda
a afirmarse como dominio sobre los demás. Uno de los efectos más claros
de esta concepción es el intento de justificación de actos intrínsecamente
nocivos[21].
Todo tipo de aberraciones, incluido el aborto, el suicidio, la pederastia,
el turismo sexual, etc., llegan a aparecer incluso como derechos de
la libertad individual. ¿Acaso no se ha perdido el sentido de la libertad,
deformando a la persona? |
Derrumbamiento del sentido ético |