CXXXIX COMISIÓN PERMANENTE

IMPULSAR UNA NUEVA
EVANGELIZACIÓN

Plan de Acción Pastoral para el Trienio 1990-1993

Madrid, 4-6 de Julio de 1990

 

I N D I C E
Introducción

I. REFERENCIAS DOCTRINALES

1. LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

2. UNA NUEVA EVANGELIZACIÓN EN UNA SITUACIÓN

a) Situación cultural
b ) Situación eclesial
II .OBJETIVOS
1. OBJETIVO GENERAL: IMPULSAR UNA NUEVA EVANGELIZACIÓN
2. OBJETIVOS ESPECÍFICOS:
Objetivo 1º: Fortalecer la vida cristiana
Objetivo 2º: Consolidar la comunión eclesial
Objetivo 3º: Promover la participación de los laicos en la vida y misión de la Iglesia
Objetivo 4º: Intensificar la solidaridad con los pobres y los que sufren y difundir la doctrina social de la Iglesia
Objetivo 5º: Impulsar la acción misionera de nuestras Iglesias
lll. ACClONES
Objetivo específico 1º:
1. Campaña para promover el sentido cristiano del Domingo y de las fiestas religiosas.
2. Estudio y publicación de orientaciones sobre la pastoral de la iniciación cristiana.
3. Plan de difusión y aplicación de la Instrucción "Dejaos reconciIiar con Dios".
4. Preparación del Congreso Eucarístico Internacional de Sevilla.
Objetivo específico 2º:
1. Documento sobre Comunión, Participación y Disciplina en la Iglesia
2. Congreso de Movimientos; Grupos, Asociaciones y Comunidades para fomentar la coordinación y la unidad en la acción misionera
Objetivo específico 3º:
1. Celebración de una Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal sobre el seglar en la Iglesia y en el mundo
2. Elaboración de un Plan Pastoral de Juventud
3. Orientaciones sobre Pastoral Vocacional
4. Reflexión de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española sobre la familia
5. Reflexión de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal sobre Pastoral obrera
Objetivo específico 4º:
1. Celebración de una Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española sobre la caridad en la vida de la Iglesia, considerada en sus aspectos doctrinales, espirituales, pastorales, organizativos y de coordinación
2. Symposium con motivo del Centenario de la Encíclica "Rerum Novarum"
Objetivo específico 5º:

1. Estudio sobre Nueva Evangelización en España

2. Jornada de convocatoria nacional para estimular la conciencia colectiva de los católicos y su presencia en la vida pública
3. Asamblea Plenaria Extraordinaria de la Conferencia Episcopal Española con motivo del V Centenario de la Evangelización de América
4. Reflexión en Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal sobre las consecuencias sociales, culturales y religiosas del Acta Única de Europa 1993
5. Reflexión en Asamblea Plenaria sobre "Presencia y Pastoral de la Iglesia en los Medios de Comunicación Social"
Anexo. Documentación recomendada

 


INTRODUCCIÓN

 

1. La Conferencia Episcopal Española organiza su actividad pastoral en planes trienales. Cada plan trienal comprende un conjunto de trabajos fijados por la misma Conferencia. El hecho de que la programación esté elaborada por los propios obispos y mire a todos los fieles cristianos, de modo particular y, más ampliamente, a toda la sociedad española, permite prever que, de algún modo, influirá en la vida de las diócesis, en las instituciones de éstas y en sus proyectos pastorales, aunque no sea una programación general de la Iglesia en España.

Cada plan trienal se articula en torno a una finalidad general y ésta, a su vez, postula unos objetivos precisos que la concretan y desarrollan. Tanto las acciones del conjunto de la Conferencia como las de sus Comisiones Episcopales y otros organismos de la misma, han de orientarse al logro de la finalidad general y de sus objetivos. La actuación ordinaria respectiva y las acciones que se seleccionen como prioritarias con miras a llevarlas a ejecución en el plazo señalado dentro del trienio han de encaminarse a la consecución de la finalidad general y de sus objetivos más concretos.

Cada plan trienal de la Conferencia sólo incluye "aquellas acciones que tienen un carácter de especial urgencia y atenimiento a las circunstancias específicas de la situación actual y a las necesidades pastorales más de fondo de la Iglesia y de la sociedad españolas consideradas en su conjunto". La selección de acciones persigue obrar como "estímulo orientador y multiplicador de todo el trabajo de la Conferencia" al servicio del Pueblo de Dios1.

2.- El Plan trienal anterior, 1987-1990, se orientó a desarrollar la conciencia de la misión evangelizadora de la Iglesia en España, así como a impulsar y alentar, en consecuencia, una pastoral de evangelización. El Plan expresaba urgencias permanentes y de largo alcance, no urgencias coyunturales y de corto radio de acción. Y, precisamente por esto, por tratarse de objetivos permanentes que transcienden el espacio temporal de un solo trienio, tales urgencias siguen todavía en pie y con viva actualidad. Pero no sólo por eso: ha sido mucho, ciertamente, lo que se ha realizado -con la ayuda de Dios- siguiendo la finalidad general y los objetivos del Plan. Muchos son los logros alcanzados y, más aún, muchos los dinamismos suscitados en amplios sectores. Se impone reconocer, sin embargo y pese a esta evaluación positiva en general, que no se ha cumplido en su totalidad el conjunto de los objetivos del Plan anterior y que algunas de las acciones programadas no han llegado todavía a su término. De lo que resulta la conveniencia de continuar ese proceso, procurar que se enraíce más profundamente en toda la comunidad, que su aplicación sea más vigorosa y que su orientación ilumine a todo el cuerpo eclesial.

La finalidad general del Plan de acción pastoral de la Conferencia Episcopal para el presente trienio, 1990-1993, se fija con los siguientes términos: IMPULSAR UNA NUEVA EVANGELIZACIÓN. Así nos lo pide hoy la Iglesia. Este enunciado sirve, además, para reconocer lo que ya se ha realizado y para proseguir la andadura emprendida. De aquí que la formulación con que se expresan los objetivos para el nuevo trienio aparezca como muy similar a la del anterior. No se trata ciertamente, de una simple y mera reiteración de los objetivos del Plan anterior; sí de tomar conciencia de lo que aún queda por conseguir, de reconocer lo ya obtenido y, sobre todo, de ponderar el acierto con que se programaron tales objetivos. Como hemos dicho en otra ocasión "la hora actual de nuestra Iglesia tiene que ser -es- una hora de evangelización'' 2. La evangelización es, en efecto, el mayor apremio de la situación actual de la Iglesia y de la sociedad españolas.

3.- En e! seno de la Iglesia alumbra ya, en los últimos decenios, una clara conciencia de la necesidad de afrontar una "nueva evangelización". Las enseñanzas y los viajes apostólicos del Papa Juan Pablo ll han concurrido grandemente a despertar tal conciencia. Su ministerio apostólico ha prolongado así las enseñanzas y orientaciones de sus inmediatos Predecesores y ha servido, sobre todo, para secundar el Impulso que el Espíritu Santo suscitó en el Concilio Vaticano ll.

También entre nosotros -aunque lentamente- va abriéndose paso esa conciencia de la necesidad de renovar el impulso evangelizador Testigos de este hecho son, por ejemplo, los Congresos que hemos celebrado sobre "Evangelización y hombre de hoy" y sobre "Parroquia Evangelizadora". Nuestras Iglesias van incorporándose a esta tarea para un mejor cumplimiento de la misión que, en servicio a todos los hombres, nos ha confiado Nuestro Señor Jesucristo. Podemos repetir ahora lo que ya dijimos hace algún tiempo: "Vemos con esperanza la inquietud evangelizadora de la Iglesia en España y el esfuerzo que se viene haciendo en las diócesis para descubrir el estilo y los contenidos de una nueva evangelización para la nueva etapa histórica que estamos recorriendo" 3.

Más aún: los principales documentos de la Conferencia de obispos constituyen, en el fondo, una apremiante convocatoria a toda la Iglesia en España a potenciar una pastoral de evangelización.

Desde ángulos diferentes y a partir de distintas circunstancias, estamos intentando estimular un nuevo impulso "capaz de crear tiempos nuevos de evangelización", por utilizar la hermosa expresión del Papa Pablo VI en su exhortación apostólica "Evangelii Nuntiandi". Este documento es para todos nosotros un punto obligado de referencia. Lo es aún más la fidelidad que debemos en esta hora al Espíritu del Señor y al servicio a los hombres, nuestros hermanos; doble y simultánea fidelidad que reclama de todos nuevos esfuerzos evangelizadores.

Lo había subrayado ya el Papa Juan XXII al convocar el Concilio. "Un orden nuevo se está gestando, dijo, y la Iglesia tiene ante sí tareas inmensas, como en las épocas más difíciles de su historia. Porque lo que hoy se nos exige de la Iglesia es que infunda en las venas de la humanidad actual la virtud perenne, vital y divida del Evangelio" 4. Está claro lo que se nos exige: que la Iglesia, animada y purificada por el Espíritu del Señor, renueve su vigor interior, influya más radicalmente en la sociedad desde el Evangelio, adquiera mayor conciencia de sí misma y de su cometido evangelizador. Se trata de renovar desde dentro y con la fuerza del Evangelio la humanidad de hoy.

Al asumir esta responsabilidad nos situamos en línea con lo que fue el punto de mira del Concilio. El Papa Pablo VI lo precisó muy puntualmente: "Hacer a la Iglesia del siglo XX más apta par anunciar el Evangelio a la humanidad de este siglo" 5. Este y no otro es el horizonte que perseguimos ahora con el nuevo Plan trienal. En un "ahora" que puede considerarse como el inicio de una nueva época en la historia de los hombres y que está a punto de inaugurar un nuevo milenio en la historia del cristianismo6.

 


  

I. REFERENCIAS DOCTRINALES

 

1. La Nueva Evangelización

4.- Miramos, pues, a la tarea de la evangelización, pero con el acento puesto en que se intente una nueva evangelización.

De la evangelización ya hemos dicho en ocasión anterior estas precisas palabras: "La vida y la actividad de la Iglesia debe responder a la apertura y a la universalidad de su misión. Herederos de la misión de Jesús, no podemos olvidar que Jesús vino a salvar lo que estaba perdido, a evangelizar a los pobres, a curar a los enfermos y pecadores (Cfr Lc. 4, 18-21). Lo más profundo de la vida de la Iglesia y del cristianismo es compartir el amor de Dios, Padre de buenos y malos, que quiere la salvación de todos los hombres. Los mejores cristianos, en la medida en que han vivido este misterio de comunión con el amor de Dios y de Cristo, se han sentido enviados al mundo, solidarios con los sufrimientos y esperanzas de los más pobres y necesitados, responsables de alguna manera, junto con Cristo, de la liberación y salvación de todos" 7.

Pero los nuevos tiempos demandan que esta tarea de la evangelización se replantee en términos totalmente nuevos. Tras las complejas vicisitudes del último siglo, la sociedad en que vivimos "ha presentado al cristianismo y a la Iglesia el desafío más radical que ha conocido la historia, pero al mismo tiempo abre hoy nuevas y creativas posibilidades de anuncio y encarnación del Evangelio". En la actual situación, la Iglesia se siente urgida a proponer una nueva síntesis entre el Evangelio y la vida". En esto estriba -en la nueva síntesis- la novedad que hoy se exige a la evangelización8.

5.- No basta, sin embargo, decir esto. Juan Pablo ll, que con tanta frecuencia se refiere a la "nueva evangelización", concreta que se trata de una evangelización "nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión" 9, capaz de adaptarse a las circunstancias de esta nueva etapa histórica y de afrontar los nuevos desafíos de este momento Conviene insistir en que, dentro del proceso único de evangelización al que se debe siempre la Iglesia desde sus comienzos y hasta el final de los siglos, convocada y enviada para ello por el Señor, se abre hoy una nueva etapa. ¿Cómo afrontarla?.

Se precisan, antes que nada, determinadas actitudes interiores: la Iglesia ha de anunciar hoy la Buena Nueva como si se tratase de la primera vez que lo hace en el interior de un pueblo, con toda la fuerza de novedad y de escándalo que se entraña en el Evangelio, con todos los alicientes y con todo el atractivo de una gran empresa; ha de actuar sin temores ni complejos, con sencillez, sin privilegios.

6.- Pero hay más. El mundo de hoy -los hombres y mujeres de nuestro tiempo- pide este renovado esfuerzo de evangelización. Lo pide su realidad de secularismo ateo. Lo pide la marginación creciente de la práctica religiosa. Lo pide -quizá sin ser consciente de ello- el aturdimiento moral de muchos, por un lado, y el desasosiego y búsqueda, por otro, que sufren no pocos.

Lo decía puntualmente la Exhortación Apostólica "Evangelii nuntiandi": "Secularismo ateo y ausencia de práctica religiosa se encuentran en los adultos y en los jóvenes, en la élite y en la masa, en las antiguas y en las jóvenes Iglesias. La acción evangelizadora de la Iglesia no puede ignorar estos dos mundos ni detenerse ante ellos; debe buscar constantemente los medios y el lenguaje adecuados para proponerles la Revelación de Dios y la fe en Jesucristo" 10. Este es el panorama ante el que se enfrenta la nueva evangelización.

Se trata de llevar el mensaje de Cristo a las entrañas mismas del mundo moderno. Se trata de enseñar a los hombres de la nueva sociedad a creer en Dios que crea y salva. Se trata de iniciarles -en esta era concreta de la técnica y de la planetización- a vivir en alabanza de Dios, con un claro sentido de la fraternidad humana y abiertos a la esperanza de salvación eterna.

Ante nosotros, un gran proyecto que reclama la movilización de todos los creyentes. Lo concretamos en nuestra realidad española, pero esto no significa que excluyamos de nuestra solicitud ni las Iglesias hermanas de América Latina ni las de los países del Tercer Mundo. Nuestra responsabilidad llega a todas ellas y por eso este proyecto se define con amplitud universal, atento a generar un gran futuro de esperanza: la esperanza -lo decimos con sencillez y firme convencimiento- de alcanzar la "civilización del amor" o lo que es lo mismo, una nueva cultura de la solidaridad, expresión privilegiada del amor evangélico. Afianzamos esta esperanza en la fe en Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo cuyo designio de salvación para con el mundo nos ha sido manifestado en la revelación del Reino de Dios.

7.- La dinámica de la historia nos abre a una nueva etapa en la acción misionera de la Iglesia. Está ahí, ante nosotros, una nueva situación cultural y social, cuando tocamos ya el tercer milenio del cristianismo en la historia del mundo. Están ahí las nuevas generaciones de jóvenes y niños: ellos serán los protagonistas de la nueva sociedad y de la nueva cultura, sus constructores.

Esta nueva etapa en el proceso de la evangelización mundial requiere una actitud misionera renovada y esperanzada, una revitalización a fondo de la propia riqueza de la fe, la suscitación de energías vigorosas de profunda raíz cristiana. Todo ello con las miras puestas en la construcción de una nueva realidad en la sociedad española. Deberá manifestarse con todo el sentido cristiano, es decir, con insobornable fidelidad a Cristo y a su Evangelio y ser, con ello, capaz de promover en esta hora una sociedad en la que se afirme la dignidad de todo hombre, se persiga la paz en la justicia y se busque la fraternidad sin marginaciones ni irritantes desigualdades. "Es necesario -nos decía el Papa- que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del Espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el profundo amor al hombre hermano. Para sacar de ahí fuerza renovada que os haga infatigables creadores del diálogo y promotores de justicia, alentadores de cultura y elevación humana y moral del pueblo. En un clima de respetuosa convivencia con la otras legítimas opciones, mientras exigís el respeto a las vuestras" 11.

8.- Nada de este horizonte resultaría accesible si en el interior de la Iglesia no viviéramos intensamente la vida cristiana y de modo integral. Nada podríamos conseguir si nos faltara la confianza en nosotros mismos y en nuestra propia historia, en nuestros hombres y en nuestras instituciones. Nada, si no abordáramos la nueva evangelización con humildad y paciencia, con capacidad de soportar los conflictos pasajeros y con holgura de espíritu para evitar colocarnos en una actitud de defensa permanente ante las objeciones y criticas concretas. Nada, sobre todo, si no nos mostramos capaces de brindar y realizar de manera clara y atrayente la propuesta específicamente cristiana, en la seguridad de que, al final, Dios será glorificado en la plenitud de su Reino y de que Cristo aparecerá como la luz de todos los pueblos y el salvador de toda la obra de los hombres.

9.- Una convicción ha de presidir todo esfuerzo de la nueva evangelización: "Lo que el alma es en el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo", según la histórica expresión acuñada en los primeros tiempos cristianos12. Es ésta, sin duda, una expresión audaz; no es, sin embargo, arrogante e irresponsable.

Comparar a los cristianos con el alma del mundo es indicar que toda su presencia y actuación entre los hombres quiere ser fecundante para la suerte de todos los hombres y para la marcha del mundo. Esta firme convicción alumbró en la Iglesia naciente un sin fin de energías al servicio de la evangelización de numerosos pueblos. Ninguna previsión humana avalaba su intento. ningún poder humano lo respaldaba. Pero aquellos cristianos estaban convencidos de que su afán por la evangelización era obra de Dios salvador. A los cristianos de hoy nos corresponde vivir intensamente esa misma convicción. Hemos de afrontar los desafíos de nuestro tiempo con firmeza y humildad; conscientes de una historia que habla de un pequeño, insignificante y pobre grupo de hermanos, discípulos de Cristo que, en los orígenes del cristianismo y en las sucesivas épocas de la historia, osaron afrontar la evangelización de todo el mundo.

10.- La nueva evangelización, requerida por la nueva cultura contemporánea y por los cambios acelerados que agitan a la sociedad de hoy, tiene otras razones más radicales. Es cierto que la novedad del mundo moderno constituye un poderoso llamamiento, dirigido a toda la comunidad eclesial, para renovar su acción evangelizadora; pero las urgencias del momento, aun siendo graves, no pueden hacernos olvidar que la razón y el fundamento de la nueva evangelización se encuentran en el mismo Evangelio, como exigencia interna de un mensaje que nos ha sido entregado para bien de todo hombre y de todo el hombre. La evangelización expresa "la identidad más profunda de la Iglesia y de su dicha más plena" 13. La fe en el Evangelio, cuando es auténtica, se traduce necesariamente en dinamismo y propagación evangelizadora.

La situación actual interpela a la Iglesia; es Dios, con todo, quien fundamenta y sostiene la iniciativa de la nueva evangelización. Dios, en efecto, conduce la historia por caminos que sólo El conoce y a la Iglesia le toca discernir los designios del Dios que ama y salva al mundo en los caminos y en los acontecimientos de cada época de la historia. También en ésta que, por múltiples motivos, puede calificarse de "nueva".

La "novedad" de este tiempo invita a la Iglesia a escuchar el designio salvador de Dios para con los hombres de hoy. Es Dios quien está avivando, en la conciencia de la comunidad eclesial, la urgencia de responder con una nueva evangelización a la "novedad" del mundo moderno.

La respuesta de la Iglesia ha de asumir dos direcciones: hacia fuera, en primer lugar, esto es, hacia los no creyentes, hacia los no practicantes, hacia los países de misión o países no suficientemente evangelizados todavía. Y hacia dentro, en segundo lugar, aunque con no menor urgencia y hasta con mayor responsabilidad: hacia los propios creyentes para fortificar la fe de todos los bautizados y para personalizar esa misma fe, sostenida ayer por el ambiente social y sometida hoy a plurales desafíos culturales y sociales. "Alma del mundo", los cristianos sólo lo serán de verdad cuando se viertan hacia todos los hombres desde una fe más radicalizada y personalizada. Por eso esta nueva evangelización intraeclesial mira no sólo a los individuos que se profesan cristianos sino también a los grupos en sus más variadas conformaciones y situaciones, ambientes y culturas. Porque mira a la formación de comunidades eclesiales maduras, entendiendo por tales aquellas en las que la fe logra liberar y realizar todo su significado originario de adhesión a la persona de Cristo y a su Evangelio, de encuentro y comunión sacramental vivida en la caridad fraterna y en el servicio gratuito a todos los hombres14.

11.- Tanto una como otra de estas dos direcciones de la nueva .evangelización exigen de la Iglesia que anuncie con palabras y con obras, y limpiamente, las riquezas insondables de la verdad cristiana y que proponga con sencillez y energía las consecuencias, implicaciones y posibilidades de salvación y de creación de vida que la fe encierra en sí misma para el hombre y para la sociedad. El anuncio de la Iglesia, ante el pecado de los hombres y ante el de sus propios hijos ha de poner gracia de conversión, esperanza de salvación, solidaridad con los desamparados y fuerza de liberación de los que padecen dependencias.

El anuncio, sin embargo, ha de estar precedido y acompañado por el testimonio de la fuerza del Dios vivo. Es un Dios que nos salva y que nos capacita para vivir -desde la experiencia de reconciliación y fraternidad-15 en solidaridad con todo hombre, camino primero y fundamental de la Iglesia16.

El servicio al hombre por parte de la Iglesia y la acción evangelizadora que realiza la misma Iglesia entre los hombres han sido relacionados en numerosas ocasiones en la catequesis del Papa Juan Pablo ll: "¡El hombre es amado por Dios! Este es el sorprendente anuncio del que la Iglesia es deudora respecto del hombre. La palabra y la vida de cada cristiano pueden y deben hacer resonar este anuncio: ¡Dios te ama, Cristo ha venido por ti, para ti Cristo es 'el Camino, la Verdad y la Vida"'(Jn. 14, 6)17.

Con la nueva evangelización se pretende que el hombre de nuestro tiempo, a menudo "incierto ante el sentido de su vida sobre esta tierra e invadido por la duda que se convierte en desesperación': abra de par en par las puertas a Cristo. "Abrir de par en par las puertas a Cristo, acogerlo en el ámbito de la propia humanidad, no es en absoluto una amenaza para e! hombre sino que es más bien el único camino a recorrer si se quiere reconocer al hombre en su entera verdad y exaltarlo en sus valores" 18.

La nueva evangelización surge, además, de una particular sensibilidad ante un hecho, triste, de nuestros días que el Papa subraya en la Encíclica "Sollicitudo rei socialis" con estas palabras: "Una multitud ingente de hombres y mujeres, niños, adultos y ancianos, en una palabra, de personas humanas concretas e irrepetibles, sufre el peso intolerable de la miseria" 19. La nueva evangelización tiene mucho que decir y que hacer ante esta realidad. Los pobres son, en efecto, los destinatarios privilegiados del anuncio de la Buena Nueva y es de la responsabilidad de todos los cristianos optar por los más pobres. La solidaridad con los sufrimientos y con las reivindicaciones y esperanzas de los más pobres y necesitados, ha sido siempre y es también hoy signo de una evangelización auténtica.

12.- La nueva evangelización ha de estar particularmente atenta a lo que constituye el "drama de nuestro tiempo" 20: la ruptura entre el Evangelio y la cultura, entre el Evangelio y la vida. Este "drama" afecta a cristianos y no-cristianos de nuestros días21.

Para superar esta dolorosa e hiriente fractura, la evangelización ha de centrarse en lo fundamental: en la verdad de Dios y en la verdad del hombre, en el sentido y significado de Dios y en el sentido y significado del hombre. Descubrir e iluminar este doble sentido y significado constituye un dato particularmente interesante para la evangelización de la cultura contemporánea con el objetivo preciso de que el Evangelio llegue a "animar e inculturar" todas las expresiones y estructuras de la sociedad moderna.

Evangelizar la cultura moderna no significa que los cristianos deban asumir en su acción evangelizadora una fácil y mera acomodación a la sociedad contemporánea. Si se redujera a esta acomodación, la Iglesia se secularizaría necesariamente. Pero no cabe, por otra parte, que la comunidad eclesial se atrinchere en una cerrazón inmovilista por temor o por desprecio de la secularización ambiente. Frente a estas dos antagónicas tentaciones la nueva evangelización debe caracterizarse por una apertura misionera tendente a la salvación integral del mundo22.

Esta apertura misionera consiste en una propuesta específicamente cristiana mediante el diálogo con el hombre de nuestros días. Busca con él un punto de encuentro mutuo. Apoya esa cita con la cultura para que resulte comprensible el Evangelio a los hombres de hoy, sin que este diálogo y esta cita supongan una merma de la originalidad cristiana. "La Buena Nueva proclamada por el testimonio deberá ser pues, tarde o temprano, proclamada por la palabra de vida. No hay evangelización verdadera mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios" 23.

La síntesis vital entre Evangelio y cultura y las exigencias de la fe para la vida diaria "serán el más espléndido y convincente testimonio de que, no el miedo, sino la búsqueda y la adhesión a Cristo son el factor determinante para que el hombre viva y crezca, y para que se configuren nuevos modos de vida más conformes a la dignidad humana" 24.

 

2. Una nueva Evangelización en una situación nueva

13.- La nueva evangelización ha de realizarse en una situación nueva del hombre y de la sociedad de hoy; y en razón, precisamente de esa novedad de situación.

Hemos analizado y discernido esa nueva situación repetidas ocasiones y en varios documentos. Nuestra mirada a la realidad no se ha limitado a los solos datos sociológicos o científicos. Ha tratado de ser una mirada teológica, lo que significa que en nuestro discernimiento de los problemas modernos25 hemos procedido con fe, esperanza y amor al hombre y al mundo de nuestros días. Significa, además, que hemos procedido en nuestros análisis desde un criterio de verdad, tal cual ésta nos es ofrecida por la Revelación. En el acontecimiento de Cristo -plenitud de la Revelación Divina- se nos revela la verdad del hombre, del mundo y de la historia al manifestársenos la verdad de Dios, creador y salvador del hombre y del mundo y Señor de la historia.

De este discernimiento y de estos análisis hemos concluido que la actual situación cultural, socio-política y económica presenta un desafío radical -para bien y para mal- a lo más esencial de la fe y, por tanto, a la entraña misma de la evangelización.

Si decimos que la evangelización se encuentra "para bien y para mal" ante un desafío radical, estamos diciendo con ello que el mundo contemporáneo ofrece aspectos positivos y aspectos negativos respecto al mensaje cristiano; o, con otras palabras, lugares de encuentro con el Evangelio y lugares de rechazo al mismo. De aquí se deduce que, en nuestra postura mental psicológica y pastoral, no haya lugar ni a un optimismo fácil ni a un pesimismo desesperanzado. Es ésta una primera exigencia del realismo con el que hemos de proceder en la nueva evangelización.

Hemos de proceder, además, con amor. La nueva evangelización no mira a condenar sino a salvar y servir al hombre de hoy; y hemos de proceder con fe: al tiempo que se reconoce en el corazón del hombre su propio pecado, se subraya que el mundo esclavizado por el pecado ya ha sido salvado por Cristo y está siendo liberado por la salvación que el Espíritu de Dios opera permanentemente en él.

14.- En una breve síntesis ofrecemos a continuación algunos indicadores de la situación actual de los hombres de nuestro tiempo con el objeto de tenerlos en cuenta a la hora de elaborar este Plan pastoral:

A) Situación cultural

La interdependencia entre los continentes y los pueblos caracteriza al mundo moderno. Se hace cada día más denso un sistema planetario de relaciones entre los diversos ámbitos de la realidad. Y éste hecho conduce a que se fortalezca un cierto impulso de unidad mundial, sentido y ansiado particularmente por las nuevas generaciones.

En la creación de ésta interdependencia y voluntad de unidad han contribuido poderosamente los medios de comunicación social. Se ha dicho -y no sin acierto- que el mundo se va convirtiendo en una aldea universal .

Este hecho, nuevo bajo muchos aspectos y, sobre todo, por su grosor mundial, está ya originando una nueva cultura y un nuevo tipo de hombre y de sociedad que afecta -positiva y negativamente- a la evangelización y que reclaman que ésta sea nueva. El tema lo hemos abordado en documentos tales como "Testigos del Dios vivo", "Constructores de la paz" y "Anunciar a Jesucristo en nuestro mundo con obras y palabras". El Magisterio del Papa nos aporta abundantes puntos de referencia al respecto en sus Encíclicas 'Redemptor Hominis", "Dives in misericordia", "Dominum et vivificantem" y "Sollicitudo rei socialis", así como en sus Exhortaciones Apostólicas 'Familiaris Consortio", "Reconciliatio et poenitentia", "Christifideles laici". Hay que tener en cuenta también el Sínodo Extraordinario de los obispos de 1985 y las dos Instrucciones de la Congregación para la Doctrina de la fe sobre Libertad cristiana y liberación.

¿A qué constataciones nos llevan todos estos documentos?

a) Abundan los síntomas de que se va implantando un modo de vida que deja ver cómo el hombre de hoy está falto de convicciones sobre su realidad más profunda, lo que le incapacita para preguntarse por el origen y el sentido último de la existencia humana. Esta falta de convicciones origina un estilo de vida hecho de pragmatismo y de persecución del bienestar a cualquier precio. En el fondo, el hombre de hoy sufre una crisis muy honda acerca de la verdad26.

La incidencia de esta falta de convicciones y de este estilo de vida en la esfera religiosa es muy notable. "Este espíritu, ampliamente difundido entre nosotros, es más propenso a la incredulidad que a la fe, al pragmatismo que a la esperanza, al egoísmo que al amor y a la generosidad" 27.

Dios va desapareciendo del horizonte de muchos hombres. Va dejando de ser punto de referencia para sus vidas. La marginación de Dios se traduce en indiferentismo religioso, en increencia, en agnosticismo y, fundamentalmente, en secularismo y laicismo.

Este estado de cosas es grave para la vida del hombre. El rechazo de Dios e incluso el simple olvido y marginación de Dios "quiebra interiormente el verdadero sentido de las profundas aspiraciones del hombre y altera en su raíz la interpretación de la vida humana y del mundo, debilitando y deformando los valores éticos de la convivencia" 28.

Esta situación, sin embargo, no describe la realidad total de la cultura de hoy. El mundo actual, y cada vez de manera más amplia y más viva, da pruebas de apertura a una visión espiritual y trascendente de la vida. Manifiesta un despertar de la búsqueda religiosa. Expresa un cierto retorno a lo sagrado29.

b) La falta de convicciones radicales sobre la verdad, sobre el hombre y sobre Dios tiene otras muchas traducciones prácticas.

El hombre de hoy tiene, por fortuna, una mayor conciencia de su dignidad y de sus derechos fundamentales, un mayor aprecio de la libertad, una mayor estimación de su propia conciencia como núcleo radical del hombre; pero, al mismo tiempo, el hombre de hoy está de modo notable falto de esperanza, sumido en el vacío, tentado por el evasionismo, carcomido por una soledad radical ante el dolor, la muerte o más allá, víctima de la quiebra de valores morales... "Pensamos en las múltiples violaciones a las que hoy está sometida la persona humana. Cuando no es reconocido y amado en su dignidad de imagen viviente de Dios, el ser humano queda expuesto a las formas más humillantes y aberrantes de instrumentalización que lo convierten miserablemente en esclavo del más fuerte. Y 'el más fuerte' puede asumir diversos nombres: ideología, poder económico..." 30.

Esta esclavitud a fuerzas y poderes está motivando la extensión de una mentalidad que llega hasta a sacrificar en aras de algunos intereses el valor supremo de la misma vida humana o su integridad física. La vida del hombre va dejando de ser un valor intangible o inatacable cuando frente a ella entran en juego otros intereses ideológicos, familiares, económicos y sociales. Se producen así realidades tan tristes, dolorosas e inhumanas como el terrorismo y los secuestros, el aborto y la eutanasia.

Hay que adscribir también a esta falta de convicciones, mentalidad que sacrifica el valor supremo de la vida y estilo de vida pragmático, el fenómeno que ha sido denominado como "cultura de la insolidaridad". El individualismo a ultranza comienza a caracterizar la vida de hoy en amplios sectores que optan por el hedonismo personal o colectivo.

La "cultura de la insolidaridad" acrecienta las diferencias entre los países de hemisferio norte y los del hemisferio sur; agiganta las diferencias entre ricos y pobres; crea tremendos recintos de pobreza y hasta de miseria física y moral a un tiempo, en las periferias de las grandes ciudades, lo que se da en llamar "el cuarto mundo"; margina de toda atención a quienes carecen de los medios más indispensables para llevar una vida digna del ser humano y aún para la mera subsistencia... Todo ello en un clima-ambiente de indiferencia, como si no existieran tales realidades...; expresión o reflejo de ésta "cultura de la insolidaridad".

Pero también sobre este particular la realidad actual no se limita a estos rasgos. "Una beneficiosa corriente atraviesa y penetra ya todos los pueblos de la tierra, cada vez más conscientes de la dignidad del hombre', ha dicho el Papa Juan Pablo ll. Se detecta el crecimiento de una pasión por lo auténticamente humano y una atención creciente por cuanto amenaza al hombre. "Signo y fruto de estas corrientes humanistas, subraya el Papa, es la creciente necesidad de participación" y la decisión de "ser protagonistas, creadores de algún modo de una nueva cultura humanista" 31.

c) Hay que tomar nota del pluralismo cultural que caracteriza a nuestro tiempo. La cultura de hoy, o si se quiere la nueva cultura, se presenta como fragmentada en parcelas de verdad, sin comunicación entre unas y otras. Puede hablarse de un "astillamiento" cultural.

Más aún: en amplios sectores del mundo de hoy está difundida la persuasión de que no existen verdades absolutas y así se estima que todas las verdades son contingentes y revisables. Quien afirma una verdad como cierta, rápidamente es descalificado como dogmatista, en algunos casos, o como inmaduro, en otros; o como dogmático e inmaduro a un mismo tiempo.

Esta persuasión conduce obviamente a afirmar que no existen valores que merezcan una adhesión incondicional y permanente.

La aceptación acrítica de esta persuasión entraña graves repercusiones para el bien del hombre y de la sociedad: el Dios verdadero es suplantado por los ídolos de realidades finitas y el hombre se instala en la finitud absolutizada; la jerarquía de valores es suplantada por el aturdimiento moral o, incluso, por la amoralidad asistemática.

d) Una de las contradicciones de la cultura de hoy se manifiesta en que el hombre moderno clama "paz" y, sin embargo, se prepara para la guerra, sostiene la carrera de armamentos, se lucra con el comercio de las armas... "no podemos dejar de recordar otro fenómeno que caracteriza la presente humanidad', ha escrito el Papa Juan Pablo ll "Quizá como nunca en su historia, la humanidad es cotidiana y profundamente atacada y desquiciada por la conflictividad... por otra parte es completamente insuprimible la aspiración de los individuos y de los pueblos al inestimable bien de la paz en la justicia"32.

La liberación de los países del Este europeo constituye -en este orden de aspiraciones- un gran signo actual de esperanza. Todavía resulta difícil saber cuales serán, de verdad, las consecuencias que para el futuro de la humanidad se derivarán de este acontecimiento, en todo el mundo y particularmente en el campo de la construcción de la nueva Europa.

La conciencia cristiana se sabe y se siente vivamente interpelada por las transformaciones que se están operando en los países del Este y, al mismo tiempo, por el nacimiento de la nueva Europa. La nueva evangelización no puede dejar a un lado estos hechos de hoy. La Iglesia ha de afrontar dos retos graves: contribuir a que la Europa unida no sea simplemente la Europa de los mercaderes sino ante todo la Europa de los grandes valores morales, consciente de sus raíces cristianas, y propiciar que los países del Este no se vean dominados por el consumismo e inmersos en el capitalismo liberal.

B) Situación eclesial

Al fijar un diagnóstico de la situación eclesial en nuestro tiempo, se constatan algunas realidades muy positivas junto a otras de signo contrario.

Entre los datos positivos cabe enumerar, genéricamente el camino que ya se lleva recorrido en la revitalización de la fe de nuestro pueblo, los avances en el espíritu de comunión, la creciente participación de los laicos en la vida y en la misión de la Iglesia y el surgir de la conciencia evangelizadora en el seno de las comunidades cristianas. Muchos datos de la actualidad eclesial confirman este primer diagnóstico:

a) Las comunidades cristianas o parroquiales están manifestando una mayor vitalidad porque, entre otras causas, ha crecido la participación y la corresponsabilidad en la vida interna de las mismas.

b) La práctica religiosa ha experimentado una evolución positiva. Se constata una purificación de las motivaciones de la práctica religiosa y una revitalización de la experiencia religiosa. Los grupos de oración están multiplicándose en muchas partes.

c) La preocupación evangelizadora está prendiendo en las comunidades cristianas y en los individuos. Hay una cierta sensibilidad ante la necesidad de que la evangelización llegue hasta los cristianos no practicantes, hasta los indiferentes, agnósticos y los no creyentes.

Tal preocupación no ha sabido encontrar aún los cauces precisos para concretarse en acciones. No se sabe muy bien como llevar a cabo tales acciones.

También se constata el hecho de que muchas parroquias y muchas instituciones y grupos, que se autocalifican de apostólicos, viven muy encerrados en sí mismos.

d) Se constata un aumento, todavía insuficiente, de vocaciones al sacerdocio ministerial y a la vida de especial consagración a Dios, sin excluir -en hombres y mujeres- la vida contemplativa.

e) Ha sido fructífero el gran esfuerzo que se ha realizado en los últimos años en el campo de la educación en la fe y, particularmente, en la catequesis. También ha sido fructífero el trabajo por interesar a los seglares en el estudio de la Teología y de la Sagrada Escritura.

La ignorancia religiosa sigue caracterizando, sin embargo, a los más de nuestros fieles, sobre todo entre los adultos y los jóvenes. Los esfuerzos por una más adecuada educación en la fe no han llegado hasta ellos.

f) La pastoral de preparación para el sacramento de la Confirmación ha experimentado una acusada creatividad en muchas partes. La pastoral de juventud está renovándose de modo muy intenso, sobre todo por lo que respecta a los adolescentes; sigue siendo, con todo, minoritaria y sin la necesaria continuidad en ulteriores edades.

g) El laicado va adquiriendo conciencia de su vocación participativa y corresponsable en la vida de la Iglesia, también de cara a la sociedad. Por el momento, sin embargo, esta conciencia es aún de minorías.

h) Se experimenta un crecimiento notable de la responsabilidad social de los cristianos, al menos por lo que respecta a la solidaridad con determinadas urgencias de la sociedad y del mundo de hoy: paro, marginación, pacifismo... El voluntariado social cristiano es un hecho esperanzador. Lo es también el compromiso y la generosidad con instituciones tales como "Cáritas", "obras Misionales Pontificias" "Manos Unidas-Campaña contra el hambre", campañas de ayuda a los parados y otras.

i) Mayor estima de la denominada religiosidad popular y pasos muy concretos para su necesaria purificación.

j) Aceptación más clara y gozosa entre los sacerdotes de su propia identidad ministerial. Creciente búsqueda de una espiritualidad sacerdotal con miras a su capacitación mejor para el trabajo evangelizador del presente y del próximo futuro.

k) Las instituciones educativas de la Iglesia ejercen una creciente influencia en la educación de la fe. Realizan, además, una notable contribución social por el nivel de su educación intelectual y moral. y por su sobresaliente inserción entre los pobres de la sociedad.

Entre los datos negativos que conforman el diagnóstico de nuestra situación eclesial, cabe indicar los siguientes, además de algunos ya señalados:

a) Disminución del número de los presbíteros y crecimiento de la media de edad de los mismos; la pastoral vocacional, ya renovada, necesita intensificarse en muchas partes y ha de mirar no sólo al número sino a la calidad de las vocaciones. La formación de los futuros sacerdotes ha de crear en ellos un estilo de pastores que responda a las necesidades de hoy y más aún a las del mañana.

b) Dispersión eclesial, producida por el individualismo y el deficiente sentido comunitario. También por la insuficiencia de planteamientos de pastoral de conjunto y por una insuficiente conciencia de pertenencia a la Iglesia.

Hay excesiva dispersión y hasta separación entre los movimientos o grupos apostólicos. A veces se aprecia una afirmación del propio grupo por encima de otras consideraciones eclesiales.

c) Cristianos un tanto "privatistas": viven la fe como mera opción personal y, a lo sumo, en el interior de sus comunidades; pero su fe no les impulsa a hacerse presentes en la vida pública, en su condición de cristianos, ni a participar en los destinos colectivos.

d) Descompensación entre la atención que se presta a las realidades intraeclesiales y a la acción misionera: comunidades más volcadas a la construcción espiritual de sus componentes que a la pastoral misionera. Su presencia y participación, testificante y activa, en la sociedad, en la cultura, en el asociacionismo, etc., es casi nula.

e) Intento por parte de algunos sectores, incluso públicos, por reducir la religiosidad popular a simple folklore. Las fiestas cristianas están sufriendo una acelerada y aguda secularización. Son presentadas, incluso, como "de interés turístico". Tendencia a concebir la religiosidad como un fenómeno evasivo o alienante en relación a los problemas de la vida de cada día. f) La invasión de las sectas, o formas pseudo-religiosas, sin representar aún un problema numéricamente importante, va encontrando audiencia en dos sectores, principalmente: en el de la marginación social por causa de la pobreza y en el de la juventud.

15.- Este mundo de hoy, complejo y ambivalente, interpela a la Iglesia en España. Sus interrogantes pueden verse expresados en las preguntas que el propio Pablo Vl dirigía a la Iglesia Universal: ¿Está anclada la Iglesia en el corazón del mundo y se sabe y se presenta suficientemente libre como para interpelar al mundo? ¿Da testimonio de su solidaridad para con los hombres y, al mismo tiempo de su comunión con el absoluto de Dios? ¿Va radicalizando su ardor contemplativo y su adoración a Dios al mismo tiempo que incrementa su actividad misionera, caritativa y liberadora?33.

Sólo una nueva evangelización puede prestar respuesta adecuada a estos interrogantes. Los objetivos y tareas de esta nueva evangelización expresan una preocupación permanente de la Iglesia; pero, en el momento presente, ofrecen una particular urgencia.

 


 

II. OBJETIVOS

 

1. Objetivo general

El presente Plan propone un nuevo objetivo general como meta concreta y como principio unificador de todos los esfuerzos y actividades de la Conferencia Episcopal para los tres próximos años. Se propone como continuación lógica de la anterior Plan pastoral cuya formulación decía: "Anunciar a Jesucristo en nuestro mundo con obras y palabras":

IMPULSAR UNA NUEVA EVANGELIZACIÓN

Al fijarnos esta meta, común a todos, los obispos españoles queremos convocar y ayudar a todas nuestra Iglesias para que lleven a cabo nuevos esfuerzos con las miras puestas en que la Buena Nueva alcance a todos los ámbitos de la sociedad española y al objeto de que el Evangelio, con su influjo, logre transformarla y renovarla desde dentro34.

Toda acción evangelizadora de la Iglesia -su dicha, su vocación propia y su identidad más profunda-35, intenta siempre "convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que están comprometidos, su vida y ambientes concretos"36 y busca "alcanzar y transformar con la fuerza del evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad que están en contraste con la palabra de Dios y con el designio de salvación" 37.

Nuestras Iglesias han realizado esta misión a través de los siglos. i a fe cristiana ha conseguido sellar el alma de nuestro pueblo. La concepción cristiana de la vida, con sus valores propios, ha pasado a ser el estilo de nuestra existencia colectiva. Se manifiesta en los criterios de actuación, en no pocas de sus instituciones e, incluso, en su más radical identidad histórica..., lo que quiere decir que, ante el desafío de la nueva evangelización, no partimos de cero. Arrancamos de una cultura fundamentalmente evangelizada. Ante nosotros, una sociedad en la que la fe cristiana sigue siendo un punto de referencia inesquivable y fuente de inspiración de criterios, valoraciones y conductas. El hecho de la innegable vitalidad de nuestras Iglesias y su propósito de responder a los desafíos -nuevos- de este momento, son frutos de la fe transmitida por quienes nos han precedido. Gran parte de los desencantos y búsquedas del hombre de hoy y de la sociedad de este tiempo serían inexplicables sin el legado cristiano recibido del ayer. Pero, aún así la nueva evangelización se fija nuevas metas personales y colectivas.

La vida de oración de todos los evangelizadores es hoy, como lo ha sido siempre, de capital importancia. El evangelizador no llama a la conversión únicamente con su palabra; ha de hacerlo con el testimonio claro e impactante de su vida, expresión de su fe en el mensaje de conversión que proclama. La oración y el sacrificio de las comunidades contemplativas son una singular contribución a este proceso de conversión para la nueva evangelización. La comunidad creyente ha de tomar mayor conciencia de esta aportación y las comunidades contemplativas deberían renovar su propio testimonio para hacerlo significativo ante cristianos y no-cristianos.

Al mismo tiempo, la evangelización ha de subrayar su compromiso con la promoción humana. Este compromiso avala la autenticidad de la caridad de los creyentes y testifica el amor a los hombres.

Pero ¿cómo ignorar que la fe está padeciendo un fuerte debilitamiento en amplios sectores de los hombres y mujeres de nuestros días? ¿Cómo cerrar los ojos ante la patente incoherencia de los comportamientos de numerosos bautizados con relación a la fe que dicen profesar? ¿Cómo advertir la aparición de importantes minorías que, de modo más o menos consciente y expreso, prescinden de la fe cristiana en cuanto referencia inspiradora y unificadora de sus vidas?.

Somos conscientes que el actual debilitamiento de la fe en amplios sectores de nuestro pueblo está condicionado por una creciente descristianización de la cultura, de los ambientes sociales y hasta de los mismos principios e instituciones que rigen la vida colectiva.

Ante este panorama, reiteramos la invitación que ya hicimos los obispos españoles en 1985: "La hora actual de nuestras Iglesias tiene que ser una hora de evangelización" 38. Aprovechando los inmensos tesoros que la fe cristiana ha ido depositando en la conciencia viva de nuestro pueblo, hemos de aprestarnos a hacer resonar la Buena Nueva en nuestra sociedad; y hacerlo, además, con nuevo ardor, nuevos métodos, nuevas expresiones39. Así será evangelización nueva.

 

2. Objetivos específicos

Objetivo 1º:

FORTALECER LA VIDA CRISTIANA

Nuestras comunidades y todos sus miembros han de dejarse transformar por la luz y la fuerza del Evangelio si, de verdad, desean comprometerse con la misión de anunciar la fe en Dios y la esperanza de salvación para todos en las circunstancias actuales. "Evangelizadora decía Pablo Vl-, la Iglesia comienza por evangelizarse a sí misma. Comunidad de creyentes, comunidad de esperanza vivida y comunicada, comunidad de amor fraterno, tiene necesidad de escuchar sin cesar lo que debe creer, las razones para esperar, el mandamiento nuevo del amor. Pueblo de Dios inmerso en el mundo y con frecuencia tentado por los ídolos, necesita saber proclamar las grandezas de Dios, que la han convertido al Señor, y ser nuevamente convocada y reunida por El. En una palabra, esto quiere decir que la Iglesia siempre tiene necesidad de ser evangelizada, si quiere conservar su frescor, su impulso y su fuerza para anunciar el Evangelio" 40.

El primer objetivo específico para poder realizar una nueva evangelización, será, por ello, fortalecer y personalizar la fe de nuestros cristianos, en los aspectos del conocimiento y de la adhesión-conversión (...J atendiendo sobre todo a lo fundamental cristiano". Lo decíamos ya en el Plan anterior 41.

¿En concreto?

Se trata de potenciar la madurez de la fe de todos los creyentes, haciéndola más radicada y más personal frente a una vivencia superficial y sociológica de esa misma fe. El encuentro teologal con el Dios vivo y la incorporación más plena y consciente a la Iglesia, han de manifestarse en una participación más activa en las celebraciones litúrgicas en un ejercicio más comprometido de la caridad fraterna, en una vida regida más claramente por los criterios morales del Evangelio, en un intento por humanizar toda la vida social y en una decisión arriesgada -es decir, misionera- de anunciar y testificar el mensaje de Jesucristo.

Este fortalecimiento de la fe personal necesita y requiere un enraizamiento mayor y más profundo en su intrínseca dimensión comunitaria. "Por razones teológicas, la respuesta personal a la llamada de la fe tiene que realizarse en el intercambio y con el apoyo de los demás creyentes dentro de la comunidad de fe que es la Iglesia" 42. Y no sólo por razones teológicas: las circunstancias del mundo moderno exigen -hoy más que nunca- que los cristianos vivan y compartan su fe en el seno de unas comunidades eclesiales profundamente fraternas y participativas.

Se impone a este fin la urgencia de revitalizar nuestras parroquias y, además, la necesidad de crear o potenciar todo un conjunto de cauces comunitarios que sean realmente auténticos ámbitos de vida cristiana y plataformas de lanzamiento al servicio de la misión evangelizadora.

La educación en la fe, en todas sus formas pero sobre todo en lo referente a la iniciación cristiana, figura como la principal tarea para el logro de ese objetivo. Se le suma la catequesis de adultos y la cuidada formación de los creyentes para una más fecunda y gozosa participación en la vida sacramental y la acción litúrgica.

Fijar los contenidos de esa educación en la fe, proponer las metas que ha de perseguir y proponer su organización concreta así como ayudar a una realización lo más generalizada posible, tales son los propósitos a los que nos comprometemos ahora en nuestro trabajo común .

Objetivo 2º:

CONSOLIDAR LA COMUNIÓN ECLESIAL

La Iglesia es, ante todo, un misterio de comunión: en la Iglesia estamos todos los creyentes unidos a Dios y entre nosotros. Nuestra unidad eclesial radica en la comunión con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo, se basa en la acción del Señor Resucitado por el Espíritu, se expresa y se realiza en la comunión de fe en la Palabra de Dios, está sostenida por la gracia de la Eucaristía y los demás sacramentos. Esta comunión se manifiesta en la unidad visible de un Pueblo que, presidido por sus legítimos Pastores -garantes de la tradición apostólica-, profesa una misma fe, celebra un mismo culto y vive la caridad fraterna.

El Pueblo de Dios vive esta unidad asumiendo la diversidad de ministerios, carismas y funciones que el Espíritu suscita en su seno. Esta diversidad es siempre para utilidad del conjunto, para la edificación y para la renovación de toda la familia de los hijos de Dios. Para conciliar adecuadamente unidad y diversidad, la Iglesia ha de ser necesariamente "comunidad de hombres libres, en la cual cada uno aporta sus dones personales o institucionales, encuentra respeto y acogida para sus propios carismas y funciones, y se esfuerza también por respetar y aceptar los dones y funciones de los demás" 43.

En nuestras Iglesias -que cuentan con el ministerio o servicio del obispo y de sus presbíteros- el pueblo cristiano vive su fe y la comparte en una multitud de parroquias. Estas coordinan su actividad pastoral a través de arciprestazgos o zonas pastorales; en ocasiones, a través de Vicarías Episcopales. Nuestras Iglesias viven y comparten su fe, igualmente, por medio de numerosas comunidades de vida de especial consagración a Dios o por medio de sociedades de vida apostólica y de institutos seculares. El laicado, por su parte, alimenta su fe y realiza su misión apostólica a través de múltiples movimientos, grupos y asociaciones44.

Toda esta pluralidad es una riqueza de la Iglesia; y así hemos de considerar esta abundante diversidad. Pero tal riqueza se desvirtúa, anula y hasta se convierte en obstáculo si no se vive como aportación a la unidad, como enriquecimiento a la comunidad única y unida. La diversidad reclama comunión.

La reclama igualmente la misión evangelizadora. El fin primario de la evangelización consiste en convocar a los hombres a la reconciliación y a la comunión. La Iglesia es, en efecto, signo e instrumento de la unidad de todo el género humano; y a la Iglesia le toca hacer patente esa comunión para que su misión reunificadora pueda resultar eficaz. No hay lugar a hablar de nueva evangelización si no se consolidan los lazos de la comunión eclesial.

Esta necesaria consolidación de los vínculos de comunión eclesial postula que se eduque a todos los creyentes en la conciencia de su eclesialidad o que se refuerce, donde ya exista, esta educación. Hay que intensificar la conciencia de pertenencia a un Pueblo único, unido en virtud de la Trinidad de Dios y fortalecido permanentemente en esa unidad por el servicio del Colegio Episcopal que preside el Sucesor de Pedro.

Esta conciencia eclesial se vive, en realidad, mediante la incorporación afectiva y efectiva a la Iglesia particular. En esta se manifiesta y vive la única Iglesia de Cristo en toda su plenitud45.

Expresión de esta conciencia eclesial es la vertebración de todo el conjunto de la Iglesia diocesana en torno al obispo y su Presbiterio. Los planes diocesanos son necesarios para promover la unidad de la acción apostólica. Necesaria es también la coordinación de la actividad de las parroquias en el marco de los arciprestazgos, zonas pastorales y vicarías episcopales. Hay que ir potenciando más y más las estructuras representativas: facilitan la incorporación y la articulación de los diferentes sectores de la pastoral en una unidad que hace una la Iglesia diocesana.

Por lo que respecta a la multitud de movimientos, comunidades grupos y asociaciones de laicos, la Iglesia particular tendrá que poner su mejor empeño en constituirse en lugar de encuentro, comunicación y fraternidad para todos los seglares comprometidos en actividades apostólicas. Los citados movimientos y grupos, comunidades y asociaciones, han de estar prontos a anteponer siempre el bien común de todo el Pueblo de Dios a sus legítimos intereses particulares.

Los religiosos y las religiosas, con su carisma de vida comunitaria don del Señor para bien de la Iglesia, han de aportar cumplidamente un especial testimonio de comunión y de participación en todos los servicios diocesanos y en los diversos ámbitos de la acción pastoral.

Objetivo 3º:

PROMOVER LA PARTICIPACIÓN DE LOS LAICOS EN LA VIDA Y MISIÓN DE LA IGLESIA

"Una Iglesia en actitud evangelizadora debe contar con un laicado evangelizado y evangelizador". Lo dijimos en el anterior Plan pastoral. Este ha de ser, una vez más uno de los objetivos prioritarios del presente Plan: promover "la corresponsabilidad y participación de los seglares dentro de la vida y la misión de la Iglesia, en conformidad con sus caracteres específicos de existencia cristiana y social" 46. La importancia de este cometido y el precioso impulso que ha representado para la Iglesia la publicación de la Exhortación Apostólica "Christifideles laici", obligan a seguir insistiendo en este objetivo. Es vital para la penetración eficaz del Evangelio en nuestra sociedad.

Hay que recordar, ante todo, que "la condición eclesial de los fieles laicos se encuentra radicalmente definida por su novedad cristiana y caracterizada por su índole secular" 47. Llamados a la santidad en razón de su incorporación por el sacramento del Bautismo al misterio de la Pascua, "su vida según el Espíritu se expresa particularmente en su inserción en las realidades temporales y en su participación en las actividades terrenas" 48. Los fieles laicos han de participar, según esto, en la vida interna de la comunidad creyente y actuar para su mejor construcción. Han de participar, al mismo tiempo, por su vocación y como tarea específica de ellos, en el corazón del mundo gestionando las tareas temporales. "El campo propio de su actividad evangelizadora es el mundo vasto y complejo de la política, de lo social, de la economía y también de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación de masas, así como otras realidades abiertas a la evangelización como el amor, la familia la educación de los niños y jóvenes, el trabajo profesional, el sufrimiento, etc." 49.

Para que los laicos puedan desempeñar adecuadamente y con celo sostenido esta misión, necesaria e ineludible hoy más que nunca, tenemos que ofrecerles instrumentos de formación de su ser cristiano y de su vocación peculiar, así como cauces operativos.

En referencia a su formación interesa subrayar dos aspectos de particular importancia: la unidad entre la fe y la vida, por una parte, y su conciencia social.

Ya el Concilio Vaticano ll ha dejado dicho que "la separación entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerada como uno de los más graves errores de nuestra época" 50. Esto nos obliga a que centremos nuestra solicitud pastoral en ayudar a los laicos a vivir su doble condición de miembros de la Iglesia y de ciudadanos de la sociedad humana, sin fracturas y sin unilateralidades51.

La formación de la conciencia social de los laicos nos obliga a una mayor divulgación de la Doctrina Social de la Iglesia. Pese a la riqueza de sus principios, criterios y orientaciones prácticas, esta doctrina es muy poco conocida52.

Hay que reconocer a los laicos el derecho que tienen a recibir formación en la Iglesia. Ellos, a su vez tienen la responsabilidad de esforzarse por formarse más y mejor con la ayuda de los pastores y con los medios con que cuenta la comunidad cristiana a este respecto. Hay que advertir que "además de la formación común a todos los cristianos, no pocas formas de apostolado requieren -por la variedad de personas y ambientes- una formación específica y peculiar 53.

La invitación continua y renovada a la acción apostólica de todos los laicos es una de nuestras primeras responsabilidades. El laico ha de ser invitado permanentemente al apostolado individual, porque éste es "/a forma principal de todo el apostolado de los laicos" 54. Se trata de una irradiación capilar constante y particularmente incisiva en el entorno en que el laico cristiano desarrolla su vida55. Pero también ha de ser llamado al apostolado asociado, "signo de la comunión y de la unidad de la Iglesia de Cristo" 56, por un lado, y exigido, por otro, como más eficaz y operativo ante la complejidad y dificultad de los problemas que plantea nuestra sociedad, pluralista y fraccionada57.

Entre los múltiples campos en los que se desarrolla la misión de los laicos, prestamos una especial atención a tres, por entender que tienen mayor incidencia en la nueva evangelización: la familia, las generaciones jóvenes y el mundo del trabajo.

Son estos tres campos en los que la sociedad desarrolla un dinamismo muy particular. Y, por ello, son campos privilegiados para conseguir la transformación evangélica de la misma sociedad.

La atención preferente a la juventud y su educación en la fe, con el apropiado acompañamiento en este servicio, ha de tener en cuenta el valor substantivo de la misma juventud como fermento de la renovación cristiana en la Iglesia y como fuerza evangelizadora en el mundo. De ahí parte la conciencia de la vocación y misión diversificada de los jóvenes.

Los laicos, y particularmente los jóvenes cristianos, pueden encontrar su compromiso con Dios y con los hermanos, en el seguimiento a una vocación de especial consagración: el sacerdocio ministerial, la vida religiosa y la opción misionera en otras iglesias necesitadas. No es posible hablar seriamente de evangelización y no promover la pastoral de las vocaciones.

No puede ignorarse que estas vocaciones de especial consagración nacen con el trabajo pastoral de las parroquias y en los movimientos, comunidades, asociaciones y grupos. Pero el surgimiento de estas vocaciones en tales espacios requiere una verdadera pastoral vocacional. Esta ha de insistir en que la nueva evangelización requiere agentes adecuados. La nueva evangelización no puede actuarse únicamente con laicos comprometidos. Reclama sacerdotes, religiosos, religiosas, miembros de institutos de vida consagrada. Si la promoción de evangelizadores laicos es imprescindible, no debe olvidarse que la penetración del Evangelio en el mundo y la animación de las mismas comunidades cristianas y de las instituciones asociativas seglares reclaman la presencia y acción de muchos hombres y mujeres consagrados de modo peculiar a la evangelización y que para ello cuentan con la gracia del ministerio y los carismas del Espíritu. Hay que insistir por ello, en la llamada, a través de todos los medios de que dispone la comunidad cristiana, y procurar que esa llamada resuene de forma personal y concreta en los jóvenes cristianos. La promoción de vocaciones misioneras para la Iglesia del Tercer Mundo no ha de ser vista como una "sangría" para la vida de nuestras comunidades, sino como un don de Dios y una fuerza de renovación y revitalización de nuestras propias comunidades.

Objetivo 4º.

INTENSIFICAR LA SOLIDARIDAD CON LOS POBRES Y LOS QUE SUFREN Y
DIFUNDIR LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

La misión evangelizadora exige de la Iglesia que se haga de verdad servidora de los hombres. El advenimiento del Reino de Dios, que es el fin supremo de la Iglesia, es fuente y causa de liberación plena y salvación total para los hombres y para toda la humanidad58. Como enseña el Concilio Vaticano ll, "la Iglesia, persiguiendo su propio fin salvífico, no sólo comunica al hombre la vida divina sino que, en cierto modo, también difunde el reflejo de su luz sobre el universo mundo, sobre todo por el hecho de que sana y eleva la dignidad humana, consolida la cohesión de la sociedad, y llena de más profundo sentido la actividad cotidiana de los hombres. Cree la Iglesia que de esta manera, por medio de sus hijos y por medio de su entera comunidad, puede ofrecer una gran ayuda para hacer más humana la familia de los hombres y su historia" 59. Por la Encarnación del Hijo de Dios, centro de la fe cristiana y máxima expresión de la solidaridad de Dios para con el mundo, nosotros, los cristianos, estamos convencidos de que el hombre "es el primer camino que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su misión: El es la primera vía fundamental de la Iglesia"60.

La promoción de la dignidad de la persona humana, la defensa y protección de toda vida humana, el esfuerzo por construir una sociedad más justa y solidaria, más libre y pacificada, en la que todos tengan acceso a los bienes necesarios de este mundo y desaparezcan las desigualdades irritantes e injustas, las marginaciones y las dependencias..., son elementos o factores necesarios e irrenunciables de toda auténtica evangelización. La vocación y el destino del hombre están aquí en juego.

Esta preocupación humanizadora -si quiere ser creíble y consecuente con sus principios- ha de manifestarse como atención y defensa de los más pobres. Con Cristo y como El hemos de ser servidores de los pobres y hemos de estar atentos con los enfermos. La sociedad de hoy sigue generando, a ritmo cada vez más intenso, pobrezas injustas y formas nuevas de marginación social. La Iglesia, ante esta realidad, necesita recordarse siempre que "la opción o amor preferencial por los pobres... es una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana" 61 y que el hombre sufriente es el camino obligado de la comunidad cristiana porque es el camino del mismo Cristo62.

Urge, pues, realizar un mayor esfuerzo de solidaridad y de ayuda a las personas más pobres de nuestra sociedad y para con los pueblos y sectores humanos más desfavorecidos y marginados.

No basta, sin embargo, con las acciones de mera asistencia o con remedios pasajeros. La caridad cristiana exige bajar a las causas que producen una sociedad deshumanizada y egoísta. La fe cristiana reclama el ejercicio de la justicia y el compromiso de la solidaridad con la suerte de los más pobres. "Es preciso aumentar los esfuerzos para estar con ellos y compartir sus condiciones de vida, sentirnos llamados por Dios desde las necesidades de nuestros hermanos, hacer que la sociedad entera cambie para hacerse más justa y acogedora en favor de los más pobres"63.

Desde nuestra responsabilidad de Pastores creemos necesario realizar una doble tarea para potenciar radicalmente este necesario esfuerzo de solidaridad: la primera, promover una mayor coordinación de todas las acciones que se realizan en nuestras Iglesias en el campo caritativo y social; la segunda, acometer con nuevo empeño la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia para una mayor formación de la conciencia social de todos los cristianos. A esto nos insta especialmente la celebración del primer centenario de la Encíclica "Rerum novarum", hito importante en el desarrollo de la Doctrina Social de la Iglesia.

Objetivo 5º:

IMPULSAR LA ACCIÓN MISIONERA DE NUESTRAS IGLESIAS

Todo el presente Plan pastoral mira hacia este objetivo. Responde a nuestra preocupación más radical y constituye el principio y, simultáneamente, a la meta unificadora de este Plan.

Estamos convencidos de que Dios pide hoy a nuestras Iglesias que hagan "resonar" de nuevo su Buena Nueva ante los sectores de nuestra sociedad que no están aún suficientemente evangelizados, ante aquellos otros a los que apenas llega el anuncio de Jesucristo y ante los no creyentes.

Este esfuerzo misionero no tiene por qué disminuir nuestra responsabilidad para con la misión "ad gentes" y para con las Iglesias de reciente implantación. Todo lo contrario: la nueva evangelización dará como resultado una Iglesia más capaz de comprometerse con la tarea de la evangelización de todas las naciones, al tiempo que reconocerá, en el cumplimiento de ese compromiso de evangelización universal, un factor singular para la renovación y revitalización de nuestras Iglesias.

Vamos hacia una Iglesia renovada. Es el desafío fundamental de esta hora y en esa tarea de renovación y revitalización pretendemos centrar todos nuestros esfuerzos. En la Iglesia "la vida íntima -la vida de oración- la escucha de la Palabra y de las enseñanzas de los Apóstoles, la caridad fraterna vivida, el pan compartido... no tienen pleno sentido más que cuando se convierten en testimonio, provocan la admiración y la conversión, se hacen predicación y anuncio de la Buena Nueva"64.

Se impone reconocer con sencillez que nuestras Iglesias han perdido el hábito de la evangelización misionera, tal vez, porque durante siglos los cristianos de nuestro pueblo han vivido su fe en una sociedad fundamentalmente cristiana. La pérdida de ese hábito o del ejercicio de la evangelización misionera han llevado a un desconocimiento y olvido de las actitudes, estilos y procedimientos adecuados para realizar la evangelización.

Urge por ello cambiar, antes que nada, de mentalidad en las personas y comunidades eclesiales. Hay que despertar una nueva conciencia de misión. Las inercias o rutinas al respecto están ahí, a pesar de que la Conferencia ha hecho públicos en los últimos años algunos documentos estimulantes y clarificadores y algunas acciones significativas como los Congresos "Evangelización y hombre de hoy" y "Parroquia evangelizadora". Tanto los documentos como las acciones encontraron eco positivo en el tejido social de nuestras comunidades e incluso en algunos ámbitos de la opinión pública. Pero ahí están las inercias, ahí las rutinas. Las iniciativas concretas que se habían propuesto no han sido llevadas a la práctica de modo satisfactorio.

 


lll. ACCIONES

 

Objetivo específico 1º:

FORTALECER LA VIDA CRISTIANA

1.- Campaña para promover el sentido cristiano del Domingo y de las fiestas religiosas.

Esta campaña promoverá la renovación de la celebración eucarística dominical y de la vivencia cristiana del Domingo, así como de las fiestas religiosas y de las manifestaciones de la religiosidad popular. Se pretende con esto que todos los miembros de la Iglesia sean evangelizados por el sentido cristiano de la fiesta, por la Palabra de Dios y por la Eucaristía, fuente y culmen de la vida de la Iglesia y de la Evangelización.

Responsable: C.E. de Liturgia. Colaboran: C.E. del Clero, Mixta, Pastoral, Doctrina de la Fe, Enseñanza y Catequesis, Medios de Comunicación Social, Migraciones.

2.- Estudio y publicación de orientaciones sobre la pastoral de la iniciación cristiana.

Por la importancia que tiene en la vida de la Iglesia la iniciación cristiana, es decir, la pastoral, la catequesis y la celebración de los sacramentos de la iniciación, es necesario que se prosiga en la reflexión pastoral que la actualice y mejore. Los agentes de la pastoral de estos sacramentos (sacerdotes, religiosos y laicos) necesitan orientaciones concretas y comunes en todas las Iglesias particulares. Hay que ofrecer a la comunidad eclesial y a sus miembros una verdadera y completa síntesis de la fe que les ayude en su vida y compromiso cristiano.

Responsable: Subcomisión Episcopal de Catequesis. Colaboran: C.E. de Pastoral, Enseñanza, Liturgia, Apostolado Seglar (Juventud), Doctrina de la Fe, Mixta, Seminarios y Universidades, Misiones, Migraciones.

3.- Plan de difusión y aplicación de la Instrucción "Dejaos reconciliar con Dios".

La Conferencia aprobó y publicó esta instrucción dirigida a la renovación del Sacramento de la Penitencia en todos los miembros del Pueblo de Dios. En este trienio se intenta difundir de modo adecuado, por medio de la catequesis y de la enseñanza, los contenidos de esa instrucción con el fin de que, en la vida de cada comunidad cristiana, la frecuencia y mejor celebración del sacramento favorezcan la conversión del corazón y la disposición a una vida espiritual, dentro de la santidad de vida a la que cada fiel cristiano está llamado por su propia vocación.

Responsable: C.E. de Liturgia. Colaboran: C.E. Doctrina de la Fe, Pastoral, Clero, Mixta, Apostolado Seglar, Seminarios y Universidades, Enseñanza y Catequesis, Medios de Comunicación Social.

4.- Preparación del Congreso Eucarístico Internacional de Sevilla 1993.

El Congreso Eucarístico Internacional de Sevilla se programa como culminación de los actos que se celebrarán durante el año 1992 en el V Centenario del Descubrimiento y Evangelización de América. Será también una de las últimas acciones del programa del presente trienio. Bajo el lema "Cristo, luz de los pueblos" las Iglesias particulares de España y de otras naciones se concentrarán en Sevilla para celebrar la Eucaristía y para reflexionar sobre su proyección en la vida cristiana.

Responsable: C.E. V Centenario. Colaboran: C.E. de Liturgia, Clero, Mixta, Pastoral Social, Enseñanza y Catequesis, Seminarios y Universidades, Medios de Comunicación Social, Misiones, Migraciones, Patrimonio.

 

Objetivo específico 2º:

CONSOLIDAR LA COMUNIÓN ECLESIAL

1.- Documento sobre Comunión, Participación y Disciplina en la Iglesia.

Prolongando la reflexión que en otros momentos ha hecho la Conferencia Episcopal sobre la comunión eclesial, con este documento se pretende ofrecer criterios teológico-pastorales para consolidar la comunión, promover la participación y garantizar la unidad de todo el Pueblo de Dios en torno a las disposiciones de la Iglesia que son también expresión y vehículo de la misma comunión.

Responsable: C.E. para la Doctrina de la Fe. Colaboran: C.E. de Pastoral, Clero, Mixta, Apostolado Seglar, Seminarios y Universidades, Misiones, Junta de Asuntos Jurídicos.

2.- Congreso de Movimientos, Grupos, Asociaciones y Comunidades para fomentar la coordinación y la unidad en la acción misionera.

Este congreso tiene entre sus finalidades ofrecer la posibilidad de encuentro a responsables de distintos movimientos, grupos, asociaciones y comunidades para un mayor conocimiento mutuo, intercambio de experiencias positivas en su trabajo apostólico, descubrimiento de posibles colaboraciones entre ellos y de mejor coordinación, con el fin de promover entre todos la unidad y comunión de cara a la nueva evangelización.

Responsable: C.E. de Apostolado Seglar. Colaboran: C.E. de Pastoral, Mixta, Seminarios y Universidades, Medios de Comunicación Social, Misiones.

 

Objetivo específico 3º:

PROMOVER LA PARTICIPACIÓN DE LOS LAICOS EN LA VIDA Y MISIÓN DE LA IGLESIA

1.- Celebración de una Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal sobre el seglar en la Iglesia y en el mundo.

La Conferencia tiene adquirido el compromiso de dedicar una asamblea plenaria al tema de los laicos en la Iglesia y en el mundo con el fin de promover todavía más su participación en la vida y la misión de la Iglesia. Durante el trienio anterior, la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar difundió el instrumento de trabajo del Sínodo de Obispos sobre los Laicos y preparó unos materiales "Presente y futuro del apostolado seglar" para ayudar a reflexionar a los mismos laicos, a los sacerdotes y religiosos, sobre la "Christifideles laici". Estas acciones servirán para la preparación de esta asamblea plenaria.

Responsable: C.E. de Apostolado Seglar. Colaboran: C.E. del Clero, Mixta (CEDIS), Pastoral, Pastoral Social, Enseñanza y Catequesis, Seminarios y Universidades, Migraciones, Medios de Comunicación Social.

2.- Elaboración de un Plan de Pastoral de la Juventud.

En línea con la reflexión de la participación de los laicos en la vida y misión de la Iglesia, teniendo en cuenta el esfuerzo realizado en la promoción de la pastoral de juventud por parte de parroquias y movimientos, las llamadas y enseñanzas del Papa Juan Pablo ll y de los mismos jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud en Santiago de Compostela la Conferencia pretende elaborar un Plan de Pastoral de juventud que responda también a las mismas inquietudes de muchos Jóvenes y que favorezca de modo integral su formación espiritual y su compromiso apostólico. En él habrá que tener presente la relación entre la pastoral de juventud y la pastoral de las vocaciones sacerdotales y de la vida religiosa y consagrada.

Responsable: C.E. de Apostolado Seglar. Colaboran: C.E. de Seminarios y Universidades, Enseñanza y Catequesis, Mixta Pastoral Social, Migraciones, Medios de Comunicación Social.

3.- Orientaciones sobre Pastoral Vocacional.

La Conferencia ha reflexionado últimamente en dos asambleas plenarias sobre la pastoral de las vocaciones estudiando el anteproyecto y proyecto del "Instrumento de trabajo: Pastoral Vocacional de la Iglesia en España" que fue publicado por la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades. Después que esta Comisión ha recogido las respuestas a ese Instrumento de Trabajo, tiene el encargo de la Asamblea Plenaria de elaborar un borrador de orientaciones concretas sobre Pastoral Vocacional. La Conferencia estudiará y publicará en su día esas orientaciones para que sirvan de referencia para esta pastoral en los próximos años en las diócesis y sus instituciones.

Responsable: C.E. de Seminarios y Universidades. Colaboran: C.E. del Clero, Mixta, Misiones, Enseñanza y Catequesis, Apostolado Seglar, Migraciones.

4.- Reflexión de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal sobre la Familia.

Aunque en otras ocasiones la Conferencia ya ha reflexionado sobre distintos aspectos de la familia en la sociedad y en la Iglesia españolas, en la reciente situación parece necesario un nuevo estudio y reflexión que afronte los distintos aspectos de la familia con vistas a una nueva evangelización. Se trata de promover una renovación y revitalización de la familia cristiana, teniendo en cuenta también distintos aspectos como el amor matrimonial y la defensa de la vida, la educación de los hijos, la educación en la fe, la orientación vocacional y la promoción de los agentes de esta pastoral en parroquias y movimientos apostólicos familiares.

Responsable: C.E. de Apostolado Seglar. Colaboran: C.E. de Pastoral, Doctrina de la Fe, Enseñanza y Catequesis, Mixta, Comité Pro Vida, Seminarios y Universidades, V Centenario, Migraciones.

5.- Reflexión de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal sobre Pastoral obrera.

En este trienio se programa llevar a término el compromiso adquirido anteriormente de estudiar y reflexionar sobre el servicio apostólico y pastoral que la Iglesia debe prestar en el mundo de los trabajadores y de los movimientos apostólicos especializados.

Responsable: C.E. de Apostolado Seglar. Colaboran: C.E. de Pastoral Social, Pastoral, Clero, Migraciones.

 

Objetivo específico 4º:

INTENSIFICAR LA SOLIDARIDAD CON LOS POBRES Y CON LOS QUE SUFREN Y
DIFUNDIR LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

1.- Celebración de una Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española sobre la caridad en la vida de la Iglesia, considerada en sus aspectos doctrinales, espirituales, pastorales, organizativos y de coordinación.

Para llevar a cabo el compromiso adquirido de la reflexión sobre la Iglesia y los pobres en una asamblea plenaria, y para promover la coordinación de la acción caritativa y social de la Iglesia, que es un signo principal de la nueva evangelización, y la formación en la doctrina social de la Iglesia de todos los fieles cristianos, la Conferencia Episcopal estudiará, elaborará y publicará un documento sobre "La Iglesia y los pobres", en continuidad con "Testigos del Dios vivo" y "Los Católicos en la vida pública".

Responsable: C.E. de Pastoral Social. Colaboran: C.E. Mixta, Apostolado Seglar, Migraciones, Misiones, Pastoral.

2.- Symposium con motivo del Centenario de la Encíclica "Rerum Novarum".

Dado que en 1991 se conmemorará, en su primer centenario, la publicación de la Encíclica "Rerum novarum" sobre la cuestión social, la Conferencia Episcopal organizará un Symposium sobre la doctrina social de la Iglesia y la situación española para promover la formación y la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia en sacerdotes y seminaristas, religiosos, personas consagradas y fieles laicos.

Responsable: C.E. de Pastoral Social. Colaboran: C.E. Clero, Mixta, Seminarios y Universidades, Apostolado Seglar, Enseñanza y Catequesis.

 

Objetivo específico 5º.

IMPULSAR LA ACCIÓN MISIONERA DE NUESTRAS IGLESIAS

1.- Estudio sobre Nueva Evangelización en España.

La Conferencia elaborará y publicará, previo estudio de la situación actual, un documento sobre la Nueva Evangelización en España, teniendo en cuenta la insistente llamada del Papa Juan Pablo ll a la nueva evangelización, y en comunión y sintonía con otros episcopados de Europa y América. Este documento, en forma de orientaciones prácticas sobre la evangelización misionera en España, tendrá como finalidad ofrecer y unificar unos criterios básicos comunes para la pastoral misionera en las iglesias particulares ante la cultura actual.

Responsable: C.E. de Pastoral. Colaboran: C.E. Doctrina de la Fe, Clero, Mixta, Apostolado Seglar, Seminarios y Universidades, Enseñanza y Catequesis, Pastoral Social, Apostolado Seglar, Misiones, Medios de Comunicación Social, Patrimonio Migraciones.

2.- Jornada de convocatoria nacional para estimular la conciencia colectiva de los católicos y su presencia en la vida pública.

Con participación de obispos, sacerdotes, religiosos y laicos de las Iglesias particulares, se pretende iniciar unos encuentros que sirvan para estimular la conciencia colectiva de comunión y para impulsar la presencia pública de los católicos en la sociedad; así podrá ofrecerse también a la sociedad un testimonio de la función humanizadora de la Iglesia.

Responsable: Secretaría General. Colaboran: Todas las Comisiones episcopales.

3.- Asamblea Plenaria Extraordinaria de la Conferencia Episcopal Española con motivo del V Centenario de la Evangelización de América.

Respondiendo a la llamada del Papa Juan Pablo ll con ocasión del V Centenario, "cita a la que la Iglesia española no puede faltar', la Conferencia celebrará una Asamblea Plenaria extraordinaria para dar gracias a Dios por la evangelización de América y para responder al reto de la nueva evangelización. Serán invitados a participar en esta Asamblea obispos representantes de las Conferencias Episcopales de América. Se prevé una celebración comunitaria de acción de gracias a la que se invitará a sacerdotes, religiosos y laicos españoles que trabajan pastoralmente en América y a miembros del Pueblo de Dios de las Iglesias particulares de España. La Conferencia, en la misma asamblea extraordinaria, publicará un documento de estudio y reflexión sobre el compromiso de la Iglesia española con las Iglesias de América en el contexto de la nueva evangelización. En la Expo 92, en el pabellón de la Santa Sede, habrá un recuerdo permanente de la labor de sacerdotes, religiosos y laicos para una nueva evangelización.

Responsable: C.E. del V Centenario. Colaboran: C.E. de Misiones, Pastoral, Clero, Mixta, Doctrina de la Fe, Liturgia, Pastoral Social, Apostolado seglar, Migraciones.

4.- Reflexión en Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal sobre las consecuencias sociales, culturales y religiosas del Acta Única de Europa 1993.

La firma del Acta europea en 1993 tendrá repercusiones sociales, culturales y religiosas en España. La Conferencia dedicará espacio en una Asamblea Plenaria para reflexionar, con la ayuda de expertos, sobre los nuevos problemas y posibilidades, y sobre las respuestas que la Iglesia y sus organismos puedan ofrecer con referencia a la emigración y el trabajo, la educación y la sanidad, etc., y sobre las diferentes actitudes que habrá que promover y las acciones pastorales que habrá que programar ante la nueva situación.

Responsable: C.E. de Migraciones. Colaboran: C.E. de Pastoral Social, Relaciones Interconfesionales, Enseñanza y Catequesis, Seminarios y Universidades, Medios de Comunicación Social, Misiones.

5.- Reflexión en Asamblea Plenaria sobre "Presencia y Pastoral de la Iglesia en los Medios de Comunicación Social".

Se trata de analizar el panorama actual de los Medios de Comunicación Social y su impacto en nuestra sociedad reflexionar sobre la política informativa de la Iglesia, su presencia en los Medios de Comunicación Social y su acción evangelizadora a través de ellos y proponer acciones pastorales en este campo.

Responsable: C.E. de Medios de Comunicación Social. Colabora: C.E. de Misiones.

 


 

ANEXO

 

Documentación recomendada

Para profundizar en los contenidos de los objetivos precedentes y de sus acciones recomendamos la lectura de los documentos que enumeramos a continuación:

A. Para los cinco objetivos:

  • CONCILIO VATICANO II, Constituciones, Decretos y Declaraciones.
  • PABLO Vl, Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi, 1975.
  • JUAN PABLO ll, Exhortación Apostólica Christifideles laici; Enseñanzas y orientaciones pastorales en su primera visita apostólica a España en 1982; Alocuciones a los obispos españoles en su visita "ad limina apostolorum" en 1986.
  • SÍNODO EXTRAORDINARIO DE LOS OBISPOS, Relación final, 1985.
  • CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, La visita del Papa y el servicio a la fe de nuestro pueblo, 1984; Testigos del Dios vivo, 1985; Anunciar a Jesucristo en nuestro mundo con obras y palabras, 1987.
  • COMISIÓN PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Los católicos en la vida pública, 1986.

B. Para cada uno de los objetivos.

1. Objetivo 1º:

  • JUAN PABLO ll, Exhortaciones apostólicas Cathechesi tradendae, 1978, Reconciliatio et poenitentia, 1985.
  • CONGREGAClÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, 1989.
  • CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Instrucción pastoral Dejaos reconciliar con Dios, 1989.
  • COMISIÓN EPISCOPAL DE ENSEÑANZA Y CATEQUESIS Orientaciones pastorales sobre la Enseñanza religiosa escolar, 1979; Catequesis de la comunidad, 1983; El catequista y su formación, 1986; Congreso Nacional de Catequistas, 1988.
  • COMISIÓN EPISCOPAL DEL CLERO, Congreso sobre Espiritualidad sacerdotal, 1989.
  • COMISIÓN EPISCOPAL DE LITURGIA, El domingo, fiesta primordial de los cristianos, 1981; Partir el pan de la palabra, 1983.

2. Objetivo 2º:

  • PABLO Vl, Encíclica Ecclesiam suam, 1962.
  • JUAN PABLO ll, Encíclicas Redemptor hominis, 1979; Dives in misericordia, 198O; Dominum et vivificantem, 1986.
  • CONGREGACIÓN PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA Y SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA, Normas directivas Mutuae relationes, 1978.
  • CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción sobre la vocación eclesial del teólogo, 1990.
  • CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Exhortación pastoral sobre La reconciliación en la Iglesia, 1975; La vida religiosa, un carisma al servicio de la Iglesia, 1981.
  • COMISIÓN EPISCOPAL DE PASTORAL, Las pequeñas comunidades cristianas, 1982.
  • COMISIÓN EPISCOPAL PARA LA DOCTRINA DE LA FE, La comunión eclesial, 1978; Nota doctrinal sobre algunas cuestiones eclesiológicas, 1988; Nota doctrinal sobre el uso inadecuado de la expresión "modelos de Iglesia", 1988; El teólogo y su función en la Iglesia, 1989.

3. Objetivo 3º:

  • JUAN PABLO ll, Alocución a los jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud en Santiago de Compostela, 1989.
  • CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Orientaciones pastorales sobre apostolado seglar, 1972; Matrimonio y familia, 1 976.
  • COMISIÓN EPISCOPAL DE APOSTOLADO SEGLAR, El seglar en la Iglesia y en el mundo, 1987.
  • COMISIÓN EPISCOPAL DE PASTORAL SOCIAL, Orientaciones cristianas sobre participación política y social, 1976.
  • COMISIÓN EPISCOPAL DE SEMINARIOS Y UNIVERSIDADES, Instrumento de trabajo Pastoral Vocacional de la Iglesia en España, 1988.

4. Objetivo 4º:

  • PABLO Vl, Encíclica Populorum progressio, 1967; Carta apostólica Octogessima adveniens, 1971.
  • JUAN PABLO ll, Encíclicas Laborem exercens, 1981, Sollicitudo rei socialis, 1988, Mulieris dignitatem, 1988; Exhortación apostólica Salvifici doloris, 1984; Alocución pronunciada en la Morgal (Asturias), 1989.
  • CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción Libertatis nuntius sobre algunos aspectos de la teología de la liberación, 1984; Instrucción Libertatis constientia sobre la libertad cristiana y la liberación, 1986.
  • CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Orientaciones para el estudio y enseñanza de la Doctrina social de la Iglesia en la formación de los sacerdotes, 1988.
  • COMISIÓN PONTIFICIA IUSTITIA ET PAX, Al servicio de la comunidad humana: una consideración ética de la deuda internacional, 1987.
  • CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, La Iglesia y la comunidad política, 1971.
  • COMISIÓN PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Constructores de la paz, 1986.
  • COMISIÓN EPISCOPAL DE PASTORAL SOClAL Crisis económica y responsabilidad moral, 1984; Las comunidades cristianas y las prisiones, 1986.
  • COMISIÓN EPISCOPAL DE MIGRACIONES, Exhortación pastoral Fui extranjero entre vosotros y me acogisteis, 1990.

5. Objetivo 5º:

  • CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Orientaciones sobre la formación de los futuros sacerdotes para el uso de los instrumentos de la comunicación social, 1986.
  • COMISIÓN EPISCOPAL DEL CLERO, Sacerdotes para evangelizar, 1987.
  • COMISIÓN EPISCOPAL DE ENSEÑANZA Y CATEQUESIS El sacerdote y la educación, 1987.
  • COMISIÓN EPISCOPAL DE MlSlONES Y COOPERACIÓN CON LAS IGLESIAS, Responsabilidad misionera de la Iglesia de España, 1979.

NOTAS:

  1. CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Anunciar a Jesucristo en nuestro mundo con obras y palabras, nº 1, 2, 3.

  2. CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Testigos de Dios vivo, nº 53.

  3. CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Anunciar a Jesucristo en nuestro mundo con obras y palabras, nº 18.

  4. JUAN XXIII, Constitución Apostólica de Convocatoria del Concilio, 25 Dic. 1961, nº 2.

  5. Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, nº 2.

  6. JUAN PABLO II, Redemptor hominis, nº 1, 22.

  7. CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Testigos del Dios vivo, nº 54; Cfr CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Gaudium et Spes, nº 1.

  8. JUAN PABLO II, Discurso al VI Simposio de Obispos europeos, 11 Oct. 1985.

  9. JUAN PABLO II. Discurso a la Asamblea del CELAM en Haití, 1983.

  10. PABLO VI, Evangelii nuntiandi, n.° 56.

  11. JUAN PABLO II, Saludo a las autoridades, a la Iglesia y al pueblo español en el aeropuerto de Barajas, Madrid, 31 oct. 1982, n ° 5.

  12. Carta a Diogneto. (Cao. 5-6); FUNK 1, 397-401.

  13. Pablo VI, Evangelii Nuntiandi., nº 14.

  14. Cfr JUAN PABLO II, Christifideles laici, n.° 34.

  15. CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Testigos del Dios vivo, nº 20.

  16. JUAN PABLO, Redemptor hominis, n° 13.

  17. JUAN PABLO II, Christifideles laici, n° 34.

  18. Ibídem.

  19. JUAN PABLO II, Sollicitudo rei socialis. n° 13.

  20. PABLO Vl, Evangelii Nuntiandi, nº 20.

  21. Cfr JUAN PABLO II, Christifideles laici, nº 34.

  22. Cfr SÍNODO EXTRAORDINARIO DE LOS OBISPOS, Relatio finalis, Il, D nº 3.

  23. PABLO Vl, Evangelii Nuntiandi, nº 22.

  24. JUAN PABLO II, Christifideles laici, nº 34.

  25. Cfr JUAN PABLO II, Sollicitudo rei socialis, nº 35.

  26. Cfr CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Anunciar a Jesucristo en nuestro mundo con obras y palabras, nº 24 y 25.

  27. CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Testigos del Dios vivo, nº 27.

  28. CONFERENCIA EPlSCOPAL ESPAÑOLA, Los católicos en la vida pública, nº 20.

  29. Cfr JUAN PABLO II, Christifideles laici, nº 4.

  30. JUAN PABLO II, Christifideles laici, nº 5.

  31. JUAN PABLO II, Christifideles laici, nº 5.

  32. JUAN PABLO II, Christifideles laici, nº 6.

  33. PABLO VI, Evangelii nuntiandi, nº 4.

  34. Cfr PABLO VI, Evangelii Nuntiandi, nº 18.

  35. Ib., nº 14.

  36. Ib., nº 18.

  37. Ib., nº 19.

  38. CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Testigos del Dios vivo, n.° 53.

  39. Cfr JUAN PABLO II, Discurso a la Asamblea General del CELAM, Haití, 1983.

  40. PABLO VI, Evangelii Nuntiandi, n° 15.

  41. CONFERENClA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Anunciar a Jesucristo en nuestro mundo con obras y palabras, n° 32.

  42. CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Testigos del Dios vivo, nº 31.

  43. Ib., nº 44.

  44. Cfr Ib., nº 46.

  45. Cfr CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Lumen Gentium, nº 25.

  46. CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Anunciar a Jesucristo en nuestro mundo con obras y palabras, nº 37.

  47. JUAN PABLO II, Christifideles laici, n° 15.

  48. Ib., n° 17.

  49. PABLO VI, Evangelii Nuntiandi, n° 70.

  50. CONClLlO ECUMÉNlCO VATlCANO II, Gaudium et Spes, n° 43.

  51. Cfr JUAN PABLO II, Christifideles laici, nº 59.

  52. Cfr Ib., n° 60.

  53. CONClLIO ECUMÉNlCO VATICANO II, Apostolicam Actuositatem, 28.

  54. Ib., nº 16.

  55. Cfr JUAN PABLO II, Christifideles laici, nº 28.

  56. CONCILIO ECUMÉNICO VATlCANO II, Apostolicam Actuositatem, n° 18.

  57. Cfr JUAN PABLO II, Christifideles laici, n° 29.

  58. Cfr Ib., nº 36.

  59. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Gaudium et Spes, nº 40.

  60. JUAN PABLO II, Redemptor hominis, nº 14.

  61. JUAN PABLO II, Sollicitudo rei socialis, nº 42.

  62. Cfr JUAN PABLO II, Salvifici doloris, nº 3.

  63. CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Testigos del Dios vivo, nº 59.

  64. PABLO VI, Evangelii Nuntiandi, nº 15.