Queridos hermanos y hermanas: El salmo proclamado hoy exalta la presencia divina en el trabajo del hombre. Para ello pone en contraste la vida vivida sin el Señor, en la que en vano buscamos seguridad; y con el Señor, en la cual, a su vez, tenemos prosperidad. Ciertamente, una sociedad sólida, que nace del esfuerzo de sus miembros, necesita también la bendición de Dios, al cual ignoramos frecuentemente. La imagen del padre rodeado por sus hijos, de los cuales recibirá sustento en su vejez, tiene como finalidad celebrar la estabilidad y fuerza de la familia. Ellos son bendición y gracia, signo de continuidad, un don que aporta bienestar a la sociedad. *** Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, especialmente a las Siervas de María Ministras de los Enfermos y a los Legionarios de Cristo; a los fieles diocesanos llegados de España; a los de San Juan de Puerto Rico, acompañados por su Arzobispo, Mons. Roberto Octavio González, así como a los demás peregrinos latinoamericanos. ¡Poneos siempre bajo la protección de Dios e implorad su asistencia! Optimizado para IExplorer 800x600 - © Copyright, Conferencia Episcopal Española |