Santo Padre Benedicto XVI
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Audiencia
General |
Miércoles 28 de diciembre de 2005 |
Señor, tú me sondeas y me conoces
1. En esta audiencia general del miércoles de la octava
de Navidad, fiesta litúrgica de los Santos Inocentes, reanudamos nuestra meditación sobre
el salmo 138, cuya lectura orante nos propone
la liturgia de las Vísperas en dos etapas distintas. Después de
contemplar en la primera parte (cf. vv. 1-12) al Dios omnisciente y omnipotente,
Señor del ser y de la historia, ahora este himno sapiencial de intensa
belleza y pasión se fija en la realidad más alta y admirable de todo el
universo, el hombre, definido como el "prodigio" de Dios (cf. v. 14).
En realidad, se trata de un tema en profunda sintonía con el clima navideño
que estamos viviendo en estos días, en los que celebramos el gran misterio
del Hijo de Dios hecho hombre, más aún, hecho Niño por nuestra salvación.
Después de considerar la mirada y la presencia del Creador que se extienden
por todo el horizonte cósmico, en la segunda parte del salmo que meditamos
hoy, la mirada amorosa de Dios se fija en el ser humano, considerado
en su inicio pleno y completo. Aún es un ser "informe" en el seno
materno: algunos estudiosos de la Biblia interpretan la palabra
hebrea que usa el salmo como equivalente a "embrión", descrito mediante
esa palabra como una pequeña realidad oval, enrollada, pero sobre
la cual ya se posa la mirada benévola y amorosa de los ojos de Dios (cf.
v. 16).
2. El salmista, para definir la acción divina dentro del seno materno,
recurre a las clásicas imágenes bíblicas, mientras que la cavidad generadora
de la madre se compara a "lo profundo de la tierra", es decir, a la constante
vitalidad de la gran madre tierra (cf. v. 15).
Ante todo, se utiliza el símbolo del alfarero y del escultor, que "forma",
que plasma su creación artística, su obra maestra, precisamente como se
decía en el libro del Génesis con respecto a la creación del hombre:
"El Señor Dios formó al hombre con polvo del suelo" (Gn 2, 7).
Luego viene el símbolo del "tejido", que evoca la delicadeza de la piel,
de la carne, de los nervios "entretejidos" sobre el esqueleto.
También Job evocaba con fuerza estas y otras imágenes para exaltar la
obra maestra que es la persona humana, a pesar de estar golpeada y herida
por el sufrimiento: "Tus manos me formaron, me plasmaron (...).
Recuerda que me hiciste como se amasa el barro (...). ¿No me vertiste
como leche y me cuajaste como queso? De piel y de carne me vestiste y
me tejiste de huesos y de nervios" (Jb 10, 8-11).
3. Sumamente fuerte es, en nuestro salmo, la idea de que Dios ya
ve todo el futuro de ese embrión aún "informe": en el libro de la
vida del Señor ya están escritos los días que esa criatura vivirá y colmará
de obras durante su existencia terrena. Así vuelve a manifestarse la grandeza
trascendente del conocimiento divino, que no sólo abarca el pasado y el
presente de la humanidad, sino también el arco todavía oculto del futuro.
También se manifiesta la grandeza de esta pequeña criatura humana, que
aún no ha nacido, formada por las manos de Dios y envuelta en su amor:
un elogio bíblico del ser humano desde el primer momento de su existencia.
Ahora releamos la reflexión que san Gregorio Magno, en sus Homilías
sobre Ezequiel, hizo sobre la frase del salmo que hemos comentado:
"Siendo todavía informe me han visto tus ojos y todo estaba escrito en
tu libro" (v. 16). Sobre esas palabras el Pontífice y Padre de la Iglesia
construyó una original y delicada meditación acerca de los que en la comunidad
cristiana son más débiles en su camino espiritual.
Y dice que también los débiles en la fe y en la vida cristiana forman
parte de la arquitectura de la Iglesia, "son incluidos en ella (...) en
virtud de su buen deseo. Es verdad que son imperfectos y pequeños, pero,
en la medida en que logran comprender, aman a Dios y al prójimo, y no
dejan de realizar el bien que pueden. A pesar de que aún no llegan a los
dones espirituales hasta el punto de abrir el alma a la acción perfecta
y a la ardiente contemplación, no se apartan del amor a Dios y al prójimo,
en la medida en que son capaces de comprenderlo. Por eso, sucede que también
ellos, aunque estén situados en un lugar menos importante, contribuyen
a la edificación de la Iglesia, pues, si bien son inferiores por doctrina,
profecía, gracia de milagros y completo desprecio del mundo, se apoyan
en el fundamento del temor y del amor, en el que encuentran su solidez"
(2, 3, 12-13: Opere di Gregorio Magno III/2, Roma 1993, pp.
79-81).
El mensaje de san Gregorio es un gran consuelo para todos nosotros que
a menudo avanzamos con dificultad por el camino de la vida espiritual
y eclesial. El Señor nos conoce y nos envuelve con su amor.
Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española
que participan en esta audiencia. En estos días navideños, invito a todos
a contemplar en el Niño Jesús la grandeza del amor de Dios por todos nosotros.
Muchas gracias y, de nuevo, ¡Feliz Navidad!
(En italiano)
Felicito cordialmente la Navidad a los peregrinos de lengua italiana.
En particular, saludo a la comunidad de los Legionarios de Cristo; a los
fieles de la parroquia del Santísimo Nombre de María, en Caserta; a los
Voluntarios de don Bosco y a los representantes del Mando provincial de
la Guardia de finanza, de Livorno. Saludo, asimismo, a los jóvenes, a
los enfermos y a los recién casados.
La luz de Cristo, que en la Noche de Navidad resplandeció sobre la humanidad,
brille sobre cada uno de vosotros, queridos amigos, y os guíe en el compromiso
de un valiente testimonio cristiano.
Por último, me uno al recuerdo que en estos días se hace por las queridas
poblaciones afectadas hace un año por el maremoto, que causó innumerables
víctimas humanas y enormes daños ambientales. Pidamos al Señor por ellos
y por todos los que, también en otras regiones del mundo, han sufrido
calamidades naturales y esperan nuestra solidaridad concreta y efectiva.
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