Venerados y queridos hermanos: Durante los trabajos de vuestra asamblea afrontaréis diversos temas, entre los cuales, principalmente, la formación de los futuros presbíteros y la presencia de la Iglesia en el mundo de la salud. Ambos son de gran importancia y les dedicáis justamente vuestra atención con vistas a orientaciones y opciones que podrán ser de verdadera ayuda para el pueblo de Dios y para toda la nación italiana. La Iglesia necesita hoy sacerdotes que sean plenamente conscientes del don de gracia que reciben con la ordenación presbiteral y con la misión encomendada a ellos, en un tiempo de rápidos y profundos cambios. A fin de que nuestras comunidades crezcan armoniosamente en la verdad y en la caridad, en torno a la Eucaristía y a la palabra de Dios, es indispensable la presencia de sacerdotes que actúen en nombre de Cristo y vivan en íntima unión con él, que los ha llamado y enviado. La Iglesia necesita presbíteros que sepan conformar siempre su conducta con el modelo del buen Pastor, dejándose guiar con docilidad por el Espíritu Santo, en plena comunión con sus obispos. Al mismo tiempo que siento con vosotros el deber de dar gracias a todos los sacerdotes que en Italia, con gran abnegación, a menudo en el anonimato y trabajando sin descanso, contribuyen a hacer que nuestras parroquias y comunidades sean vivas y ricas en gracia, comparto con vosotros la preocupación por la disminución del clero y por el progresivo aumento de la edad media de los sacerdotes. Por tanto, es necesario y urgente incrementar la pastoral vocacional, definir cada vez mejor la propuesta formativa, de modo que se garantice una preparación humana, intelectual y espiritual que esté a la altura de los nuevos desafíos que el ministerio sacerdotal está llamado a afrontar. Como dije a los seminaristas durante el encuentro del 19 de agosto en Colonia, el seminario debe ser el contexto en el que madura la "búsqueda de una relación personal con Cristo" y que, por eso, "es un tiempo significativo en la vida de un discípulo de Jesús" para una formación que "tiene diversas dimensiones que convergen en la unidad de la persona" (Rezo de Vísperas en la iglesia de San Pantaleón, 19 de agosto de 2005: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 26 de agosto de 2005, p. 7). Igualmente importante es que esta acción formativa se lleve a cabo en un contexto comunitario, para ser un reflejo de la comunión de vida que Jesús tenía con sus discípulos, y para hacer que los diversos elementos del proyecto educativo se unifiquen en torno a las exigencias de la caridad pastoral. Por ser la tarea de los sacerdotes central e insustituible, hay que cuidar su formación, partiendo de la cualidad de los formadores. Todos los fieles pueden contribuir al florecimiento de
las vocaciones y a la formación de los presbíteros, rogando al Dueño de
la mies, porque lo que forja a un sacerdote es, en primer lugar, su oración
y la oración que toda la comunidad eleva al Señor por él y por su ministerio.
Iluminada y animada por un testimonio tan grande, la Iglesia
está llamada a manifestar solidaridad y solicitud hacia quien afronta
la prueba de la enfermedad, en primer lugar ayudando a ver la enfermedad
y la muerte misma no como una negación de lo humano, sino como un itinerario
que, siguiendo las huellas del sufrimiento, la muerte y la resurrección
de Jesús, nos conduce a la vida verdadera y eterna. Merecen ser sostenidas
y promovidas las instituciones católicas que tanto hacen en el ámbito
sanitario y de la asistencia, para que sean cada vez más ejemplares en
conjugar la innovación y la competencia científica con la atención primaria
a la persona y a su dignidad. De particular importancia es la misión de
los capellanes, que en las galerías de los hospitales encuentran y sostienen
espiritualmente a las personas enfermas, haciéndoles sentir la presencia
afectuosa y consoladora de nuestro único Salvador Jesucristo. Del mismo
modo, ante la pretensión, que aflora a menudo, de eliminar el sufrimiento
recurriendo incluso a la eutanasia, es preciso reafirmar la dignidad inviolable
de la vida humana, desde su concepción hasta su término natural. Optimizado para IExplorer 800x600 - © Copyright, Conferencia Episcopal Española |