Carta del Santo Padre Benedicto
XVI |
Al Cardenal Walter
Kasper
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Con ocasión de la IX Asamblea General
del Consejo Mundial de Iglesias
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Vaticano, 25 de enero de 2006
fiesta de la Conversión de San Pablo
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A mi venerado hermano
Cardenal WALTER KASPER
Presidente del Consejo pontificio
para la promoción de la unidad de los cristianos
Me complace saludaros a todos vosotros, que os habéis reunido con ocasión
de la IX asamblea general del Consejo mundial de Iglesias, que se está
celebrando en Porto Alegre para reflexionar en el tema: "Dios, con
tu gracia, transforma el mundo". De modo especial, saludo al secretario
general, doctor Samuel Kobia, al arzobispo Dadeus Grings, a los obispos
de la Iglesia católica en Brasil y a todos los que han colaborado en la
realización de este importante acontecimiento. A todos os expreso mis
mejores deseos con las palabras de san Pablo a los romanos: "A vosotros
gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo" (Rm
1, 7).
Conscientes de nuestra común fe bautismal en Dios uno y trino, la Iglesia
católica y el Consejo mundial de Iglesias buscan formas de cooperar cada
vez más eficazmente en la tarea de testimoniar el amor de Dios. Después
de cuarenta años de fructífera colaboración, deseamos continuar este camino
de esperanzas y promesas, mientras intensificamos nuestros esfuerzos para
que llegue el día en que los cristianos se unan en el anuncio del mensaje
evangélico de salvación a todos. Mientras recorremos juntos este camino,
debemos estar abiertos a los signos de la divina Providencia y a la inspiración
del Espíritu Santo, pues sabemos "que este santo propósito de reconciliar
a todos los cristianos en la unidad de la una y única Iglesia de Cristo
excede las fuerzas y la capacidad humanas" (Unitatis
redintegratio, 24). Por tanto, nuestra confianza está puesta únicamente
en Cristo: "Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado,
para que sean uno como nosotros" (Jn 17, 11).
Durante esta asamblea general, miles de cristianos se unen en esta misma
oración por la unidad. Mientras pedimos "Dios, con tu gracia, transforma
el mundo", rogamos para que bendiga nuestro diálogo ecuménico con los
progresos que tan ardientemente deseamos.
Asegurándoos mi cercanía espiritual y reafirmando la intención de la Iglesia
católica de continuar una sólida colaboración con el Consejo mundial de
Iglesias en su importante contribución al movimiento ecuménico, invoco
de Dios abundantes bendiciones de paz y alegría sobre todos vosotros.

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