Carta del Santo Padre Benedicto
XVI |
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A
su enviado al Congreso
Eucarístico de Bari (Italia) |
Vaticano, 13 de mayo de 2005 |
Al venerado hermano
Señor cardenal CAMILLO RUINI
Presidente de la Conferencia episcopal italiana
En el mes de octubre del año pasado usted, junto con monseñor Francesco
Cacucci, arzobispo de Bari, y con monseñor Angelo Comastri, entonces arzobispo
prelado de Loreto, presidente del Comité italiano para los Congresos eucarísticos,
dirigió una apremiante invitación a mi venerado predecesor Juan Pablo
II para que presidiera las celebraciones conclusivas del XXIV Congreso
eucarístico italiano, que se celebrará en Bari del 21 al 29 de mayo.
Este acontecimiento, muy significativo para la Iglesia italiana, tiene
lugar en el contexto del Año especial de la Eucaristía, durante el cual
los católicos de todo el mundo son impulsados a tomar renovada conciencia
del gran don que nos dejó Cristo en la última Cena. En el pan y en el
vino, convertidos durante la santa misa en el Cuerpo y la Sangre del Señor,
encuentra alimento y apoyo el pueblo cristiano para recorrer el camino
hacia la santidad, vocación universal de todos los bautizados.
Es muy actual el tema elegido: "Sin el domingo no podemos vivir",
sobre el que la Iglesia en Italia está reflexionando para trazar caminos
eficaces de acción pastoral que lleven a redescubrir cada vez más el valor
del Día del Señor, en el que se celebra el misterio de la Pascua, cuyo
auténtico y perenne memorial es la Eucaristía.
Confirmando de buen grado lo que mi amado predecesor decidió entonces,
le pido a usted, venerado hermano, que sea mi enviado especial a ese Congreso
eucarístico. Por mi parte, espero estar presente en la celebración eucarística
conclusiva, el próximo domingo 29 de mayo, para rendir homenaje a Cristo en
el sacramento de su amor y para reforzar al mismo
tiempo los vínculos de comunión que unen al Sucesor de Pedro con
la Iglesia que está en Italia y con sus pastores.
Desde ahora aseguro un recuerdo en la oración a esa importante asamblea
eclesial, a fin de que produzca abundantes frutos espirituales para los
cristianos y para toda la comunidad italiana, y sobre todos invoco la
protección materna de María santísima.
Con estos sentimientos, le imparto a usted, a los queridos prelados de
Italia y al pueblo encomendado a su solicitud pastoral, una especial bendición
apostólica.
Vaticano, 13 de mayo de 2005
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