Queridos hermanos y hermanas:
Hoy, 19 de marzo, se celebra la solemnidad de san José, pero, al coincidir
con el tercer domingo de Cuaresma, su celebración litúrgica se traslada
a mañana. Sin embargo, el contexto mariano del Ángelus invita a
meditar hoy con veneración en la figura del esposo de la santísima Virgen
María y patrono de la Iglesia universal. Me complace recordar que también
era muy devoto de san José el amado Juan Pablo II, quien le dedicó la
exhortación apostólica Redemptoris
custos, custodio del Redentor, y seguramente experimentó su asistencia
en la hora de la muerte.
La figura de este gran santo, aun permaneciendo más bien oculta, reviste
una importancia fundamental en la historia de la salvación. Ante todo,
al pertenecer a la tribu de Judá, unió a Jesús a la descendencia davídica,
de modo que, cumpliendo las promesas sobre el Mesías, el Hijo de la Virgen
María puede llamarse verdaderamente "hijo de David". El evangelio de san
Mateo, en especial, pone de relieve las profecías mesiánicas que se cumplen
mediante la misión de san José: el nacimiento de Jesús en Belén
(Mt 2, 1-6); su paso por Egipto, donde la Sagrada Familia se había
refugiado (Mt 2, 13-15); el sobrenombre de "Nazareno" (Mt 2,
22-23).
En todo esto se mostró, al igual que su esposa María, como un auténtico
heredero de la fe de Abraham: fe en Dios que guía los acontecimientos
de la historia según su misterioso designio salvífico. Su grandeza, como
la de María, resalta aún más porque cumplió su misión de forma humilde
y oculta en la casa de Nazaret. Por lo demás, Dios mismo, en la Persona
de su Hijo encarnado, eligió este camino y este estilo —la humildad y el ocultamiento— en su existencia
terrena.
El ejemplo de san José es una fuerte invitación para todos nosotros a
realizar con fidelidad, sencillez y modestia la tarea que la Providencia
nos ha asignado. Pienso, ante todo, en los padres y en las madres de familia,
y ruego para que aprecien siempre la belleza de una vida sencilla y laboriosa,
cultivando con solicitud la relación conyugal y cumpliendo con entusiasmo
la grande y difícil misión educativa.
Que san José obtenga a los sacerdotes, que ejercen la paternidad con respecto
a las comunidades eclesiales, amar a la Iglesia con afecto y entrega plena,
y sostenga a las personas consagradas en su observancia gozosa y fiel
de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia. Que proteja
a los trabajadores de todo el mundo, para que contribuyan con sus diferentes
profesiones al progreso de toda la humanidad, y ayude a todos los cristianos
a hacer con confianza y amor la voluntad de Dios, colaborando así al cumplimiento
de la obra de salvación.
Después del Ángelus
Queridos amigos:
Se celebra este año el V centenario de los Museos vaticanos, que mi amado
predecesor Juan Pablo II definió "una de las puertas más importantes de
la Santa Sede abiertas al mundo". En efecto, esta institución da una importante
contribución a la misión de la Iglesia, comunicando a millones de personas
las verdades cristianas con el lenguaje del arte. Expreso mis mejores
deseos para las manifestaciones culturales programadas, y aseguro mi recuerdo
en la oración por los que trabajan en los Museos vaticanos y por todos
los visitantes.
(En castellano)
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, especialmente a
los fieles de las parroquias Santo Tomás Apóstol, de Valencia, y Nuestra
Señora del Buen Consejo, de Torrente, así como a los profesores y alumnos
del instituto Abanilla, de Murcia. Con la ayuda de san José, patrono de
la Iglesia universal, os invito a continuar vuestro camino de conversión
cuaresmal como respuesta al amor misericordioso del Señor. ¡Feliz domingo!
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