Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar 2000


TESTIGOS DE CRISTO
EN EL NUEVO MILENIO

Mensaje de los Obispos de la
Comisión Episcopal de Apostolado Seglar

Solemnidad de Pentecostés, 11 de junio de 2000

Queridos hermanos:

La Comisión Episcopal de Apostolado Seglar os envía un saludo entrañable a los Consiliarios, a los movimientos eclesiales y a todos los cristianos comprometidos en las tareas del apostolado de los laicos. Y ruega al Señor en la Fiesta de Pentecostés de este Año Jubilar que os envíe el Espíritu Santo, que os comunique toda la sabiduría, la abundancia de sus dones y toda su fortaleza, para que viviendo en comunión eclesial, seáis testigos de Cristo en el mundo.

En muchas Diócesis celebráis en este día el Jubileo del Apostolado Seglar y de la Acción Católica y es una buena oportunidad para agradecer la renovada presencia de los laicos en la vida de la Iglesia, para purificar la memoria por tanta inhibición de los bautizados en sus compromisos cristianos y para pedir al Señor un nuevo viento de Pentecostés que despierte a ese "gigante dormido"e impulse a quienes tienen que ser "luz del mundo" y "sal de la tierra".

Testigos de Cristo

Todas las iniciativas del Jubileo 2000, encaminadas a conseguir "el objetivo prioritario que es el fortalecimiento en la fe y en el testimonio cristiano", (TMA 42), tendrán para vosotros la expresión más eclesial en el Congreso del laicado católico, que se celebrará en Roma en Noviembre de este año y que quiere iluminar el compromiso de los laicos para el nuevo tiempo. "Testigos de Cristo en el nuevo milenio"es el lema que marca los objetivos del Congreso.

Ser testigos del Señor es el don y el compromiso de todos los bautizados. Fue el último encargo que Jesús hizo a los discípulos en la despedida: "Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén... y hasta los confines del mundo"(Hch 1, 8 ).

La Iglesia de todos los tiempos ha visto siempre el testimonio como el signo más expresivo para manifestar a Jesús y enseñar su mensaje: "Para la Iglesia el primer medio de evangelización consiste en el testimonio de vida auténticamente cristiana, entregada a Dios en una comunión que nada debe interrumpir y a la vez consagrada igualmente al prójimo con un celo sin limites", (EN 41). "El testimonio de vida cristiana es la primera e insustituible forma de misión"(RM 42). Pero en un mundo tan secular como el nuestro, tan vacío de transcendencia, todavía es más necesario, sabiendo que "el hombre contemporáneo cree más en los testigos que en los maestros; cree más en la experiencia que en el doctrina, en la vida y en los hechos que en la teoría"(RM 42).

Todos los cristianos estamos llamados a ser testigos, a transparentar lo que llevamos en el corazón: el amor a Jesucristo, la experiencia orante y celebrativa de la fe, la plena comunión eclesial. Ser testigos con toda la vida. "No es superfluo recordarlo: evangelizar, es ante todo, dar testimonio de una manera sencilla y directa del Dios revelado por Jesucristo, mediante el Espíritu Santo", (EN 26).

Jesucristo dijo y obró, predicó e hizo presente el Reino de Dios: cada día son más los seglares cristianos que en la catequesis parroquial, en la enseñanza, en la educación familiar, en las conversaciones de cada día, en los juicios de valor que transmiten, "saben dar razones de su esperanza", (1 Pe 3,15). Además el testigo enseña, sobre todo con su vida. Vive de una manera tan distinta, que su comportamiento interroga a los otros, aunque siempre es necesaria la transmisión por la palabra.

Al seguir la tradición jubilar, uno de los objetivos que se plantea la Iglesia en este año es "el restablecimiento de la justicia social", (TMA 13) y en esta línea nos urge la invitación del Papa a "dar testimonio de Cristo, asumiendo posiciones valientes y proféticas ante la corrupción del poder político o económico; no buscando la gloria o bienes materiales; usando los bienes para el servicio de los más pobres e imitando la sencillez de Cristo"(RM 43).

"Una gran primavera cristiana"

El espíritu profético de Juan Pablo II anunció el Jubileo como un tiempo de esperanza a la Iglesia: "En la proximidad del tercer milenio de la Redención, Dios está preparando una gran primavera cristiana, de la que ya se vislumbra su comienzo", (RM, 86). Apunta en la Encíclica una serie de datos, que nos hacen entrever esta primavera. Pero en el mundo del laicado cristiano creemos que esta esperanza se manifiesta especialmente en el despertar creciente de la vocación y misión de los laicos, con la nueva conciencia que van adquiriendo "no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser Iglesia", (ChL 9), dice el Papa, "la labor evangelizadora de los laicos está cambiando la vida eclesia" ( RM 2).

Y si la Iglesia se compromete en el Jubileo a la "recepción del Concilio", (TMA, 36), la acogida renovada de la doctrina sobre los seglares será garantía para esta primavera cristiana. Pregunta el Papa: "¿Se consolida en la Iglesia universal y particular, la eclesiología de comunión de la Lumen Gentium, dando espacio a los carismas, los ministerios, las varias formas de participación del Pueblo de Dios? "(TMA 36).

En esta Iglesia de Comunión los laicos bautizados estáis llamados a participar de una manera coherente en la triple misión: profética, sacerdotal y real de Jesucristo. Y, estáis llamados a ejercer este servicio evangelizador en todas las circunstancias de la vida. La Parroquia, debe ser siempre misionera, los movimientos apostólicos a los que pertenecéis, los sacerdotes que os acompañan, tienen que animar, sostener y ayudar en vuestra formación para que podáis llevar adelante la irradiación del Evangelio. "Los laicos se convierten en eficaces predicadores de la fe en lo que se espera, si unen sin vacilaciones la profesión de la fe, a la vida de la fe. Esta predicación del Evangelio, es decir el anuncio de Cristo, comunicado con el testimonio de vida y con la palabra, adquiere una nota específica y una eficacia particular por el hecho de que se realiza en las condiciones generales de nuestro mundo... Y en esta tarea tiene un gran valor aquél estado de vida santificado por un sacramento: la vida matrimonial y familiar" (LG 35).

La enseñanza del Evangelio: "Lo que os digo al oído, proclamadlo desde las terrazas" (Mt 10,27), tiene que hacerse realidad, porque habrá mucha gente que no conocerá a Jesucristo, ni se salvará con su mensaje, si no encuentra en vosotros el testimonio evangelizador. "Se está afianzando una conciencia nueva: la misión atañe a todos los cristianos, a todas las Diócesis y parroquias, a todas las instituciones y asociaciones eclesiales" (RM 2).

"Jesucristo, sumo y eterno sacerdote... quiere continuar su servicio por medio de los laicos... Los une íntimamente a su vida y misión, dándoles, también, parte en su función sacerdotal para que ofrezcan un culto espiritual, para gloria de Dios y salvación de los hombres". Los laicos vivís la vocación universal a la santidad en medio del mundo, cultivando los dones de Dios en la vida de cada día, con el trabajo bien hecho, con la competencia profesional, con el amor a la vida, comprometidos en la transformación del mundo, con una preocupación permanente de que los bienes de este mundo, por una acción social y política, estén al servicio de todos los hombres, preferentemente de los más pobres. Y en esa experiencia de vida cristiana, contribuís "desde dentro"a la consagración del mundo, para mayor gloria de Dios.

La Iglesia os confía a los laicos la tarea de construir el reino de Dios en el mundo. "El Señor, en efecto, desea extender el reino por la misión de los laicos: un reino de verdad y de vida, un reino de santidad y de gracia, un reino de justicia, amor y paz", ( LG 36). Se os invita a los seglares a un conocimiento íntimo de la naturaleza de todo lo que lleváis entre manos, para quo todos vuestros compromisos sirvan a los planes de Dios sobre el mundo. En este sentido de presencia y compromiso en las tareas temporales, la Exhortación Christifideles Laici os llama a evitar una doble tentación: "la de reservar un interés tan marcado por los servicios y tareas eclesiales, de tal modo que frecuentemente se ha llegado a una práctica dejación de sus responsabilidades específicas en el mundo profesional, social, económico, cultural y político; y la tentación de legitimar la indebida separación entre fe y vida, entre la acogida del evangelio y la acción concreta en las más diversas realidades temporales y terrenas" (ChF 2).

El seglar cristiano ha de estar comprometido en todos los campos en que la acción social es siempre insustituible, porque son tareas de la competencia específica de los seglares . Y porque esta presencia es un signo de la vitalidad de la Iglesia.

El perfil del laico cristiano

El testigo que la Iglesia de Cristo asistida por el Espíritu Santo anhela y la sociedad secularizada del siglo XXI necesita, tiene que ser:

  • Un creyente. Cree en Jesucristo como el Señor, lo siente vivo y cercano, cultiva su amistad, tiene su experiencia personal de la fe, que la cuida como el mejor regalo. Nunca la disimula, siempre le compromete y sabe que en todo momento la vive en comunión con toda la Iglesia.
  • Esperanzado y esperanzador. Como peregrino hacia la Casa del Padre vive el espíritu de las Bienaventuranzas, que condicionan toda su vida y le hacen esperar en el cielo. También, la esperanza en este mundo. "Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios" (Rom. 8, 19). La esperanza se afirma en Dios, que anima "a esperar contra toda esperanza", y se realiza en este mundo, con el "hombre nuevo", con una vida de fraternidad; con una acción transformadora, unido a todos los hombres de buena voluntad, siempre animado por la fuerza de Jesucristo muerto y resucitado, que le comunica su Espíritu.
  • Persona de comunión. No es un solitario, sino un solidario, un hermano, uno que trabaja en equipo. Busca la comunión y la comunicación. Cultiva más lo que une que lo que separa. Necesita de los otros y los otros le necesitan. Busca la comunión con todos. Sobre todo con los otros cristianos, con los sacerdotes, con la Parroquia, con el Obispo, con todos los que buscan el bien común. No es indiferente a ninguna necesidad, a ningún dolor y vive con los ojos bien abiertos a las necesidades de los más pobres. Nunca separa la "comunión con Cristo", de la caridad con los hermanos. Está empeñado en la "nueva cultura de la solidaridad" (IM 12), y en su espiritualidad cristiana, cultiva, sobre todo, la ascética de la comunión: todo lo que le lleva a hacer más feliz la vida de los hombres.
  • Paciente. El Reino de Dios se va haciendo paso a paso y día a día, "crece sin que el labrador sepa cómo" (Mc.4.27 ), sabe que ser paciente es aceptar que los "caminos de Dios no son nuestros caminos, ni sus planes nuestros planes". Conoce, por propia experiencia, que el tesoro de Dios "lo llevamos en vasijas de barro, para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros" (2 Cor 8, 19). Consecuentemente no se cierra en el fanatismo, en la intolerancia, en lo propio, si no que siempre deja paso a la apertura y colaboración con todos. Y se alegra de y con todos los que hacen el bien.
  • Y siempre se siente llamado a la santidad. Santo a estas alturas del Nuevo Milenio, en que la gracia, como siempre, sigue haciendo maravillas, cuando se le abre el corazón de par en par. Por tanto en su Proyecto de vida entra la santidad, como deseo y anhelo obligados, para la que considera y cuida estrategias, programas y busca alguien que le acompañe para recorrer este camino. "Los cristianos laicos están llamados a pleno título a esta común vocación, sin ninguna diferencia con respecto a los otros miembros" (ChL 16).

La Iglesia primera, orando con María, la Madre del Señor, recibió toda la fuerza del Espíritu Santo que, también, nuestra Iglesia en la celebración jubilar del próximo Pentecostés, reciba toda la fuerza del Espíritu para que los cristianos, todos, podamos ser "Testigos de Cristo en el nuevo milenio".

 

Comisión Episcopal de Apostolado Seglar

Mons. Braulio Rodríguez Plaza,
Obispo de Salamanca y Presidente de la CEAS

Mons. Juan Antonio Reig Plá, Obispo de Segorbe-Castellón, Vicepresidente de la CEAS y Presidente de la Subcomisión de Familia y Vida

Mons. José Mª Conget Arizaleta, Obispo de Jaca

Mons. Francisco J. Ciuraneta Aymí, Obispo de Lléida

Mons. Juan García-Santacruz Ortiz, Obispo de Guadix

Mons. Juan José Omella Omella, Obispo de Barbastro-Monzón

Mons. Antonio Algora Hernando, Obispo de Teruel y Albarracín

Mons. César Augusto Franco Martínez, Obispo Auxiliar de Madrid

Mons. Javier Martínez Fernández, Obispo de Córdoba

 

 


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