Ilmo. Sr. D. Francesco Frangialli
Secretario General de la O.M.T.
Ilustrísimo señor:
El próximo 27 de septiembre se celebrará la Jornada Mundial del
Turismo. Por la circunstancia el Santo Padre desea hacerle llegar, a través
de mí, su cordial saludo junto con el deseo de que esta fecha sirva para
potenciar el fenómeno del turismo en sus valores positivos.
Uno de los fenómenos socio-culturales más característicos
que el siglo XX ha confiado al XXI es la progresiva afirmación de la mujer
como sujeto creativo en la historia humana. Ya el Beato Juan XXIII, en la Encíclica Pacem
in terris, señalaba «la presencia de la mujer en la vida pública» como
signo característico de los tiempos modernos, y observaba: «La
mujer ha adquirido una conciencia cada día más clara de su propia
dignidad humana. Por ello no tolera que se la trate como una cosa inanimada o
un mero instrumento; exige, por el contrario, que, tanto en el ámbito
de la vida doméstica como en el de la vida pública, se le reconozcan
los derechos y obligaciones propios de la persona humana» (n. 39). Oportunamente
la Organización Mundial del Turismo propone este año como tema
de reflexión: «El turismo: puerta abierta para las mujeres».
Esta representa una feliz e importante ocasión para reflexionar sobre
varios aspectos del problema, no sólo en lo relativo a la compleja realidad
del turismo contemporáneo, sino también para la consideración
más general acerca de la concreta acogida de las instancias derivadas
de la dignidad propia de la mujer.
Los datos estadísticos más recientes difundidos por la Organización
Mundial del Turismo dicen que, si bien con diferencias de país a país
y de un área geográfica a la otra, cerca del 46% de la fuerza laboral
de la industria turística mundial es femenina. Varían sin embargo
las modalidades de empleo, dada la fortísima incidencia de los factores
culturales, sociales y religiosos sobre la situación histórica
de la mujer. El positivo logro de los resultados económico-financieros,
públicos y privados, y la enorme flexibilidad del sector turístico
son la causa de tal crecimiento rápido y universal. Por esta razón
el turismo, aún estando aún muy necesitado de garantías
legislativas, culturales y morales, es en cambio una puerta abierta y con oportunidades
propicias para la afirmación de las mujeres en todo lugar del mundo.
Todos los que afrontan un viaje por razones de turismo, de trabajo o de vacaciones,
conservan en la memoria la imagen de mujeres que, en distintos momentos del viaje,
han intervenido para desempeñar alguna tarea específica. Puede
haber sido una empleada de agencia, la azafata del avión, la acompañante
del tour, la camarera del restaurante, la gobernanta de las habitaciones, la
directora del hotel, la guía del museo, la pobre repartidora de productos
y artesanías locales: se trata de presencias con papeles diversos que
sin embargo jamás deben entrar en contradicción con la dignidad
propia de cada mujer. Es necesario lamentablemente reconocer que, a pesar de
esta masiva y funcional presencia femenina, persiste en muchos caso la segregación
vertical de la mujer de la gestión directiva y de la responsabilidad organizativa
del turismo. La causa de tal fenómeno negativo hay que buscarla en los
fuertes prejuicios que permiten todavía que persistan estereotipos y atribuciones
tradicionales de papeles subalternos según el género. Y esto sucede
en todas partes, pero particularmente en esos lugares del mundo donde la consideración
moral, cultural y civil de la mujer la sitúa en condición de minoría
y de fuerte injusticia. Con todo, la gran cantidad de hombres y de mujeres que
turísticamente están viajando por el mundo crea afrontamientos
de mentalidades, internacionaliza cada vez más modelos de vida, abre a
costumbres distintas. Todo esto pone los presupuestos de posibles desarrollos
positivos. Para que ello se realice los responsables de la Organización
Mundial del Turismo, los Estados nacionales con las agencias regionales, las
grandes empresas del sector, los sindicatos, las asociaciones de turismo, deben
crear estructuras y dedicar recursos económicos para proteger, para desarrollar
y para mantener viva la instancia moral, cultural y social del respeto de la
mujer y de su efectivo crecimiento en este sector.
Por este responsable compromiso de tutela y de promoción de la mujer también
todo turista, sea cual sea la religión, clase social o continente al que
pertenezca, deben sentirse en conciencia interpelado: ¡nadie puede considerarse
exonerado! A tal fin, hay que actuar una efectiva igualdad de los derechos de
las mujeres, garantizándoles la paridad en el trabajo, la libertad religiosa,
el respeto de las exigencias relacionadas con la maternidad, la correspondencia
de un salario equitativamente percibido. Es necesario favorecer concretamente
el derecho al estudio y a la cualificación profesional de la joven y de
la mujer, combatiendo con una legislación positiva y conforme toda forma
de injusta explotación de su género y de indigno mercantilismo
de su cuerpo. Hay que denunciar, de hecho, el intolerable escándalo de
cierto turismo sexual que humilla a las mujeres reduciéndolas a una situación
de práctica esclavitud. Hay que hacer lo que sea necesario a fin de que
el turismo no ceda a una deriva similar, sino que se oriente siempre a ser ocasión
de provechoso diálogo entre civilizaciones distintas, que pueden, gracias
a este afrontamiento, ennoblecerse y enriquecerse recíprocamente.
Obviamente la Iglesia, en su visión articulada y multipolar, siempre se
orienta a tener abierto y crítico el horizonte de la humanización
del turismo por las oportunidades que ofrece de crecimiento, de desarrollo y
de perfeccionamiento de la persona. También en lo que respecta a la mujer
en cuanto tal, el turismo, ética y antropológicamente bien entendido,
puede contribuir eficazmente a su elevación en las potencialidades, en
la naturaleza relacional, en sentir en femenino el valor de la vida y del espíritu,
en el replanteamiento del trabajo y de su beneficio. En este propósito
no hay que olvidar que, en el Mensaje para
la Jornada Mundial de la Paz de este año, el Santo Padre ha denunciado
la insuficiente consideración de la condición femenina «en
las concepciones antropológicas persistentes en algunas culturas, que
todavía asignan a la mujer un papel de gran sumisión al arbitrio
del hombre, con consecuencias ofensivas a su dignidad de persona y al ejercicio
de las libertades fundamentales mismas» (n.7). Sólo superando estas
formas de discriminación será posible hacer del turismo una carta
ganadora para conjugar oportunamente la gestión de la vida del turista
con la garantía de la calidad de vida para los residentes. De tal forma
el turismo puede convertirse en disfrute auténtico y compartido del tiempo
libre y de la naturaleza, experiencia y práctica de una hospitalidad idónea
para crear una cultura de la acogida, búsqueda de lo bello y de la sabiduría
de la que es rica la tradición bíblica y cristiana.
Desde esta perspectiva, el Santo Padre, mientras desea abundantes dones de sabiduría,
de generosidad y de valor para cuantos están comprometidos en un sector
tan importante de la vida moderna, invoca sobre usted, señor Secretario
General, y sobre sus colaboradores las bendiciones de Dios, «Padre de la
luz, en quien no hay variación ni sombra de cambio» (St 1,17).
Uniendo mis deseos por el éxito de la Jornada, aprovecho la ocasión
para enviarle mis más cordiales saludos.
Tarcisio Card. Bertone
Secretario de Estado
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