La Iglesia ante «El Código
da Vinci»
2006-03-30
Desde
que se publicó en la primavera de
2003, la novela «El Código
Da Vinci», de Dan Brown, ha vendido
40 millones de ejemplares: se puede considerar
el «bestseller de la década».
La
película basada en esa novela será
presentada en el festival de Cannes el próximo
17 de mayo, y estrenada simultáneamente
en los cines de todo el mundo el viernes
19 de mayo.
Según
«Newsweek», esta superproducción
de Hollywood, dirigida por Ron Howard y
con actores de primera fila (Tom Hanks,
Jean Reno, Audrey Tautou, Alfred Molina,
Ian McKellen, etc.) será el gran
evento de 2006. Se estima que 800 millones
de personas acudirán a ver la película.
La trama de «El Código da Vinci»
es la siguiente:
Jesús
se casó con María Magdalena
y tuvo varios hijos. Su descendencia es
el verdadero Santo Grial (sangre de rey
= sang real = Santo Grial).
Cristo
confió la Iglesia a María
Magdalena, pero los apóstoles se
confabularon contra ella, y tuvo que escapar
a Francia. Desde entonces el clandestino
«Priorato de Sión» protege
a la descendencia de Cristo de los ataques
de la Iglesia Católica, y transmite
sus secretos en códigos ocultos.
Por ejemplo, en la «Última
Cena» de Leonardo Da Vinci, la figura
junto a Cristo no es el apóstol Juan
sino María Magdalena.
La
novela comienza cuando una comisión
de cardenales presiona al prelado del Opus
Dei para que uno de sus miembros, asesino
de profesión, mate a los últimos
descendientes vivos de Cristo.
Las ideas de fondo de «El Código
da Vinci» son:
Jesús
no pensaba ser Dios, ni sus discípulos
lo consideraron divino. La creencia en la
divinidad de Jesucristo fue impuesta por
el emperador Constantino en el Concilio
de Nicea del 325.
Jesús
y María Magdalena representaban la
dualidad masculina- femenina (como Marte
y Atenea, Isis y Osiris); los primeros seguidores
de Jesús adoraban «el sagrado
femenino», pero luego fue eliminado,
y la Iglesia se hizo misógina.
La
Iglesia se basa sobre una gran mentira:
Cristo era un hombre normal y corriente.
Para ocultar la verdad, la Iglesia ha destruido
documentos, ha asesinado a millones de brujas
y herejes, ha manipulado las Escrituras...
La novela «El Código da Vinci»
presenta dos problemas:
Se
trata de una obra de ficción, en
la que todos los personajes de la Iglesia
son retratados de manera odiosa;
En
autor afirma en la presentación del
libro: «Todas las descripciones de
obras de arte, arquitectura, documentos
y ritos secretos en esta novela son verdaderas».
En realidad, la obra contiene numerosísimos
errores: de arte, de historia, de religión
y de cultura.
La película agravará la situación:
porque
esas falsedades llegarán a muchas
más personas (800 millones, o más
si luego concursa para los premios Óscar);
porque
las imágenes son más poderosas
que las palabras, y dejan más huella;
porque
las películas llegan a las masas,
también a quienes tienen poca formación
y carecen de recursos críticos para
distinguir qué es ficción
y qué es realidad;
porque
será utilizada por los enemigos de
la Iglesia para lanzar otras acusaciones
y campañas sobre temas que no tienen
que ver con el libro.
¿QUÉ SE PUEDE HACER
ANTE ESTA SITUACIÓN?
Aprovechar la oportunidad
para hablar de Jesucristo y de la Iglesia:
Muchos
católicos bien formados y practicantes
se sentirán ofendidos: hay que saber
encauzar su reacción, de forma serena
y constructiva;
Muchos
más católicos tendrán
dudas sobre si lo que dice el libro es verdad:
habrá que intensificar la catequesis,
y tocar algunos temas (pregunten o no pregunten);
Muchas
otras personas hasta ahora indiferentes
sentirán curiosidad de saber más
acerca de la fe: habrá que estar
preparados para satisfacer su interés
con una evangelización atractiva.
Además:
Puede
ser una buena ocasión de trabajar
junto a otros creyentes: con ortodoxos y
protestantes, porque el libro y la película
ofenden a todos los cristianos; con judíos
y musulmanes (porque es una nueva manifestación
de intolerancia contra quienes tienen una
visión religiosa del mundo); y con
intelectuales no creyentes, que se sienten
ofendidos por los numerosos errores históricos,
artísticos, culturales, etc., realizados
«para ganar dinero».
Se puede aprovechar para impulsar a católicos
de cierta posición (intelectuales,
periodistas, empresarios, etc.) a que se
muevan más y vivan su fe con más
responsabilidad.