El
domingo hace 5 años de su beatificación y el 1 de julio se inaugura su nuevo Santuario |
|
| SAN
PADRE PÍO DE PIETRELCINA, EL SANTO DE TODOS, EL SANTO DEL PUEBLO |
|
Su
culto, tan popular y querido en Italia, debe ser extendido también
en España |
|
| Jesús
de las Heras Muela |
|
Durante tres días he tenido la oportunidad, inequívoca gracia de Dios, de peregrinar a San Giovani Rotondo y a Pietrelcina, las escenarios de la vida, de la cruz, de la muerte y de la gloria del fraile capuchino italiano del siglo XX el Padre Pío, San Pío de Pietrelcina, "el crucificado del Gargano", "el fraile de los estigmas", "el hombre de Dios", "el religioso que rezaba, sufría y amaba", "el apóstol de la misericordia", "el cura del rosario, del confesionario y de la santa misa", "el santo del pueblo", en definitiva, uno de los santos más extraordinarios del tiempo reciente y de toda la historia de la Iglesia. El Santuario de San Giovani Rotondo, en el sur-este de Italia, a los pies del monte Gargano, junto al golfo de Manfredonia a las orillas del mar Adriático, fue el espacio vital de este hombre excepcional durante 52 años, convirtiéndose en vida del santo fraile capuchino y más todavía después de su muerte en unos los lugares más visitados de la cristiandad y en un continuo manantial de gracias de lo Alto. Más de siete millones de personas lo visitan cada año, haciendo de esta desconocida localidad italiana la segunda meta de peregrinaciones de toda la Iglesia, tan sólo detrás del Santuario de Guadalupe en México y por encima de Fátima, Lourdes, San Pedro de Roma, el Pilar de Zaragoza o Tierra Santa. Pero, ¿quien es el Padre Pío? Pero ¿quién fue el Padre Pío de Pietrelcina, a qué se debió y se debe tanta notoriedad y devoción, cuando, sin ir más lejos, en España es casi un perfecto desconocido o a lo sumo un santo de los tantos últimamente canonizados? San Pío de Pietrelcina fue un instrumento dócil y fecundísimo de Dios en su providencia amorosa hacia los hombres, una imagen inequívoca de su presencia solidaria en medio de nosotros, un testigo cualificado y gratuito de su amor, de su misericordia y de sus continuas llamadas a nuestra conversión.
La devoción al Padre Pío en Italia y en otros lugares del mundo fue y es tanta que él mismo afirmó "todos y cada uno podéis decir: <el Padre Pío es mío>". Prueba de ello fueron las celebraciones, en olor de multitudes, de beatificación el 2 de mayo de 1999 y de su canonización el 16 de junio de 2002; prueba de ello es el constante fluir de gentes y gentes a evocar y venerar sus reliquias; prueba de ellos son las cerca de treinta obras asistenciales y de caridad que lleva a cabo la Fundación "San Padre Pío" y que atiende a niños enfermos, a discapacitados, a ancianos, a sacerdotes mayores y a tantas y tantas personas necesitadas; prueba de ello fue una de las grandes de su vida, el Hospital "Casa Alivio del Sufrimiento", construido en San Giovani Rotondo con más de mil doscientas camas para enfermos y unos dos mil puestos de trabajos generados por el Hospital; prueba de ello son los cientos de grupos de oración, esparcidos por todo el mundo o su actual presencia virtual y mediática a través de revista, Radio y Tele Padre Pío e Internet. ¿Pero qué hizo el Padre Pío? ¿Pero qué hizo? El Padre Pío, San Pío de Pietrelcina, no hizo sino recibir las gracias de Dios y dar respuesta a ellas mediante su vida de oración, sufrimiento y caridad. Confesaba de mañana a la noche; celebraba humildemente la eucaristía del alba al crepúsculo y allí, en la misa de cada día -así nos testimonian quienes participaban en ellas- se hacía visible y sentido el misterio del calvario; recibía cartas y peticiones sin cesar, que él guardaba junto con sus llagas y respondía iluminando tantas veces el sentido del dolor que aquellas peticiones expedían; rezaba constantemente el rosario con tierno amor a la Madre e inculcaba la devoción mariana como privilegiado camino de vida cristiana y de santidad; tenía siempre abierto su corazón lacerado a todas las necesidades que le llegaban y ejerció la caridad de modo eminente, heroico y fecundo. Fue y es el santo del pueblo, el santo de todos: "todos y cada uno podéis decir: <el Padre Pío es mío>". El santo de los religiosos, el santo de los sacerdotes, el santo de enfermos, el santo de los niños, el santo de las mujeres piadosas, el santo de los matrimonios, el santo de agentes de pastoral de la salud, el santo del pueblo, el santo de todos. ¿Por qué no también en España? Y entre nosotros, en España, apenas es conocido. ¿Se tratará acaso de una de las contradicciones y pruebas que se abatieron sobre su vida? Visitar San Giovani Rotondo y comprobar el constante flujo de los peregrinos, que hacen interminables filas para confesarse, para participar en la eucaristía, para orar y para venerar sus santos lugares me producía en estos pasados días una cierta sana envidia y me parecía como el mejor antídoto de la Iglesia Católica en Italia, donde es tan querido, tan queridísimo, para paliar los efectos corrosivos de la secularización y de la paganización, que atenaza y golpea tanto a las Iglesias de otros países como España. "Es el Señor"
El domingo 25 de abril tuve el honor y privilegio de poder celebrar la
eucaristía en la pequeña capilla del convento capuchino
de San Giovani Rotondo donde el Padre Pío decía misa durante
los dos años en que fue apartado -¡Oh misterio de contradicción!-
del ministerio sacerdotal. En el evangelio de aquel día, el apóstol
Juan, al reconocer a Jesucristo Resucitado, dice a Pedro "¡Es
el Señor!" El Padre Pío de Pietrelcina es testigo del
Señor, su historia es la historia del Señor, lo que en él
aconteció es obra del Señor. Fue, es el Señor quien
lo hizo y quien sigue haciéndolo. |
|