La
peregrinación jacobea en la nueva europa
1. El nacimiento de la conciencia de Europa en la peregrinación
a Santiago
64. El Camino de Santiago, memoria de la tradición
apostólica
La peregrinación a Santiago de Compostela ha contribuido sin
duda alguna a la unidad e integración de Europa. “El
destino del camino jacobeo coincidirá con el destino cristiano
de Europa dado que el jubileo compostelano es el que recogió
con más hondura el sentir religioso popular de la Europa cristiana”[137].
Juan Pablo II expresa magníficamente esta realidad cuando afirma:
“Europa entera se ha encontrado a sí misma alrededor
de la ‘memoria’ de Santiago, en los mismos siglos en los
que ella se edificaba como continente homogéneo y unido espiritualmente.
Por ello el mismo Goethe insinuará que la conciencia de Europa
ha nacido peregrinando”[138].
El Codex Calixtinus describía con alegría y admiración
a mediados del siglo XII la congregación de representantes
de todos los pueblos de Europa en torno al Sepulcro del santo Apóstol:
“Causa alegría y admiración contemplar los coros
de peregrinos al pie del altar venerable de Santiago en perpetua vigilancia:
los teutones a un lado, los francos a otro, los italianos a otro;
por todo ello toda la iglesia se ilumina como con sol en un día
claro. Cada uno con sus compatriotas cumple individualmente con maestría
las guardias. Unos tocan cítaras, otros liras, otros tímpanos,
otros flautas, caramillos, trompetas, arpas, violines, ruedas británicas
o galas, otros cantando con cítaras, otros cantando acompañados
de diversos instrumentos, pasan la noche en vela; otros lloran sus
pecados, otros leen los salmos, otros dan limosna a los ciegos. Allí
pueden oírse diversidad de lenguas, diversas voces en idiomas
bárbaros; conversaciones y cantilenas en teutón, inglés,
griego y en los idiomas de otras tribus y gentes diversas de todos
los climas del mundo. No existen palabras ni lenguaje en los que no
resuenen sus voces”[139]. Alrededor de la
Tumba del Apóstol se congregaban peregrinos venidos de Francia,
Italia, los Países Nórdicos, las Naciones Eslavas y
del Medio Oriente, de toda condición social y nivel cultural
o espiritual.
Santiago de Compostela se convierte, pues, en meta de un Camino que
los peregrinos recorren para hacer memoria de la tradición
apostólica ante el olvido de nuestras raíces cristianas.
Es preciso dar a los hombres una esperanza; a los que no tienen ninguna
y a los cristianos que han olvidado “a qué precio han
sido rescatados”[140]. Con el equipaje de
la fe empezaron su peregrinaje los peregrinos siguiendo la dirección
de la Vía Láctea. Las huellas de sus pies, miles de
veces repetidas, fueron marcando la ruta y formaron el Camino de Santiago
de Compostela, "capital espiritual de la unidad europea".
Un Camino que ha de ser esa corriente de oxígeno espiritual
que vaya purificando el aire que respiramos para que la semilla del
mal se haga estéril y la semilla del bien madure en frutos
abundantes de vida cristiana.
2. La historia de Europa como historia de su
evangelización
65. La tradición jacobea, llamada constante a la fe
en Cristo
La secularización, la increencia como mentalidad, la descristianización
nos han llevado a una crisis religiosa que ha generado la crisis cultural
que vive Europa. Pese a la tendencia a una desacralización
radical de la visión del mundo, favorecida sucesivamente por
la Ilustración y por los historicismos materialistas o idealistas,
en medio de todo no sería justo afirmar que el contenido cristiano
no sigue siendo una referencia en nuestra vida. “La historia
de la formación de las naciones europeas va a la par con su
evangelización, hasta tal punto de que las fronteras europeas
coinciden con las de la penetración del Evangelio”[141]
.
Esta fue la Europa que comenzó a formarse gracias a la labor
de “inculturación del mensaje evangélico en las
respectivas civilizaciones”, llevada a cabo por los santos Benito,
Cirilo y Metodio, patronos de Europa, encontrando en los monasterios
una colaboración fundamental en este propósito. Ello
contribuyó a forjar un patrimonio cristiano que, según
Juan Pablo II, continúa hoy “ofreciendo respuestas adecuadas
a las nuevas cuestiones que se plantean especialmente en el campo
ético”. Los cristianos europeos no podemos olvidar esta
realidad[142].
“La peregrinación a Santiago fue uno de los fuertes elementos
que favorecieron la comprensión mutua de pueblos europeos tan
diferentes como los latinos, los germanos, celtas, anglosajones y
eslavos. La peregrinación acercaba, relacionaba y unía
entre sí a aquellas gentes que, siglo tras siglo, convencidas
por la predicación de los testigos de Cristo, abrazaban el
Evangelio y contemporáneamente, se puede afirmar, surgían
como pueblos y naciones”[143]. La cultura
jacobea constituye, de esta forma, una llamada constante a la fe en
Cristo, y el ahondar en las huellas de su pasado y su presente es
no sólo una enriquecedora vivencia personal, sino un camino
compartido de esperanza para un mundo cada vez más solidario
y atento a sus más sólidas virtudes.
3. Descubrimiento de los orígenes de Europa a través
de la peregrinación jacobea
66. La Iglesia y Europa marcadas por la misma historia
En estos comienzos del tercer milenio, Europa trata de consolidar
su personalidad como pueblo, con aspiraciones comunes y un esperanzado
futuro forjado sobre los pilares de la historia y de la cultura cristiana.
Si una de las metas comunes a la Cristiandad occidental fue durante
siglos la Ciudad del Apóstol a través del Camino de
Santiago, el reencuentro con la experiencia del peregrinaje servirá
para renovar y actualizar los vínculos comunes, forjar la espiritualidad
cristiana del nuevo milenio y lograr una vivencia personal interior
animada por una sensibilidad solidaria y una cultura abierta y moderna
donde fertilicen los valores universales de la enseñanza evangélica.
“La Iglesia y Europa son dos realidades íntimamente unidas
en su ser y en su destino. Han realizado juntas un recorrido de siglos
y permanecen marcadas por la misma historia. Al encontrarse se han
enriquecido mutuamente con valores que no sólo son el alma
de la civilización europea, sino que también forman
parte del patrimonio de toda la humanidad. Por este motivo, Europa
no puede abandonar el cristianismo como compañero de viaje
en su camino hacia el futuro, lo mismo que un caminante no puede abandonar
sus razones de vivir y de seguir adelante sin caer en una crisis dramática.
Como el Papa ha señalado en varias ocasiones, las crisis del
hombre europeo son las crisis del hombre cristiano y las crisis de
la cultura europea son las crisis de la cultura cristiana”[144]
.
67. Europa en sus orígenes
En la actualidad asistimos a las consecuencias de las ideologías
secularizadas que van desde la negación de Dios o la limitación
de la libertad religiosa a la preponderante importancia atribuida
al éxito económico; desde el materialismo y el hedonismo,
que ataca los valores de la familia en su raíz, hasta un nihilismo
que incapacita para afrontar problemas tan acuciantes como el de los
nuevos pobres, el de los inmigrantes del tercer mundo, el de las minorías
étnicas y religiosas, el de los nacionalismos fundamentalistas
que llevan al terrorismo o el del recto uso de los medios de comunicación.
Percibimos que “el cristianismo vive una situación de
crisis, de desplazamiento existencial, de tiempos invernizos y que
ha perdido influencia en las conciencias, relevancia social, audiencia
y eficacia pública, presencia en las instituciones y en la
configuración de la conducta”. En este contexto, una
vez más deben resonar las palabras pronunciadas por Juan Pablo
II en la catedral de Santiago de Compostela el 9 de noviembre de 1982:
“Yo, Sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una sede que Cristo
quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión
del Cristianismo en todo el mundo. Yo, Obispo de Roma y Pastor de
la Iglesia Universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito
lleno de amor: vuelve a encontrarte. Sé tu misma. Descubre
tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores
auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica
tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad
espiritual en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a
las genuinas libertades. Da al César lo que es del César
y a Dios lo que es de Dios. No te enorgullezcas por tu conquistas
hasta olvidar sus posibles consecuencias negativas. No te deprimas
por la pérdida cuantitativa de tu grandeza en el mundo o por
las crisis sociales y culturales que te afectan ahora. Tú puedes
ser todavía faro de civilización y estímulo de
progreso para el mundo. Los demás continentes te miran y esperan
también de ti la misma respuesta que Santiago dio a Cristo:
‘Lo puedo’”[145] .
68. La unidad europea asentada sobre valores humanos y cristianos
Ciertamente, no se trata de crear una Europa paralela a la existente,
sino de mostrar a esta Europa que su alma y su identidad están
profundamente enraizadas en el cristianismo, para poder así
ofrecerle la clave de interpretación de su propia vocación
en el mundo.
La unidad de Europa será duradera y provechosa si está
asentada sobre los valores humanos y cristianos que integran su alma
común, como son la dignidad de la persona humana, el profundo
sentimiento de justicia y libertad, la laboriosidad, el espíritu
de iniciativa, el amor a la familia, el respeto a la vida, la tolerancia
y el deseo de cooperación y de paz, es decir, ¡la Europa
unida del tercer milenio![146] .
El articulado sistema de valores –fe, solidaridad, caridad,
sacrificio, actitud penitencial y trascendencia– relacionado
con la peregrinación compostelana maduró y reforzó
una concepción cristiana de las relaciones entre los hombres
de países y costumbres diferentes, unidos en una misma fe y
en una misma civilización que sigue siendo referente en este
momento. Por eso, Europa no puede considerarse solamente una estructura
económica, basada en un sistema monetario común. La
unidad europea ha de fundamentarse sobre un sistema de valores, personales
y colectivos, donde la existencia se comprenda como don y tarea para
el hombre, donde el prójimo sea aquel de quien cada uno se
hace responsable y donde la vida de cada uno se ponga al servicio
de los demás. Este convencimiento ha de tener su reflejo en
políticas humanitarias, generosas y nunca excluyentes.
En este horizonte, la peregrinación pasa de tener un valor
simple y exclusivamente cultural e histórico a ser un valor
constitutivo y constituyente de la común civilización
europea. El peregrino contribuye eficazmente a la construcción
de la única Europa posible: la que tiene una referencia espiritual
con sus principios morales y sociales, su cultura, su arte y su sensibilidad,
es decir, la que tiene sus raíces en la tradición cristiana
que la impregnó profundamente en cada una de sus fibras.
69. Proyección jacobea en América
No olvidamos la proyección del Apóstol Santiago en América.
Ya en los primeros momentos, el descubrimiento y la evangelización
del Nuevo Mundo están marcados con el sello de lo jacobeo y
han de ser interpretados “a la luz misteriosa de la vía
láctea”. Este acontecimiento abría un Nuevo Camino
de Santiago, cuya estrella sigue iluminando la realidad religiosa
y cultural de los pueblos hermanos[147]. Desde
esta sintonía la Iglesia particular compostelana mira fraternalmente
al “Continente de la Esperanza”, invitando a sus gentes
a peregrinar a la “Casa del Señor Santiago”, “Patrón
de las Españas y ayudador de cristianos”, que tiene allí
dedicados muchos templos y altares, y cuya devoción obtuvo
la máxima difusión después de la devoción
a la Virgen María.
137 E. ROMERO POSE, El Jubileo Compostelano...[citado
en nota 1].
138 Cf. JUAN PABLO II, La renovación espiritual
y humana de Europa. Discurso en el acto europeista celebrado en la catedral
de Santiago de Compostela: Juan Pablo II en España. Texto completo
de todos los discursos, Madrid 1982, 183-188.
139 Cf. Liber sancti Jacobi. “Codex Calixtinus”.
Traducción por los Profesores A. Moralejo-C. Torres-J. Feo. Reedición
preparada por X. Carro Otero, Pontevedra 1992, 199 s.
140 “Y si llamáis Padre al que sin acepción
de personas juzga a cada cual según sus obras, vivid con temor
todo el tiempo de vuestra peregrinación, considerando que habéis
sido rescatados de vuestro vanos vivir según la tradición
de vuestros padres, no con plata y oro corruptibles, sino con la sangre
preciosa de Cristo, como cordero sin defecto ni mancha, ya conocido
antes de la creación del mundo y manifestado al fin de los tiempos
por amor vuestro”(1Pe 1,17-20).
141 JUAN PABLO II, La renovación espiritual
y humana de Europa..., 184.
142 Escribía Pablo VI: “Tenemos la convicción
de que la fe católica puede ser un coeficiente de valor incomparable
para infundir vitalidad espiritual a esa cultura fundamentalmente unitaria
que debería constituir el alma de una Europa social y políticamente
unificada. Toda Europa recibe del patrimonio tradicional de la religión
de Cristo la superioridad de sus hábitos jurídicos, la
nobleza de las grandes ideas de su humanismo y la riqueza de los principios
que distinguen y vivifican su civilización. El día en
que Europa repudiase este fundamental patrimonio ideológico dejaría
de existir” ENRIQUE MORENO BAEZ, Los cimientos de Europa, Santiago
de Compostela 1996, 7-8.
143 Ibid.
144 A. SODANO, Los jóvenes de Europa hacia
el tercer milenio cristiano. Homilía del Cardenal Angelo Sodano,
Secretario de Estado de Su Santidad y Legado Pontificio en la misa conclusiva
del Encuentro Europeo de Jóvenes, Santiago de Compostela, 8 de
agosto de 1999: Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago 3535(1999)533.
145 JUAN PABLO II, La renovación espiritual
y humana de Europa..., 185-186.
146 Cf. Ibid.
147 Cf. J.Mª DIAZ FERNÁNDEZ, Santiago
y América. Sentido y alcance de una exposición: Santiago
y América, Santiago de Compostela 1993, 20-31.
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