AÑO JUBILAR COMPOSTELANO 2004
enlaces de interés
carta pastoral
cartas de obispos
mensaje pontificio
peregrinos 2004
CEE
la firma invitada
los obispos del Camino (1988)
historia y religiosidad
testimonios
   

 

carta pastoral

PEREGRINOS POR GRACIA

Parte VI

La peregrinación jacobea en la nueva europa


1. El nacimiento de la conciencia de Europa en la peregrinación a Santiago


64. El Camino de Santiago, memoria de la tradición apostólica

La peregrinación a Santiago de Compostela ha contribuido sin duda alguna a la unidad e integración de Europa. “El destino del camino jacobeo coincidirá con el destino cristiano de Europa dado que el jubileo compostelano es el que recogió con más hondura el sentir religioso popular de la Europa cristiana”[137]. Juan Pablo II expresa magníficamente esta realidad cuando afirma: “Europa entera se ha encontrado a sí misma alrededor de la ‘memoria’ de Santiago, en los mismos siglos en los que ella se edificaba como continente homogéneo y unido espiritualmente. Por ello el mismo Goethe insinuará que la conciencia de Europa ha nacido peregrinando”[138].

El Codex Calixtinus describía con alegría y admiración a mediados del siglo XII la congregación de representantes de todos los pueblos de Europa en torno al Sepulcro del santo Apóstol: “Causa alegría y admiración contemplar los coros de peregrinos al pie del altar venerable de Santiago en perpetua vigilancia: los teutones a un lado, los francos a otro, los italianos a otro; por todo ello toda la iglesia se ilumina como con sol en un día claro. Cada uno con sus compatriotas cumple individualmente con maestría las guardias. Unos tocan cítaras, otros liras, otros tímpanos, otros flautas, caramillos, trompetas, arpas, violines, ruedas británicas o galas, otros cantando con cítaras, otros cantando acompañados de diversos instrumentos, pasan la noche en vela; otros lloran sus pecados, otros leen los salmos, otros dan limosna a los ciegos. Allí pueden oírse diversidad de lenguas, diversas voces en idiomas bárbaros; conversaciones y cantilenas en teutón, inglés, griego y en los idiomas de otras tribus y gentes diversas de todos los climas del mundo. No existen palabras ni lenguaje en los que no resuenen sus voces”[139]. Alrededor de la Tumba del Apóstol se congregaban peregrinos venidos de Francia, Italia, los Países Nórdicos, las Naciones Eslavas y del Medio Oriente, de toda condición social y nivel cultural o espiritual.

Santiago de Compostela se convierte, pues, en meta de un Camino que los peregrinos recorren para hacer memoria de la tradición apostólica ante el olvido de nuestras raíces cristianas. Es preciso dar a los hombres una esperanza; a los que no tienen ninguna y a los cristianos que han olvidado “a qué precio han sido rescatados”[140]. Con el equipaje de la fe empezaron su peregrinaje los peregrinos siguiendo la dirección de la Vía Láctea. Las huellas de sus pies, miles de veces repetidas, fueron marcando la ruta y formaron el Camino de Santiago de Compostela, "capital espiritual de la unidad europea". Un Camino que ha de ser esa corriente de oxígeno espiritual que vaya purificando el aire que respiramos para que la semilla del mal se haga estéril y la semilla del bien madure en frutos abundantes de vida cristiana.

2. La historia de Europa como historia de su evangelización

65. La tradición jacobea, llamada constante a la fe en Cristo

La secularización, la increencia como mentalidad, la descristianización nos han llevado a una crisis religiosa que ha generado la crisis cultural que vive Europa. Pese a la tendencia a una desacralización radical de la visión del mundo, favorecida sucesivamente por la Ilustración y por los historicismos materialistas o idealistas, en medio de todo no sería justo afirmar que el contenido cristiano no sigue siendo una referencia en nuestra vida. “La historia de la formación de las naciones europeas va a la par con su evangelización, hasta tal punto de que las fronteras europeas coinciden con las de la penetración del Evangelio”[141] .

Esta fue la Europa que comenzó a formarse gracias a la labor de “inculturación del mensaje evangélico en las respectivas civilizaciones”, llevada a cabo por los santos Benito, Cirilo y Metodio, patronos de Europa, encontrando en los monasterios una colaboración fundamental en este propósito. Ello contribuyó a forjar un patrimonio cristiano que, según Juan Pablo II, continúa hoy “ofreciendo respuestas adecuadas a las nuevas cuestiones que se plantean especialmente en el campo ético”. Los cristianos europeos no podemos olvidar esta realidad[142].

“La peregrinación a Santiago fue uno de los fuertes elementos que favorecieron la comprensión mutua de pueblos europeos tan diferentes como los latinos, los germanos, celtas, anglosajones y eslavos. La peregrinación acercaba, relacionaba y unía entre sí a aquellas gentes que, siglo tras siglo, convencidas por la predicación de los testigos de Cristo, abrazaban el Evangelio y contemporáneamente, se puede afirmar, surgían como pueblos y naciones”[143]. La cultura jacobea constituye, de esta forma, una llamada constante a la fe en Cristo, y el ahondar en las huellas de su pasado y su presente es no sólo una enriquecedora vivencia personal, sino un camino compartido de esperanza para un mundo cada vez más solidario y atento a sus más sólidas virtudes.

3. Descubrimiento de los orígenes de Europa a través de la peregrinación jacobea


66. La Iglesia y Europa marcadas por la misma historia

En estos comienzos del tercer milenio, Europa trata de consolidar su personalidad como pueblo, con aspiraciones comunes y un esperanzado futuro forjado sobre los pilares de la historia y de la cultura cristiana. Si una de las metas comunes a la Cristiandad occidental fue durante siglos la Ciudad del Apóstol a través del Camino de Santiago, el reencuentro con la experiencia del peregrinaje servirá para renovar y actualizar los vínculos comunes, forjar la espiritualidad cristiana del nuevo milenio y lograr una vivencia personal interior animada por una sensibilidad solidaria y una cultura abierta y moderna donde fertilicen los valores universales de la enseñanza evangélica.

“La Iglesia y Europa son dos realidades íntimamente unidas en su ser y en su destino. Han realizado juntas un recorrido de siglos y permanecen marcadas por la misma historia. Al encontrarse se han enriquecido mutuamente con valores que no sólo son el alma de la civilización europea, sino que también forman parte del patrimonio de toda la humanidad. Por este motivo, Europa no puede abandonar el cristianismo como compañero de viaje en su camino hacia el futuro, lo mismo que un caminante no puede abandonar sus razones de vivir y de seguir adelante sin caer en una crisis dramática. Como el Papa ha señalado en varias ocasiones, las crisis del hombre europeo son las crisis del hombre cristiano y las crisis de la cultura europea son las crisis de la cultura cristiana”[144] .

67. Europa en sus orígenes

En la actualidad asistimos a las consecuencias de las ideologías secularizadas que van desde la negación de Dios o la limitación de la libertad religiosa a la preponderante importancia atribuida al éxito económico; desde el materialismo y el hedonismo, que ataca los valores de la familia en su raíz, hasta un nihilismo que incapacita para afrontar problemas tan acuciantes como el de los nuevos pobres, el de los inmigrantes del tercer mundo, el de las minorías étnicas y religiosas, el de los nacionalismos fundamentalistas que llevan al terrorismo o el del recto uso de los medios de comunicación. Percibimos que “el cristianismo vive una situación de crisis, de desplazamiento existencial, de tiempos invernizos y que ha perdido influencia en las conciencias, relevancia social, audiencia y eficacia pública, presencia en las instituciones y en la configuración de la conducta”. En este contexto, una vez más deben resonar las palabras pronunciadas por Juan Pablo II en la catedral de Santiago de Compostela el 9 de noviembre de 1982: “Yo, Sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del Cristianismo en todo el mundo. Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: vuelve a encontrarte. Sé tu misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades. Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. No te enorgullezcas por tu conquistas hasta olvidar sus posibles consecuencias negativas. No te deprimas por la pérdida cuantitativa de tu grandeza en el mundo o por las crisis sociales y culturales que te afectan ahora. Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo. Los demás continentes te miran y esperan también de ti la misma respuesta que Santiago dio a Cristo: ‘Lo puedo’”[145] .

68. La unidad europea asentada sobre valores humanos y cristianos

Ciertamente, no se trata de crear una Europa paralela a la existente, sino de mostrar a esta Europa que su alma y su identidad están profundamente enraizadas en el cristianismo, para poder así ofrecerle la clave de interpretación de su propia vocación en el mundo.

La unidad de Europa será duradera y provechosa si está asentada sobre los valores humanos y cristianos que integran su alma común, como son la dignidad de la persona humana, el profundo sentimiento de justicia y libertad, la laboriosidad, el espíritu de iniciativa, el amor a la familia, el respeto a la vida, la tolerancia y el deseo de cooperación y de paz, es decir, ¡la Europa unida del tercer milenio![146] .

El articulado sistema de valores –fe, solidaridad, caridad, sacrificio, actitud penitencial y trascendencia– relacionado con la peregrinación compostelana maduró y reforzó una concepción cristiana de las relaciones entre los hombres de países y costumbres diferentes, unidos en una misma fe y en una misma civilización que sigue siendo referente en este momento. Por eso, Europa no puede considerarse solamente una estructura económica, basada en un sistema monetario común. La unidad europea ha de fundamentarse sobre un sistema de valores, personales y colectivos, donde la existencia se comprenda como don y tarea para el hombre, donde el prójimo sea aquel de quien cada uno se hace responsable y donde la vida de cada uno se ponga al servicio de los demás. Este convencimiento ha de tener su reflejo en políticas humanitarias, generosas y nunca excluyentes.

En este horizonte, la peregrinación pasa de tener un valor simple y exclusivamente cultural e histórico a ser un valor constitutivo y constituyente de la común civilización europea. El peregrino contribuye eficazmente a la construcción de la única Europa posible: la que tiene una referencia espiritual con sus principios morales y sociales, su cultura, su arte y su sensibilidad, es decir, la que tiene sus raíces en la tradición cristiana que la impregnó profundamente en cada una de sus fibras.

69. Proyección jacobea en América

No olvidamos la proyección del Apóstol Santiago en América. Ya en los primeros momentos, el descubrimiento y la evangelización del Nuevo Mundo están marcados con el sello de lo jacobeo y han de ser interpretados “a la luz misteriosa de la vía láctea”. Este acontecimiento abría un Nuevo Camino de Santiago, cuya estrella sigue iluminando la realidad religiosa y cultural de los pueblos hermanos[147]. Desde esta sintonía la Iglesia particular compostelana mira fraternalmente al “Continente de la Esperanza”, invitando a sus gentes a peregrinar a la “Casa del Señor Santiago”, “Patrón de las Españas y ayudador de cristianos”, que tiene allí dedicados muchos templos y altares, y cuya devoción obtuvo la máxima difusión después de la devoción a la Virgen María.


137 E. ROMERO POSE, El Jubileo Compostelano...[citado en nota 1].

138 Cf. JUAN PABLO II, La renovación espiritual y humana de Europa. Discurso en el acto europeista celebrado en la catedral de Santiago de Compostela: Juan Pablo II en España. Texto completo de todos los discursos, Madrid 1982, 183-188.

139 Cf. Liber sancti Jacobi. “Codex Calixtinus”. Traducción por los Profesores A. Moralejo-C. Torres-J. Feo. Reedición preparada por X. Carro Otero, Pontevedra 1992, 199 s.

140 “Y si llamáis Padre al que sin acepción de personas juzga a cada cual según sus obras, vivid con temor todo el tiempo de vuestra peregrinación, considerando que habéis sido rescatados de vuestro vanos vivir según la tradición de vuestros padres, no con plata y oro corruptibles, sino con la sangre preciosa de Cristo, como cordero sin defecto ni mancha, ya conocido antes de la creación del mundo y manifestado al fin de los tiempos por amor vuestro”(1Pe 1,17-20).

141 JUAN PABLO II, La renovación espiritual y humana de Europa..., 184.

142 Escribía Pablo VI: “Tenemos la convicción de que la fe católica puede ser un coeficiente de valor incomparable para infundir vitalidad espiritual a esa cultura fundamentalmente unitaria que debería constituir el alma de una Europa social y políticamente unificada. Toda Europa recibe del patrimonio tradicional de la religión de Cristo la superioridad de sus hábitos jurídicos, la nobleza de las grandes ideas de su humanismo y la riqueza de los principios que distinguen y vivifican su civilización. El día en que Europa repudiase este fundamental patrimonio ideológico dejaría de existir” ENRIQUE MORENO BAEZ, Los cimientos de Europa, Santiago de Compostela 1996, 7-8.

143 Ibid.

144 A. SODANO, Los jóvenes de Europa hacia el tercer milenio cristiano. Homilía del Cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado de Su Santidad y Legado Pontificio en la misa conclusiva del Encuentro Europeo de Jóvenes, Santiago de Compostela, 8 de agosto de 1999: Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago 3535(1999)533.

145 JUAN PABLO II, La renovación espiritual y humana de Europa..., 185-186.

146 Cf. Ibid.

147 Cf. J.Mª DIAZ FERNÁNDEZ, Santiago y América. Sentido y alcance de una exposición: Santiago y América, Santiago de Compostela 1993, 20-31.

introducción
I
II
III
IV
V
VI
exhortación